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Bueno, gente, aquí estamos de nuevo con Highguard, el juego que se presentó en The Game Awards 2025 y generó una ola de entusiasmo equivalente a ver secar la pintura. La comunidad, expectante por alguna revelación que sacudiera el tablero, recibió en cambio un título del que nadie había pedido la receta, sembrando más dudas que certezas. ‘¿Será esto otro más del montón?’, se preguntó el gamer promedio mientras recalculaba sus prioridades. Pero a veces, ¡oh, sorpresa!, los tráileres son como la foto del menú: prometen algo sublime y entregan… bueno, algo. Así que nos subimos al avión con destino a Los Ángeles, no sin antes asegurarnos de tener la suficiente batería en el celular, para ver si este bicho raro tenía algo que ofrecer más allá del ‘meh’ generalizado. Y sí, tras varias horas dándole masa, tenemos impresiones. No las que esperaban, quizá, pero impresiones al fin.
La historia, hasta donde la pudimos desentrañar entre tanto plomo, nos planta en la flamante y siempre conveniente isla misteriosa de Headwall. Un lugar que, por esas cosas del destino, permaneció oculto hasta que alguien dijo: ‘¡Che, aquí hay oro!’. Y claro, como somos seres civilizados, nuestros personajes no van a la isla a plantar arbolitos; son, para ser claros, ‘saqueadores y guerreros’. Una suerte de nobles piratas modernos que buscan ‘reclamar tesoros y tecnología perdida’. Porque, seamos honestos, ¿quién no quiere unas buenas ruinas para saquear en su tiempo libre? Se rumorea que Headwall esconde una fuente de poder que podría, ¡atención!, ‘alterar el equilibrio del mundo’. Sí, ya sabemos, otra vez el MacGuffin cósmico. Esto, obviamente, desató una carrera armamentista de facciones enviando a sus ‘mejores efectivos’ (léase, más carne de cañón) para controlar la zona. La narrativa es más fragmentada que mi plan de dieta, pero el entorno grita a los cuatro vientos: ‘¡Aquí hubo un despelote catastrófico!’.
Y si pensaban que esto era un simple ‘shooter’, están equivocados. Los desarrolladores, con una audacia digna de un premio al marketing, prefieren llamarlo un ‘Raid Shooter’. ¿Por qué conformarse con una etiqueta cuando puedes inventar una nueva? La idea es clara: saquear, saquear y volver a saquear. Cofres, recursos, todo vale para equiparse y, finalmente, ¡destruir la base enemiga! Porque a Headwall se va a lo que se va: al pillaje.
Cada partida es una coreografía militar bien ensayada. Primero, la fase de ‘preparación’. Aquí esperás a que tu base levante sus escudos, tiempo ideal para debatir si tu compañero realmente sabe jugar o solo le dio al botón de ‘random’. Una vez que los escudos caen, a patear el mapa en busca de recursos. Y en medio de la vorágine, el juego te avisa: ‘¡Atención, apareció el Shieldbreaker!’. El primer equipo en asegurar este juguetito tiene la gloriosa tarea de escoltarlo hasta la base enemiga para darle de baja a sus defensas. Cada base tiene, ni más ni menos, que ‘100 puntos de vida’. Y a medida que le pegás a los puntos clave, esa vida se escurre como tu sueldo a fin de mes. Si no la destruís en el tiempo estipulado, la fase se reinicia, pero con un detalle: el daño permanece. Es como esos exámenes que podés recursar, pero con la misma nota del parcial anterior. En cada nuevo ciclo, los equipos regresan más fuertes y equipados. O sea, la intensidad escala, como la factura de la luz en invierno.
Un aplauso para los controles, por favor. Jugamos con teclado y mouse, y también con control, y el pulido es tan impresionante que casi nos saca una lágrima. Sí, sabemos que los ‘shooters’ suelen ser territorio de la dupla teclado-ratón, pero acá se preocuparon por el pobre mortal que prefiere el mando. Atajos inteligentes, ergonomía de alta gama… ¿Será que se puede ser competitivo con un joystick? ¡Sí, se puede! Wildlight Entertainment, te debemos una.
Visualmente, el juego es un bombazo. El arte de Highguard es una mezcla de ‘fantasía épica medieval’ con ‘estética industrial y tecnológica’. Es como si un caballero templario se hubiera cruzado con un cyborg y dijeran: ‘¿Por qué no?’. Cada arma es una obra de arte, con un diseño que le escapa a lo genérico. Nada de fusiles estándar, aquí hay personalidad.
Y el rendimiento… ¡impecable! Claro, probamos el juego en Los Ángeles, en computadoras que tenían más músculos que un fisicoculturista: tarjetas de video RTX 5080, procesadores Intel Core Ultra 9 y 64 GB de RAM. Con semejantes bichos, hasta el Paint luce en 4K. Pero bueno, ya está disponible al público y, aunque las specs del testeo sean de ‘gama entusiasta’ (léase, para quienes no saben en qué gastar su fortuna), demuestran el techo técnico. No esperen que en su tostadora de PC se vea así, pero el potencial está.
En definitiva, Highguard fue una sorpresa que nos hizo tragar las palabras que, admitámoslo, ya teníamos preparadas. Resultó ser ‘sumamente divertida’ y logró sacudirse el estigma de su anuncio. Es un recordatorio de que un concepto, por muy ninguneado que sea, puede ser adictivo si se ejecuta con el debido cuidado. ¿Esports? ¡Claro que sí! Si el ‘gameplay’ es fácil de entender, pero requiere ‘practicar mucho para ser realmente eficiente’, ya estamos hablando del nicho dorado. Es un título que premia la maestría técnica tanto como la estrategia en equipo. Prepárense, la isla de Headwall ya está reclamando sus almas… y sus carteras.
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En el epicentro de la industria del entretenimiento digital, IGN Latinoamérica tuvo la oportunidad de trasladarse a la ciudad de Los Ángeles, California, para una inmersión profunda en Highguard. El objetivo era claro: disipar las incógnitas y evaluar de primera mano si el título, tras su polémica presentación en The Game Awards 2025, merecía la gélida acogida inicial. Es un hecho que su debut dejó un regusto amargo en la comunidad, que esperaba novedades de franquicias consolidadas y se encontró, en cambio, con una Propiedad Intelectual nueva que generó inmediatas dudas. Las críticas no tardaron en aparecer, pero la experiencia a menudo supera la primera impresión de un tráiler. Tras varias horas de juego, compartimos nuestras impresiones.
La trama de headwall
La narrativa hasta el momento nos sitúa en la enigmática isla de Headwall, un territorio que, habiendo permanecido oculto, emerge ahora como el epicentro de una nueva fiebre por recursos ancestrales. Los protagonistas que controlamos no responden a un ideal heroico; son, en esencia, saqueadores y guerreros impulsados por la ambición de apropiarse de los tesoros y la tecnología perdida que alberga este enclave. Se especula que Headwall resguarda una fuente de poder capaz de alterar el equilibrio mundial, lo que ha provocado que diversas facciones desplieguen a sus efectivos más experimentados para asegurar el control. Si bien la trama se percibe fragmentada, el entorno mismo sugiere que la isla es un personaje más, con sus ruinas narrando los vestigios de una catástrofe milenaria.

Dinámica de juego: un «raid shooter» por definición
Los desarrolladores han sido enfáticos en su distanciamiento de etiquetas convencionales, prefiriendo definir a Highguard como un Raid Shooter. Esta denominación radica en que la esencia de la experiencia reside en el saqueo de cofres y la obtención de recursos para mejorar el equipamiento, con el objetivo primordial de asaltar y destruir la base enemiga. Al fin y al cabo, la motivación central de los personajes al viajar a la isla Headwall es su explotación.
Cada partida se estructura en fases bien delimitadas. Inicialmente, una etapa de preparación demanda aguardar el levantamiento de los escudos de la base propia, un lapso crucial para la coordinación con el equipo o el refuerzo de las defensas. Una vez que los escudos ceden, los jugadores se adentran en el mapa para acopiar recursos vitales para el combate. Durante este periodo, el sistema notifica la aparición del «Shieldbreaker» en un punto específico. El primer equipo en asegurar este artefacto debe escoltarlo hasta la base contraria para deshabilitar su protección. Cada base posee 100 puntos de vida, que disminuyen al impactar puntos críticos de la estructura. En caso de no lograr la destrucción en el tiempo asignado, las fases se reinician, aunque la base conserva el daño recibido. En cada ciclo subsiguiente, los equipos regresan al campo de batalla con mejoras en equipamiento y habilidades, elevando progresivamente la intensidad del conflicto.

Controles optimizados para todos
Durante nuestra sesión de prueba, se evaluó la jugabilidad tanto con teclado y ratón como con control, y es notable el nivel de pulido en ambos esquemas. Históricamente, este tipo de juegos ha favorecido la combinación de teclado y ratón por su versatilidad, pero los desarrolladores han dedicado especial atención a la experiencia con mando. Se han implementado atajos inteligentes y una adaptación meticulosa de cada entrada a la ergonomía del jugador, logrando una experiencia fluida y competitiva. Que un mando pueda equiparar la eficiencia de periféricos tradicionales en un shooter de este calibre representa un avance significativo en accesibilidad y diseño por parte de Wildlight Entertainment.
Gráficos y dirección de arte: un festín visual
El apartado visual se erige como uno de los pilares más sólidos del título. El arte de Highguard fusiona inspiraciones de la fantasía épica medieval con una estética industrial y tecnológica marcadamente definida. Cada arma exhibe un diseño distintivo que refleja la personalidad y procedencia de los materiales encontrados en la isla, distanciándose de los modelos genéricos que a menudo se observan en otros shooters.
En términos de rendimiento, el juego operó de manera impecable, aunque es preciso mencionar el hardware utilizado en Los Ángeles: equipos dotados de tarjetas de video RTX 5080, procesadores Intel Core Ultra 9 y 64 GB de RAM. El título ya está disponible para el público general y, si bien estas especificaciones corresponden a la gama más alta, evidencian el techo técnico que el juego puede alcanzar, desplegando una iluminación y texturas de altísima calidad.

Veredicto: un potencial subestimado
Highguard nos dejó una impresión de diversión profunda, logrando sacudirse el estigma inicial de su anuncio. Constituye un recordatorio de que un concepto puede ser sumamente adictivo si se ejecuta con meticulosidad. Consideramos que posee un gran potencial para ser atractivo en el ámbito de los esports, ya que, aunque su mecánica básica es sencilla de comprender, exige una práctica considerable para alcanzar la eficiencia en las rotaciones y el saqueo. Es un título que recompensa tanto la maestría técnica individual como la estrategia en equipo.
IGN Latinoamérica viajó a Los Ángeles para una prueba anticipada de *Highguard*, el controvertido 'Raid Shooter' que generó dudas tras su anuncio en The Game Awards 2025. La experiencia reveló que, a pesar de la fría recepción inicial, el título ofrece una propuesta de saqueo de recursos y destrucción de bases enemigas con un 'gameplay' adictivo y un notable pulido técnico en sus controles y apartado gráfico. Ambientado en la misteriosa isla de Headwall, la narrativa fragmentada impulsa a saqueadores y guerreros en busca de tesoros y tecnología perdida. Los desarrolladores enfatizan su género como 'Raid Shooter', centrado en ciclos de batalla estratégicos donde la coordinación y la maestría técnica son clave, dejando entrever un potencial significativo para los esports.
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
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Bueno, gente, aquí estamos de nuevo con Highguard, el juego que se presentó en The Game Awards 2025 y generó una ola de entusiasmo equivalente a ver secar la pintura. La comunidad, expectante por alguna revelación que sacudiera el tablero, recibió en cambio un título del que nadie había pedido la receta, sembrando más dudas que certezas. ‘¿Será esto otro más del montón?’, se preguntó el gamer promedio mientras recalculaba sus prioridades. Pero a veces, ¡oh, sorpresa!, los tráileres son como la foto del menú: prometen algo sublime y entregan… bueno, algo. Así que nos subimos al avión con destino a Los Ángeles, no sin antes asegurarnos de tener la suficiente batería en el celular, para ver si este bicho raro tenía algo que ofrecer más allá del ‘meh’ generalizado. Y sí, tras varias horas dándole masa, tenemos impresiones. No las que esperaban, quizá, pero impresiones al fin.
La historia, hasta donde la pudimos desentrañar entre tanto plomo, nos planta en la flamante y siempre conveniente isla misteriosa de Headwall. Un lugar que, por esas cosas del destino, permaneció oculto hasta que alguien dijo: ‘¡Che, aquí hay oro!’. Y claro, como somos seres civilizados, nuestros personajes no van a la isla a plantar arbolitos; son, para ser claros, ‘saqueadores y guerreros’. Una suerte de nobles piratas modernos que buscan ‘reclamar tesoros y tecnología perdida’. Porque, seamos honestos, ¿quién no quiere unas buenas ruinas para saquear en su tiempo libre? Se rumorea que Headwall esconde una fuente de poder que podría, ¡atención!, ‘alterar el equilibrio del mundo’. Sí, ya sabemos, otra vez el MacGuffin cósmico. Esto, obviamente, desató una carrera armamentista de facciones enviando a sus ‘mejores efectivos’ (léase, más carne de cañón) para controlar la zona. La narrativa es más fragmentada que mi plan de dieta, pero el entorno grita a los cuatro vientos: ‘¡Aquí hubo un despelote catastrófico!’.
Y si pensaban que esto era un simple ‘shooter’, están equivocados. Los desarrolladores, con una audacia digna de un premio al marketing, prefieren llamarlo un ‘Raid Shooter’. ¿Por qué conformarse con una etiqueta cuando puedes inventar una nueva? La idea es clara: saquear, saquear y volver a saquear. Cofres, recursos, todo vale para equiparse y, finalmente, ¡destruir la base enemiga! Porque a Headwall se va a lo que se va: al pillaje.
Cada partida es una coreografía militar bien ensayada. Primero, la fase de ‘preparación’. Aquí esperás a que tu base levante sus escudos, tiempo ideal para debatir si tu compañero realmente sabe jugar o solo le dio al botón de ‘random’. Una vez que los escudos caen, a patear el mapa en busca de recursos. Y en medio de la vorágine, el juego te avisa: ‘¡Atención, apareció el Shieldbreaker!’. El primer equipo en asegurar este juguetito tiene la gloriosa tarea de escoltarlo hasta la base enemiga para darle de baja a sus defensas. Cada base tiene, ni más ni menos, que ‘100 puntos de vida’. Y a medida que le pegás a los puntos clave, esa vida se escurre como tu sueldo a fin de mes. Si no la destruís en el tiempo estipulado, la fase se reinicia, pero con un detalle: el daño permanece. Es como esos exámenes que podés recursar, pero con la misma nota del parcial anterior. En cada nuevo ciclo, los equipos regresan más fuertes y equipados. O sea, la intensidad escala, como la factura de la luz en invierno.
Un aplauso para los controles, por favor. Jugamos con teclado y mouse, y también con control, y el pulido es tan impresionante que casi nos saca una lágrima. Sí, sabemos que los ‘shooters’ suelen ser territorio de la dupla teclado-ratón, pero acá se preocuparon por el pobre mortal que prefiere el mando. Atajos inteligentes, ergonomía de alta gama… ¿Será que se puede ser competitivo con un joystick? ¡Sí, se puede! Wildlight Entertainment, te debemos una.
Visualmente, el juego es un bombazo. El arte de Highguard es una mezcla de ‘fantasía épica medieval’ con ‘estética industrial y tecnológica’. Es como si un caballero templario se hubiera cruzado con un cyborg y dijeran: ‘¿Por qué no?’. Cada arma es una obra de arte, con un diseño que le escapa a lo genérico. Nada de fusiles estándar, aquí hay personalidad.
Y el rendimiento… ¡impecable! Claro, probamos el juego en Los Ángeles, en computadoras que tenían más músculos que un fisicoculturista: tarjetas de video RTX 5080, procesadores Intel Core Ultra 9 y 64 GB de RAM. Con semejantes bichos, hasta el Paint luce en 4K. Pero bueno, ya está disponible al público y, aunque las specs del testeo sean de ‘gama entusiasta’ (léase, para quienes no saben en qué gastar su fortuna), demuestran el techo técnico. No esperen que en su tostadora de PC se vea así, pero el potencial está.
En definitiva, Highguard fue una sorpresa que nos hizo tragar las palabras que, admitámoslo, ya teníamos preparadas. Resultó ser ‘sumamente divertida’ y logró sacudirse el estigma de su anuncio. Es un recordatorio de que un concepto, por muy ninguneado que sea, puede ser adictivo si se ejecuta con el debido cuidado. ¿Esports? ¡Claro que sí! Si el ‘gameplay’ es fácil de entender, pero requiere ‘practicar mucho para ser realmente eficiente’, ya estamos hablando del nicho dorado. Es un título que premia la maestría técnica tanto como la estrategia en equipo. Prepárense, la isla de Headwall ya está reclamando sus almas… y sus carteras.
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En el epicentro de la industria del entretenimiento digital, IGN Latinoamérica tuvo la oportunidad de trasladarse a la ciudad de Los Ángeles, California, para una inmersión profunda en Highguard. El objetivo era claro: disipar las incógnitas y evaluar de primera mano si el título, tras su polémica presentación en The Game Awards 2025, merecía la gélida acogida inicial. Es un hecho que su debut dejó un regusto amargo en la comunidad, que esperaba novedades de franquicias consolidadas y se encontró, en cambio, con una Propiedad Intelectual nueva que generó inmediatas dudas. Las críticas no tardaron en aparecer, pero la experiencia a menudo supera la primera impresión de un tráiler. Tras varias horas de juego, compartimos nuestras impresiones.
La trama de headwall
La narrativa hasta el momento nos sitúa en la enigmática isla de Headwall, un territorio que, habiendo permanecido oculto, emerge ahora como el epicentro de una nueva fiebre por recursos ancestrales. Los protagonistas que controlamos no responden a un ideal heroico; son, en esencia, saqueadores y guerreros impulsados por la ambición de apropiarse de los tesoros y la tecnología perdida que alberga este enclave. Se especula que Headwall resguarda una fuente de poder capaz de alterar el equilibrio mundial, lo que ha provocado que diversas facciones desplieguen a sus efectivos más experimentados para asegurar el control. Si bien la trama se percibe fragmentada, el entorno mismo sugiere que la isla es un personaje más, con sus ruinas narrando los vestigios de una catástrofe milenaria.

Dinámica de juego: un «raid shooter» por definición
Los desarrolladores han sido enfáticos en su distanciamiento de etiquetas convencionales, prefiriendo definir a Highguard como un Raid Shooter. Esta denominación radica en que la esencia de la experiencia reside en el saqueo de cofres y la obtención de recursos para mejorar el equipamiento, con el objetivo primordial de asaltar y destruir la base enemiga. Al fin y al cabo, la motivación central de los personajes al viajar a la isla Headwall es su explotación.
Cada partida se estructura en fases bien delimitadas. Inicialmente, una etapa de preparación demanda aguardar el levantamiento de los escudos de la base propia, un lapso crucial para la coordinación con el equipo o el refuerzo de las defensas. Una vez que los escudos ceden, los jugadores se adentran en el mapa para acopiar recursos vitales para el combate. Durante este periodo, el sistema notifica la aparición del «Shieldbreaker» en un punto específico. El primer equipo en asegurar este artefacto debe escoltarlo hasta la base contraria para deshabilitar su protección. Cada base posee 100 puntos de vida, que disminuyen al impactar puntos críticos de la estructura. En caso de no lograr la destrucción en el tiempo asignado, las fases se reinician, aunque la base conserva el daño recibido. En cada ciclo subsiguiente, los equipos regresan al campo de batalla con mejoras en equipamiento y habilidades, elevando progresivamente la intensidad del conflicto.

Controles optimizados para todos
Durante nuestra sesión de prueba, se evaluó la jugabilidad tanto con teclado y ratón como con control, y es notable el nivel de pulido en ambos esquemas. Históricamente, este tipo de juegos ha favorecido la combinación de teclado y ratón por su versatilidad, pero los desarrolladores han dedicado especial atención a la experiencia con mando. Se han implementado atajos inteligentes y una adaptación meticulosa de cada entrada a la ergonomía del jugador, logrando una experiencia fluida y competitiva. Que un mando pueda equiparar la eficiencia de periféricos tradicionales en un shooter de este calibre representa un avance significativo en accesibilidad y diseño por parte de Wildlight Entertainment.
Gráficos y dirección de arte: un festín visual
El apartado visual se erige como uno de los pilares más sólidos del título. El arte de Highguard fusiona inspiraciones de la fantasía épica medieval con una estética industrial y tecnológica marcadamente definida. Cada arma exhibe un diseño distintivo que refleja la personalidad y procedencia de los materiales encontrados en la isla, distanciándose de los modelos genéricos que a menudo se observan en otros shooters.
En términos de rendimiento, el juego operó de manera impecable, aunque es preciso mencionar el hardware utilizado en Los Ángeles: equipos dotados de tarjetas de video RTX 5080, procesadores Intel Core Ultra 9 y 64 GB de RAM. El título ya está disponible para el público general y, si bien estas especificaciones corresponden a la gama más alta, evidencian el techo técnico que el juego puede alcanzar, desplegando una iluminación y texturas de altísima calidad.

Veredicto: un potencial subestimado
Highguard nos dejó una impresión de diversión profunda, logrando sacudirse el estigma inicial de su anuncio. Constituye un recordatorio de que un concepto puede ser sumamente adictivo si se ejecuta con meticulosidad. Consideramos que posee un gran potencial para ser atractivo en el ámbito de los esports, ya que, aunque su mecánica básica es sencilla de comprender, exige una práctica considerable para alcanzar la eficiencia en las rotaciones y el saqueo. Es un título que recompensa tanto la maestría técnica individual como la estrategia en equipo.