La Cámara de Diputados de la Nación otorgó este viernes media sanción al proyecto de Ley Penal Juvenil, una de las iniciativas más controvertidas de la agenda legislativa actual. Con un tablero que marcó 149 votos positivos frente a 100 negativos, y sin ninguna abstención registrada, el oficialismo logró imponer su postura para girar el texto al Senado, donde se buscará la sanción definitiva.
Baja de la edad de imputabilidad
El punto central de la reforma reside en fijar la imputabilidad penal a partir de los 14 años para aquellos adolescentes que cometan delitos tipificados como graves. Hasta el momento, el régimen vigente establecía este límite en los 16 años, lo que representaba uno de los principales argumentos del bloque oficialista para impulsar la «actualización» de la normativa ante el incremento de la participación juvenil en hechos delictivos complejos.
El proyecto no solo se limita a la edad, sino que introduce un nuevo esquema de sanciones y lo que se denomina medidas socioeducativas. Estas últimas buscan, según el texto aprobado, una integración del adolescente a través de programas específicos, aunque bajo la supervisión directa del sistema penal y con la posibilidad de cumplimiento efectivo de penas en centros especializados.
Debate y resistencias en el recinto
La discusión en el recinto se prolongó durante varias horas, reflejando resistencias cruzadas entre los distintos bloques. La oposición centró sus críticas en la falta de infraestructura adecuada para el tratamiento de menores y en el riesgo de criminalizar la pobreza, argumentando que bajar la edad de imputabilidad no resuelve las causas estructurales de la inseguridad.
Por su parte, los defensores del proyecto sostuvieron que el Estado debe dar una respuesta clara a las víctimas y que el sistema actual fomentaba la utilización de menores por parte de bandas criminales debido a su condición de no punibles. Con el triunfo en la Cámara Baja, el Gobierno espera que el Senado ratifique la ley en las próximas semanas, consolidando un cambio de paradigma en el sistema de responsabilidad penal para adolescentes en todo el país.
<p>La Cámara de Diputados aprobó con 149 votos a favor y 100 en contra el proyecto de Ley Penal Juvenil, que establece la imputabilidad penal a partir de los 14 años para delitos graves. La iniciativa, que ahora pasa al Senado, contempla un nuevo esquema de sanciones y medidas socioeducativas, habiéndose debatido en un clima de fuertes discrepancias sobre el enfoque del sistema de responsabilidad adolescente.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En una sesión donde el aire pesaba más que la conciencia de un político en campaña, la Cámara de Diputados decidió que los 14 años son la nueva edad de la mayoría de edad para el Código Penal. Con 149 votos que el oficialismo festejó como si hubieran ganado el Mundial y 100 en contra que se quedaron masticando bronca, el proyecto de Ley Penal Juvenil ya tiene media sanción y viaja directo al Senado. Parece que para la dirigencia nacional, si un adolescente tiene puntería para el Fortnite, también la tiene para entender el peso de la ley, siempre y cuando el delito sea lo suficientemente «grave» como para que el Estado decida que el jardín de infantes terminó hace rato.
El debate fue un desfile de retórica donde se cruzaron desde teorías sociológicas de cafetín hasta el clásico «mano dura» que tanto le gusta al algoritmo de las redes sociales. Mientras unos argumentaban que estamos bajando la vara de la civilización a la altura de un pupitre de secundaria, otros sostenían que un pibe de 14 ya sabe perfectamente que lo ajeno no se toca, especialmente si hay pólvora de por medio. La gran novedad es el «nuevo esquema de sanciones y medidas socioeducativas», un eufemismo que suena a curso de cerámica en la cárcel, pero que en la práctica busca que el sistema judicial deje de mirar para otro lado cuando el protagonista de la crónica policial todavía no tiene vello facial.
Lo cierto es que ahora la pelota está en el terreno del Senado, donde el oficialismo espera sellar este triunfo legislativo antes de que la realidad les arruine el brindis. Es un escenario de resistencias cruzadas que nos deja a todos con una duda existencial: ¿estamos solucionando el problema del delito o simplemente estamos agrandando la clientela del servicio penitenciario? En San Juan, donde todavía nos conocemos todos, la noticia cae como un balde de agua fría para quienes creen en la prevención, y como música para los oídos de quienes están hartos de que la impunidad tenga cara de niño. Al final del día, los diputados se fueron a dormir con la sensación del deber cumplido, mientras los pibes de 14 siguen ahí afuera, ahora con el Código Penal soplándoles la nuca.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La Cámara de Diputados de la Nación otorgó este viernes media sanción al proyecto de Ley Penal Juvenil, una de las iniciativas más controvertidas de la agenda legislativa actual. Con un tablero que marcó 149 votos positivos frente a 100 negativos, y sin ninguna abstención registrada, el oficialismo logró imponer su postura para girar el texto al Senado, donde se buscará la sanción definitiva.
Baja de la edad de imputabilidad
El punto central de la reforma reside en fijar la imputabilidad penal a partir de los 14 años para aquellos adolescentes que cometan delitos tipificados como graves. Hasta el momento, el régimen vigente establecía este límite en los 16 años, lo que representaba uno de los principales argumentos del bloque oficialista para impulsar la «actualización» de la normativa ante el incremento de la participación juvenil en hechos delictivos complejos.
El proyecto no solo se limita a la edad, sino que introduce un nuevo esquema de sanciones y lo que se denomina medidas socioeducativas. Estas últimas buscan, según el texto aprobado, una integración del adolescente a través de programas específicos, aunque bajo la supervisión directa del sistema penal y con la posibilidad de cumplimiento efectivo de penas en centros especializados.
Debate y resistencias en el recinto
La discusión en el recinto se prolongó durante varias horas, reflejando resistencias cruzadas entre los distintos bloques. La oposición centró sus críticas en la falta de infraestructura adecuada para el tratamiento de menores y en el riesgo de criminalizar la pobreza, argumentando que bajar la edad de imputabilidad no resuelve las causas estructurales de la inseguridad.
Por su parte, los defensores del proyecto sostuvieron que el Estado debe dar una respuesta clara a las víctimas y que el sistema actual fomentaba la utilización de menores por parte de bandas criminales debido a su condición de no punibles. Con el triunfo en la Cámara Baja, el Gobierno espera que el Senado ratifique la ley en las próximas semanas, consolidando un cambio de paradigma en el sistema de responsabilidad penal para adolescentes en todo el país.
En una sesión donde el aire pesaba más que la conciencia de un político en campaña, la Cámara de Diputados decidió que los 14 años son la nueva edad de la mayoría de edad para el Código Penal. Con 149 votos que el oficialismo festejó como si hubieran ganado el Mundial y 100 en contra que se quedaron masticando bronca, el proyecto de Ley Penal Juvenil ya tiene media sanción y viaja directo al Senado. Parece que para la dirigencia nacional, si un adolescente tiene puntería para el Fortnite, también la tiene para entender el peso de la ley, siempre y cuando el delito sea lo suficientemente «grave» como para que el Estado decida que el jardín de infantes terminó hace rato.
El debate fue un desfile de retórica donde se cruzaron desde teorías sociológicas de cafetín hasta el clásico «mano dura» que tanto le gusta al algoritmo de las redes sociales. Mientras unos argumentaban que estamos bajando la vara de la civilización a la altura de un pupitre de secundaria, otros sostenían que un pibe de 14 ya sabe perfectamente que lo ajeno no se toca, especialmente si hay pólvora de por medio. La gran novedad es el «nuevo esquema de sanciones y medidas socioeducativas», un eufemismo que suena a curso de cerámica en la cárcel, pero que en la práctica busca que el sistema judicial deje de mirar para otro lado cuando el protagonista de la crónica policial todavía no tiene vello facial.
Lo cierto es que ahora la pelota está en el terreno del Senado, donde el oficialismo espera sellar este triunfo legislativo antes de que la realidad les arruine el brindis. Es un escenario de resistencias cruzadas que nos deja a todos con una duda existencial: ¿estamos solucionando el problema del delito o simplemente estamos agrandando la clientela del servicio penitenciario? En San Juan, donde todavía nos conocemos todos, la noticia cae como un balde de agua fría para quienes creen en la prevención, y como música para los oídos de quienes están hartos de que la impunidad tenga cara de niño. Al final del día, los diputados se fueron a dormir con la sensación del deber cumplido, mientras los pibes de 14 siguen ahí afuera, ahora con el Código Penal soplándoles la nuca.