El Poder Ejecutivo Nacional intensifica las gestiones para asegurar que el próximo miércoles 11 de febrero el Senado de la Nación sesione para tratar el proyecto de reforma laboral. Si bien la Casa Rosada ha logrado obtener un respaldo general por parte de los mandatarios provinciales, la negociación técnica se encuentra estancada en un punto crítico: la reducción del Impuesto a las Ganancias para sociedades.
En las últimas horas, los gobernadores aliados presentaron una contrapropuesta formal con el objetivo de no desfinanciar las arcas provinciales ni las nacionales. El planteo consiste en postergar la baja del gravamen por dos años, implementando la reducción en dos etapas: un 50% en 2027 y el 50% restante en 2028. Cabe recordar que el proyecto original del oficialismo estipulaba una disminución de las alícuotas del 30% al 27% y del 35% al 31,5% para los ejercicios fiscales que se inicien a partir de 2026.
La preocupación por la recaudación fiscal
La propuesta, encabezada por mandatarios como Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza), Claudio Poggi (San Luis) y Leandro Zdero (Chaco), surge de la necesidad de equilibrar las cuentas públicas. Los gobernadores sostienen que esta modificación favorecería directamente la gestión del ministro de Economía, Luis Caputo, dado que el Estado atraviesa un proceso de caída en la recaudación que ya acumula seis meses consecutivos.
Los jefes provinciales consideran que un alivio fiscal inmediato para las empresas, aunque deseable en términos de competitividad, resultaría contraproducente para el cumplimiento de las metas de déficit cero en el contexto macroeconómico actual.
El factor actividad como condicionante
Por otro lado, un sector de los gobernadores peronistas denominados «dialoguistas», entre quienes se destacan Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Ricardo Jaldo (Tucumán), ha puesto sobre la mesa una alternativa distinta: condicionar la baja impositiva al nivel de actividad económica.
Esta variante técnica busca que la reducción de Ganancias se active únicamente si se registra una recuperación en otras variables que compensen la pérdida de ingresos. Específicamente, se analiza la posibilidad de vincularla a la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo que permitiría a las provincias recuperar fondos de manera indirecta a través del consumo.
Aunque la idea fue sugerida por asesores tributarios que colaboran con el Gobierno en el diseño de la prometida reforma impositiva integral, aún no existe un acuerdo definitivo entre las partes. Las próximas 48 horas serán determinantes para definir si el oficialismo acepta modificar el cronograma fiscal a cambio de garantizar la aprobación de la reforma laboral en la Cámara Alta.
<p>El Gobierno Nacional impulsa el tratamiento de la reforma laboral en el Senado para el próximo miércoles 11 de febrero. Pese al consenso general con los gobernadores, persiste una controversia sobre la reducción del impuesto a las Ganancias para sociedades. Los mandatarios aliados proponen postergar la baja de alícuotas hasta 2027 para preservar la recaudación fiscal en un contexto de caída de ingresos públicos.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a una nueva entrega de «Negociaciones en el Senado», ese reality show donde el futuro de tus derechos laborales se decide entre sanguchitos de miga y gobernadores que cuidan la caja con más celo que un perro a su hueso. El oficialismo quiere sacar la reforma el miércoles 11, pero se chocó con un pequeño detalle: a los mandatarios provinciales les encanta la libertad, pero les gusta mucho más cobrar impuestos. Resulta que la baja de Ganancias a sociedades les genera una alergia financiera inmediata, así que los «aliados» salieron con una propuesta que es poesía pura: «Bajame los impuestos, pero no hoy, mañana… o mejor en 2027». Es la técnica de la dieta: hoy me como todo el presupuesto y el lunes, si eso, vemos cómo recortamos.
Los gobernadores Frigerio, Cornejo y compañía se pusieron la gorra de contadores y le explicaron a Luis «Toto» Caputo que, con la recaudación en caída libre hace seis meses, bajar las alícuotas ahora sería como intentar apagar un incendio con un rociador de plantas. Propusieron un plan de cuotas para el alivio fiscal, pateando el 50% para 2027 y el resto para 2028, justo para cuando probablemente muchos de ellos ya estén en sus casas viendo el canal de noticias. Por otro lado, los «peronistas dialoguistas» —término que en la política argentina significa ‘tengo las llaves de los votos pero quiero algo a cambio’— sugieren atar la baja de impuestos a la actividad económica. Básicamente, si el país arranca, te bajo el impuesto; si no arranca, seguimos cobrando como si estuviéramos en la City de Londres. Es una partida de póker donde las fichas son los puntos de coparticipación y el crupier está a punto de tirar la mesa por la ventana.
La estrategia es clara: nadie quiere quedar como el malo que le sube la presión a las empresas, pero nadie quiere ser el pobre que se queda sin fondos para pagar los sueldos estatales. Mientras tanto, en los despachos del Ministerio de Economía, los asesores tributarios sacan cuentas con calculadoras que ya no tienen el botón de restar. La idea de vincular Ganancias con el IVA es el último conejo que sacaron de la galera para intentar que la recaudación no parezca un tobogán engrasado. En definitiva, el próximo miércoles veremos si el Senado es una escribanía de lujo o el escenario de un nuevo «no positivo», mientras los gobernadores negocian el futuro con la paciencia de quien sabe que, al final del día, el que tiene la billetera tiene la razón… o al menos tiene los votos.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El Poder Ejecutivo Nacional intensifica las gestiones para asegurar que el próximo miércoles 11 de febrero el Senado de la Nación sesione para tratar el proyecto de reforma laboral. Si bien la Casa Rosada ha logrado obtener un respaldo general por parte de los mandatarios provinciales, la negociación técnica se encuentra estancada en un punto crítico: la reducción del Impuesto a las Ganancias para sociedades.
En las últimas horas, los gobernadores aliados presentaron una contrapropuesta formal con el objetivo de no desfinanciar las arcas provinciales ni las nacionales. El planteo consiste en postergar la baja del gravamen por dos años, implementando la reducción en dos etapas: un 50% en 2027 y el 50% restante en 2028. Cabe recordar que el proyecto original del oficialismo estipulaba una disminución de las alícuotas del 30% al 27% y del 35% al 31,5% para los ejercicios fiscales que se inicien a partir de 2026.
La preocupación por la recaudación fiscal
La propuesta, encabezada por mandatarios como Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza), Claudio Poggi (San Luis) y Leandro Zdero (Chaco), surge de la necesidad de equilibrar las cuentas públicas. Los gobernadores sostienen que esta modificación favorecería directamente la gestión del ministro de Economía, Luis Caputo, dado que el Estado atraviesa un proceso de caída en la recaudación que ya acumula seis meses consecutivos.
Los jefes provinciales consideran que un alivio fiscal inmediato para las empresas, aunque deseable en términos de competitividad, resultaría contraproducente para el cumplimiento de las metas de déficit cero en el contexto macroeconómico actual.
El factor actividad como condicionante
Por otro lado, un sector de los gobernadores peronistas denominados «dialoguistas», entre quienes se destacan Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Ricardo Jaldo (Tucumán), ha puesto sobre la mesa una alternativa distinta: condicionar la baja impositiva al nivel de actividad económica.
Esta variante técnica busca que la reducción de Ganancias se active únicamente si se registra una recuperación en otras variables que compensen la pérdida de ingresos. Específicamente, se analiza la posibilidad de vincularla a la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo que permitiría a las provincias recuperar fondos de manera indirecta a través del consumo.
Aunque la idea fue sugerida por asesores tributarios que colaboran con el Gobierno en el diseño de la prometida reforma impositiva integral, aún no existe un acuerdo definitivo entre las partes. Las próximas 48 horas serán determinantes para definir si el oficialismo acepta modificar el cronograma fiscal a cambio de garantizar la aprobación de la reforma laboral en la Cámara Alta.
Bienvenidos a una nueva entrega de «Negociaciones en el Senado», ese reality show donde el futuro de tus derechos laborales se decide entre sanguchitos de miga y gobernadores que cuidan la caja con más celo que un perro a su hueso. El oficialismo quiere sacar la reforma el miércoles 11, pero se chocó con un pequeño detalle: a los mandatarios provinciales les encanta la libertad, pero les gusta mucho más cobrar impuestos. Resulta que la baja de Ganancias a sociedades les genera una alergia financiera inmediata, así que los «aliados» salieron con una propuesta que es poesía pura: «Bajame los impuestos, pero no hoy, mañana… o mejor en 2027». Es la técnica de la dieta: hoy me como todo el presupuesto y el lunes, si eso, vemos cómo recortamos.
Los gobernadores Frigerio, Cornejo y compañía se pusieron la gorra de contadores y le explicaron a Luis «Toto» Caputo que, con la recaudación en caída libre hace seis meses, bajar las alícuotas ahora sería como intentar apagar un incendio con un rociador de plantas. Propusieron un plan de cuotas para el alivio fiscal, pateando el 50% para 2027 y el resto para 2028, justo para cuando probablemente muchos de ellos ya estén en sus casas viendo el canal de noticias. Por otro lado, los «peronistas dialoguistas» —término que en la política argentina significa ‘tengo las llaves de los votos pero quiero algo a cambio’— sugieren atar la baja de impuestos a la actividad económica. Básicamente, si el país arranca, te bajo el impuesto; si no arranca, seguimos cobrando como si estuviéramos en la City de Londres. Es una partida de póker donde las fichas son los puntos de coparticipación y el crupier está a punto de tirar la mesa por la ventana.
La estrategia es clara: nadie quiere quedar como el malo que le sube la presión a las empresas, pero nadie quiere ser el pobre que se queda sin fondos para pagar los sueldos estatales. Mientras tanto, en los despachos del Ministerio de Economía, los asesores tributarios sacan cuentas con calculadoras que ya no tienen el botón de restar. La idea de vincular Ganancias con el IVA es el último conejo que sacaron de la galera para intentar que la recaudación no parezca un tobogán engrasado. En definitiva, el próximo miércoles veremos si el Senado es una escribanía de lujo o el escenario de un nuevo «no positivo», mientras los gobernadores negocian el futuro con la paciencia de quien sabe que, al final del día, el que tiene la billetera tiene la razón… o al menos tiene los votos.