De acuerdo con las estimaciones mensuales que realizaría la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) a través de su Nowcast de Pobreza, el cierre del año 2025 habría estado marcado por un repunte en los indicadores de vulnerabilidad social. El relevamiento, a cargo del economista Martín Rozada, arrojaría que la tasa de pobreza se habría incrementado en el último tramo del ejercicio pasado, tras haber experimentado una tendencia descendente previa.
Para el mes de diciembre, los parámetros del INDEC habrían establecido que una familia tipo, conformada por cuatro integrantes, necesitaría percibir ingresos por $1.308.713 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y evitar caer bajo la línea de pobreza. En el mismo sentido, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina el umbral de la indigencia, se habría ubicado en los $589.510.
Dinámica de la inflación y estacionalidad
Sobre la base de esta información, el modelo de la UTDT estimaría una tasa de pobreza del 28,7% para el tercer trimestre y un ascenso hasta el 32,5% para el cuarto trimestre de 2025. Esta fluctuación se explicaría por un encarecimiento de los productos básicos que superaría la inflación general y por la ausencia del Sueldo Anual Complementario (aguinaldo) en los ingresos computados en ese período.
Martín Rozada detallaría las causas de este comportamiento: A partir de octubre las canastas (CBA y CBT) vienen creciendo bastante por encima del nivel general de la inflación. Sumado a esto los ingresos en la EPH del cuarto trimestre no tienen el aguinaldo y en general son un poco más bajos debido a este fenómeno. Según el especialista, ambos factores jugarían en contra de una reducción de la pobreza en dicho trimestre.
Variación de precios de los alimentos
El dato clave en este escenario sería la evolución del precio de los alimentos. Mientras que en 2024 estos habrían subido un 94,7% frente a un 117,8% del índice general, la relación se habría invertido durante el último año. En 2025, mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) marcaría un 31,5%, el rubro de los alimentos habría escalado hasta el 32,2%, presionando directamente sobre la canasta básica.
No obstante, la tendencia podría revertirse en el inicio de 2026 debido a la desaceleración inflacionaria esperada. Rozada puntualizaría que, al revés del cuarto trimestre, en el primer trimestre los ingresos tienen aguinaldo. Si las canastas bajan un escaloncito esperaría que en el primer trimestre la tasa de pobreza sea más baja. Bajo esta premisa, la pobreza estaría estabilizándose en torno al 30%, lo que representaría el registro más bajo de los últimos siete años.
<p>De acuerdo con las proyecciones del Nowcast de Pobreza de la Universidad Torcuato Di Tella, la tasa de pobreza en Argentina habría registrado un incremento al cierre de 2025, situándose en el 32,5% durante el cuarto trimestre. Este fenómeno se explicaría por el encarecimiento de la canasta básica por sobre la inflación general y factores estacionales en los ingresos. No obstante, el indicador tendería a estabilizarse en torno al 30% para el inicio de 2026.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la Argentina de 2026, ese rincón del multiverso donde la realidad se redactaría en potencial para evitar que el choque con la evidencia nos termine de demoler la psiquis. Según el Nowcast de la Universidad Torcuato Di Tella —ese oráculo de la miseria que Martín Rozada manejaría con la precisión de un neurocirujano en plena crisis de pánico—, la pobreza habría decidido que ya se cansó de bajar y se habría pegado un estirón digno de un adolescente en plena pubertad económica. Habríamos pasado del 28,7% al 32,5% en el último trimestre de 2025, confirmando que en este país el alivio duraría menos que un helado en la puerta de un colegio un mediodía de enero. Sería fascinante analizar cómo, para no ser pobre, una familia tipo necesitaría reunir más de 1,3 millones de pesos, una cifra que nos haría sentir a todos como millonarios en un juego de mesa donde las reglas las escribiría un guionista de películas de terror.
La explicación técnica de este repunte sería tan lógica que dolería: las canastas básicas habrían corrido más rápido que la inflación, como si tuvieran complejo de velocistas olímpicos, mientras que los ingresos del cuarto trimestre se habrían quedado huérfanos de aguinaldo. Según se desprendería de los datos, el éxito de 2024 —cuando los alimentos subieron menos que el IPC general— se habría evaporado en 2025, cuando el morfi habría escalado al 32,2% frente a una inflación del 31,5%. Sería esa pequeña diferencia la que marcaría si una familia comería o si simplemente se dedicaría a practicar la fotosíntesis frente a la góndola de los lácteos. Estaríamos en un punto tan surrealista que celebraríamos que la pobreza se «estabilizaría» en el 30%, el nivel más bajo en siete años, lo cual sería como festejar que nos asaltaron pero que al menos el ladrón nos dejó la tarjeta de la obra social por lástima.
Lo más irónico de todo este despliegue estadístico sería la esperanza maradoniana que se proyectaría para el primer trimestre de 2026. Rozada esperaría que, con la vuelta del aguinaldo y una inflación que bajaría «un escaloncito», los números volvieran a darnos una caricia en el alma devaluada. El redactor de esta nota, que llevaría ya varios días sobreviviendo a base de café recalentado y la luz azul del monitor, no podría evitar pensar que si la canasta básica alimentaria siguiera este ritmo, para el próximo informe necesitaríamos un crédito hipotecario para comprar un kilo de milanesas. Pero no habría que preocuparse, porque estaríamos ante el «piso» más bajo de casi una década; una forma muy elegante de decir que habríamos tocado fondo, pero que el fondo ahora tendría una alfombra un poco más limpia que la de la gestión anterior.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
De acuerdo con las estimaciones mensuales que realizaría la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) a través de su Nowcast de Pobreza, el cierre del año 2025 habría estado marcado por un repunte en los indicadores de vulnerabilidad social. El relevamiento, a cargo del economista Martín Rozada, arrojaría que la tasa de pobreza se habría incrementado en el último tramo del ejercicio pasado, tras haber experimentado una tendencia descendente previa.
Para el mes de diciembre, los parámetros del INDEC habrían establecido que una familia tipo, conformada por cuatro integrantes, necesitaría percibir ingresos por $1.308.713 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y evitar caer bajo la línea de pobreza. En el mismo sentido, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina el umbral de la indigencia, se habría ubicado en los $589.510.
Dinámica de la inflación y estacionalidad
Sobre la base de esta información, el modelo de la UTDT estimaría una tasa de pobreza del 28,7% para el tercer trimestre y un ascenso hasta el 32,5% para el cuarto trimestre de 2025. Esta fluctuación se explicaría por un encarecimiento de los productos básicos que superaría la inflación general y por la ausencia del Sueldo Anual Complementario (aguinaldo) en los ingresos computados en ese período.
Martín Rozada detallaría las causas de este comportamiento: A partir de octubre las canastas (CBA y CBT) vienen creciendo bastante por encima del nivel general de la inflación. Sumado a esto los ingresos en la EPH del cuarto trimestre no tienen el aguinaldo y en general son un poco más bajos debido a este fenómeno. Según el especialista, ambos factores jugarían en contra de una reducción de la pobreza en dicho trimestre.
Variación de precios de los alimentos
El dato clave en este escenario sería la evolución del precio de los alimentos. Mientras que en 2024 estos habrían subido un 94,7% frente a un 117,8% del índice general, la relación se habría invertido durante el último año. En 2025, mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) marcaría un 31,5%, el rubro de los alimentos habría escalado hasta el 32,2%, presionando directamente sobre la canasta básica.
No obstante, la tendencia podría revertirse en el inicio de 2026 debido a la desaceleración inflacionaria esperada. Rozada puntualizaría que, al revés del cuarto trimestre, en el primer trimestre los ingresos tienen aguinaldo. Si las canastas bajan un escaloncito esperaría que en el primer trimestre la tasa de pobreza sea más baja. Bajo esta premisa, la pobreza estaría estabilizándose en torno al 30%, lo que representaría el registro más bajo de los últimos siete años.
Bienvenidos a la Argentina de 2026, ese rincón del multiverso donde la realidad se redactaría en potencial para evitar que el choque con la evidencia nos termine de demoler la psiquis. Según el Nowcast de la Universidad Torcuato Di Tella —ese oráculo de la miseria que Martín Rozada manejaría con la precisión de un neurocirujano en plena crisis de pánico—, la pobreza habría decidido que ya se cansó de bajar y se habría pegado un estirón digno de un adolescente en plena pubertad económica. Habríamos pasado del 28,7% al 32,5% en el último trimestre de 2025, confirmando que en este país el alivio duraría menos que un helado en la puerta de un colegio un mediodía de enero. Sería fascinante analizar cómo, para no ser pobre, una familia tipo necesitaría reunir más de 1,3 millones de pesos, una cifra que nos haría sentir a todos como millonarios en un juego de mesa donde las reglas las escribiría un guionista de películas de terror.
La explicación técnica de este repunte sería tan lógica que dolería: las canastas básicas habrían corrido más rápido que la inflación, como si tuvieran complejo de velocistas olímpicos, mientras que los ingresos del cuarto trimestre se habrían quedado huérfanos de aguinaldo. Según se desprendería de los datos, el éxito de 2024 —cuando los alimentos subieron menos que el IPC general— se habría evaporado en 2025, cuando el morfi habría escalado al 32,2% frente a una inflación del 31,5%. Sería esa pequeña diferencia la que marcaría si una familia comería o si simplemente se dedicaría a practicar la fotosíntesis frente a la góndola de los lácteos. Estaríamos en un punto tan surrealista que celebraríamos que la pobreza se «estabilizaría» en el 30%, el nivel más bajo en siete años, lo cual sería como festejar que nos asaltaron pero que al menos el ladrón nos dejó la tarjeta de la obra social por lástima.
Lo más irónico de todo este despliegue estadístico sería la esperanza maradoniana que se proyectaría para el primer trimestre de 2026. Rozada esperaría que, con la vuelta del aguinaldo y una inflación que bajaría «un escaloncito», los números volvieran a darnos una caricia en el alma devaluada. El redactor de esta nota, que llevaría ya varios días sobreviviendo a base de café recalentado y la luz azul del monitor, no podría evitar pensar que si la canasta básica alimentaria siguiera este ritmo, para el próximo informe necesitaríamos un crédito hipotecario para comprar un kilo de milanesas. Pero no habría que preocuparse, porque estaríamos ante el «piso» más bajo de casi una década; una forma muy elegante de decir que habríamos tocado fondo, pero que el fondo ahora tendría una alfombra un poco más limpia que la de la gestión anterior.