En una jornada marcada por el dolor y la consternación, familiares y amigos de Yair Amir Manno Núñez se congregaron este martes para brindar el último adiós al joven de 29 años. El fallecimiento del marplatense se produjo tras el inusual fenómeno climatológico, calificado como meteotsunami, que impactó ayer en las costas de Mar del Plata y el partido vecino de Mar Chiquita.
Los restos de Manno Núñez fueron velados entre las 8 y las 18 en la Funeraria Roldán, ubicada en Luro 4036. La ceremonia resultó un punto de encuentro para una multitud de allegados que recordaron su trayectoria y su vínculo con la ciudad. La víctima del fenómeno «era marplatense y vivía en el sur de Francia», país donde se había radicado para desarrollar su carrera profesional. Según trascendió, el joven «se desempeñaba como jinete de caballos endurance» en territorio europeo, una disciplina de alta exigencia física y técnica.
Crónica de un suceso imprevisto
El incidente fatal ocurrió en la zona de la albufera de Mar Chiquita, donde Manno Núñez se encontraba disfrutando de una tarde de pesca junto a su novia, de nacionalidad francesa. De acuerdo con los testimonios recabados, la «sorpresiva y veloz subida de la marea» —característica principal del meteotsunami— provocó que el joven perdiera el equilibrio y cayera al agua desde la estructura de la escollera, donde finalmente se produjo el ahogamiento.
Tras ser arrastrado por la corriente, el deportista fue rescatado por un grupo de guardavidas. Un video registrado por testigos presenciales capturó el momento en que los rescatistas realizaban intensas tareas de reanimación a bordo de una lancha mientras se dirigían a la costa. Posteriormente, fue trasladado de urgencia a una sala de emergencias en la localidad de Santa Clara del Mar.
Esfuerzos médicos y desenlace
A pesar del rápido accionar de los equipos de rescate y de las maniobras efectuadas por los profesionales médicos en el centro de salud, no fue posible revertir el cuadro clínico. Manno Núñez falleció producto de un paro cardiorrespiratorio, confirmándose su deceso minutos después de ingresar a la sala de emergencias. El fenómeno que originó la tragedia sorprendió a locales y turistas por su magnitud y la rapidez con la que el nivel del mar avanzó sobre la línea de costa en todo el sector regional.
<p>Familiares y allegados despidieron este martes en Mar del Plata a Yair Amir Manno Núñez, el joven de 29 años fallecido tras el meteotsunami que afectó la costa bonaerense. Manno Núñez, un destacado jinete radicado en Francia, se encontraba pescando en la albufera de Mar Chiquita cuando fue arrastrado por una súbita subida de la marea. A pesar de las maniobras de reanimación, falleció en un centro asistencial de Santa Clara del Mar.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la distopía del 2026, donde ya no alcanza con esquivar los baches o sobrevivir a la inflación; ahora también tenemos que preocuparnos por los «meteotsunamis». ¿Qué sigue? ¿Tornados de granizo con sabor a decepción? ¿Lluvia de sapos que tributan al monotributo? El término suena a película clase B que pasan a las tres de la mañana en un canal de cable olvidado, pero no, es la nueva forma que encontró la naturaleza para recordarnos que somos insignificantes. Yair, un muchacho que vivía en el sur de Francia, rodeado de paisajes de postal y jinetes de élite, vuelve a su ciudad natal para pasar un momento tranquilo y el mar decide que es el momento perfecto para un «glitch» meteorológico. Es el colmo de la ironía trágica: sobrevivís al Viejo Continente para que una ola con ínfulas de tsunami te saque de la escollera mientras pescás.
Honestamente, si este es el ritmo que va a llevar el año, exijo que me desconecten de la Matrix o que al menos me den un café que no sepa a desesperación pura. No se puede más. Vivimos en un hilo de Twitter constante donde el remate siempre es un velorio. 2026, te lo digo de frente: bajá un cambio porque ya no nos quedan neuronas para procesar tanta tragedia con nombres de fenómeno de ciencia ficción.Incluso hay un video circulando, porque claro, en el siglo XXI si no hay un testigo grabando tu último aliento con un celular con la pantalla astillada, parece que no sucedió. Ahí se ve el esfuerzo desesperado de los guardavidas, mientras la realidad nos da una cachetada de agua salada. Un deportista de alto rendimiento, un tipo que dominaba caballos de endurance en terrenos hostiles, termina siendo vencido por un capricho de la presión atmosférica en una escollera de Mar Chiquita. Es para gritarle a la pantalla hasta quedar afónico. La vida tiene un sentido del humor tan negro que hace que la Funeraria Roldán parezca el único lugar lógico para terminar este martes de furia y desconcierto. Por favor, que alguien apague el simulador.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una jornada marcada por el dolor y la consternación, familiares y amigos de Yair Amir Manno Núñez se congregaron este martes para brindar el último adiós al joven de 29 años. El fallecimiento del marplatense se produjo tras el inusual fenómeno climatológico, calificado como meteotsunami, que impactó ayer en las costas de Mar del Plata y el partido vecino de Mar Chiquita.
Los restos de Manno Núñez fueron velados entre las 8 y las 18 en la Funeraria Roldán, ubicada en Luro 4036. La ceremonia resultó un punto de encuentro para una multitud de allegados que recordaron su trayectoria y su vínculo con la ciudad. La víctima del fenómeno «era marplatense y vivía en el sur de Francia», país donde se había radicado para desarrollar su carrera profesional. Según trascendió, el joven «se desempeñaba como jinete de caballos endurance» en territorio europeo, una disciplina de alta exigencia física y técnica.
Crónica de un suceso imprevisto
El incidente fatal ocurrió en la zona de la albufera de Mar Chiquita, donde Manno Núñez se encontraba disfrutando de una tarde de pesca junto a su novia, de nacionalidad francesa. De acuerdo con los testimonios recabados, la «sorpresiva y veloz subida de la marea» —característica principal del meteotsunami— provocó que el joven perdiera el equilibrio y cayera al agua desde la estructura de la escollera, donde finalmente se produjo el ahogamiento.
Tras ser arrastrado por la corriente, el deportista fue rescatado por un grupo de guardavidas. Un video registrado por testigos presenciales capturó el momento en que los rescatistas realizaban intensas tareas de reanimación a bordo de una lancha mientras se dirigían a la costa. Posteriormente, fue trasladado de urgencia a una sala de emergencias en la localidad de Santa Clara del Mar.
Esfuerzos médicos y desenlace
A pesar del rápido accionar de los equipos de rescate y de las maniobras efectuadas por los profesionales médicos en el centro de salud, no fue posible revertir el cuadro clínico. Manno Núñez falleció producto de un paro cardiorrespiratorio, confirmándose su deceso minutos después de ingresar a la sala de emergencias. El fenómeno que originó la tragedia sorprendió a locales y turistas por su magnitud y la rapidez con la que el nivel del mar avanzó sobre la línea de costa en todo el sector regional.
Bienvenidos a la distopía del 2026, donde ya no alcanza con esquivar los baches o sobrevivir a la inflación; ahora también tenemos que preocuparnos por los «meteotsunamis». ¿Qué sigue? ¿Tornados de granizo con sabor a decepción? ¿Lluvia de sapos que tributan al monotributo? El término suena a película clase B que pasan a las tres de la mañana en un canal de cable olvidado, pero no, es la nueva forma que encontró la naturaleza para recordarnos que somos insignificantes. Yair, un muchacho que vivía en el sur de Francia, rodeado de paisajes de postal y jinetes de élite, vuelve a su ciudad natal para pasar un momento tranquilo y el mar decide que es el momento perfecto para un «glitch» meteorológico. Es el colmo de la ironía trágica: sobrevivís al Viejo Continente para que una ola con ínfulas de tsunami te saque de la escollera mientras pescás.
Honestamente, si este es el ritmo que va a llevar el año, exijo que me desconecten de la Matrix o que al menos me den un café que no sepa a desesperación pura. No se puede más. Vivimos en un hilo de Twitter constante donde el remate siempre es un velorio. 2026, te lo digo de frente: bajá un cambio porque ya no nos quedan neuronas para procesar tanta tragedia con nombres de fenómeno de ciencia ficción.Incluso hay un video circulando, porque claro, en el siglo XXI si no hay un testigo grabando tu último aliento con un celular con la pantalla astillada, parece que no sucedió. Ahí se ve el esfuerzo desesperado de los guardavidas, mientras la realidad nos da una cachetada de agua salada. Un deportista de alto rendimiento, un tipo que dominaba caballos de endurance en terrenos hostiles, termina siendo vencido por un capricho de la presión atmosférica en una escollera de Mar Chiquita. Es para gritarle a la pantalla hasta quedar afónico. La vida tiene un sentido del humor tan negro que hace que la Funeraria Roldán parezca el único lugar lógico para terminar este martes de furia y desconcierto. Por favor, que alguien apague el simulador.