El empresario Alberto Samid atraviesa un momento crítico de salud mientras permanece internado en el Hospital Cantegril de Punta del Este, Uruguay. La noticia fue confirmada por su esposa, Marisa Scarafía, quien utilizó las plataformas digitales del dirigente para comunicar la gravedad del cuadro y solicitar asistencia oficial para concretar un traslado urgente a la República Argentina.
De acuerdo con el parte difundido por su entorno íntimo, el cuadro clínico de Samid se originó a partir de una infección urinaria que, con el transcurrir de las horas, derivó en una complicación sistémica. Los profesionales médicos del centro uruguayo detectaron la presencia de un virus en sangre de origen no determinado, lo cual provocó un descenso crítico en los niveles de plaquetas y glóbulos blancos, comprometiendo seriamente su estabilidad hematológica.
Pedido de auxilio a la dirigencia política
Ante la necesidad de recibir atención de mayor complejidad en Buenos Aires, Scarafía realizó un llamado desesperado dirigido a la cúpula del gobierno bonaerense y a los referentes del movimiento justicialista. «Necesitamos que sea trasladado a Buenos Aires y la única manera es mediante un avión sanitario«, manifestó la mujer en el comunicado oficial.
El pedido tuvo destinatarios con nombre propio:
- Axel Kicillof: El mensaje fue remitido directamente al despacho del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires para que arbitre los medios necesarios.
- Intendentes bonaerenses: La familia apeló a la «solidaridad de los compañeros» y jefes comunales peronistas para agilizar el operativo logístico.
«Le pido encarecidamente a Axel Kicillof, a los intendentes peronistas y a todos los compañeros, que nos ayuden con este tema. Es urgente«, subrayó Scarafía, dejando además números de contacto para facilitar las gestiones pertinentes.
Repercusión y estado de alerta
La figura de Alberto Samid, históricamente vinculada al sector cárnico y de constante presencia en el debate público, ha generado una inmediata ola de reacciones en redes sociales. Mientras se aguardan definiciones sobre la factibilidad técnica del vuelo sanitario —el cual depende estrictamente de la estabilidad del paciente para soportar el traslado—, allegados y seguidores han iniciado cadenas de oración solicitando por su recuperación.
Hasta el momento, no ha habido un pronunciamiento oficial por parte de las autoridades del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires ni de la Gobernación respecto a la disponibilidad de recursos para el operativo solicitado por la familia del empresario.
<p>El empresario de la carne Alberto Samid permanece internado en el Hospital Cantegril de Punta del Este, Uruguay, tras sufrir una descompensación severa. Su familia informó que un cuadro de infección urinaria se complicó con la detección de un virus en sangre, afectando críticamente sus valores hematológicos. Su esposa, Marisa Scarafía, solicitó públicamente al gobernador Axel Kicillof y a referentes peronistas un avión sanitario para su traslado a Buenos Aires.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Parece que el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido, porque Alberto Samid, el hombre que hizo del «asado para todos» una religión y de la pelea con Mauro Viale un patrimonio cultural de la nación, terminó internado en Punta del Este. Sí, el mismo que se cansa de fustigar a la oligarquía y al «imperialismo» terminó pasando sus horas más difíciles en el epicentro mundial del glamour rioplatense, donde el cubierto cuesta lo mismo que media hectárea en La Matanza. Según su esposa, una infección urinaria decidió invitar a un virus misterioso a la fiesta de sus glóbulos blancos, dejando al «Rey de la Carne» con menos defensas que la selección de un país sin salida al mar. Ahora, la épica nacional y popular se traslada al Hospital Cantegril, donde los médicos charrúas intentan descifrar qué bicho picó al matarife más famoso del condado.
Pero lo mejor —o lo más bizarro, según cómo se mire el asado— es el operativo de rescate que está pidiendo la familia. Marisa Scarafía salió a las redes sociales a pedirle a Axel Kicillof y a toda la plana mayor del peronismo un avión sanitario, como si fuera un pedido de delivery de achuras. Es fascinante ver cómo el discurso de «soberanía» se choca de frente con la realidad cuando los valores hematológicos no cierran, y de repente, el traslado desde el «país hermano» se vuelve una cuestión de Estado que requiere la intervención directa del Gobernador. Uno se imagina la escena: Kicillof revisando el presupuesto de la provincia entre un bache y una escuela, mientras le llega un mensaje de WhatsApp pidiendo un avión para traer al hombre que nos enseñó que «usted no puede decir semejante barbaridad».
Mientras tanto, en el Twitter peronista se arman cadenas de oración que tienen más mística que efectividad clínica, y los intendentes del conurbano miran para otro lado esperando que alguien más atienda el teléfono. Samid, fiel a su estilo de alto perfil, no podía tener una gripe común; tenía que ser un «virus de origen incierto» que lo deje en jaque justo del otro lado del charco. Solo resta esperar si el avión sanitario llega antes de que Samid intente venderle una media res a los enfermeros uruguayos o si, finalmente, la solidaridad «compañera» se manifiesta con la misma velocidad con la que él despachaba asado de oferta en sus mejores épocas. Por ahora, el Rey está en el exilio médico, esperando que la política le tienda un puente aéreo hacia el suelo que tanto defiende, pero del que se fue a veranear.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El empresario Alberto Samid atraviesa un momento crítico de salud mientras permanece internado en el Hospital Cantegril de Punta del Este, Uruguay. La noticia fue confirmada por su esposa, Marisa Scarafía, quien utilizó las plataformas digitales del dirigente para comunicar la gravedad del cuadro y solicitar asistencia oficial para concretar un traslado urgente a la República Argentina.
De acuerdo con el parte difundido por su entorno íntimo, el cuadro clínico de Samid se originó a partir de una infección urinaria que, con el transcurrir de las horas, derivó en una complicación sistémica. Los profesionales médicos del centro uruguayo detectaron la presencia de un virus en sangre de origen no determinado, lo cual provocó un descenso crítico en los niveles de plaquetas y glóbulos blancos, comprometiendo seriamente su estabilidad hematológica.
Pedido de auxilio a la dirigencia política
Ante la necesidad de recibir atención de mayor complejidad en Buenos Aires, Scarafía realizó un llamado desesperado dirigido a la cúpula del gobierno bonaerense y a los referentes del movimiento justicialista. «Necesitamos que sea trasladado a Buenos Aires y la única manera es mediante un avión sanitario«, manifestó la mujer en el comunicado oficial.
El pedido tuvo destinatarios con nombre propio:
- Axel Kicillof: El mensaje fue remitido directamente al despacho del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires para que arbitre los medios necesarios.
- Intendentes bonaerenses: La familia apeló a la «solidaridad de los compañeros» y jefes comunales peronistas para agilizar el operativo logístico.
«Le pido encarecidamente a Axel Kicillof, a los intendentes peronistas y a todos los compañeros, que nos ayuden con este tema. Es urgente«, subrayó Scarafía, dejando además números de contacto para facilitar las gestiones pertinentes.
Repercusión y estado de alerta
La figura de Alberto Samid, históricamente vinculada al sector cárnico y de constante presencia en el debate público, ha generado una inmediata ola de reacciones en redes sociales. Mientras se aguardan definiciones sobre la factibilidad técnica del vuelo sanitario —el cual depende estrictamente de la estabilidad del paciente para soportar el traslado—, allegados y seguidores han iniciado cadenas de oración solicitando por su recuperación.
Hasta el momento, no ha habido un pronunciamiento oficial por parte de las autoridades del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires ni de la Gobernación respecto a la disponibilidad de recursos para el operativo solicitado por la familia del empresario.
Parece que el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido, porque Alberto Samid, el hombre que hizo del «asado para todos» una religión y de la pelea con Mauro Viale un patrimonio cultural de la nación, terminó internado en Punta del Este. Sí, el mismo que se cansa de fustigar a la oligarquía y al «imperialismo» terminó pasando sus horas más difíciles en el epicentro mundial del glamour rioplatense, donde el cubierto cuesta lo mismo que media hectárea en La Matanza. Según su esposa, una infección urinaria decidió invitar a un virus misterioso a la fiesta de sus glóbulos blancos, dejando al «Rey de la Carne» con menos defensas que la selección de un país sin salida al mar. Ahora, la épica nacional y popular se traslada al Hospital Cantegril, donde los médicos charrúas intentan descifrar qué bicho picó al matarife más famoso del condado.
Pero lo mejor —o lo más bizarro, según cómo se mire el asado— es el operativo de rescate que está pidiendo la familia. Marisa Scarafía salió a las redes sociales a pedirle a Axel Kicillof y a toda la plana mayor del peronismo un avión sanitario, como si fuera un pedido de delivery de achuras. Es fascinante ver cómo el discurso de «soberanía» se choca de frente con la realidad cuando los valores hematológicos no cierran, y de repente, el traslado desde el «país hermano» se vuelve una cuestión de Estado que requiere la intervención directa del Gobernador. Uno se imagina la escena: Kicillof revisando el presupuesto de la provincia entre un bache y una escuela, mientras le llega un mensaje de WhatsApp pidiendo un avión para traer al hombre que nos enseñó que «usted no puede decir semejante barbaridad».
Mientras tanto, en el Twitter peronista se arman cadenas de oración que tienen más mística que efectividad clínica, y los intendentes del conurbano miran para otro lado esperando que alguien más atienda el teléfono. Samid, fiel a su estilo de alto perfil, no podía tener una gripe común; tenía que ser un «virus de origen incierto» que lo deje en jaque justo del otro lado del charco. Solo resta esperar si el avión sanitario llega antes de que Samid intente venderle una media res a los enfermeros uruguayos o si, finalmente, la solidaridad «compañera» se manifiesta con la misma velocidad con la que él despachaba asado de oferta en sus mejores épocas. Por ahora, el Rey está en el exilio médico, esperando que la política le tienda un puente aéreo hacia el suelo que tanto defiende, pero del que se fue a veranear.