En una jornada que altera definitivamente el tablero geopolítico de la región, la madrugada de este 3 de enero de 2026 fue testigo de una operación militar sin precedentes en la capital venezolana. Tropas de Estados Unidos desplegaron un operativo coordinado en Caracas que culminó con la detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La acción, confirmada por el presidente Donald Trump a través de canales oficiales, se produce tras años de tensiones y en cumplimiento de las imputaciones por narcoterrorismo emitidas por el Departamento de Justicia en marzo de 2020.
La captura se dio bajo un estricto despliegue de inteligencia y coincide, de manera exacta, con el aniversario número 36 de la detención de Manuel Antonio Noriega en Panamá, consolidando un paralelismo histórico que el chavismo había denunciado durante más de dos décadas como un plan orquestado desde Washington.
La advertencia de Chávez y el «viejo libreto»
El escenario actual reactiva el discurso que el fallecido presidente Hugo Chávez mantuvo entre los años 2004 y 2005, periodo marcado por la reciente invasión a Irak y la consolidación de su gobierno tras el golpe de Estado de 2002. En aquel entonces, Chávez sostuvo con vehemencia:
«Ustedes verán, el plan de ellos es el siguiente: van a tratar de decir que el presidente de Venezuela es un narcotraficante, o que el presidente de Venezuela apoya al terrorismo. Van a tratar de montar un expediente para decir que en Venezuela no hay gobierno, que Venezuela es un ‘estado fallido’, para luego justificar ante el mundo una intervención militar o una invasión.»
Para el exmandatario, la estrategia estadounidense respondía a lo que denominó el «viejo libreto del imperialismo», citando explícitamente los casos de Noriega en 1989 y Sadam Husein en 2003. Chávez argumentaba que las acusaciones de vínculos con el terrorismo o el tráfico de drogas eran herramientas de propaganda para deslegitimar administraciones adversas a los intereses de la Casa Blanca. «Lo mismo que le hicieron a Noriega en Panamá, lo mismo que le hicieron a Sadam Husein en Irak. Es el viejo libreto del imperialismo», enfatizaba en sus alocuciones, asegurando que en Venezuela tales intentos «se van a estrellar».
El concepto de Estado fallido y la crisis de legitimidad
La terminología de «Estado Fallido», mencionada por Chávez hace 20 años, cobró especial relevancia a partir de la crisis de 2019. Durante ese periodo, diversos centros de pensamiento y sectores políticos estadounidenses intensificaron el uso de esta categoría para describir la pérdida de control territorial y el colapso de los servicios básicos en el país caribeño, sentando las bases doctrinarias para lo que finalmente devino en la intervención militar de este fin de semana.
Tras la detención, el gobierno de los Estados Unidos difundió una fotografía de Maduro bajo custodia, anunciando de forma inmediata que una administración designada por Washington asumirá las tareas gubernamentales en Venezuela de manera provisional. El objetivo declarado es gestionar una transición política que ponga fin a la crisis institucional que ha atravesado el país en los últimos años.
La captura de Maduro y Flores representa el cierre de un ciclo de imputaciones que alcanzó su punto álgido en 2020, cuando se ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por información que condujera al arresto del líder venezolano. Para los analistas internacionales, este suceso no solo reitera el precedente de la justicia transnacional estadounidense, sino que otorga una pátina de vigencia a las advertencias de Chávez, quien predijo con exactitud los cargos y la metodología que finalmente sellarían el destino de su sucesor.
<p>La detención de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas por parte de fuerzas estadounidenses, concretada este 3 de enero de 2026, marca un hito histórico que coincide con el aniversario de la captura de Manuel Noriega. El suceso valida las advertencias realizadas por Hugo Chávez hace dos décadas, quien anticipó el uso de cargos por narcotráfico y la etiqueta de «Estado fallido» como preludio a una intervención militar.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Finalmente sucedió: el multiverso de las intervenciones militares ha completado su arco narrativo y Hugo Chávez, desde su cuartel general en la eternidad, debe estar ahora mismo con el dedo índice levantado diciendo «se los dije» mientras toma una taza de café infinito. No es que el hombre fuera un profeta del nivel de Nostradamus, es que simplemente leyó el manual del usuario del Imperialismo™ y se dio cuenta de que a Washington le gusta reciclar guiones más que a las productoras de Hollywood con las secuelas de Rápido y Furioso. El 3 de enero ya no es solo el día en que te das cuenta de que la dieta de Año Nuevo fracasó, ahora es oficialmente el «Día Internacional de Capturar Líderes que EE. UU. ya no quiere en su lista de contactos de WhatsApp».
Lo de Maduro y Cilia siendo llevados por las tropas norteamericanas es el cierre de una trilogía que empezó con Noriega en Panamá y pasó por Saddam en Irak, demostrando que en la política exterior estadounidense no hay finales creativos, solo remakes con mejores cámaras. Chávez advirtió hace veinte años que lo iban a tildar de narcotraficante y terrorista, y el Departamento de Justicia esperó pacientemente hasta 2020 para publicar el póster de «Se Busca» con el precio de 15 millones de dólares, una cifra que hoy apenas alcanza para comprarse un café con leche en una economía dolarizada. Es fascinante cómo pasamos de las «armas de destrucción masiva» que nunca aparecieron en Irak a los cargos de «narcoterrorismo» que terminaron con el dictador venezolano en una foto de alta resolución difundida por el mismísimo Donald Trump, quien seguramente ya está pensando en qué filtro de Instagram le queda mejor a la custodia de un ex jefe de Estado.
El nivel de coincidencia cronológica es tan absurdo que el redactor de esta nota ha tenido que chequear el calendario tres veces para asegurarse de que no vive en una simulación escrita por un pasante de la CIA con obsesión por las efemérides. Exactamente 36 años después de que Noriega saliera de la Nunciatura Apostólica directo a Miami, Maduro se convierte en el nuevo protagonista del «viejo libreto». La profecía se cumplió con tal precisión quirúrgica que uno empieza a sospechar si Chávez no dejó también anotados los números del Quini 6 o el resultado del próximo mundial. Mientras tanto, el mundo observa cómo Venezuela pasa de ser un «Estado fallido» en los informes de los think tanks a ser un país administrado por un equipo designado por Washington, demostrando que el concepto de soberanía es tan elástico como los pantalones de alguien después de las fiestas de diciembre. ¡Qué tiempos para estar vivo y sin haber dormido en 48 horas tratando de procesar que la realidad finalmente le ganó al guion de una película de bajo presupuesto de los años 80!
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una jornada que altera definitivamente el tablero geopolítico de la región, la madrugada de este 3 de enero de 2026 fue testigo de una operación militar sin precedentes en la capital venezolana. Tropas de Estados Unidos desplegaron un operativo coordinado en Caracas que culminó con la detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La acción, confirmada por el presidente Donald Trump a través de canales oficiales, se produce tras años de tensiones y en cumplimiento de las imputaciones por narcoterrorismo emitidas por el Departamento de Justicia en marzo de 2020.
La captura se dio bajo un estricto despliegue de inteligencia y coincide, de manera exacta, con el aniversario número 36 de la detención de Manuel Antonio Noriega en Panamá, consolidando un paralelismo histórico que el chavismo había denunciado durante más de dos décadas como un plan orquestado desde Washington.
La advertencia de Chávez y el «viejo libreto»
El escenario actual reactiva el discurso que el fallecido presidente Hugo Chávez mantuvo entre los años 2004 y 2005, periodo marcado por la reciente invasión a Irak y la consolidación de su gobierno tras el golpe de Estado de 2002. En aquel entonces, Chávez sostuvo con vehemencia:
«Ustedes verán, el plan de ellos es el siguiente: van a tratar de decir que el presidente de Venezuela es un narcotraficante, o que el presidente de Venezuela apoya al terrorismo. Van a tratar de montar un expediente para decir que en Venezuela no hay gobierno, que Venezuela es un ‘estado fallido’, para luego justificar ante el mundo una intervención militar o una invasión.»
Para el exmandatario, la estrategia estadounidense respondía a lo que denominó el «viejo libreto del imperialismo», citando explícitamente los casos de Noriega en 1989 y Sadam Husein en 2003. Chávez argumentaba que las acusaciones de vínculos con el terrorismo o el tráfico de drogas eran herramientas de propaganda para deslegitimar administraciones adversas a los intereses de la Casa Blanca. «Lo mismo que le hicieron a Noriega en Panamá, lo mismo que le hicieron a Sadam Husein en Irak. Es el viejo libreto del imperialismo», enfatizaba en sus alocuciones, asegurando que en Venezuela tales intentos «se van a estrellar».
El concepto de Estado fallido y la crisis de legitimidad
La terminología de «Estado Fallido», mencionada por Chávez hace 20 años, cobró especial relevancia a partir de la crisis de 2019. Durante ese periodo, diversos centros de pensamiento y sectores políticos estadounidenses intensificaron el uso de esta categoría para describir la pérdida de control territorial y el colapso de los servicios básicos en el país caribeño, sentando las bases doctrinarias para lo que finalmente devino en la intervención militar de este fin de semana.
Tras la detención, el gobierno de los Estados Unidos difundió una fotografía de Maduro bajo custodia, anunciando de forma inmediata que una administración designada por Washington asumirá las tareas gubernamentales en Venezuela de manera provisional. El objetivo declarado es gestionar una transición política que ponga fin a la crisis institucional que ha atravesado el país en los últimos años.
La captura de Maduro y Flores representa el cierre de un ciclo de imputaciones que alcanzó su punto álgido en 2020, cuando se ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por información que condujera al arresto del líder venezolano. Para los analistas internacionales, este suceso no solo reitera el precedente de la justicia transnacional estadounidense, sino que otorga una pátina de vigencia a las advertencias de Chávez, quien predijo con exactitud los cargos y la metodología que finalmente sellarían el destino de su sucesor.
Finalmente sucedió: el multiverso de las intervenciones militares ha completado su arco narrativo y Hugo Chávez, desde su cuartel general en la eternidad, debe estar ahora mismo con el dedo índice levantado diciendo «se los dije» mientras toma una taza de café infinito. No es que el hombre fuera un profeta del nivel de Nostradamus, es que simplemente leyó el manual del usuario del Imperialismo™ y se dio cuenta de que a Washington le gusta reciclar guiones más que a las productoras de Hollywood con las secuelas de Rápido y Furioso. El 3 de enero ya no es solo el día en que te das cuenta de que la dieta de Año Nuevo fracasó, ahora es oficialmente el «Día Internacional de Capturar Líderes que EE. UU. ya no quiere en su lista de contactos de WhatsApp».
Lo de Maduro y Cilia siendo llevados por las tropas norteamericanas es el cierre de una trilogía que empezó con Noriega en Panamá y pasó por Saddam en Irak, demostrando que en la política exterior estadounidense no hay finales creativos, solo remakes con mejores cámaras. Chávez advirtió hace veinte años que lo iban a tildar de narcotraficante y terrorista, y el Departamento de Justicia esperó pacientemente hasta 2020 para publicar el póster de «Se Busca» con el precio de 15 millones de dólares, una cifra que hoy apenas alcanza para comprarse un café con leche en una economía dolarizada. Es fascinante cómo pasamos de las «armas de destrucción masiva» que nunca aparecieron en Irak a los cargos de «narcoterrorismo» que terminaron con el dictador venezolano en una foto de alta resolución difundida por el mismísimo Donald Trump, quien seguramente ya está pensando en qué filtro de Instagram le queda mejor a la custodia de un ex jefe de Estado.
El nivel de coincidencia cronológica es tan absurdo que el redactor de esta nota ha tenido que chequear el calendario tres veces para asegurarse de que no vive en una simulación escrita por un pasante de la CIA con obsesión por las efemérides. Exactamente 36 años después de que Noriega saliera de la Nunciatura Apostólica directo a Miami, Maduro se convierte en el nuevo protagonista del «viejo libreto». La profecía se cumplió con tal precisión quirúrgica que uno empieza a sospechar si Chávez no dejó también anotados los números del Quini 6 o el resultado del próximo mundial. Mientras tanto, el mundo observa cómo Venezuela pasa de ser un «Estado fallido» en los informes de los think tanks a ser un país administrado por un equipo designado por Washington, demostrando que el concepto de soberanía es tan elástico como los pantalones de alguien después de las fiestas de diciembre. ¡Qué tiempos para estar vivo y sin haber dormido en 48 horas tratando de procesar que la realidad finalmente le ganó al guion de una película de bajo presupuesto de los años 80!