Lo que comenzó como una rivalidad comercial por la clientela gastronómica de la Costa Atlántica derivó este miércoles en una jornada de sangre y violencia extrema a metros de la playa y en la zona céntrica de la localidad bonaerense de Pinamar. En la intersección de la avenida Bunge y la costa, trabajadores de la empresa La Nueva Fortaleza SA fueron emboscados por un grupo competidor, resultando en una gresca que dejó a un operario internado en grave estado.
El enfrentamiento definitivo se produjo este miércoles al mediodía frente a la vista de turistas y residentes. Tras una discusión por la propiedad de los bidones de aceite en un local, comenzó una lluvia de piedrazos y forcejeos que transformó el paisaje urbano en un escenario de conflicto abierto. Por el momento, la recolección de residuos orgánicos en la zona permanece suspendida debido al clima de inseguridad que rodea a la actividad.
Víctimas y estado de salud
La víctima principal, identificada como Roberto (40), fue trasladada de urgencia al Hospital Comunitario de Pinamar. El hombre ingresó con un traumatismo craneal severo tras recibir un golpe con un objeto contundente (presuntamente un palo) y permanece bajo observación médica. Casualmente, el trabajador se encuentra en el mismo centro de salud donde es atendido Bastián, el niño herido en el accidente de los médanos días atrás.
Candela, una joven trabajadora que también resultó herida en el rostro, describió el horror del momento: «Cuando giré la cabeza vi a mi compañero Roberto tirado en un charco de sangre. Nosotros salimos a trabajar, ¿qué le decimos ahora a su familia?».
Antecedentes y el trasfondo del negocio
La disputa gira en torno a la recolección del aceite vegetal usado y cebo, insumos clave que luego se reciclan para producir biodiésel, jabones y abono. Según los empleados de La Nueva Fortaleza SA —firma que recientemente extendió sus operaciones desde La Tablada hacia la Costa— ellos son los únicos habilitados legalmente para retirar estos residuos en la zona. Sin embargo, estos trabajadores denuncian que una empresa local busca desplazarlos mediante métodos ilegales y ataques coordinados.
El conflicto ya había registrado un pico de tensión el martes en Villa Gesell, donde una flota de camionetas fue atacada con piedras y palos, además de sufrir choques intencionales. «Acudimos a la Policía y nos dijeron que nos vayamos. Cada vez que nos cruzamos nos gritan cosas. Son seis personas en una camioneta», relató Fernanda, empleada de la firma agredida, quien advirtió que la situación estaba fuera de control desde hacía una semana.
La Justicia local ya investiga el hecho y busca identificar a los agresores a través de las cámaras de seguridad del centro pinamarense para determinar las responsabilidades penales detrás de esta emboscada violenta en plena temporada estival.
<p>Un violento enfrentamiento entre recolectores de aceite vegetal usado en el centro de Pinamar dejó como saldo un trabajador con traumatismo craneal severo. La disputa comercial entre la empresa La Nueva Fortaleza y competidores locales derivó en una batalla campal con piedras y objetos contundentes. La Justicia investiga el hecho mientras la actividad de reciclaje permanece suspendida por falta de seguridad en la zona.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la Argentina del 2026, donde el futuro no llegó en forma de autos voladores, sino de gladiadores del colesterol peleándose a muerte por el residuo de una milanesa de parador. Lo que en cualquier país civilizado sería un trámite burocrático de reciclaje, en Pinamar se transformó en una escena eliminada de Mad Max: Furia en la Costa, pero con menos presupuesto y más olor a fritura rancia. Mientras los turistas intentan decidir si el churro les va a dar acidez, a pocos metros se libra la «Guerra de los Lípidos», una contienda donde el armamento reglamentario consiste en cascotes de vereda y palos de procedencia dudosa. Es fascinante ver cómo la sofisticada Avenida Bunge pasó de ser el epicentro del glamour veraniego a convertirse en el Coliseo Romano de los recolectores de cebo.
La logística de la violencia nacional es envidiable. Según parece, para recolectar aceite de cocina no necesitás un título en ingeniería ambiental, sino un curso intensivo de lanzamiento de proyectiles y una resistencia sobrehumana a la vergüenza ajena. El nivel de surrealismo es tal que las cámaras de seguridad, diseñadas para detectar robos de relojes de lujo, ahora están ocupadas registrando el despliegue táctico de seis personas en una camioneta que operan con la disciplina de un comando de élite, pero con el objetivo de llevarse un bidón de aceite usado. El reciclaje para producir biodiésel es una iniciativa ecológica fantástica, siempre y cuando no implique que el «biodiésel» se fabrique con la sangre de los operarios que perdieron la interna por el derecho a limpiar la freidora de un local de hamburguesas. Estamos a dos semanas de que la próxima batalla campal sea entre los vendedores de copos de azúcar por el control territorial de la nube de colores.
Es realmente conmovedor el compromiso de estos grupos con la economía circular: circulan por la costa, se encuentran, se muelen a palos y vuelven a empezar. La policía, en un alarde de pragmatismo existencial, optó por la clásica táctica de «vayanse de acá», confirmando que el Estado funciona bajo la premisa de que los problemas se solucionan solos si uno los ignora con la suficiente fuerza. Mientras tanto, en el Hospital Comunitario, el pobre Roberto comparte pasillo con las víctimas de los accidentes en los médanos, unificando en una sola sala de espera toda la gama de la imprudencia argentina: desde el que se dio vuelta en un cuatriciclo hasta el que casi pierde la vida defendiendo la propiedad intelectual de un charco de grasa vegetal. Si esto no es el pináculo de la civilización rioplatense, que alguien me traiga un café doble y un certificado de cordura porque el país ya entregó las llaves del sentido común.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Lo que comenzó como una rivalidad comercial por la clientela gastronómica de la Costa Atlántica derivó este miércoles en una jornada de sangre y violencia extrema a metros de la playa y en la zona céntrica de la localidad bonaerense de Pinamar. En la intersección de la avenida Bunge y la costa, trabajadores de la empresa La Nueva Fortaleza SA fueron emboscados por un grupo competidor, resultando en una gresca que dejó a un operario internado en grave estado.
El enfrentamiento definitivo se produjo este miércoles al mediodía frente a la vista de turistas y residentes. Tras una discusión por la propiedad de los bidones de aceite en un local, comenzó una lluvia de piedrazos y forcejeos que transformó el paisaje urbano en un escenario de conflicto abierto. Por el momento, la recolección de residuos orgánicos en la zona permanece suspendida debido al clima de inseguridad que rodea a la actividad.
Víctimas y estado de salud
La víctima principal, identificada como Roberto (40), fue trasladada de urgencia al Hospital Comunitario de Pinamar. El hombre ingresó con un traumatismo craneal severo tras recibir un golpe con un objeto contundente (presuntamente un palo) y permanece bajo observación médica. Casualmente, el trabajador se encuentra en el mismo centro de salud donde es atendido Bastián, el niño herido en el accidente de los médanos días atrás.
Candela, una joven trabajadora que también resultó herida en el rostro, describió el horror del momento: «Cuando giré la cabeza vi a mi compañero Roberto tirado en un charco de sangre. Nosotros salimos a trabajar, ¿qué le decimos ahora a su familia?».
Antecedentes y el trasfondo del negocio
La disputa gira en torno a la recolección del aceite vegetal usado y cebo, insumos clave que luego se reciclan para producir biodiésel, jabones y abono. Según los empleados de La Nueva Fortaleza SA —firma que recientemente extendió sus operaciones desde La Tablada hacia la Costa— ellos son los únicos habilitados legalmente para retirar estos residuos en la zona. Sin embargo, estos trabajadores denuncian que una empresa local busca desplazarlos mediante métodos ilegales y ataques coordinados.
El conflicto ya había registrado un pico de tensión el martes en Villa Gesell, donde una flota de camionetas fue atacada con piedras y palos, además de sufrir choques intencionales. «Acudimos a la Policía y nos dijeron que nos vayamos. Cada vez que nos cruzamos nos gritan cosas. Son seis personas en una camioneta», relató Fernanda, empleada de la firma agredida, quien advirtió que la situación estaba fuera de control desde hacía una semana.
La Justicia local ya investiga el hecho y busca identificar a los agresores a través de las cámaras de seguridad del centro pinamarense para determinar las responsabilidades penales detrás de esta emboscada violenta en plena temporada estival.
Bienvenidos a la Argentina del 2026, donde el futuro no llegó en forma de autos voladores, sino de gladiadores del colesterol peleándose a muerte por el residuo de una milanesa de parador. Lo que en cualquier país civilizado sería un trámite burocrático de reciclaje, en Pinamar se transformó en una escena eliminada de Mad Max: Furia en la Costa, pero con menos presupuesto y más olor a fritura rancia. Mientras los turistas intentan decidir si el churro les va a dar acidez, a pocos metros se libra la «Guerra de los Lípidos», una contienda donde el armamento reglamentario consiste en cascotes de vereda y palos de procedencia dudosa. Es fascinante ver cómo la sofisticada Avenida Bunge pasó de ser el epicentro del glamour veraniego a convertirse en el Coliseo Romano de los recolectores de cebo.
La logística de la violencia nacional es envidiable. Según parece, para recolectar aceite de cocina no necesitás un título en ingeniería ambiental, sino un curso intensivo de lanzamiento de proyectiles y una resistencia sobrehumana a la vergüenza ajena. El nivel de surrealismo es tal que las cámaras de seguridad, diseñadas para detectar robos de relojes de lujo, ahora están ocupadas registrando el despliegue táctico de seis personas en una camioneta que operan con la disciplina de un comando de élite, pero con el objetivo de llevarse un bidón de aceite usado. El reciclaje para producir biodiésel es una iniciativa ecológica fantástica, siempre y cuando no implique que el «biodiésel» se fabrique con la sangre de los operarios que perdieron la interna por el derecho a limpiar la freidora de un local de hamburguesas. Estamos a dos semanas de que la próxima batalla campal sea entre los vendedores de copos de azúcar por el control territorial de la nube de colores.
Es realmente conmovedor el compromiso de estos grupos con la economía circular: circulan por la costa, se encuentran, se muelen a palos y vuelven a empezar. La policía, en un alarde de pragmatismo existencial, optó por la clásica táctica de «vayanse de acá», confirmando que el Estado funciona bajo la premisa de que los problemas se solucionan solos si uno los ignora con la suficiente fuerza. Mientras tanto, en el Hospital Comunitario, el pobre Roberto comparte pasillo con las víctimas de los accidentes en los médanos, unificando en una sola sala de espera toda la gama de la imprudencia argentina: desde el que se dio vuelta en un cuatriciclo hasta el que casi pierde la vida defendiendo la propiedad intelectual de un charco de grasa vegetal. Si esto no es el pináculo de la civilización rioplatense, que alguien me traiga un café doble y un certificado de cordura porque el país ya entregó las llaves del sentido común.