El desplome comenzó con fuerza tras la devaluación de diciembre de 2023, momento en que el salario mínimo real sufrió una reducción del 15 por ciento, seguida de una nueva baja del 17 por ciento en enero de 2024. Desde entonces, el escenario económico continuó deteriorándose, impactando tanto en el poder de compra de los trabajadores como en el nivel de empleo formal.
Empleo privado en retroceso
El informe señala que, solo en junio de 2025, el sector asalariado privado perdió 12.200 puestos de trabajo, reflejo de un mercado laboral en retroceso. En contrapartida, el sector público incorporó 7.800 nuevos empleos en el mismo período, lo que moderó parcialmente el saldo negativo.
Sin embargo, al considerar el conjunto de la ocupación formal —incluyendo empleo público, privado y personal de casas particulares—, la pérdida neta de empleo en junio fue de 4.100 puestos, consolidando una tendencia preocupante.
Salta: una provincia especialmente golpeada
Un relevamiento del Centro de Economía Política Argentina en Salta arrojó que esa provincia perdió más de 5.500 empleos registrados en los 19 meses de la gestión del presidente Javier Milei. El dato representa una caída del 4,3 por ciento en el empleo privado formal, evidenciando el impacto concreto de las políticas de ajuste en las economías regionales.
Los datos aportados por la UBA y otros centros de estudio refuerzan la preocupación sobre el deterioro del mercado laboral y la capacidad adquisitiva de los salarios en un contexto de alta inflación, devaluación y ajuste fiscal.
El salario mínimo en Argentina alcanzó en agosto su peor nivel en más de dos décadas, igualando la crisis de 2001, con una caída real del 32% desde noviembre de 2023. Según la UBA, el desplome se profundizó tras la devaluación de diciembre y afecta al empleo formal, con más de 12 mil puestos perdidos en el sector privado. Salta es una de las provincias más golpeadas, con una baja del 4,3% en el empleo formal privado.
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Zappo te lo cuenta
En la Argentina de 2025, el salario mínimo no se mide en pesos ni en dólares, sino en suspiros. Porque eso es lo que queda después de cobrar: un suspiro profundo y una mirada al techo. Según la UBA, el poder adquisitivo del salario mínimo cayó a niveles que hacen que el 2001 parezca un after con catering. El informe de EDIL es claro: desde noviembre de 2023, el salario real se evaporó un 32%. Y no por arte de magia, sino por la alquimia inversa de la devaluación, el ajuste y una inflación que no da tregua. En diciembre y enero, la pérdida fue tan rápida que muchos todavía estaban leyendo el recibo cuando ya era historia.
Mientras tanto, el empleo formal hace equilibrio en la cornisa. En junio se perdieron 12.200 puestos en el sector privado, aunque el Estado salió al rescate con 7.800 nuevos cargos, probablemente para sumar más manos a la tarea de explicar cómo sobrevivir con menos de lo mínimo. En Salta, directamente sacaron el banquito: más de 5.500 empleos formales se esfumaron en los últimos 19 meses. Todo esto configura un cóctel explosivo que no necesita hielo, porque el clima social ya está más que frío. A este ritmo, el salario mínimo pronto va a tener que cambiar de nombre por razones legales: no cumple con lo de “mínimo”. Ni con lo de “salario”.
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