Irán: masiva quema de efigies de «Baal» con banderas de Israel en el aniversario de la Revolución

Redacción Cuyo News
6 min

Este jueves 12 de febrero, la capital de la República Islámica de Irán fue el escenario de masivas movilizaciones con motivo del 47º aniversario de la Revolución de 1979. Durante los actos oficiales en Teherán, los manifestantes protagonizaron la quema de una estructura simbólica con la inscripción «Baal», término que hace referencia a una antigua deidad cananea y que, en contextos contemporáneos, es utilizado por diversos sectores para representar el satanismo o la corrupción de las élites globales.

Simbolismo y retórica política

La efigie incinerada no solo portaba el nombre de la deidad, sino que estaba revestida con la bandera de Israel y fotografías del expresidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Esta acción refuerza la narrativa histórica de la estructura clerical chiita, que tradicionalmente denomina a Estados Unidos como el «Gran Satán» y al Estado de Israel como el «Pequeño Satán».

La elección del nombre «Baal» ha generado diversas interpretaciones en círculos de análisis internacional, debido a su reciente asociación en redes sociales con los polémicos archivos de Jeffrey Epstein. Cabe destacar que, según trascendidos que han circulado en plataformas digitales, una de las cuentas bancarias vinculadas al fallecido financista habría llevado el nombre de dicha deidad, lo que habría motivado su inclusión en la iconografía de la protesta iraní como un símbolo de decadencia moral de Occidente.

Un aniversario bajo vigilancia internacional

Las manifestaciones, que se replicaron en las principales ciudades del país, incluyeron las habituales consignas de «muerte a Israel» y críticas directas a la política exterior de Washington. El gobierno iraní utiliza habitualmente estas fechas para exhibir su capacidad de movilización y su desafío a las sanciones internacionales impuestas por las potencias occidentales.

A pesar del fuerte contenido simbólico y la tensión verbal, los actos se desarrollaron bajo una estricta organización estatal, consolidando una vez más el uso de la propaganda visual como herramienta de cohesión interna y mensaje hacia el exterior. La inclusión de referencias a teorías conspirativas globales marca una evolución en el discurso de las protestas, buscando conectar el sentimiento anti-imperialista local con debates de la cultura política global contemporánea.

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