En una jornada marcada por la coordinación política frente a las reformas estructurales del Ejecutivo Nacional, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, encabezó un encuentro clave en las oficinas del Banco Provincia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El cónclave tuvo como eje central la elaboración de una estrategia común para bloquear la ley de reforma laboral impulsada por la administración de Javier Milei.
De la reunión participaron de forma presencial Gildo Insfrán (Formosa) y Elías Suárez (Santiago del Estero), mientras que, mediante videoconferencia, se integraron los mandatarios Ricardo Quintela (La Rioja), Sergio Ziliotto (La Pampa) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego). Los gobernadores emitieron una advertencia conjunta respecto a la pérdida de derechos laborales y la asfixia financiera de las provincias, señalando que “el conjunto de trabajadores argentinos va a perder” y que las jurisdicciones no contarán con recursos para afrontar mejoras salariales o prestacionales.
Alianza estratégica con la CGT y plan de acción
Tras la deliberación entre mandatarios, la mesa se amplió para incluir a los principales referentes de la Confederación General del Trabajo (CGT). Estuvieron presentes Jorge Sola, Cristian Jerónimo, Andrés Rodríguez y Héctor Daer, entre otros dirigentes. Los representantes sindicales expresaron la necesidad de ser escuchados más allá de las discusiones por la coparticipación, enfatizando el impacto social de la reforma.
Jorge Sola, secretario General del gremio de Seguros, manifestó en diálogo con Batalla Cultural que han tenido una “muy buena recepción” por parte de los gobernadores peronistas. No obstante, lanzó una advertencia hacia aquellos mandatarios que aún no definieron su postura: “Tendrán que ser responsables de lo que hagan y digan en la sesión del miércoles”, sentenció el dirigente, poniendo el foco en el tratamiento legislativo de la semana entrante.
El panorama fiscal: El peor enero en 15 años
El trasfondo económico de la reunión fue aportado por el ministro de Economía bonaerense, Pablo López, quien presentó un informe crítico sobre la situación fiscal. Según el funcionario, la recaudación nacional de impuestos experimentó su peor desempeño para un mes de enero en los últimos 15 años, situándose un 10% por debajo del promedio histórico en términos reales.
López detalló que la contracción golpea con mayor saña a las provincias debido al esquema de distribución de recursos. “Mientras la recaudación coparticipable cayó 8,2% interanual real, la no coparticipable retrocede a un ritmo menor”, explicó el ministro, denunciando una mayor concentración de recursos por parte de la Nación en detrimento de los estados provinciales. Ante esta situación, el bloque de gobernadores ratificó que utilizarán “todas las herramientas democráticas”, incluyendo la vía judicial y la movilización, para frenar lo que consideran un modelo de precarización laboral.
<p>El gobernador Axel Kicillof encabezó una cumbre en Buenos Aires junto a mandatarios provinciales y la cúpula de la CGT para delinear una estrategia conjunta contra la reforma laboral de Javier Milei. Los dirigentes advirtieron sobre la pérdida de derechos, la caída de recursos coparticipables y el impacto del ajuste en la recaudación, acordando un «plan de lucha» ante el debate legislativo.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En las oficinas del Banco Provincia, donde el aire acondicionado lucha denodadamente contra el verano porteño y la tensión política, Axel Kicillof ofició de anfitrión en una suerte de «Liga de la Justicia» de las provincias que todavía no han sido seducidas por las fuerzas del cielo. Entre mates que seguramente tenían sabor a resistencia y sándwiches de miga que pagarán el ajuste, el gobernador bonaerense recibió a Insfrán y Suárez, mientras otros colegas se sumaban vía Zoom, esa herramienta que nos permite conspirar contra el statu quo en pantuflas. El objetivo es claro: frenar la reforma laboral de Milei antes de que el concepto de «vacaciones pagas» pase a ser un mito que los abuelos les cuentan a sus nietos junto al fuego de una gubia de repartidor de aplicaciones.
La reunión no fue solo una catarsis colectiva sobre lo poco que alcanza la coparticipación para arreglar un bache. Los gobernadores, con una clarividencia que ya quisiera el horóscopo del domingo, sentenciaron que «el conjunto de trabajadores argentinos va a perder», una frase que tiene la contundencia de un penal en el último minuto pero sin la alegría del gol. Para darle más volumen a la resistencia, abrieron las puertas a la CGT, transformando el encuentro en un asado de camaradería ideológica donde se discutió cómo evitar que el empleo se convierta en una actividad de riesgo. Mientras Patricia Bullrich asegura que tiene el 95% de los votos —un optimismo digno de quien cree que va a ganar el Quini 6 sin haber comprado el cartón—, la central obrera y los mandatarios ya preparan el «plan de lucha», demostrando que en Argentina, cuando el hambre y las ganas de marchar se juntan, no hay algoritmo de Twitter que aguante.
El ambiente se puso denso cuando Pablo López, el ministro de Economía bonaerense, tiró los números de enero sobre la mesa, provocando un silencio que solo se compara con el momento en que se corta la luz en medio de una serie de Netflix. Según López, este fue el peor enero en 15 años, lo que en términos económicos técnicos significa que estamos «al horno y con las papas casi quemadas». Con la recaudación nacional cayendo más rápido que las acciones de una empresa de máquinas de escribir, el grupo de los seis acordó un contacto cotidiano. Básicamente, han creado un grupo de WhatsApp que debe arder más que el desierto de Atacama, donde el «plan de lucha» convive con la construcción de una alternativa para 2027. Porque si algo sabemos en estas tierras, es que la política argentina es como un capítulo de Los Simpson: no importa cuán absurdo sea el problema, siempre hay una secuela planeada para dentro de tres años.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una jornada marcada por la coordinación política frente a las reformas estructurales del Ejecutivo Nacional, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, encabezó un encuentro clave en las oficinas del Banco Provincia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El cónclave tuvo como eje central la elaboración de una estrategia común para bloquear la ley de reforma laboral impulsada por la administración de Javier Milei.
De la reunión participaron de forma presencial Gildo Insfrán (Formosa) y Elías Suárez (Santiago del Estero), mientras que, mediante videoconferencia, se integraron los mandatarios Ricardo Quintela (La Rioja), Sergio Ziliotto (La Pampa) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego). Los gobernadores emitieron una advertencia conjunta respecto a la pérdida de derechos laborales y la asfixia financiera de las provincias, señalando que “el conjunto de trabajadores argentinos va a perder” y que las jurisdicciones no contarán con recursos para afrontar mejoras salariales o prestacionales.
Alianza estratégica con la CGT y plan de acción
Tras la deliberación entre mandatarios, la mesa se amplió para incluir a los principales referentes de la Confederación General del Trabajo (CGT). Estuvieron presentes Jorge Sola, Cristian Jerónimo, Andrés Rodríguez y Héctor Daer, entre otros dirigentes. Los representantes sindicales expresaron la necesidad de ser escuchados más allá de las discusiones por la coparticipación, enfatizando el impacto social de la reforma.
Jorge Sola, secretario General del gremio de Seguros, manifestó en diálogo con Batalla Cultural que han tenido una “muy buena recepción” por parte de los gobernadores peronistas. No obstante, lanzó una advertencia hacia aquellos mandatarios que aún no definieron su postura: “Tendrán que ser responsables de lo que hagan y digan en la sesión del miércoles”, sentenció el dirigente, poniendo el foco en el tratamiento legislativo de la semana entrante.
El panorama fiscal: El peor enero en 15 años
El trasfondo económico de la reunión fue aportado por el ministro de Economía bonaerense, Pablo López, quien presentó un informe crítico sobre la situación fiscal. Según el funcionario, la recaudación nacional de impuestos experimentó su peor desempeño para un mes de enero en los últimos 15 años, situándose un 10% por debajo del promedio histórico en términos reales.
López detalló que la contracción golpea con mayor saña a las provincias debido al esquema de distribución de recursos. “Mientras la recaudación coparticipable cayó 8,2% interanual real, la no coparticipable retrocede a un ritmo menor”, explicó el ministro, denunciando una mayor concentración de recursos por parte de la Nación en detrimento de los estados provinciales. Ante esta situación, el bloque de gobernadores ratificó que utilizarán “todas las herramientas democráticas”, incluyendo la vía judicial y la movilización, para frenar lo que consideran un modelo de precarización laboral.
En las oficinas del Banco Provincia, donde el aire acondicionado lucha denodadamente contra el verano porteño y la tensión política, Axel Kicillof ofició de anfitrión en una suerte de «Liga de la Justicia» de las provincias que todavía no han sido seducidas por las fuerzas del cielo. Entre mates que seguramente tenían sabor a resistencia y sándwiches de miga que pagarán el ajuste, el gobernador bonaerense recibió a Insfrán y Suárez, mientras otros colegas se sumaban vía Zoom, esa herramienta que nos permite conspirar contra el statu quo en pantuflas. El objetivo es claro: frenar la reforma laboral de Milei antes de que el concepto de «vacaciones pagas» pase a ser un mito que los abuelos les cuentan a sus nietos junto al fuego de una gubia de repartidor de aplicaciones.
La reunión no fue solo una catarsis colectiva sobre lo poco que alcanza la coparticipación para arreglar un bache. Los gobernadores, con una clarividencia que ya quisiera el horóscopo del domingo, sentenciaron que «el conjunto de trabajadores argentinos va a perder», una frase que tiene la contundencia de un penal en el último minuto pero sin la alegría del gol. Para darle más volumen a la resistencia, abrieron las puertas a la CGT, transformando el encuentro en un asado de camaradería ideológica donde se discutió cómo evitar que el empleo se convierta en una actividad de riesgo. Mientras Patricia Bullrich asegura que tiene el 95% de los votos —un optimismo digno de quien cree que va a ganar el Quini 6 sin haber comprado el cartón—, la central obrera y los mandatarios ya preparan el «plan de lucha», demostrando que en Argentina, cuando el hambre y las ganas de marchar se juntan, no hay algoritmo de Twitter que aguante.
El ambiente se puso denso cuando Pablo López, el ministro de Economía bonaerense, tiró los números de enero sobre la mesa, provocando un silencio que solo se compara con el momento en que se corta la luz en medio de una serie de Netflix. Según López, este fue el peor enero en 15 años, lo que en términos económicos técnicos significa que estamos «al horno y con las papas casi quemadas». Con la recaudación nacional cayendo más rápido que las acciones de una empresa de máquinas de escribir, el grupo de los seis acordó un contacto cotidiano. Básicamente, han creado un grupo de WhatsApp que debe arder más que el desierto de Atacama, donde el «plan de lucha» convive con la construcción de una alternativa para 2027. Porque si algo sabemos en estas tierras, es que la política argentina es como un capítulo de Los Simpson: no importa cuán absurdo sea el problema, siempre hay una secuela planeada para dentro de tres años.