Sergio Figliuolo, popularmente conocido como «Tronco», ha logrado trasladar su perfil de outsider del streaming directamente al corazón del Poder Legislativo. Tras una extensa trayectoria como productor y panelista junto a Alejandro Fantino en ciclos como Animales Sueltos y Neura, su consolidación como diputado nacional por La Libertad Avanza representa uno de los saltos más significativos desde los medios de comunicación hacia la política partidaria en los últimos años.
La confrontación con el kirchnerismo como eje discursivo
En sus intervenciones parlamentarias y mediáticas de este febrero de 2026, Figliuolo ha endurecido su retórica contra la gestión kirchnerista, a la cual califica de «fuerza moralmente negativa». El legislador suele citar su experiencia personal en el ámbito privado para justificar su postura, afirmando que durante años existió un sistema de amedrentamiento en los medios de comunicación.
Uno de los hitos que suele relatar es su enfrentamiento con la AFIP, tras un error administrativo donde el organismo lo registró bajo el nombre de «Dergio». Según Figliuolo, tras sus quejas públicas, hubo intentos de modificar su categoría fiscal a Responsable Inscripto de manera arbitraria, hecho que él interpreta como una persecución estatal. En la actualidad, el diputado celebra activamente que la ex presidenta Cristina Kirchner se encuentre cumpliendo condena efectiva en su domicilio por causas de corrupción, reforzando la idea del kirchnerismo como «el lado oscuro» de la historia argentina.
Del asado en Palermo a la banca legislativa
La génesis de su compromiso político se remonta a 2016, cuando conoció a Javier Milei en una parrilla del barrio de Palermo. Según el diputado, quedó impactado por la capacidad del entonces economista para explicar conceptos complejos de manera accesible. Años más tarde, la oferta formal para integrar las listas llegó de la mano de Karina Milei, propuesta que Figliuolo aceptó bajo la premisa de integrar «el Congreso más reformista de la historia».
Proyectos y estilo legislativo
Dentro de su agenda parlamentaria, Figliuolo ha establecido prioridades claras que se alinean con la plataforma libertaria:
- Desregulación económica: Ha presentado un paquete de siete leyes destinadas exclusivamente a la eliminación de diversos impuestos y cargas burocráticas.
- Educación Financiera: Impulsa un proyecto de ley para que esta materia sea obligatoria en los últimos dos años del nivel secundario en todo el territorio nacional, argumentando la necesidad de brindar herramientas de ahorro e inversión a los jóvenes.
- Militancia «Termo»: En una relectura de las críticas externas, Figliuolo reivindicó el término «termo» mediante un video viral, sosteniendo que existen principios económicos y libertarios que deben defenderse con convicción absoluta, sin ceder ante las presiones de la denominada «casta política».
Finalmente, el diputado se autodefine como un «servidor público» temporal, asegurando que su permanencia en la política está supeditada a su coincidencia ideológica con el Presidente. «Si algún día llego a tener un problema con las ideas de Javier, me voy», ha manifestado, marcando una distancia con la carrera política tradicional.
<p>Sergio «Tronco» Figliuolo, referente de Neura y aliado histórico de Alejandro Fantino, consolida su gestión como diputado nacional bajo el ala de Javier Milei. Con un discurso centrado en el hartazgo ciudadano y la desregulación económica, el legislador promueve la educación financiera obligatoria y la eliminación de impuestos, posicionándose como uno de los perfiles más combativos contra el kirchnerismo en el Congreso.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En este multiverso frenético que es la política argentina, hemos pasado de tener legisladores que citaban a la Escuela de Frankfurt a tener a un hombre que se pegó termos en la cabeza para explicarle a la opinión pública que el fanatismo es, en realidad, una virtud estética. Sergio «Tronco» Figliuolo, el hombre que pasó de ser el soporte técnico-emocional de Alejandro Fantino a ocupar una banca en el Congreso, ha decidido que su misión en la vida no es solo legislar, sino recordarnos diariamente que el Estado es ese ex tóxico que te persigue hasta por un error de tipeo en el monotributo. Porque si algo define la carrera política de Tronco, es ese episodio épico donde la AFIP lo anotó como «Dergio» y él, en lugar de hacer el trámite en una oficina gris, decidió que la mejor venganza era mudarse al Poder Legislativo para intentar borrar al organismo del mapa.
La narrativa de Figliuolo es cine puro: conoció a Milei en una parrilla de Palermo en 2016, probablemente entre un choripán y un ojo de bife, y ahí mismo comprendió que la economía no era una ciencia oculta, sino algo que se podía explicar a los gritos y con una claridad que te despeina. Desde entonces, su lealtad es tan inquebrantable que si Karina Milei le pide que presente un proyecto para declarar al «perro de la calle» como patrimonio nacional, él probablemente lo haga con la misma convicción con la que defiende la desregulación total. Para Tronco, el kirchnerismo es «el lado oscuro», una especie de Imperio de Star Wars pero con menos presupuesto y más problemas judiciales, y celebra la detención de CFK con la alegría de quien ve que su serie favorita por fin tiene un final de temporada satisfactorio.
Lo más fascinante de este «servidor público» con pasado en la Rock & Pop es su capacidad para abrazar el concepto de «termo» con orgullo. En un mundo que nos pide matices, él se pega el termo a la frente y nos dice que para bajar impuestos no hay que ser prolijo, hay que ser convencido. Presentó siete leyes para eliminar tributos —porque aparentemente en su cabeza cada impuesto es un «Dergio» personal que hay que vengar— y quiere que los chicos de quinto año aprendan educación financiera, imagino que para que sepan exactamente cuántos dólares necesitan para sobrevivir a la próxima devaluación sin tener que llamar a un panelista de televisión. Tronco es, en definitiva, el resultado de meter en una licuadora el streaming, el asado palermitano y un odio visceral a la burocracia; el resultado es un diputado que, si se cansa, dice que se va, pero mientras tanto, nos garantiza que el Congreso sea, por lo menos, mucho más ruidoso.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Sergio Figliuolo, popularmente conocido como «Tronco», ha logrado trasladar su perfil de outsider del streaming directamente al corazón del Poder Legislativo. Tras una extensa trayectoria como productor y panelista junto a Alejandro Fantino en ciclos como Animales Sueltos y Neura, su consolidación como diputado nacional por La Libertad Avanza representa uno de los saltos más significativos desde los medios de comunicación hacia la política partidaria en los últimos años.
La confrontación con el kirchnerismo como eje discursivo
En sus intervenciones parlamentarias y mediáticas de este febrero de 2026, Figliuolo ha endurecido su retórica contra la gestión kirchnerista, a la cual califica de «fuerza moralmente negativa». El legislador suele citar su experiencia personal en el ámbito privado para justificar su postura, afirmando que durante años existió un sistema de amedrentamiento en los medios de comunicación.
Uno de los hitos que suele relatar es su enfrentamiento con la AFIP, tras un error administrativo donde el organismo lo registró bajo el nombre de «Dergio». Según Figliuolo, tras sus quejas públicas, hubo intentos de modificar su categoría fiscal a Responsable Inscripto de manera arbitraria, hecho que él interpreta como una persecución estatal. En la actualidad, el diputado celebra activamente que la ex presidenta Cristina Kirchner se encuentre cumpliendo condena efectiva en su domicilio por causas de corrupción, reforzando la idea del kirchnerismo como «el lado oscuro» de la historia argentina.
Del asado en Palermo a la banca legislativa
La génesis de su compromiso político se remonta a 2016, cuando conoció a Javier Milei en una parrilla del barrio de Palermo. Según el diputado, quedó impactado por la capacidad del entonces economista para explicar conceptos complejos de manera accesible. Años más tarde, la oferta formal para integrar las listas llegó de la mano de Karina Milei, propuesta que Figliuolo aceptó bajo la premisa de integrar «el Congreso más reformista de la historia».
Proyectos y estilo legislativo
Dentro de su agenda parlamentaria, Figliuolo ha establecido prioridades claras que se alinean con la plataforma libertaria:
- Desregulación económica: Ha presentado un paquete de siete leyes destinadas exclusivamente a la eliminación de diversos impuestos y cargas burocráticas.
- Educación Financiera: Impulsa un proyecto de ley para que esta materia sea obligatoria en los últimos dos años del nivel secundario en todo el territorio nacional, argumentando la necesidad de brindar herramientas de ahorro e inversión a los jóvenes.
- Militancia «Termo»: En una relectura de las críticas externas, Figliuolo reivindicó el término «termo» mediante un video viral, sosteniendo que existen principios económicos y libertarios que deben defenderse con convicción absoluta, sin ceder ante las presiones de la denominada «casta política».
Finalmente, el diputado se autodefine como un «servidor público» temporal, asegurando que su permanencia en la política está supeditada a su coincidencia ideológica con el Presidente. «Si algún día llego a tener un problema con las ideas de Javier, me voy», ha manifestado, marcando una distancia con la carrera política tradicional.
En este multiverso frenético que es la política argentina, hemos pasado de tener legisladores que citaban a la Escuela de Frankfurt a tener a un hombre que se pegó termos en la cabeza para explicarle a la opinión pública que el fanatismo es, en realidad, una virtud estética. Sergio «Tronco» Figliuolo, el hombre que pasó de ser el soporte técnico-emocional de Alejandro Fantino a ocupar una banca en el Congreso, ha decidido que su misión en la vida no es solo legislar, sino recordarnos diariamente que el Estado es ese ex tóxico que te persigue hasta por un error de tipeo en el monotributo. Porque si algo define la carrera política de Tronco, es ese episodio épico donde la AFIP lo anotó como «Dergio» y él, en lugar de hacer el trámite en una oficina gris, decidió que la mejor venganza era mudarse al Poder Legislativo para intentar borrar al organismo del mapa.
La narrativa de Figliuolo es cine puro: conoció a Milei en una parrilla de Palermo en 2016, probablemente entre un choripán y un ojo de bife, y ahí mismo comprendió que la economía no era una ciencia oculta, sino algo que se podía explicar a los gritos y con una claridad que te despeina. Desde entonces, su lealtad es tan inquebrantable que si Karina Milei le pide que presente un proyecto para declarar al «perro de la calle» como patrimonio nacional, él probablemente lo haga con la misma convicción con la que defiende la desregulación total. Para Tronco, el kirchnerismo es «el lado oscuro», una especie de Imperio de Star Wars pero con menos presupuesto y más problemas judiciales, y celebra la detención de CFK con la alegría de quien ve que su serie favorita por fin tiene un final de temporada satisfactorio.
Lo más fascinante de este «servidor público» con pasado en la Rock & Pop es su capacidad para abrazar el concepto de «termo» con orgullo. En un mundo que nos pide matices, él se pega el termo a la frente y nos dice que para bajar impuestos no hay que ser prolijo, hay que ser convencido. Presentó siete leyes para eliminar tributos —porque aparentemente en su cabeza cada impuesto es un «Dergio» personal que hay que vengar— y quiere que los chicos de quinto año aprendan educación financiera, imagino que para que sepan exactamente cuántos dólares necesitan para sobrevivir a la próxima devaluación sin tener que llamar a un panelista de televisión. Tronco es, en definitiva, el resultado de meter en una licuadora el streaming, el asado palermitano y un odio visceral a la burocracia; el resultado es un diputado que, si se cansa, dice que se va, pero mientras tanto, nos garantiza que el Congreso sea, por lo menos, mucho más ruidoso.