El gobierno de Javier Milei se encamina a enfrentar un nuevo desafío sindical tras la decisión de la Confederación General del Trabajo (CGT) de convocar a su cuarto paro general. La medida, resuelta de urgencia en una reunión virtual del Consejo Directivo, se llevará a cabo durante 24 horas este jueves, fecha en la que se prevé que la Cámara de Diputados inicie el tratamiento de la reforma laboral impulsada por el oficialismo.
Con esta protesta, el Jefe de Estado alcanzará la cifra de cuatro huelgas generales a los 802 días de gestión (2 años, 2 meses y 9 días). Sin embargo, el dato más relevante en términos históricos es que Milei mantiene el récord del paro general más temprano registrado desde el retorno de la democracia en 1983: la primera huelga en su contra ocurrió el 24 de enero de 2024, apenas 45 días después de haber iniciado su mandato, en rechazo al DNU 70.
Escalada de conflictividad y estrategia legislativa
La cúpula de la central obrera decidió endurecer su postura ante la celeridad que el bloque de La Libertad Avanza pretende imprimirle al debate legislativo. La intención del Ejecutivo es que el proyecto de reforma laboral sea convertido en ley de manera inmediata, lo que fue interpretado por la CGT como un quiebre definitivo en las instancias de diálogo. «Se decidió paralizar las actividades en todo el país» para manifestar el rechazo absoluto a los cambios propuestos en la legislación vigente.
El historial de paros en la era libertaria
Desde que asumió el 10 de diciembre de 2023, la relación entre el Gobierno y la CGT ha transitado un camino de confrontación constante. El cronograma de paros generales refleja la intensidad de esta disputa:
- Primer paro: 24 de enero de 2024 (récord histórico a 45 días de asunción).
- Segundo y tercer paro: Realizados durante el primer y segundo año de gestión en momentos clave de la discusión de la Ley Bases.
- Cuarto paro: Convocado para este 17 de febrero de 2026 frente al tratamiento de la reforma laboral.
La jornada del jueves marcará un termómetro social determinante para el futuro de las reformas estructurales que busca implementar la administración central. Mientras la Cámara Baja se prepara para una sesión maratónica, el país quedará bajo los efectos de una medida de fuerza que confirma el inicio de una etapa de máxima tensión entre el sindicalismo tradicional y el modelo libertario.
<p>La Confederación General del Trabajo (CGT) convocó a su cuarto paro general contra la gestión de Javier Milei, previsto para este jueves en coincidencia con el tratamiento de la reforma laboral en la Cámara de Diputados. La medida de fuerza, que paralizará el país por 24 horas, consolida el récord del mandatario como el presidente que enfrentó la huelga más temprana desde el retorno de la democracia.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La Confederación General del Trabajo ha decidido que ya era hora de desempolvar los bombos y actualizar el cronómetro de la indignación. En un encuentro virtual —porque para decretar la parálisis nacional no hace falta moverse del sillón—, la mesa chica de la calle Azopardo apretó el botón rojo del cuarto paro general. La excusa técnica es el tratamiento de la reforma laboral en Diputados, pero el trasfondo es esa necesidad casi biológica de recordarle al Gobierno que, si no hay café con medialunas en la mesa de negociación, no sale ni un solo colectivo a la calle. Es un despliegue de coordinación digital tan asombroso que uno se pregunta si no podrían usar ese mismo Zoom para resolver el problema de la productividad nacional en lugar de planificar cómo frenarla en seco por 24 horas.
Javier Milei, por su parte, sigue coleccionando récords que nadie pidió pero que él ostenta con la parsimonia de quien se sabe protagonista de un experimento sociológico extremo. A poco más de dos años de haber asumido, ya lleva cuatro paros en la mochila. Es un ritmo de huelgas que ni siquiera la Selección Argentina en sus mejores épocas lograba en términos de regularidad. Lo de los 45 días iniciales ya fue el «speedrun» de la protesta social: el tipo ni había terminado de acomodar los caniles en Olivos y ya tenía a medio país con los brazos cruzados. A este paso, para cuando termine el mandato, la CGT va a tener que inventar el «paro preventivo» para protestar por las leyes que todavía no se le ocurrieron al Ejecutivo.
La relación entre la Rosada y los muchachos de la central obrera está más tensa que una cuerda de violín en un concierto de heavy metal. La idea del oficialismo de sacar la ley «cuanto antes» chocó de frente con el manual de resistencia sindical, que tiene más capítulos que la saga de Star Wars y finales igual de previsibles. Prepárense para un jueves de silencio en las paradas de bondi y ruido en las redes sociales, mientras el país asiste a una nueva función de este clásico del teatro nacional donde el final nunca cambia: todos pierden el presentismo, pero el récord de conflictividad queda grabado en el mármol de las estadísticas democráticas.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El gobierno de Javier Milei se encamina a enfrentar un nuevo desafío sindical tras la decisión de la Confederación General del Trabajo (CGT) de convocar a su cuarto paro general. La medida, resuelta de urgencia en una reunión virtual del Consejo Directivo, se llevará a cabo durante 24 horas este jueves, fecha en la que se prevé que la Cámara de Diputados inicie el tratamiento de la reforma laboral impulsada por el oficialismo.
Con esta protesta, el Jefe de Estado alcanzará la cifra de cuatro huelgas generales a los 802 días de gestión (2 años, 2 meses y 9 días). Sin embargo, el dato más relevante en términos históricos es que Milei mantiene el récord del paro general más temprano registrado desde el retorno de la democracia en 1983: la primera huelga en su contra ocurrió el 24 de enero de 2024, apenas 45 días después de haber iniciado su mandato, en rechazo al DNU 70.
Escalada de conflictividad y estrategia legislativa
La cúpula de la central obrera decidió endurecer su postura ante la celeridad que el bloque de La Libertad Avanza pretende imprimirle al debate legislativo. La intención del Ejecutivo es que el proyecto de reforma laboral sea convertido en ley de manera inmediata, lo que fue interpretado por la CGT como un quiebre definitivo en las instancias de diálogo. «Se decidió paralizar las actividades en todo el país» para manifestar el rechazo absoluto a los cambios propuestos en la legislación vigente.
El historial de paros en la era libertaria
Desde que asumió el 10 de diciembre de 2023, la relación entre el Gobierno y la CGT ha transitado un camino de confrontación constante. El cronograma de paros generales refleja la intensidad de esta disputa:
- Primer paro: 24 de enero de 2024 (récord histórico a 45 días de asunción).
- Segundo y tercer paro: Realizados durante el primer y segundo año de gestión en momentos clave de la discusión de la Ley Bases.
- Cuarto paro: Convocado para este 17 de febrero de 2026 frente al tratamiento de la reforma laboral.
La jornada del jueves marcará un termómetro social determinante para el futuro de las reformas estructurales que busca implementar la administración central. Mientras la Cámara Baja se prepara para una sesión maratónica, el país quedará bajo los efectos de una medida de fuerza que confirma el inicio de una etapa de máxima tensión entre el sindicalismo tradicional y el modelo libertario.
La Confederación General del Trabajo ha decidido que ya era hora de desempolvar los bombos y actualizar el cronómetro de la indignación. En un encuentro virtual —porque para decretar la parálisis nacional no hace falta moverse del sillón—, la mesa chica de la calle Azopardo apretó el botón rojo del cuarto paro general. La excusa técnica es el tratamiento de la reforma laboral en Diputados, pero el trasfondo es esa necesidad casi biológica de recordarle al Gobierno que, si no hay café con medialunas en la mesa de negociación, no sale ni un solo colectivo a la calle. Es un despliegue de coordinación digital tan asombroso que uno se pregunta si no podrían usar ese mismo Zoom para resolver el problema de la productividad nacional en lugar de planificar cómo frenarla en seco por 24 horas.
Javier Milei, por su parte, sigue coleccionando récords que nadie pidió pero que él ostenta con la parsimonia de quien se sabe protagonista de un experimento sociológico extremo. A poco más de dos años de haber asumido, ya lleva cuatro paros en la mochila. Es un ritmo de huelgas que ni siquiera la Selección Argentina en sus mejores épocas lograba en términos de regularidad. Lo de los 45 días iniciales ya fue el «speedrun» de la protesta social: el tipo ni había terminado de acomodar los caniles en Olivos y ya tenía a medio país con los brazos cruzados. A este paso, para cuando termine el mandato, la CGT va a tener que inventar el «paro preventivo» para protestar por las leyes que todavía no se le ocurrieron al Ejecutivo.
La relación entre la Rosada y los muchachos de la central obrera está más tensa que una cuerda de violín en un concierto de heavy metal. La idea del oficialismo de sacar la ley «cuanto antes» chocó de frente con el manual de resistencia sindical, que tiene más capítulos que la saga de Star Wars y finales igual de previsibles. Prepárense para un jueves de silencio en las paradas de bondi y ruido en las redes sociales, mientras el país asiste a una nueva función de este clásico del teatro nacional donde el final nunca cambia: todos pierden el presentismo, pero el récord de conflictividad queda grabado en el mármol de las estadísticas democráticas.