El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, emitió una severa advertencia este domingo, señalando que cualquier tipo de hostilidad dirigida contra el líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Alí Jamenei, tendrá consecuencias militares definitivas. La declaración se produce en un momento de extrema fragilidad política interna y una creciente presión externa encabezada por la administración de los Estados Unidos.
Un ataque contra el gran líder de nuestro país equivale a una guerra total contra la nación iraní, sentenció Pezeshkian a través de un mensaje oficial. Estas palabras son interpretadas como una respuesta directa a las recientes declaraciones de Donald Trump, quien en una entrevista con el portal Político manifestó: Es el momento de buscar un nuevo liderazgo en Irán.
Control estatal y costo humano de las protestas
Pese a la retórica bélica hacia el exterior, el gobierno iraní intenta proyectar una imagen de pacificación interna. Tras más de dos semanas de intensas manifestaciones que desafiaron los cimientos de la teocracia, las autoridades aseguraron haber recuperado el control de la situación. Como señal de este pretendido retorno a la normalidad, la televisión estatal anunció la reapertura de instituciones educativas y universidades que habían permanecido cerradas durante los últimos siete días.
No obstante, el balance de las protestas es devastador. Según la organización Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, la represión estatal ha dejado un saldo de al menos 3428 manifestantes muertos. Los datos fueron corroborados mediante fuentes del sistema de salud iraní y testimonios independientes, aunque la ONG advirtió que la cifra real podría ser considerablemente superior debido a la opacidad informativa del régimen. Por su parte, el gobierno central no ha brindado hasta el momento un recuento oficial de las víctimas.
Restauración limitada de las comunicaciones
En el ámbito de las libertades digitales, la organización de ciberseguridad Netblocks informó este domingo que el acceso a internet ha comenzado a restablecerse de forma parcial. El bloqueo total de las comunicaciones se había impuesto el pasado 8 de enero como medida para sofocar la coordinación de las protestas que se iniciaron el 28 de diciembre.
Los datos de tráfico indican un retorno significativo a algunos servicios en línea, como Google, lo que sugiere que se ha habilitado un acceso con un alto nivel de filtrado, lo que corrobora los reportes de los usuarios sobre una restauración parcial, precisó Netblocks. Este estallido social, originado inicialmente por el aumento del costo de vida, ha evolucionado hacia el mayor desafío político para el poder iraní desde las manifestaciones de 2022-2023 tras el fallecimiento de Mahsa Amini, evidenciando una fractura social que el restablecimiento de los servicios básicos difícilmente podrá subsanar a corto plazo.
<p>El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, advirtió que cualquier agresión contra el líder supremo, Alí Jamenei, será interpretada como una declaración de guerra total. La amenaza responde a las recientes declaraciones de Donald Trump sobre un cambio de régimen. En simultáneo, el gobierno iraní anunció el restablecimiento parcial de internet y el fin de las protestas, que dejaron un saldo de 3428 fallecidos.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a un nuevo episodio de «Diplomacia para el fin del mundo», edición Teherán 2026. Masud Pezeshkian, el presidente iraní que ostenta el título de hombre con menos margen de maniobra del planeta, salió a aclarar que tocar al Ayatola Alí Jamenei es básicamente apretar el botón de «Guerra Total» en el tablero de la geopolítica. Es fascinante cómo en Irán la escala de valores está tan bien definida: si matás a 3400 manifestantes es un «problema de orden público bajo control», pero si Donald Trump sugiere un cambio de liderazgo en una entrevista, automáticamente estamos a un paso del apocalipsis nuclear. La sutileza diplomática de Pezeshkian, recordándole al mundo que la teocracia local considera a su gran líder más intocable que el último gramo de asado en una reunión de amigos.
Por otro lado, la noción de «normalidad» del gobierno iraní merece un premio a la creatividad literaria. Según la televisión estatal, la paz ha vuelto porque reabrieron las escuelas y las universidades, omitiendo el pequeño detalle de que hay 3428 personas que no van a llegar a clase porque ya no están en este plano existencial. Pero no se preocupen, que para celebrar esta victoria sobre el «caos», decidieron devolverle a la población un poquito de internet. Netblocks confirmó que ahora los iraníes pueden entrar a Google, siempre y cuando pasen por un filtro tan estricto que probablemente si buscás «libertad» el buscador te sugiera recetas de hummus o fotos de alfombras persas. Es el sueño de cualquier gobierno autoritario: una web donde el único tráfico permitido es el que no molesta a los que están arriba, mientras el resto del país intenta recordar cómo era la vida antes de que el 8 de enero decidieran que el mundo digital era un pecado capital.
Mientras tanto, desde el norte del continente, Donald Trump sigue tirando nafta al fuego con la parsimonia de quien comenta un partido de golf por televisión. Pedir un «nuevo liderazgo» en Irán es, en el lenguaje de Trump, el equivalente a darle un palazo a un avispero para ver qué pasa. El resultado es un Pezeshkian posteando en redes sociales con la intensidad de un adolescente despechado pero con misiles balísticos a su disposición. La paradoja es total: el acceso a internet vuelve para que los ciudadanos puedan leer que su país está oficialmente en pie de guerra si alguien mira feo al Ayatola, mientras las organizaciones de derechos humanos en Noruega intentan contar cuerpos en un sistema que tiene más filtraciones que un submarino de cartón. Si esto no es el preámbulo de una serie distópica de alta gama, se le parece demasiado; solo que aquí los actores no tienen doble de riesgo y el guion lo escribe la paranoia.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, emitió una severa advertencia este domingo, señalando que cualquier tipo de hostilidad dirigida contra el líder supremo de la República Islámica, el ayatolá Alí Jamenei, tendrá consecuencias militares definitivas. La declaración se produce en un momento de extrema fragilidad política interna y una creciente presión externa encabezada por la administración de los Estados Unidos.
Un ataque contra el gran líder de nuestro país equivale a una guerra total contra la nación iraní, sentenció Pezeshkian a través de un mensaje oficial. Estas palabras son interpretadas como una respuesta directa a las recientes declaraciones de Donald Trump, quien en una entrevista con el portal Político manifestó: Es el momento de buscar un nuevo liderazgo en Irán.
Control estatal y costo humano de las protestas
Pese a la retórica bélica hacia el exterior, el gobierno iraní intenta proyectar una imagen de pacificación interna. Tras más de dos semanas de intensas manifestaciones que desafiaron los cimientos de la teocracia, las autoridades aseguraron haber recuperado el control de la situación. Como señal de este pretendido retorno a la normalidad, la televisión estatal anunció la reapertura de instituciones educativas y universidades que habían permanecido cerradas durante los últimos siete días.
No obstante, el balance de las protestas es devastador. Según la organización Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, la represión estatal ha dejado un saldo de al menos 3428 manifestantes muertos. Los datos fueron corroborados mediante fuentes del sistema de salud iraní y testimonios independientes, aunque la ONG advirtió que la cifra real podría ser considerablemente superior debido a la opacidad informativa del régimen. Por su parte, el gobierno central no ha brindado hasta el momento un recuento oficial de las víctimas.
Restauración limitada de las comunicaciones
En el ámbito de las libertades digitales, la organización de ciberseguridad Netblocks informó este domingo que el acceso a internet ha comenzado a restablecerse de forma parcial. El bloqueo total de las comunicaciones se había impuesto el pasado 8 de enero como medida para sofocar la coordinación de las protestas que se iniciaron el 28 de diciembre.
Los datos de tráfico indican un retorno significativo a algunos servicios en línea, como Google, lo que sugiere que se ha habilitado un acceso con un alto nivel de filtrado, lo que corrobora los reportes de los usuarios sobre una restauración parcial, precisó Netblocks. Este estallido social, originado inicialmente por el aumento del costo de vida, ha evolucionado hacia el mayor desafío político para el poder iraní desde las manifestaciones de 2022-2023 tras el fallecimiento de Mahsa Amini, evidenciando una fractura social que el restablecimiento de los servicios básicos difícilmente podrá subsanar a corto plazo.
Bienvenidos a un nuevo episodio de «Diplomacia para el fin del mundo», edición Teherán 2026. Masud Pezeshkian, el presidente iraní que ostenta el título de hombre con menos margen de maniobra del planeta, salió a aclarar que tocar al Ayatola Alí Jamenei es básicamente apretar el botón de «Guerra Total» en el tablero de la geopolítica. Es fascinante cómo en Irán la escala de valores está tan bien definida: si matás a 3400 manifestantes es un «problema de orden público bajo control», pero si Donald Trump sugiere un cambio de liderazgo en una entrevista, automáticamente estamos a un paso del apocalipsis nuclear. La sutileza diplomática de Pezeshkian, recordándole al mundo que la teocracia local considera a su gran líder más intocable que el último gramo de asado en una reunión de amigos.
Por otro lado, la noción de «normalidad» del gobierno iraní merece un premio a la creatividad literaria. Según la televisión estatal, la paz ha vuelto porque reabrieron las escuelas y las universidades, omitiendo el pequeño detalle de que hay 3428 personas que no van a llegar a clase porque ya no están en este plano existencial. Pero no se preocupen, que para celebrar esta victoria sobre el «caos», decidieron devolverle a la población un poquito de internet. Netblocks confirmó que ahora los iraníes pueden entrar a Google, siempre y cuando pasen por un filtro tan estricto que probablemente si buscás «libertad» el buscador te sugiera recetas de hummus o fotos de alfombras persas. Es el sueño de cualquier gobierno autoritario: una web donde el único tráfico permitido es el que no molesta a los que están arriba, mientras el resto del país intenta recordar cómo era la vida antes de que el 8 de enero decidieran que el mundo digital era un pecado capital.
Mientras tanto, desde el norte del continente, Donald Trump sigue tirando nafta al fuego con la parsimonia de quien comenta un partido de golf por televisión. Pedir un «nuevo liderazgo» en Irán es, en el lenguaje de Trump, el equivalente a darle un palazo a un avispero para ver qué pasa. El resultado es un Pezeshkian posteando en redes sociales con la intensidad de un adolescente despechado pero con misiles balísticos a su disposición. La paradoja es total: el acceso a internet vuelve para que los ciudadanos puedan leer que su país está oficialmente en pie de guerra si alguien mira feo al Ayatola, mientras las organizaciones de derechos humanos en Noruega intentan contar cuerpos en un sistema que tiene más filtraciones que un submarino de cartón. Si esto no es el preámbulo de una serie distópica de alta gama, se le parece demasiado; solo que aquí los actores no tienen doble de riesgo y el guion lo escribe la paranoia.