El portal periodístico Realpolitik reveló una licitación pública impulsada por la Secretaría General de la Presidencia de la Nación, comandada por Karina Milei, que prevé la compra de bebidas gaseosas e isotónicas por un período de seis meses. Esta adquisición está destinada a proveer de insumos a la Casa de Gobierno, la Quinta de Olivos y la residencia de Chapadmalal. Según el informe detallado por el sitio de noticias, el monto estimado para esta contratación asciende a los 81 millones de pesos.
“El gasto contrasta con el ajuste que enfrentan jubilados, docentes y trabajadores, y se suma al reciente aumento salarial de los funcionarios del gobierno libertario”, destacó el medio dirigido por Santiago Sautel. La publicación incluyó la documentación técnica del proceso, compartiendo una imagen del pliego con su respectivo número de expediente, la descripción detallada de los productos solicitados y la unidad operativa de contrataciones encargada de llevar adelante el trámite administrativo.
Antecedentes de consumo y salud presidencial
La revelación de esta licitación ha reflotado declaraciones públicas realizadas por Javier Milei que, en su momento, llamaron la atención de especialistas en salud pública. Durante la campaña presidencial de 2023, en una entrevista televisiva, el entonces candidato relató que, producto de la ansiedad generada por el ritmo proselitista, llegó a consumir diariamente “siete latas de gaseosa cola”, a las cuales les agregaba “dos sobres de azúcar” a cada una antes de beberlas.
A este patrón de consumo se sumaron reportes periodísticos que indicaron una marcada preferencia del mandatario por la bebida energizante Monster Energy, específicamente la variedad denominada Mango Loco. Según estas crónicas, Milei podía llegar a ingerir entre seis y ocho latas diarias para sostener su actividad en jornadas de trabajo extendidas. Expertos en nutrición advierten que estas bebidas contienen niveles críticos de cafeína y azúcar, lo que puede derivar en cuadros de hipertensión, insomnio y alteraciones metabólicas severas.
El debate legislativo y los cambios de hábito
El consumo de este tipo de productos no es solo una anécdota personal del mandatario, sino que forma parte de una discusión mayor en el Congreso nacional. Diversos sectores han impulsado iniciativas para regular o prohibir la venta de energizantes a menores de edad, fundamentando el pedido en los riesgos cardiovasculares y neurológicos asociados a su ingesta excesiva.
Pese a estos antecedentes, tras asumir la presidencia, el propio Javier Milei aseguró haber iniciado un proceso de cambio en su estilo de vida. El jefe de Estado manifestó haber modificado su dieta y reducido drásticamente este tipo de hábitos, lo que le permitió, según sus propias palabras, perder aproximadamente nueve kilos. No obstante, la reciente licitación para el abastecimiento de estas bebidas en las sedes oficiales ha generado una nueva ola de cuestionamientos sobre la coherencia entre el discurso de austeridad y los gastos operativos del Poder Ejecutivo.
<p>La Secretaría General de la Presidencia, encabezada por Karina Milei, impulsó una licitación pública para la adquisición de bebidas gaseosas e isotónicas por un monto de 81 millones de pesos. El proceso, destinado a abastecer las sedes de Olivos, Chapadmalal y la Casa Rosada, reavivó la polémica por el contraste con el ajuste fiscal y los conocidos hábitos de consumo del mandatario nacional.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En un país donde el concepto de «llegar a fin de mes» ha sido reemplazado por el de «sobrevivir al próximo cuarto de hora», la Secretaría General de la Presidencia ha decidido que la austeridad es una doctrina hermosa, pero que no se puede aplicar con la garganta seca. Karina Milei, bajo el lema de que «no hay plata» pero aparentemente sí hay sed, ha dado luz verde a una licitación de 81 millones de pesos en gaseosas e isotónicas. Al parecer, las fuerzas del cielo no solo se alimentan de esperanza y superávit fiscal, sino también de una cantidad industrial de burbujas y colorantes artificiales que harían palidecer a cualquier nutricionista con un mínimo de ética profesional.
La cifra, que suena a premio mayor de una lotería que el resto de los mortales no estamos jugando, servirá para hidratar las sedes de Olivos, la Casa Rosada y Chapadmalal durante seis meses. Es reconfortante saber que, mientras los jubilados realizan cálculos matemáticos dignos de la NASA para decidir si compran un litro de leche o pagan el gas, en el corazón del poder Ejecutivo se aseguran de que el nivel de azúcar en sangre no caiga por debajo de lo necesario para firmar decretos de necesidad y urgencia. Es, en definitiva, una cuestión de Estado: nadie quiere a un funcionario libertario con un bajón de glucosa en medio de una auditoría contra la casta.
Lo más fascinante de este despliegue logístico es cómo conecta con la mitología personal del Presidente. Recordemos que Javier Milei confesó, con una honestidad que todavía nos hace temblar, que en sus épocas de mayor ansiedad electoral despachaba siete latas de gaseosa cola al día, potenciadas con dos sobres de azúcar por unidad. Un hábito que cualquier cardiólogo calificaría como «un plan de retiro anticipado por vía biológica». Si a eso le sumamos su legendario romance con la Monster «Mango Loco» —esa bebida que tiene más cafeína que una guardia de hospital público un domingo a la madrugada—, los 81 millones de pesos empiezan a tener sentido. No es un gasto, es el combustible necesario para que el motor del anarcocapitalismo no sufra una falla multisistémica antes de las próximas legislativas.
Aunque el mandatario asegura haber perdido nueve kilos y moderado su dieta, el pliego licitatorio sugiere que en Balcarce 50 la sed sigue siendo el principal motor de la administración pública. Quizás el plan económico sea este: si no podemos bajar la inflación, al menos mantengamos a todos tan acelerados por la taurina que nadie note que los precios suben más rápido que los latidos de un presidente después de su octava lata de energizante. Al final del día, lo importante es que la hidratación está garantizada, porque en la nueva Argentina, el ajuste duele, pero al menos viene con sabor a mango y muchas burbujas.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El portal periodístico Realpolitik reveló una licitación pública impulsada por la Secretaría General de la Presidencia de la Nación, comandada por Karina Milei, que prevé la compra de bebidas gaseosas e isotónicas por un período de seis meses. Esta adquisición está destinada a proveer de insumos a la Casa de Gobierno, la Quinta de Olivos y la residencia de Chapadmalal. Según el informe detallado por el sitio de noticias, el monto estimado para esta contratación asciende a los 81 millones de pesos.
“El gasto contrasta con el ajuste que enfrentan jubilados, docentes y trabajadores, y se suma al reciente aumento salarial de los funcionarios del gobierno libertario”, destacó el medio dirigido por Santiago Sautel. La publicación incluyó la documentación técnica del proceso, compartiendo una imagen del pliego con su respectivo número de expediente, la descripción detallada de los productos solicitados y la unidad operativa de contrataciones encargada de llevar adelante el trámite administrativo.
Antecedentes de consumo y salud presidencial
La revelación de esta licitación ha reflotado declaraciones públicas realizadas por Javier Milei que, en su momento, llamaron la atención de especialistas en salud pública. Durante la campaña presidencial de 2023, en una entrevista televisiva, el entonces candidato relató que, producto de la ansiedad generada por el ritmo proselitista, llegó a consumir diariamente “siete latas de gaseosa cola”, a las cuales les agregaba “dos sobres de azúcar” a cada una antes de beberlas.
A este patrón de consumo se sumaron reportes periodísticos que indicaron una marcada preferencia del mandatario por la bebida energizante Monster Energy, específicamente la variedad denominada Mango Loco. Según estas crónicas, Milei podía llegar a ingerir entre seis y ocho latas diarias para sostener su actividad en jornadas de trabajo extendidas. Expertos en nutrición advierten que estas bebidas contienen niveles críticos de cafeína y azúcar, lo que puede derivar en cuadros de hipertensión, insomnio y alteraciones metabólicas severas.
El debate legislativo y los cambios de hábito
El consumo de este tipo de productos no es solo una anécdota personal del mandatario, sino que forma parte de una discusión mayor en el Congreso nacional. Diversos sectores han impulsado iniciativas para regular o prohibir la venta de energizantes a menores de edad, fundamentando el pedido en los riesgos cardiovasculares y neurológicos asociados a su ingesta excesiva.
Pese a estos antecedentes, tras asumir la presidencia, el propio Javier Milei aseguró haber iniciado un proceso de cambio en su estilo de vida. El jefe de Estado manifestó haber modificado su dieta y reducido drásticamente este tipo de hábitos, lo que le permitió, según sus propias palabras, perder aproximadamente nueve kilos. No obstante, la reciente licitación para el abastecimiento de estas bebidas en las sedes oficiales ha generado una nueva ola de cuestionamientos sobre la coherencia entre el discurso de austeridad y los gastos operativos del Poder Ejecutivo.
En un país donde el concepto de «llegar a fin de mes» ha sido reemplazado por el de «sobrevivir al próximo cuarto de hora», la Secretaría General de la Presidencia ha decidido que la austeridad es una doctrina hermosa, pero que no se puede aplicar con la garganta seca. Karina Milei, bajo el lema de que «no hay plata» pero aparentemente sí hay sed, ha dado luz verde a una licitación de 81 millones de pesos en gaseosas e isotónicas. Al parecer, las fuerzas del cielo no solo se alimentan de esperanza y superávit fiscal, sino también de una cantidad industrial de burbujas y colorantes artificiales que harían palidecer a cualquier nutricionista con un mínimo de ética profesional.
La cifra, que suena a premio mayor de una lotería que el resto de los mortales no estamos jugando, servirá para hidratar las sedes de Olivos, la Casa Rosada y Chapadmalal durante seis meses. Es reconfortante saber que, mientras los jubilados realizan cálculos matemáticos dignos de la NASA para decidir si compran un litro de leche o pagan el gas, en el corazón del poder Ejecutivo se aseguran de que el nivel de azúcar en sangre no caiga por debajo de lo necesario para firmar decretos de necesidad y urgencia. Es, en definitiva, una cuestión de Estado: nadie quiere a un funcionario libertario con un bajón de glucosa en medio de una auditoría contra la casta.
Lo más fascinante de este despliegue logístico es cómo conecta con la mitología personal del Presidente. Recordemos que Javier Milei confesó, con una honestidad que todavía nos hace temblar, que en sus épocas de mayor ansiedad electoral despachaba siete latas de gaseosa cola al día, potenciadas con dos sobres de azúcar por unidad. Un hábito que cualquier cardiólogo calificaría como «un plan de retiro anticipado por vía biológica». Si a eso le sumamos su legendario romance con la Monster «Mango Loco» —esa bebida que tiene más cafeína que una guardia de hospital público un domingo a la madrugada—, los 81 millones de pesos empiezan a tener sentido. No es un gasto, es el combustible necesario para que el motor del anarcocapitalismo no sufra una falla multisistémica antes de las próximas legislativas.
Aunque el mandatario asegura haber perdido nueve kilos y moderado su dieta, el pliego licitatorio sugiere que en Balcarce 50 la sed sigue siendo el principal motor de la administración pública. Quizás el plan económico sea este: si no podemos bajar la inflación, al menos mantengamos a todos tan acelerados por la taurina que nadie note que los precios suben más rápido que los latidos de un presidente después de su octava lata de energizante. Al final del día, lo importante es que la hidratación está garantizada, porque en la nueva Argentina, el ajuste duele, pero al menos viene con sabor a mango y muchas burbujas.