Tras la impactante noticia de la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero por fuerzas especiales de Estados Unidos, Venezuela ha entrado en una fase de transición acelerada. En las últimas 48 horas, el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, bajo fuerte presión de Washington y en un intento de evitar un colapso total del chavismo, ha iniciado la liberación de un «número significativo» de detenidos por razones políticas.
El goteo de liberaciones: figuras clave
Hasta la noche del jueves, se confirmó la excarcelación de 71 personas, entre las que destacan dirigentes opositores de peso y ciudadanos extranjeros. Entre los nombres más relevantes se encuentran Enrique Márquez y Biagio Pilieri, dos de las figuras más visibles de la resistencia interna que permanecían recluidas en El Helicoide.
Asimismo, la medida alcanzó a la esfera internacional con la liberación de al menos cinco ciudadanos españoles, quienes fueron entregados a las autoridades consulares y ya se encuentran en tránsito hacia Madrid. Pese a este movimiento, las puertas de las prisiones de El Helicoide y Ramo Verde aún guardan cautela; organizaciones no gubernamentales como Foro Penal advierten que todavía permanecen tras las rejas más de 800 civiles y militares.
Repercusión en Argentina: la espera por Nahuel Gallo
En la Casa Rosada, el clima es de cautelosa victoria. El interés del gobierno de Javier Milei está centrado en dos nombres propios: el gendarme Nahuel Gallo, detenido en 2025 bajo acusaciones de conspiración, y el abogado Germán Giuliani, quien también se encuentra en aislamiento. La esposa de Gallo ha manifestado en las últimas horas una «esperanza renovada» ante los gestos del interinato venezolano.
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue tajante respecto a la situación: «Esto pasa gracias a la firmeza de Estados Unidos y a que Maduro hoy está rindiendo cuentas ante la justicia. No descansaremos hasta que Gallo y Giuliani estén en suelo argentino». Se espera que la Cancillería anuncie próximamente un operativo para repatriar a los ciudadanos apenas se formalice su liberación.
El escenario internacional y el debate legislativo
La comunidad internacional observa con asombro la velocidad de los eventos. Mientras la Unión Europea exige una amnistía general, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro que su administración supervisará la transición hacia el liderazgo de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado. «No vamos a hacer lo de Maduro e irnos. Vamos a manejarlo de manera profesional para asegurar que el país sea manejado correctamente», declaró Trump, sugiriendo una fuerte inversión petrolera para la reconstrucción del país.
En el plano local, el Congreso Argentino se ha convertido en un nuevo escenario de la grieta ideológica. Los bloques de La Libertad Avanza y el PRO impulsan una declaración de beneplácito por el fin del régimen madurista. En contraposición, sectores del PJ y la izquierda han expresado su «repudio» a la intervención militar estadounidense, calificándola de violación a la soberanía. Mientras tanto, la mirada global está puesta en el despliegue de tropas de la coalición internacional para garantizar la estabilización de las zonas estratégicas mineras y petroleras de Venezuela.
<p>Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos, el gobierno interino de Venezuela, encabezado por Delcy Rodríguez, inició la liberación de 71 detenidos políticos, incluyendo a los dirigentes Enrique Márquez y Biagio Pilieri. Mientras Washington supervisa la transición, el Gobierno argentino aguarda la excarcelación del gendarme Nahuel Gallo y del abogado Germán Giuliani, en medio de un intenso debate legislativo en Buenos Aires.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la primera semana del mundo post-Maduro, o como le dicen en los pasillos de Miraflores, «el gran casting para ver quién evita la extradición». Tras la captura de Nicolás el pasado 3 de enero —en un operativo que tuvo más presupuesto que cualquier película de Marvel y mejores resultados que nuestra última campaña contra la inflación—, Delcy Rodríguez ha descubierto de pronto que las cárceles tienen puertas y que, sorpresa, se pueden abrir desde adentro. Es fascinante observar cómo el interinato venezolano ha pasado del «no volverán» al «por favor, salgan rápido que necesito que Washington no me mire feo» en menos de lo que tarda en devaluarse el bolívar. La liberación de 71 presos políticos es el gesto humanitario más espontáneo de la historia, comparable únicamente a la honestidad de un deudor cuando ve que el oficial de justicia está golpeando la puerta con una orden de desalojo.
Mientras en El Helicoide las puertas chirrían de falta de uso, en la Argentina nos encontramos en ese estado de éxtasis y grieta permanente que tanto nos gusta. Patricia Bullrich ya está preparando el uniforme de gala para recibir a Nahuel Gallo y Germán Giuliani, con una firmeza que sugiere que ella misma habría manejado el helicóptero de la captura si le hubieran dado las coordenadas y un tanque lleno de combustible. Es realmente tierno ver al Congreso Nacional discutiendo la soberanía venezolana: tenemos a un sector celebrando con champagne la llegada de la libertad vía fuerzas especiales, y a otro sector denunciando la «intervención imperialista» mientras escriben el comunicado desde un iPhone diseñado en California. Es la coherencia nacional en su máxima expresión: pelearse por el jardín del vecino mientras el nuestro tiene el pasto tan alto que ya es una reserva natural de mosquitos.
Donald Trump, por su parte, ha decidido aplicar su técnica de gestión inmobiliaria a toda una nación. «No vamos a hacer lo de Maduro e irnos», declaró el magnate con la sutileza de un martillo hidráulico, dejando en claro que Venezuela ahora es un proyecto de reconstrucción con vista al Caribe y fuerte olor a petróleo. El «Efecto Trump» es básicamente convertir la política exterior en un programa de remodelación extrema: sacamos al inquilino que no pagaba la renta, pintamos las paredes de democracia y esperamos que el retorno de la inversión sea lo suficientemente alto como para que nadie se acuerde de cómo entramos. Mientras tanto, en Madrid ya reciben a sus ciudadanos como si volvieran de una expedición a Marte, y nosotros seguimos contando los minutos para que nuestros compatriotas pisen suelo argentino, rogando que el próximo «vuelo humanitario» no se demore por falta de repuestos o por un paro sorpresivo en Aeroparque.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Tras la impactante noticia de la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero por fuerzas especiales de Estados Unidos, Venezuela ha entrado en una fase de transición acelerada. En las últimas 48 horas, el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, bajo fuerte presión de Washington y en un intento de evitar un colapso total del chavismo, ha iniciado la liberación de un «número significativo» de detenidos por razones políticas.
El goteo de liberaciones: figuras clave
Hasta la noche del jueves, se confirmó la excarcelación de 71 personas, entre las que destacan dirigentes opositores de peso y ciudadanos extranjeros. Entre los nombres más relevantes se encuentran Enrique Márquez y Biagio Pilieri, dos de las figuras más visibles de la resistencia interna que permanecían recluidas en El Helicoide.
Asimismo, la medida alcanzó a la esfera internacional con la liberación de al menos cinco ciudadanos españoles, quienes fueron entregados a las autoridades consulares y ya se encuentran en tránsito hacia Madrid. Pese a este movimiento, las puertas de las prisiones de El Helicoide y Ramo Verde aún guardan cautela; organizaciones no gubernamentales como Foro Penal advierten que todavía permanecen tras las rejas más de 800 civiles y militares.
Repercusión en Argentina: la espera por Nahuel Gallo
En la Casa Rosada, el clima es de cautelosa victoria. El interés del gobierno de Javier Milei está centrado en dos nombres propios: el gendarme Nahuel Gallo, detenido en 2025 bajo acusaciones de conspiración, y el abogado Germán Giuliani, quien también se encuentra en aislamiento. La esposa de Gallo ha manifestado en las últimas horas una «esperanza renovada» ante los gestos del interinato venezolano.
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, fue tajante respecto a la situación: «Esto pasa gracias a la firmeza de Estados Unidos y a que Maduro hoy está rindiendo cuentas ante la justicia. No descansaremos hasta que Gallo y Giuliani estén en suelo argentino». Se espera que la Cancillería anuncie próximamente un operativo para repatriar a los ciudadanos apenas se formalice su liberación.
El escenario internacional y el debate legislativo
La comunidad internacional observa con asombro la velocidad de los eventos. Mientras la Unión Europea exige una amnistía general, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro que su administración supervisará la transición hacia el liderazgo de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado. «No vamos a hacer lo de Maduro e irnos. Vamos a manejarlo de manera profesional para asegurar que el país sea manejado correctamente», declaró Trump, sugiriendo una fuerte inversión petrolera para la reconstrucción del país.
En el plano local, el Congreso Argentino se ha convertido en un nuevo escenario de la grieta ideológica. Los bloques de La Libertad Avanza y el PRO impulsan una declaración de beneplácito por el fin del régimen madurista. En contraposición, sectores del PJ y la izquierda han expresado su «repudio» a la intervención militar estadounidense, calificándola de violación a la soberanía. Mientras tanto, la mirada global está puesta en el despliegue de tropas de la coalición internacional para garantizar la estabilización de las zonas estratégicas mineras y petroleras de Venezuela.
Bienvenidos a la primera semana del mundo post-Maduro, o como le dicen en los pasillos de Miraflores, «el gran casting para ver quién evita la extradición». Tras la captura de Nicolás el pasado 3 de enero —en un operativo que tuvo más presupuesto que cualquier película de Marvel y mejores resultados que nuestra última campaña contra la inflación—, Delcy Rodríguez ha descubierto de pronto que las cárceles tienen puertas y que, sorpresa, se pueden abrir desde adentro. Es fascinante observar cómo el interinato venezolano ha pasado del «no volverán» al «por favor, salgan rápido que necesito que Washington no me mire feo» en menos de lo que tarda en devaluarse el bolívar. La liberación de 71 presos políticos es el gesto humanitario más espontáneo de la historia, comparable únicamente a la honestidad de un deudor cuando ve que el oficial de justicia está golpeando la puerta con una orden de desalojo.
Mientras en El Helicoide las puertas chirrían de falta de uso, en la Argentina nos encontramos en ese estado de éxtasis y grieta permanente que tanto nos gusta. Patricia Bullrich ya está preparando el uniforme de gala para recibir a Nahuel Gallo y Germán Giuliani, con una firmeza que sugiere que ella misma habría manejado el helicóptero de la captura si le hubieran dado las coordenadas y un tanque lleno de combustible. Es realmente tierno ver al Congreso Nacional discutiendo la soberanía venezolana: tenemos a un sector celebrando con champagne la llegada de la libertad vía fuerzas especiales, y a otro sector denunciando la «intervención imperialista» mientras escriben el comunicado desde un iPhone diseñado en California. Es la coherencia nacional en su máxima expresión: pelearse por el jardín del vecino mientras el nuestro tiene el pasto tan alto que ya es una reserva natural de mosquitos.
Donald Trump, por su parte, ha decidido aplicar su técnica de gestión inmobiliaria a toda una nación. «No vamos a hacer lo de Maduro e irnos», declaró el magnate con la sutileza de un martillo hidráulico, dejando en claro que Venezuela ahora es un proyecto de reconstrucción con vista al Caribe y fuerte olor a petróleo. El «Efecto Trump» es básicamente convertir la política exterior en un programa de remodelación extrema: sacamos al inquilino que no pagaba la renta, pintamos las paredes de democracia y esperamos que el retorno de la inversión sea lo suficientemente alto como para que nadie se acuerde de cómo entramos. Mientras tanto, en Madrid ya reciben a sus ciudadanos como si volvieran de una expedición a Marte, y nosotros seguimos contando los minutos para que nuestros compatriotas pisen suelo argentino, rogando que el próximo «vuelo humanitario» no se demore por falta de repuestos o por un paro sorpresivo en Aeroparque.