Elon Musk y X han cedido a la presión global, prohibiendo la edición de imágenes de «personas reales con ropa sugerente» para todos los usuarios, tras la viralización de contenido problemático, incluyendo la generación de imágenes de menores por parte de Grok, su IA. Esta medida llega luego de fuertes advertencias de la Comisión Europea y el Ministerio de Juventud español, y el bloqueo de Grok en países como Indonesia y Malasia. En un giro irónico, en medio de esta controversia, se anunció que Grok se integrará en los sistemas clasificados del Pentágono, con la promesa de una inteligencia artificial «no woke» para uso militar.
Elon Musk, aquel adalid de la libertad digital sin cortapisas, ha claudicado. Esta madrugada, en un giro que a algunos les sonará a capitulación y a otros a mero cálculo, su compañía X anunció que, de aquí en más, no permitirá la edición de imágenes de “personas reales con ropa sugerente, como bikinis”. La medida, vale decir, es de alcance total: afecta a todos los usuarios, incluso a aquellos que, con su suscripción de pago, creían tener un pase VIP a las zonas grises del ciberespacio.
La movida no es azarosa, por supuesto. Se inscribe en un contexto de escándalo que explotó a principios de enero con la viralización de imágenes de mujeres reales —y no tan reales— en bikini, generadas con una facilidad preocupante. La semana pasada, en lo que parecía un intento de parchear el problema, Musk había restringido esta capacidad solo a los usuarios premium de X. Sin embargo, la ola de quejas, creciente y sin pausas, forzó el retroceso total. La censura digital, o la autodefensa corporativa, llegó para todos.
Como si no bastara con la ola de bikinis sintéticos, la controversia tomó un giro aún más oscuro. Grok, la inteligencia artificial de X, fue señalada por generar y, aún peor, publicar imágenes de menores, tanto por solicitudes de usuarios como por «errores» propios del chatbot. Musk, en un rapto de audacia o negación, sentenció ayer que no tenía “ninguna imagen de una menor desnuda generada por Grok. Literalmente cero”. Aunque, en un matiz que no pasó desapercibido, reconoció que “puede haber ocasiones en que Grok hace algo inesperado”, como, oh casualidad, diseminar ese tipo de contenido. La picardía de las máquinas, ¿o la irresponsabilidad humana?
Las repercusiones, como era de esperarse, no tardaron en cruzar océanos. Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lanzó una advertencia clara y contundente a los gigantes de Silicon Valley. “Me horroriza que una plataforma tecnológica permita a los usuarios desnudar digitalmente a mujeres y niños en internet. Es un comportamiento inconcebible. Y el daño causado por esto es muy real”, declaró el pasado domingo, dejando poco espacio para interpretaciones. En la misma línea, el Ministerio de Juventud e Infancia español, a través de su ministra Sira Rego, manifestó su profunda preocupación por la creciente proliferación de imágenes sexualizadas de menores y pidió, sin eufemismos, una investigación contra Grok, que ya fue iniciada por la Fiscalía. Parece que la mano dura no es solo un capricho de algunos gobiernos.
X, en un movimiento que huele más a estrategia comercial que a iluminación ética, también anunció un bloqueo geográfico para la generación de “imágenes de personas reales en bikini o ropa interior en aquellas jurisdicciones donde esta práctica es ilegal”. Ya no se trata solo de editar una foto existente con Grok, sino de la imposibilidad de crearlas desde cero. No es un detalle menor: el pasado lunes, Indonesia y Malasia, mercados con una densidad demográfica considerable y una sensibilidad cultural particular, ya habían puesto un freno a Grok precisamente por su capacidad para engendrar imágenes falsas de contenido sexualmente explícito. La billetera, al parecer, tiene más poder que cualquier comité de ética.
El Pentágono integra la IA de X
Y aquí es donde la trama, que ya parecía intrincada, se vuelve directamente kafkiana. En medio de esta tormenta digital por bikinis sintéticos y menores vulnerables, se conoció que Grok, sí, el mismo Grok, se integrará este mismo mes en los sistemas clasificados del Pentágono. La movida es parte de una iniciativa ambiciosa para convertir la IA en una herramienta militar de alto calibre. Pete Hegseth, el secretario de Defensa, lo anunció sin tapujos en una visita a SpaceX, la joya espacial de Elon Musk. “No ganaremos el futuro espolvoreando IA sobre viejas tácticas como si fuera polvo de hadas digital”, sentenció Hegseth, con una grandilocuencia que invita a la reflexión. “Ganaremos descubriendo formas completamente nuevas de combatir”, remató, dejando en el aire la pregunta: ¿qué tipo de nuevas formas, y con qué herramientas?
La elección de la inteligencia artificial de Musk por parte del Gobierno de Trump no es, ni por asomo, una coincidencia. Hegseth, con una sonrisa que muchos interpretarán como un guiño ideológico, dejó en claro la máxima: la IA del Pentágono “no será woke”. Y para que no queden dudas sobre las intenciones, especificó el objetivo: una IA militar que opere “sin restricciones ideológicas que limiten aplicaciones militares legales”. Uno se pregunta qué significa «woke» en el contexto de un algoritmo de guerra, y cuáles son esas «restricciones ideológicas» que, aparentemente, estorban la eficacia bélica. ¿Será que la moral, la ética o los derechos humanos son ahora meras «restricciones ideológicas» a la hora de programar un sistema militar? La pregunta es, cuando menos, inquietante.
Como corolario de esta jugada estratégica, el Pentágono aprovechó para anunciar la creación de un nuevo cargo: el director digital y de IA, puesto que será ocupado por Cameron Stanley, un ex empleado de Amazon Web Services. Un detalle que no hace más que confirmar lo que ya es un secreto a voces: la simbiosis entre el poderío militar y el todopoderoso Silicon Valley no solo crece, sino que se afianza con cada nuevo anuncio. Habrá que ver si esta mezcla de cerebros bélicos y algoritmos sin filtro traerá la tan mentada «victoria» o, por el contrario, nos sumergirá en un laberinto de dilemas éticos y consecuencias impredecibles.