En una escalada de tensión previa a la jornada de protesta nacional, el Gobierno Nacional ratificó que procederá a realizar el descuento del día de trabajo a todos los empleados de la administración pública que se plieguen al paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) para este jueves. La decisión administrativa busca desalentar la adhesión a la medida de fuerza que rechaza el proyecto de reforma laboral impulsado por el oficialismo.
Desde el entorno de la Casa Rosada fueron tajantes al respecto: “Pueden hacer lo que quieran, pero están avisados de que les vamos a descontar el día”, señalaron fuentes oficiales. La advertencia cobra especial relevancia debido a que la jornada de huelga coincide con una instancia crítica en el Congreso, donde La Libertad Avanza tiene como objetivo emitir dictamen este miércoles para llevar la reforma al recinto de la Cámara de Diputados durante la misma jornada del jueves.
Logística y transporte: El factor crítico
Uno de los puntos de mayor fricción radica en la paralización total del transporte público. Gremios que nuclean a colectivos (UTA), trenes (La Fraternidad), subtes y taxis han confirmado que no prestarán servicio. Ante la consulta sobre la imposibilidad material de muchos trabajadores para trasladarse, desde el Ejecutivo remarcaron que el personal estatal deberá presentarse “como sea” para evitar la quita salarial.
Por el lado de los ferroviarios, Omar Maturano, titular de La Fraternidad, confirmó que el cese de tareas será por 24 horas. El impacto operativo se prevé masivo, dado que la logística urbana quedará virtualmente desarticulada desde las primeras horas del jueves.
Divisiones en el frente gremial
La respuesta sindical ante la presión oficial no es unánime en sus formas, aunque sí en el fondo del reclamo:
- UPCN: El gremio liderado por Andrés Rodríguez confirmó la adhesión al paro pero aclaró que no participará de la movilización al Congreso.
- ATE: Bajo la conducción de Rodolfo Aguiar, el gremio de trabajadores estatales no solo parará, sino que marchará hacia el Palacio Legislativo para manifestar su rechazo directo al tratamiento de la ley.
El conflicto se agudizó tras la polémica por un artículo que pretendía modificar el régimen de licencias médicas. Si bien el oficialismo anunció cambios en ese apartado, los sindicatos sostienen que el núcleo de la reforma sigue siendo perjudicial, señalando puntos como la ultraactividad de los convenios, la prevalencia de acuerdos por empresa y las nuevas limitaciones para realizar asambleas en los lugares de trabajo.
Con este escenario de posturas irreconciliables, la jornada del jueves se perfila como un termómetro político determinante para el avance de las reformas estructurales que busca el Ejecutivo en el parlamento.
<p>El Gobierno Nacional confirmó que descontará la jornada laboral a los empleados estatales que se adhieran al paro general de la CGT este jueves. La medida coincide con el tratamiento de la reforma laboral en la Cámara de Diputados. Pese a la falta de transporte público por la adhesión de la UTA y gremios ferroviarios, el Ejecutivo ratificó que la asistencia es obligatoria.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La Casa Rosada ha decidido aplicar la milenaria técnica del «el que no viene, no cobra», un clásico de la gestión pública que busca convertir el derecho a huelga en un deporte de alto riesgo para el bolsillo. Con la reforma laboral cocinándose en el Congreso, el oficialismo lanzó una advertencia que suena a música celestial para los contadores del Estado: «Pueden hacer lo que quieran, pero están avisados». Es una forma elegante de decir que la libertad de expresión es total, siempre y cuando estés dispuesto a financiarla con tu propio recibo de sueldo. Lo fascinante es la logística que proponen: sin colectivos, trenes ni subtes, el Gobierno sugiere que los empleados lleguen a sus puestos «como sea», quizás teletransportándose o inaugurando las olimpiadas estatales de salto con garrocha sobre la General Paz.
Mientras tanto, en el zoológico sindical las especies reaccionan de formas variadas. Tenemos a UPCN, que hace paro pero no camina, practicando una suerte de resistencia sedentaria; y a ATE, que no solo para sino que marcha, porque para Rodolfo Aguiar una protesta sin asfalto es como un asado sin brasa. El detonante fue un artículo sobre licencias médicas que el Gobierno manoseó tanto que ya nadie sabe si te podés enfermar un martes o si necesitás un escribano para estornudar. Entre la ultraactividad de los convenios y las restricciones a las asambleas, los gremialistas están más nerviosos que peluquero de Milei. Omar Maturano ya avisó que los trenes se quedan en el galpón, dejando el escenario listo para un jueves de calles vacías y oficinas desiertas donde lo único que va a trabajar a destajo es la guillotina de los descuentos administrativos.
La ironía final es que este enfrentamiento ocurre justo cuando el Congreso intenta legislar sobre el futuro del trabajo, en un país donde el presente del trabajo consiste básicamente en ver cómo hacés para que no te echen o para llegar a la oficina cuando el país decide apretar el botón de «pausa». El jueves promete ser un despliegue de fuerza donde el Gobierno contará presentismos y los sindicatos contarán ausencias, mientras el ciudadano común cuenta los kilómetros que le faltan para llegar a su casa caminando. Si usted sobrevive a esta semana sin un ataque de nervios, por favor pase por ventanilla a retirar su medalla de «Resiliencia Argentina», pero apúrese, que si se adhiere al festejo, también le descuentan el día.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una escalada de tensión previa a la jornada de protesta nacional, el Gobierno Nacional ratificó que procederá a realizar el descuento del día de trabajo a todos los empleados de la administración pública que se plieguen al paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) para este jueves. La decisión administrativa busca desalentar la adhesión a la medida de fuerza que rechaza el proyecto de reforma laboral impulsado por el oficialismo.
Desde el entorno de la Casa Rosada fueron tajantes al respecto: “Pueden hacer lo que quieran, pero están avisados de que les vamos a descontar el día”, señalaron fuentes oficiales. La advertencia cobra especial relevancia debido a que la jornada de huelga coincide con una instancia crítica en el Congreso, donde La Libertad Avanza tiene como objetivo emitir dictamen este miércoles para llevar la reforma al recinto de la Cámara de Diputados durante la misma jornada del jueves.
Logística y transporte: El factor crítico
Uno de los puntos de mayor fricción radica en la paralización total del transporte público. Gremios que nuclean a colectivos (UTA), trenes (La Fraternidad), subtes y taxis han confirmado que no prestarán servicio. Ante la consulta sobre la imposibilidad material de muchos trabajadores para trasladarse, desde el Ejecutivo remarcaron que el personal estatal deberá presentarse “como sea” para evitar la quita salarial.
Por el lado de los ferroviarios, Omar Maturano, titular de La Fraternidad, confirmó que el cese de tareas será por 24 horas. El impacto operativo se prevé masivo, dado que la logística urbana quedará virtualmente desarticulada desde las primeras horas del jueves.
Divisiones en el frente gremial
La respuesta sindical ante la presión oficial no es unánime en sus formas, aunque sí en el fondo del reclamo:
- UPCN: El gremio liderado por Andrés Rodríguez confirmó la adhesión al paro pero aclaró que no participará de la movilización al Congreso.
- ATE: Bajo la conducción de Rodolfo Aguiar, el gremio de trabajadores estatales no solo parará, sino que marchará hacia el Palacio Legislativo para manifestar su rechazo directo al tratamiento de la ley.
El conflicto se agudizó tras la polémica por un artículo que pretendía modificar el régimen de licencias médicas. Si bien el oficialismo anunció cambios en ese apartado, los sindicatos sostienen que el núcleo de la reforma sigue siendo perjudicial, señalando puntos como la ultraactividad de los convenios, la prevalencia de acuerdos por empresa y las nuevas limitaciones para realizar asambleas en los lugares de trabajo.
Con este escenario de posturas irreconciliables, la jornada del jueves se perfila como un termómetro político determinante para el avance de las reformas estructurales que busca el Ejecutivo en el parlamento.
La Casa Rosada ha decidido aplicar la milenaria técnica del «el que no viene, no cobra», un clásico de la gestión pública que busca convertir el derecho a huelga en un deporte de alto riesgo para el bolsillo. Con la reforma laboral cocinándose en el Congreso, el oficialismo lanzó una advertencia que suena a música celestial para los contadores del Estado: «Pueden hacer lo que quieran, pero están avisados». Es una forma elegante de decir que la libertad de expresión es total, siempre y cuando estés dispuesto a financiarla con tu propio recibo de sueldo. Lo fascinante es la logística que proponen: sin colectivos, trenes ni subtes, el Gobierno sugiere que los empleados lleguen a sus puestos «como sea», quizás teletransportándose o inaugurando las olimpiadas estatales de salto con garrocha sobre la General Paz.
Mientras tanto, en el zoológico sindical las especies reaccionan de formas variadas. Tenemos a UPCN, que hace paro pero no camina, practicando una suerte de resistencia sedentaria; y a ATE, que no solo para sino que marcha, porque para Rodolfo Aguiar una protesta sin asfalto es como un asado sin brasa. El detonante fue un artículo sobre licencias médicas que el Gobierno manoseó tanto que ya nadie sabe si te podés enfermar un martes o si necesitás un escribano para estornudar. Entre la ultraactividad de los convenios y las restricciones a las asambleas, los gremialistas están más nerviosos que peluquero de Milei. Omar Maturano ya avisó que los trenes se quedan en el galpón, dejando el escenario listo para un jueves de calles vacías y oficinas desiertas donde lo único que va a trabajar a destajo es la guillotina de los descuentos administrativos.
La ironía final es que este enfrentamiento ocurre justo cuando el Congreso intenta legislar sobre el futuro del trabajo, en un país donde el presente del trabajo consiste básicamente en ver cómo hacés para que no te echen o para llegar a la oficina cuando el país decide apretar el botón de «pausa». El jueves promete ser un despliegue de fuerza donde el Gobierno contará presentismos y los sindicatos contarán ausencias, mientras el ciudadano común cuenta los kilómetros que le faltan para llegar a su casa caminando. Si usted sobrevive a esta semana sin un ataque de nervios, por favor pase por ventanilla a retirar su medalla de «Resiliencia Argentina», pero apúrese, que si se adhiere al festejo, también le descuentan el día.