Irán vs. Venezuela: Las diferencias clave en la estrategia de «máxima presión» de EE. UU.

Redacción Cuyo News
6 min

El gobierno de Donald Trump ha intensificado su estrategia de «máxima presión» sobre Irán, priorizando el colapso económico y el aislamiento diplomático sobre una intervención militar directa. Según analistas de Washington, el plan de la Casa Blanca busca forzar un nuevo acuerdo nuclear bajo condiciones estrictas, utilizando sanciones financieras y operaciones de ciberseguridad, descartando —por ahora— el despliegue de tropas en territorio persa.

Los tres pilares de la estrategia de Washington

A diferencia de la retórica utilizada en el pasado sobre Venezuela, donde la opción militar se mantuvo formalmente «sobre la mesa» como herramienta de presión psicológica, Washington considera que una intervención directa en Irán tendría costos geopolíticos y económicos inasumibles. En su lugar, el plan de Washington se asienta sobre tres ejes fundamentales:

  • Sanciones de Tercer Nivel: Se ha dispuesto un bloqueo total a cualquier entidad financiera o país que mantenga intercambios comerciales con Teherán, con el objetivo de reducir las exportaciones de crudo iraní a cero.
  • Guerra Híbrida y Ciberdefensa: Se ha registrado un incremento de las operaciones para desarticular la infraestructura nuclear y militar persa mediante ataques informáticos, evitando la necesidad de bombardeos cinéticos tradicionales.
  • Aislamiento Regional: El fortalecimiento de acuerdos para consolidar un frente árabe-israelí que actúe como muro de contención ante las milicias pro-iraníes presentes en Líbano, Siria e Irak.

Diferencias sustanciales con el escenario venezolano

Expertos en defensa señalan que la comparación con el caso venezolano es limitada. Mientras que en Venezuela la estrategia se centró en el reconocimiento de una legitimidad política alterna, en Irán el objetivo es el cambio de conducta radical del régimen. Un informe reciente sugiere que Trump busca evitar un conflicto a gran escala que dispare los precios del petróleo y afecte la economía doméstica estadounidense, priorizando en su lugar la insurrección interna provocada por el malestar económico.

De cara al resto del 2026, el panorama indica que la Casa Blanca mantendrá a Irán en un estado de alerta permanente y precariedad económica. La apuesta final de los Estados Unidos es que la presión interna y el aislamiento internacional logren lo que las armas no han podido hasta ahora: establecer un nuevo orden regional que neutralice la hegemonía de la República Islámica en el Medio Oriente.

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