La periodista Nancy Pazos protagonizó este miércoles una protesta de fuerte impacto visual al encadenarse frente al Congreso de la Nación. La acción se realizó en señal de rechazo al proyecto de reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional, el cual incluye en su articulado la derogación del Estatuto del Periodista, una normativa que rige la actividad desde mediados del siglo pasado.
La intervención, de carácter simbólico, se desarrolló de manera simultánea al debate que mantenía el Senado de la Nación sobre el paquete de modificaciones legales. Según los fundamentos de la protesta, la preocupación central radica en la eliminación de la Ley 12.908, sancionada en 1946, que establece condiciones específicas de trabajo, categorías profesionales y garantías para el ejercicio de la libertad de expresión.
Cruce con el Ejecutivo y repercusión oficial
La protesta no tardó en generar una respuesta por parte del Gobierno. El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, utilizó sus redes sociales para cuestionar la modalidad de la manifestación. “El nivel de delirio es astronómico”, sentenció el funcionario a través de un mensaje en su cuenta de X (anteriormente Twitter), acompañando sus palabras con un video de la periodista en la entrada del palacio legislativo.
Para profundizar en el impacto de esta medida, es necesario desglosar lo que está en juego detrás de la performance de las cadenas y el cruce de tuits entre la Casa Rosada y el periodismo. El «corazón» del conflicto: La Ley 12.908 Lo que Nancy Pazos defiende (y el Gobierno busca simplificar) no es solo un papel viejo; es la columna vertebral de la profesión en Argentina. Si se deroga el Estatuto del Periodista, los trabajadores de prensa pasarían a regirse por la Ley de Contrato de Trabajo general, perdiendo beneficios históricos como: Indemnizaciones especiales: El estatuto actual contempla montos superiores a los de un empleado administrativo común, debido a la inestabilidad propia de la profesión. La «Cláusula de Conciencia»: Un derecho que permite al periodista rescindir su contrato y ser indemnizado si el medio cambia de línea editorial de forma que afecte su integridad moral. Categorías estrictas: Hoy, un redactor, un cronista o un prosecretario de redacción tienen salarios y tareas diferenciadas por ley. Con la reforma, estas distinciones quedarían a merced de la negociación individual o los convenios colectivos, que el Gobierno también busca flexibilizar. En provincias como San Juan, la derogación del Estatuto podría generar un sismo en las redacciones locales. Los medios regionales suelen tener estructuras más chicas donde la protección del estatuto es el único freno ante la precarización o la presión política. Sin este marco, la figura del «periodista multifunción» (que escribe, saca fotos, edita video y maneja redes por el mismo sueldo básico) dejaría de ser una irregularidad para convertirse en la norma legal.<p>La periodista Nancy Pazos realizó una protesta simbólica encadenándose frente al Congreso de la Nación en rechazo a la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo, la cual contempla la derogación de la Ley 12.908 del Estatuto del Periodista. La manifestación coincidió con el debate en el Senado y fue criticada por el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, mientras la CGT se movilizaba en los alrededores.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En este bendito país, donde el límite entre el periodismo de investigación y la performance de vanguardia es más difuso que el horizonte en un día de neblina, Nancy Pazos decidió que la mejor forma de defender sus derechos era transformarse en una suerte de Houdini de la Avenida Entre Ríos. La periodista se encadenó frente al Congreso con una convicción que ya se quisiera cualquier militante de base, todo para evitar que el Gobierno le pase la podadora al Estatuto del Periodista. Fue una intervención simbólica, claro, porque todos sabemos que en Argentina las cadenas suelen durar lo que tarda en llegar el primer móvil de televisión, pero la imagen de Nancy aferrada a los barrotes mientras el Senado discutía el futuro laboral del país ya es parte del folclore nacional de este miércoles.
Por supuesto, la respuesta oficial no se hizo esperar y llegó con la velocidad de un fibra óptica. El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que tiene un doctorado en el arte de la ironía digital, no pudo contener los dedos y soltó un tuit calificando la escena como un «delirio astronómico». Se ve que para el Gobierno, ver a una periodista atada a un poste es menos una señal de protesta social y más un episodio de una serie de ciencia ficción de bajo presupuesto. Mientras Adorni tuiteaba desde la comodidad de su despacho, afuera la CGT aportaba la banda de sonido con bombos y trompetas, recordándole a los senadores que el Estatuto del Periodista de 1946 tiene más años y aguante que varios de los que hoy se sientan en las bancas a decidir su destino con un café de por medio.
La movida de Pazos, aunque cargada de una teatralidad que haría palidecer a los mejores directores del Teatro San Martín, pone el foco en una pelea de fondo: la supervivencia de una ley que regula desde escalafones hasta indemnizaciones y que el oficialismo quiere mandar al arcón de los recuerdos. Entre el «delirio» que ve el Ejecutivo y la «resistencia» que proclama el sindicalismo, los trabajadores de prensa quedamos en el medio, mirando cómo Nancy se encadena y preguntándonos si, de aprobarse la reforma, las cadenas las vamos a tener que comprar nosotros para que no nos lleven puesto el sueldo. Al final, fue una jornada de pura mística rioplatense: drama, redes sociales, un poquito de historia y ese toque de absurdo que nos hace únicos en el mundo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La periodista Nancy Pazos protagonizó este miércoles una protesta de fuerte impacto visual al encadenarse frente al Congreso de la Nación. La acción se realizó en señal de rechazo al proyecto de reforma laboral que impulsa el Gobierno nacional, el cual incluye en su articulado la derogación del Estatuto del Periodista, una normativa que rige la actividad desde mediados del siglo pasado.
La intervención, de carácter simbólico, se desarrolló de manera simultánea al debate que mantenía el Senado de la Nación sobre el paquete de modificaciones legales. Según los fundamentos de la protesta, la preocupación central radica en la eliminación de la Ley 12.908, sancionada en 1946, que establece condiciones específicas de trabajo, categorías profesionales y garantías para el ejercicio de la libertad de expresión.
Cruce con el Ejecutivo y repercusión oficial
La protesta no tardó en generar una respuesta por parte del Gobierno. El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, utilizó sus redes sociales para cuestionar la modalidad de la manifestación. “El nivel de delirio es astronómico”, sentenció el funcionario a través de un mensaje en su cuenta de X (anteriormente Twitter), acompañando sus palabras con un video de la periodista en la entrada del palacio legislativo.
Para profundizar en el impacto de esta medida, es necesario desglosar lo que está en juego detrás de la performance de las cadenas y el cruce de tuits entre la Casa Rosada y el periodismo. El «corazón» del conflicto: La Ley 12.908 Lo que Nancy Pazos defiende (y el Gobierno busca simplificar) no es solo un papel viejo; es la columna vertebral de la profesión en Argentina. Si se deroga el Estatuto del Periodista, los trabajadores de prensa pasarían a regirse por la Ley de Contrato de Trabajo general, perdiendo beneficios históricos como: Indemnizaciones especiales: El estatuto actual contempla montos superiores a los de un empleado administrativo común, debido a la inestabilidad propia de la profesión. La «Cláusula de Conciencia»: Un derecho que permite al periodista rescindir su contrato y ser indemnizado si el medio cambia de línea editorial de forma que afecte su integridad moral. Categorías estrictas: Hoy, un redactor, un cronista o un prosecretario de redacción tienen salarios y tareas diferenciadas por ley. Con la reforma, estas distinciones quedarían a merced de la negociación individual o los convenios colectivos, que el Gobierno también busca flexibilizar. En provincias como San Juan, la derogación del Estatuto podría generar un sismo en las redacciones locales. Los medios regionales suelen tener estructuras más chicas donde la protección del estatuto es el único freno ante la precarización o la presión política. Sin este marco, la figura del «periodista multifunción» (que escribe, saca fotos, edita video y maneja redes por el mismo sueldo básico) dejaría de ser una irregularidad para convertirse en la norma legal.En este bendito país, donde el límite entre el periodismo de investigación y la performance de vanguardia es más difuso que el horizonte en un día de neblina, Nancy Pazos decidió que la mejor forma de defender sus derechos era transformarse en una suerte de Houdini de la Avenida Entre Ríos. La periodista se encadenó frente al Congreso con una convicción que ya se quisiera cualquier militante de base, todo para evitar que el Gobierno le pase la podadora al Estatuto del Periodista. Fue una intervención simbólica, claro, porque todos sabemos que en Argentina las cadenas suelen durar lo que tarda en llegar el primer móvil de televisión, pero la imagen de Nancy aferrada a los barrotes mientras el Senado discutía el futuro laboral del país ya es parte del folclore nacional de este miércoles.
Por supuesto, la respuesta oficial no se hizo esperar y llegó con la velocidad de un fibra óptica. El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que tiene un doctorado en el arte de la ironía digital, no pudo contener los dedos y soltó un tuit calificando la escena como un «delirio astronómico». Se ve que para el Gobierno, ver a una periodista atada a un poste es menos una señal de protesta social y más un episodio de una serie de ciencia ficción de bajo presupuesto. Mientras Adorni tuiteaba desde la comodidad de su despacho, afuera la CGT aportaba la banda de sonido con bombos y trompetas, recordándole a los senadores que el Estatuto del Periodista de 1946 tiene más años y aguante que varios de los que hoy se sientan en las bancas a decidir su destino con un café de por medio.
La movida de Pazos, aunque cargada de una teatralidad que haría palidecer a los mejores directores del Teatro San Martín, pone el foco en una pelea de fondo: la supervivencia de una ley que regula desde escalafones hasta indemnizaciones y que el oficialismo quiere mandar al arcón de los recuerdos. Entre el «delirio» que ve el Ejecutivo y la «resistencia» que proclama el sindicalismo, los trabajadores de prensa quedamos en el medio, mirando cómo Nancy se encadena y preguntándonos si, de aprobarse la reforma, las cadenas las vamos a tener que comprar nosotros para que no nos lleven puesto el sueldo. Al final, fue una jornada de pura mística rioplatense: drama, redes sociales, un poquito de historia y ese toque de absurdo que nos hace únicos en el mundo.