En una jornada marcada por la alta tensión política y social, las fuerzas de seguridad nacionales ejecutaron ayer por tarde el protocolo antipiquetes frente al Congreso de la Nación. Pasadas las 15:00, efectivos de la Policía Federal Argentina y la Gendarmería Nacional avanzaron sobre las columnas de manifestantes que se concentraban en la Plaza del Congreso para expresar su rechazo al proyecto de reforma laboral que se debate en la Cámara Alta.
Incidentes y despliegue de seguridad
El operativo incluyó el uso de camiones hidrantes y gases lacrimógenos para despejar las arterias principales que rodean el Palacio Legislativo. Según informaron fuentes en el lugar, la situación se desbordó cuando un grupo de personas, identificadas por los propios manifestantes como «infiltrados encapuchados», inició agresiones contra el cordón policial. Dirigentes gremiales y sociales denunciaron que el accionar de las fuerzas alcanzó de manera indiscriminada a trabajadores y jubilados que participaban de la movilización de forma pacífica.
Organizaciones sociales y agrupaciones políticas que se sumaron a la marcha reafirmaron su postura contra la normativa impulsada por el Ejecutivo y advirtieron sobre la posibilidad de convocar a un paro nacional en los próximos días como medida de resistencia ante lo que consideran un retroceso en los derechos laborales.
El debate en el recinto
Mientras los disturbios se sucedían en el exterior, la sesión parlamentaria continuó su curso tras haber obtenido el quórum necesario antes del mediodía. El oficialismo logró habilitar el tratamiento del proyecto gracias al respaldo de la UCR, el PRO y sectores del peronismo provincial que facilitaron el inicio del debate.
La jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, fue la encargada de abrir la discusión con un fuerte descargo contra la «extrema judicialización del sistema laboral argentino». Bullrich defendió la necesidad de sancionar la ley para «equilibrar las normas y fomentar la inversión», asegurando que el modelo actual es un obstáculo para el crecimiento económico. En paralelo, se informó que el presidente Javier Milei monitorea los pormenores de la votación y el operativo de seguridad desde la Quinta de Olivos.
.<p>Las fuerzas de seguridad nacionales intervinieron ayer a la tarde en las inmediaciones del Congreso para dispersar una manifestación en rechazo a la reforma laboral. Pasadas las 15:00, efectivos de la Policía Federal y Gendarmería utilizaron gases lacrimógenos y camiones hidrantes tras incidentes registrados en Plaza Congreso, mientras en el Senado continúa el debate del proyecto con quórum de sectores dialoguistas.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La tarde de ayer en Plaza Congreso pasó de «clima de debate democrático» a «set de filmación de película bélica de bajo presupuesto» en cuestión de minutos. Pasadas las 15, la Gendarmería y la Policía decidieron que la mejor forma de entablar un diálogo con los manifestantes era a través de una generosa distribución de gases lacrimógenos, un condimento que, a diferencia de la canasta básica, parece no sufrir el ajuste de «Toto» Caputo. Entre el humo y los camiones hidrantes, los jubilados presentes descubrieron que el protocolo de Patricia Bullrich es mucho más eficiente para hidratar gente en la calle que el sistema de salud para darles un turno médico.
Mientras en el aire se respiraba más gas pimienta que oxígeno, los manifestantes denunciaban la presencia de «infiltrados» encapuchados, esos personajes que aparecen en todas las marchas con el mismo timing que un villano de opereta para romper un banco y justificar el despliegue de las fuerzas. Es notable la agilidad de estos muchachos: tienen la capacidad de aparecer, tirar una piedra con puntería de francotirador y desaparecer antes de que el primer oficial de Infantería termine de acomodarse el casco. Un talento desperdiciado que bien podría usarse para agilizar trámites en el ANSES, pero que hoy sirvió para que la televisión tenga las imágenes de caos necesarias para acompañar el café de la tarde.
Puertas adentro del Palacio, la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich —que a esta altura tiene más kilómetros recorridos en el Congreso que un ascensor—, defendía la ley contra la «extrema judicialización», mientras Javier Milei seguía todo desde Olivos, probablemente con un ojo en el Senado y el otro en las métricas de Twitter para ver si el operativo estaba rindiendo en likes. Afuera, los sindicatos ya empezaron a calentar las cuerdas vocales para el próximo paro nacional, porque en Argentina la única industria que no para de crecer es la de las vallas, los palos y los comunicados de rechazo que nadie lee pero todos firman.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una jornada marcada por la alta tensión política y social, las fuerzas de seguridad nacionales ejecutaron ayer por tarde el protocolo antipiquetes frente al Congreso de la Nación. Pasadas las 15:00, efectivos de la Policía Federal Argentina y la Gendarmería Nacional avanzaron sobre las columnas de manifestantes que se concentraban en la Plaza del Congreso para expresar su rechazo al proyecto de reforma laboral que se debate en la Cámara Alta.
Incidentes y despliegue de seguridad
El operativo incluyó el uso de camiones hidrantes y gases lacrimógenos para despejar las arterias principales que rodean el Palacio Legislativo. Según informaron fuentes en el lugar, la situación se desbordó cuando un grupo de personas, identificadas por los propios manifestantes como «infiltrados encapuchados», inició agresiones contra el cordón policial. Dirigentes gremiales y sociales denunciaron que el accionar de las fuerzas alcanzó de manera indiscriminada a trabajadores y jubilados que participaban de la movilización de forma pacífica.
Organizaciones sociales y agrupaciones políticas que se sumaron a la marcha reafirmaron su postura contra la normativa impulsada por el Ejecutivo y advirtieron sobre la posibilidad de convocar a un paro nacional en los próximos días como medida de resistencia ante lo que consideran un retroceso en los derechos laborales.
El debate en el recinto
Mientras los disturbios se sucedían en el exterior, la sesión parlamentaria continuó su curso tras haber obtenido el quórum necesario antes del mediodía. El oficialismo logró habilitar el tratamiento del proyecto gracias al respaldo de la UCR, el PRO y sectores del peronismo provincial que facilitaron el inicio del debate.
La jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich, fue la encargada de abrir la discusión con un fuerte descargo contra la «extrema judicialización del sistema laboral argentino». Bullrich defendió la necesidad de sancionar la ley para «equilibrar las normas y fomentar la inversión», asegurando que el modelo actual es un obstáculo para el crecimiento económico. En paralelo, se informó que el presidente Javier Milei monitorea los pormenores de la votación y el operativo de seguridad desde la Quinta de Olivos.
.La tarde de ayer en Plaza Congreso pasó de «clima de debate democrático» a «set de filmación de película bélica de bajo presupuesto» en cuestión de minutos. Pasadas las 15, la Gendarmería y la Policía decidieron que la mejor forma de entablar un diálogo con los manifestantes era a través de una generosa distribución de gases lacrimógenos, un condimento que, a diferencia de la canasta básica, parece no sufrir el ajuste de «Toto» Caputo. Entre el humo y los camiones hidrantes, los jubilados presentes descubrieron que el protocolo de Patricia Bullrich es mucho más eficiente para hidratar gente en la calle que el sistema de salud para darles un turno médico.
Mientras en el aire se respiraba más gas pimienta que oxígeno, los manifestantes denunciaban la presencia de «infiltrados» encapuchados, esos personajes que aparecen en todas las marchas con el mismo timing que un villano de opereta para romper un banco y justificar el despliegue de las fuerzas. Es notable la agilidad de estos muchachos: tienen la capacidad de aparecer, tirar una piedra con puntería de francotirador y desaparecer antes de que el primer oficial de Infantería termine de acomodarse el casco. Un talento desperdiciado que bien podría usarse para agilizar trámites en el ANSES, pero que hoy sirvió para que la televisión tenga las imágenes de caos necesarias para acompañar el café de la tarde.
Puertas adentro del Palacio, la jefa del bloque oficialista, Patricia Bullrich —que a esta altura tiene más kilómetros recorridos en el Congreso que un ascensor—, defendía la ley contra la «extrema judicialización», mientras Javier Milei seguía todo desde Olivos, probablemente con un ojo en el Senado y el otro en las métricas de Twitter para ver si el operativo estaba rindiendo en likes. Afuera, los sindicatos ya empezaron a calentar las cuerdas vocales para el próximo paro nacional, porque en Argentina la única industria que no para de crecer es la de las vallas, los palos y los comunicados de rechazo que nadie lee pero todos firman.