En una reciente intervención donde analizó las perspectivas para el año 2026, el economista Carlos Melconian ofreció una visión crítica sobre la recuperación de la actividad económica, marcando una clara diferencia con otros procesos de estabilización histórica en la Argentina. Con la mirada puesta en el próximo turno electoral, Melconian sostuvo que, aunque la economía ha mostrado señales de rebote, no ha logrado quebrar los niveles máximos de actividad registrados desde el año 2011.
La fragmentación del PBI: sectores ganadores y postergados
Para Melconian, el mayor conflicto reside en la composición interna del Producto Bruto Interno. El economista advirtió que la mitad del PBI, compuesta fundamentalmente por la construcción, la industria y el comercio, se encuentra actualmente en niveles muy inferiores a los de 2023 y 2011. En contraste, sectores como la energía, la minería y las actividades extractivas muestran un dinamismo notable, pero su incidencia en el empleo masivo y el consumo interno es limitada.
“Hay un pedacito que le va muy bien y un pedazazo que está parado”, sentenció, basando su análisis en datos oficiales. Según su desglose, la realidad argentina actual se divide en un 50% de actividad paralizada, un 20% en situación neutra y apenas un 10% en posición ganadora. Esta asimetría explica por qué el crecimiento de ciertos sectores no se traduce en una mejora del bienestar general o en lo que denominó el «derrame» hacia la población.
Comparativas históricas y el desafío electoral de 2026
El ex presidente del Banco Nación trazó un paralelo con los años previos a elecciones clave de décadas pasadas, como 1994 o 2006, señalando que en aquel entonces existía una «absoluta nitidez» en las tasas de crecimiento y estabilidad. En el escenario actual de 2026, Melconian considera que esa claridad todavía no está presente, lo que configura un panorama político incierto.
“Es una economía que ha rebotado en la estanflación”, definió, subrayando que la dinámica de estos procesos es intrínsecamente lenta. En este sentido, remarcó la desconexión geográfica y sectorial de la mejora económica, afirmando que «no hay un trabajador del conurbano que se traslada a Añelo», en referencia a que el auge energético en el sur del país no soluciona de forma inmediata la precariedad laboral en los grandes centros urbanos de la zona núcleo.
Finalmente, Melconian instó a evitar las posturas extremas o fanatizadas, señalando que el estancamiento de los sectores que mueven el consumo interno es una realidad estructural que el país acarrea desde hace 15 años y que los números del INDEC ratifican más allá de cualquier interpretación partidaria.
<p>El economista Carlos Melconian analizó la coyuntura económica de cara al año electoral 2026, advirtiendo que, si bien la actividad muestra rebotes técnicos, la mitad del PBI —vinculada a la industria, el comercio y la construcción— permanece estancada por debajo de niveles históricos. Destacó una brecha entre sectores extractivos dinámicos y un «pedazo» mayoritario de la economía que no percibe mejoras en el consumo.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si usted estaba esperando que Carlos Melconian saliera a decir que estamos viviendo el renacimiento de la Argentina potencia, lamento informarle que el economista ha decidido, una vez más, desenfundar su lenguaje de «calle y números» para pincharnos el globo con la precisión de un cirujano. En un análisis que suena a balde de agua fría para los que ya estaban encargando el cotillón para las elecciones de 2026, Melconian aclaró que el escenario político es un desierto y que, a diferencia de los años dorados de Menem en el 94 o el kirchnerismo en el 2006, acá no hay «derrame» ni estabilidad nítida que se sienta en el bolsillo del ciudadano que camina la vereda. Según el «Gurú del fideo con tuco», estamos en una economía que rebotó en la estanflación pero que tiene el techo más bajo que un departamento de un ambiente en CABA.
El problema, según explica con esa verba que oscila entre el aula de Harvard y la tribuna de Racing, es que adentro del PBI hay una grieta más profunda que la política: la grieta del rendimiento. De un lado tenemos a los «sectores de moda» —energía, minería, extractivos— que andan en cohete pero que pesan menos que un paquete de pastillas en el total de la economía; del otro, tenemos el «pedazazo» del 50% que incluye a la industria, la construcción y el comercio, que según Melconian están más parados que una foto. «Es cincuenta parado, veinte neutro y diez ganador», sentenció, dejando claro que por más que el índice general dé positivo gracias a Vaca Muerta, el trabajador del conurbano no tiene un teletransportador para irse a laburar a Añelo de la noche a la mañana.
Lo más irónico de su diagnóstico es que no culpa exclusivamente a la gestión actual —salvo por un par de años de arrastre—, sino que apunta a una parálisis estructural que ya sopla las quince velitas. Melconian advierte que no hay lugar para planteos drásticos ni fanatismos de vereda, porque los números del INDEC no mienten: la sensación de «llegada» a la gente es menor a la de un delivery que se perdió en el camino. En definitiva, el mensaje es que tenemos un motor que ruge en la minería pero tiene las cuatro cubiertas pinchadas en el consumo masivo. Así que, antes de brindar por el crecimiento, mejor revisen si el «derrame» no es, en realidad, una gotera en el techo de la macroeconomía.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una reciente intervención donde analizó las perspectivas para el año 2026, el economista Carlos Melconian ofreció una visión crítica sobre la recuperación de la actividad económica, marcando una clara diferencia con otros procesos de estabilización histórica en la Argentina. Con la mirada puesta en el próximo turno electoral, Melconian sostuvo que, aunque la economía ha mostrado señales de rebote, no ha logrado quebrar los niveles máximos de actividad registrados desde el año 2011.
La fragmentación del PBI: sectores ganadores y postergados
Para Melconian, el mayor conflicto reside en la composición interna del Producto Bruto Interno. El economista advirtió que la mitad del PBI, compuesta fundamentalmente por la construcción, la industria y el comercio, se encuentra actualmente en niveles muy inferiores a los de 2023 y 2011. En contraste, sectores como la energía, la minería y las actividades extractivas muestran un dinamismo notable, pero su incidencia en el empleo masivo y el consumo interno es limitada.
“Hay un pedacito que le va muy bien y un pedazazo que está parado”, sentenció, basando su análisis en datos oficiales. Según su desglose, la realidad argentina actual se divide en un 50% de actividad paralizada, un 20% en situación neutra y apenas un 10% en posición ganadora. Esta asimetría explica por qué el crecimiento de ciertos sectores no se traduce en una mejora del bienestar general o en lo que denominó el «derrame» hacia la población.
Comparativas históricas y el desafío electoral de 2026
El ex presidente del Banco Nación trazó un paralelo con los años previos a elecciones clave de décadas pasadas, como 1994 o 2006, señalando que en aquel entonces existía una «absoluta nitidez» en las tasas de crecimiento y estabilidad. En el escenario actual de 2026, Melconian considera que esa claridad todavía no está presente, lo que configura un panorama político incierto.
“Es una economía que ha rebotado en la estanflación”, definió, subrayando que la dinámica de estos procesos es intrínsecamente lenta. En este sentido, remarcó la desconexión geográfica y sectorial de la mejora económica, afirmando que «no hay un trabajador del conurbano que se traslada a Añelo», en referencia a que el auge energético en el sur del país no soluciona de forma inmediata la precariedad laboral en los grandes centros urbanos de la zona núcleo.
Finalmente, Melconian instó a evitar las posturas extremas o fanatizadas, señalando que el estancamiento de los sectores que mueven el consumo interno es una realidad estructural que el país acarrea desde hace 15 años y que los números del INDEC ratifican más allá de cualquier interpretación partidaria.
Si usted estaba esperando que Carlos Melconian saliera a decir que estamos viviendo el renacimiento de la Argentina potencia, lamento informarle que el economista ha decidido, una vez más, desenfundar su lenguaje de «calle y números» para pincharnos el globo con la precisión de un cirujano. En un análisis que suena a balde de agua fría para los que ya estaban encargando el cotillón para las elecciones de 2026, Melconian aclaró que el escenario político es un desierto y que, a diferencia de los años dorados de Menem en el 94 o el kirchnerismo en el 2006, acá no hay «derrame» ni estabilidad nítida que se sienta en el bolsillo del ciudadano que camina la vereda. Según el «Gurú del fideo con tuco», estamos en una economía que rebotó en la estanflación pero que tiene el techo más bajo que un departamento de un ambiente en CABA.
El problema, según explica con esa verba que oscila entre el aula de Harvard y la tribuna de Racing, es que adentro del PBI hay una grieta más profunda que la política: la grieta del rendimiento. De un lado tenemos a los «sectores de moda» —energía, minería, extractivos— que andan en cohete pero que pesan menos que un paquete de pastillas en el total de la economía; del otro, tenemos el «pedazazo» del 50% que incluye a la industria, la construcción y el comercio, que según Melconian están más parados que una foto. «Es cincuenta parado, veinte neutro y diez ganador», sentenció, dejando claro que por más que el índice general dé positivo gracias a Vaca Muerta, el trabajador del conurbano no tiene un teletransportador para irse a laburar a Añelo de la noche a la mañana.
Lo más irónico de su diagnóstico es que no culpa exclusivamente a la gestión actual —salvo por un par de años de arrastre—, sino que apunta a una parálisis estructural que ya sopla las quince velitas. Melconian advierte que no hay lugar para planteos drásticos ni fanatismos de vereda, porque los números del INDEC no mienten: la sensación de «llegada» a la gente es menor a la de un delivery que se perdió en el camino. En definitiva, el mensaje es que tenemos un motor que ruge en la minería pero tiene las cuatro cubiertas pinchadas en el consumo masivo. Así que, antes de brindar por el crecimiento, mejor revisen si el «derrame» no es, en realidad, una gotera en el techo de la macroeconomía.