En un contexto de alta tensión legislativa, el ministro del Interior, Diego Santilli, manifestó su plena confianza en que el oficialismo logrará la media sanción de la reforma laboral en la Cámara de Senadores. A pesar de que las proyecciones de diversos especialistas laborales sugieren un escenario escéptico respecto a la creación de empleo registrado, el funcionario ratificó que la administración central «va a tener los votos» para avanzar con la iniciativa este miércoles.
Santilli, quien ha liderado las negociaciones junto al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para asegurar el apoyo de los mandatarios provinciales a cambio de partidas presupuestarias, admitió que el texto original sufrirá modificaciones durante el debate. No obstante, subrayó que «el objetivo central de la ley no se ha modificado» y elogió la labor parlamentaria de Patricia Bullrich en el Senado y de Martín Menem en la Cámara de Diputados.
Modernización y lucha contra la informalidad
Durante una entrevista en Radio Rivadavia, el ministro defendió la necesidad de «modernizar» el marco regulatorio actual. “Es importante tener una nueva ley laboral porque es preciso modernizar leyes que se aprobaron cuando no existía el celular, ni el trabajo remoto, y otras situaciones que esta ley ayuda a mejorar”, argumentó Santilli, posicionando el proyecto como una respuesta a las dinámicas del siglo XXI.
Uno de los puntos más polémicos de su discurso fue la promesa de formalización del mercado de trabajo. Según el funcionario, más del 50 por ciento de los trabajadores actuales se encuentran en la informalidad, y la sanción de esta norma permitiría su transición hacia la economía registrada. Esta postura colisiona directamente con las advertencias de la oposición y de expertos en derecho laboral, quienes sostienen que la flexibilidad por sí sola no garantiza la generación de puestos de trabajo genuinos.
La apuesta por los «segundos dos años» de gestión
El ministro también volvió a poner sobre la mesa la problemática de la «industria de los juicios», señalándola como el principal factor de destrucción de empleo en el sector de las pequeñas y medianas empresas (pymes). Santilli enfatizó que la reforma busca proteger a las compañías que no cuentan con la estructura financiera de las grandes corporaciones para enfrentar litigios laborales prolongados.
Hacia el final de su intervención, Santilli proyectó una agenda legislativa ambiciosa para el resto del mandato de Javier Milei, mencionando no solo la reforma laboral sino también la Ley de Glaciares, orientada a devolver facultades de control a las provincias. El objetivo planteado para la segunda mitad del mandato presidencial es consolidar el crecimiento económico y la generación de empleo formal, bajo la premisa de que esta ley representa el primer paso indispensable hacia esa dirección.
<p>El ministro del Interior, Diego Santilli, afirmó que el oficialismo cuenta con los votos necesarios para obtener la media sanción de la reforma laboral este miércoles en el Senado. Pese a la resistencia de especialistas y las complejas negociaciones con gobernadores, el funcionario ratificó que el proyecto busca modernizar el mercado de trabajo y reducir la informalidad laboral en el país.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Diego Santilli ha decidido apostar por el optimismo antropológico, esa rama de la fe que te permite asegurar que tenés los votos en el Congreso mientras los gobernadores te clavan el «visto» en WhatsApp y los especialistas laborales te miran con la misma cara con la que un mecánico mira un motor que escupe fuego. Según el ministro, la reforma laboral es tan necesaria como el wifi, básicamente porque las leyes actuales se redactaron cuando el único «trabajo remoto» consistía en gritarle a un vecino desde la terraza. «No le creo ni un 3%» a la idea de que los números no cierran, parece decir Santilli, mientras ensaya su mejor sonrisa de vendedor de autos usados que te jura que el humo del caño de escape es en realidad vapor de lavanda.
La estrategia oficialista consiste en prometer que, mágicamente, el 50 por ciento de los trabajadores informales van a correr a registrarse en cuanto se apruebe la ley, como si el empleo en blanco fuera una oferta de liquidación por cierre de temporada. Con Patricia Bullrich haciendo «un gran trabajo» en el Senado —lo cual suele ser código para «estamos negociando hasta el color de las baldosas de las provincias»— y Martín Menem operando en Diputados, el Gobierno confía en que la realidad se adapte a sus deseos. Santilli incluso sacó a pasear el viejo fantasma de la «industria del juicio», ese monstruo que aparentemente tiene la capacidad de destruir pymes pero deja intactas las colecciones de autos deportivos de ciertos empresarios. En fin, la luz al final del túnel está ahí, el problema es que nadie sabe todavía si es la salida o el tren de la oposición viniendo de frente.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En un contexto de alta tensión legislativa, el ministro del Interior, Diego Santilli, manifestó su plena confianza en que el oficialismo logrará la media sanción de la reforma laboral en la Cámara de Senadores. A pesar de que las proyecciones de diversos especialistas laborales sugieren un escenario escéptico respecto a la creación de empleo registrado, el funcionario ratificó que la administración central «va a tener los votos» para avanzar con la iniciativa este miércoles.
Santilli, quien ha liderado las negociaciones junto al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para asegurar el apoyo de los mandatarios provinciales a cambio de partidas presupuestarias, admitió que el texto original sufrirá modificaciones durante el debate. No obstante, subrayó que «el objetivo central de la ley no se ha modificado» y elogió la labor parlamentaria de Patricia Bullrich en el Senado y de Martín Menem en la Cámara de Diputados.
Modernización y lucha contra la informalidad
Durante una entrevista en Radio Rivadavia, el ministro defendió la necesidad de «modernizar» el marco regulatorio actual. “Es importante tener una nueva ley laboral porque es preciso modernizar leyes que se aprobaron cuando no existía el celular, ni el trabajo remoto, y otras situaciones que esta ley ayuda a mejorar”, argumentó Santilli, posicionando el proyecto como una respuesta a las dinámicas del siglo XXI.
Uno de los puntos más polémicos de su discurso fue la promesa de formalización del mercado de trabajo. Según el funcionario, más del 50 por ciento de los trabajadores actuales se encuentran en la informalidad, y la sanción de esta norma permitiría su transición hacia la economía registrada. Esta postura colisiona directamente con las advertencias de la oposición y de expertos en derecho laboral, quienes sostienen que la flexibilidad por sí sola no garantiza la generación de puestos de trabajo genuinos.
La apuesta por los «segundos dos años» de gestión
El ministro también volvió a poner sobre la mesa la problemática de la «industria de los juicios», señalándola como el principal factor de destrucción de empleo en el sector de las pequeñas y medianas empresas (pymes). Santilli enfatizó que la reforma busca proteger a las compañías que no cuentan con la estructura financiera de las grandes corporaciones para enfrentar litigios laborales prolongados.
Hacia el final de su intervención, Santilli proyectó una agenda legislativa ambiciosa para el resto del mandato de Javier Milei, mencionando no solo la reforma laboral sino también la Ley de Glaciares, orientada a devolver facultades de control a las provincias. El objetivo planteado para la segunda mitad del mandato presidencial es consolidar el crecimiento económico y la generación de empleo formal, bajo la premisa de que esta ley representa el primer paso indispensable hacia esa dirección.
Diego Santilli ha decidido apostar por el optimismo antropológico, esa rama de la fe que te permite asegurar que tenés los votos en el Congreso mientras los gobernadores te clavan el «visto» en WhatsApp y los especialistas laborales te miran con la misma cara con la que un mecánico mira un motor que escupe fuego. Según el ministro, la reforma laboral es tan necesaria como el wifi, básicamente porque las leyes actuales se redactaron cuando el único «trabajo remoto» consistía en gritarle a un vecino desde la terraza. «No le creo ni un 3%» a la idea de que los números no cierran, parece decir Santilli, mientras ensaya su mejor sonrisa de vendedor de autos usados que te jura que el humo del caño de escape es en realidad vapor de lavanda.
La estrategia oficialista consiste en prometer que, mágicamente, el 50 por ciento de los trabajadores informales van a correr a registrarse en cuanto se apruebe la ley, como si el empleo en blanco fuera una oferta de liquidación por cierre de temporada. Con Patricia Bullrich haciendo «un gran trabajo» en el Senado —lo cual suele ser código para «estamos negociando hasta el color de las baldosas de las provincias»— y Martín Menem operando en Diputados, el Gobierno confía en que la realidad se adapte a sus deseos. Santilli incluso sacó a pasear el viejo fantasma de la «industria del juicio», ese monstruo que aparentemente tiene la capacidad de destruir pymes pero deja intactas las colecciones de autos deportivos de ciertos empresarios. En fin, la luz al final del túnel está ahí, el problema es que nadie sabe todavía si es la salida o el tren de la oposición viniendo de frente.