Alcaraz y la polémica Whoop: ¿Vibración prohibida en Australia?

Redacción Cuyo News
6 min
Cortito y conciso:

El tenista Carlos Alcaraz y otras figuras como Jannik Sinner y Aryna Sabalenka fueron obligados a retirar sus pulseras Whoop durante partidos del Abierto de Australia. La razón, según un informe de la FIT, radica en la capacidad de retroalimentación háptica (vibración) del dispositivo, que podría violar la «regla de instrucciones» al dar información al jugador en plena disputa. A pesar de que Whoop está aprobado bajo condiciones, y su fundador lo considera «ridículo», el torneo mantiene una postura restrictiva sobre los wearables personales, generando un debate sobre la modernización de las reglas y la integración de la tecnología en el deporte de élite.

El tenis, ese deporte que a menudo se enorgullece de su tradición y elegancia, se vio sacudido en el Abierto de Australia por una insólita polémica que trascendió la raqueta y la pelota. Carlos Alcaraz, la joven promesa que ya es una realidad, fue interpelado en pleno partido contra Tommy Paul: la orden fue clara, debía quitarse su pulsera Whoop. El gesto, que también afectó a figuras como Jannik Sinner y Aryna Sabalenka, encendió las alarmas y generó un inmediato revuelo en el mundo deportivo, acostumbrado ya a ver a los atletas monitorear cada latido y cada métrica de su cuerpo.

La pulsera en cuestión, Whoop, es un dispositivo sin pantalla que mide en tiempo real variables críticas como el ritmo cardíaco, la oxigenación de la sangre y la frecuencia respiratoria. Una herramienta que, lejos de ser un mero capricho, se ha vuelto fundamental para el entrenamiento, la recuperación y la optimización del rendimiento en la alta competencia. La reacción del fundador de Whoop, Will Ahmed, no se hizo esperar, y su indignación se viralizó: «Ridículo. Whoop está aprobado por la Federación Internacional de Tenis para su uso durante los partidos y no supone ningún riesgo para la seguridad. Dejad que los atletas midan su propio cuerpo. ¡Los datos no son esteroides!». La frase, cargada de una lógica aplastante, dejaba entrever la magnitud del cuestionamiento.

Tecnología en la mira: ¿Datos son esteroides o simplemente información?

Sin embargo, el trasfondo de esta decisión no parece tan simplista como una prohibición genérica a la tecnología. Un informe de certificación de Whoop, emitido por la Federación Internacional de Tenis (FIT) apenas semanas antes del torneo, el 19 de diciembre, ofrece una pista clave: «El dispositivo posee capacidades de retroalimentación háptica (vibración), que deben ser desactivadas de manera demostrable por el jugador para su uso bajo las Reglas del Tenis». Es decir, la FIT permite el uso, pero bajo la condición ineludible de que las vibraciones estén deshabilitadas.

Aquí radica el nudo gordiano del asunto. La FIT cree que estas vibraciones podrían ofrecer información valiosa al jugador durante el partido, lo que violaría la conocida «regla de instrucciones». Esta normativa busca evitar que un entrenador se comunique con su pupilo en medio de un punto o set. Whoop cuenta con modos de «actividad en vivo» y «entrenamiento de fuerza» que emiten vibraciones para alertar sobre la carga muscular o, incluso, que podrían usarse como un código secreto entre el deportista y su equipo. «Esta función está totalmente prohibida durante los partidos», enfatiza el informe de la FIT, aduciendo un riesgo técnico de envío de vibraciones. Resulta poco probable que Alcaraz o cualquier otro tenista pudiera demostrar, en la vorágine de un partido, que dicha función estaba efectivamente desactivada. La solución más sencilla y expeditiva para el árbitro fue, claro, la remoción del dispositivo.

La regla de las instrucciones: ¿Un freno a la innovación o resguardo de la lealtad?

La posición oficial del Abierto de Australia, que no tiene sus reglas detalladas colgadas online, se comunicó a través de diversos medios: «Actualmente, los dispositivos wearables [corporales] no están permitidos en los torneos de Grand Slam». Aunque reconocen estar «debatiendo sobre cómo podría cambiar esta situación», la contradicción es palpable. ¿Se trata de un resguardo puritano de las tradiciones o de una resistencia a la inevitable irrupción tecnológica que ya permea casi todas las facetas del deporte moderno?

La paradoja se agudiza cuando los organizadores ofrecen una alternativa: el sistema Bolt 6. Este dispositivo, que funciona con cámaras de alta resolución para rastrear y capturar datos precisos de jugadores y pelota en tiempo real, sí está aprobado por la FIT y permite monitorear indicadores clave de carga externa, como distancia recorrida, cambios de dirección o velocidad de golpes. En otras palabras, la tecnología para la medición de datos está presente y es bienvenida, siempre y cuando provenga de un sistema externo controlado por la organización y no de un dispositivo personal del atleta. La pregunta que resuena en el aire es inevitable: ¿Es una cuestión de equidad deportiva o de control sobre la información y la autonomía del deportista? El debate está abierto, y es probable que, como un servicio de saque potente, siga generando devoluciones en los próximos años.

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