El sector de la UCR bonaerense que conduce el senador nacional Maximiliano Abad congregó a una nutrida comitiva de dirigentes en la ciudad de Mar del Plata para enviar un mensaje político contundente hacia el interior del partido centenario. En medio de una feroz interna con el sector comandado por su exsocio, Miguel Fernández, el espacio de Abad propuso la conformación de «un frente político amplio» que funcione como contrapunto al peronismo bonaerense liderado por Axel Kicillof.
Internas anticipadas y el pedido de un «partido valiente»
Durante el acto celebrado en el club Talleres, el senador nacional —quien cerró la lista de oradores— fue enfático al señalar la necesidad de renovar los liderazgos. “Para construir una alternativa en la Provincia de Buenos Aires necesitamos un partido valiente, capaz y lúcido”, lanzó Abad ante la militancia. Parte del sector presente manifestó además la intención de adelantar las elecciones internas del partido para definir rumbos de cara al 2027.
En la primera fila se ubicaron siete de los 27 intendentes que posee el radicalismo en la provincia, mayoritariamente de la Quinta sección electoral: Emilio Cordonnier (Ayacucho), Esteban Reino (Balcarce), Osvaldo Dinapoli (General Belgrano), Nahuel Guardia (General Lavalle), Pablo Barrena (Lobería), Myriam Mongay (Lezama) y Érica Revilla (General Arenales). La presencia de estos jefes comunales refuerza el anclaje territorial del «Abadismo» frente a la conducción oficial del partido.
Presencias y ausencias clave
El encuentro sirvió también como escenario de reencuentros políticos. Se sumaron la diputada nacional Karina Banfi, el legislador provincial Diego Garciarena y la senadora Nerina Neumann. Destacaron las figuras del ex vicegobernador Daniel Salvador y de Gustavo Posse, exintendente de San Isidro y antiguo rival de Abad, lo que marca un cierre de filas interno. No obstante, se notó la ausencia total del sector de Evolución, referenciado en Martín Lousteau, quienes han sido aliados recientes en la estructura provincial.
Hoja de ruta y críticas a la gestión provincial
Los dirigentes establecieron una agenda de trabajo enfocada en tres ejes críticos: la inseguridad, la crisis de IOMA y el empleo. El objetivo es posicionarse como el rival primario del gobernador Axel Kicillof. Abad exhortó a los presentes a «soñar un radicalismo potente, respetado y competitivo», ratificando la voluntad de su espacio de ser protagonista en las definiciones nacionales.
Por su parte, Daniel Salvador apeló a la trayectoria del partido para recuperar el protagonismo: «Con 140 años de vida, el radicalismo puede volver a ser opción», sostuvo, pidiendo defender los principios republicanos con una mirada renovada. En sintonía, Gustavo Posse subrayó que en Mar del Plata se dio «el puntapié inicial para volver a protagonizar el cambio», destacando la estructura y vocación transformadora del radicalismo frente a lo que calificó como «enormes falencias del Estado provincial».
Este movimiento ocurre en un contexto de tensiones legislativas, donde el espacio de Abad ha respaldado proyectos clave como la reforma laboral en el Congreso, marcando un perfil pro-reforma que busca atraer a los sectores jóvenes y modernos del electorado bonaerense.
<p>El sector de la UCR bonaerense liderado por el senador Maximiliano Abad se reunió en Mar del Plata para proponer la creación de un frente político amplio que compita con el peronismo en 2027. Ante intendentes y legisladores, el espacio marcó distancia de la conducción de Miguel Fernández y Axel Kicillof, centrando su agenda en la inseguridad, la crisis de IOMA y la renovación partidaria.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En el radicalismo bonaerense las internas son como las temporadas de las series de streaming: cuando pensás que la trama ya no puede tener más giros, aparece una nueva facción en un club de barrio dispuesta a resetear el guion. Esta vez, el senador Maximiliano Abad decidió que el Club Talleres de Mar del Plata era el lugar ideal para juntar a la tropa y avisar que, si por él fuera, la interna partidaria debería haber sido ayer. En una demostración de fuerza que incluyó a siete intendentes y a figuras que en otro momento se miraban con el afecto de un gato y un perro en una veterinaria —como Gustavo Posse—, el «Abadismo» lanzó su plan para 2027, mientras sus exsocios de Evolución brillaban por su ausencia, probablemente perdidos en algún pliegue del espacio-tiempo parlamentario.
El discurso de Abad tuvo ese tono de «coach ontológico para partidos centenarios» que tanto gusta en el radicalismo. Pidió un partido «lucido y valiente», lo cual es un desafío logístico importante para una estructura que lleva 140 años discutiendo incisos en los reglamentos internos mientras el resto del mundo inventaba internet y la inteligencia artificial. La propuesta de armar un «frente amplio» para enfrentar a Kicillof suena muy bien en los papeles, pero en la práctica radical suele significar tres meses de debates sobre quién se sienta en la cabecera de la mesa y quién trae las medialunas. Abad quiere ser «protagonista de las grandes definiciones», una frase que suena a declaración de principios, pero que en el fondo es un aviso parroquial para Miguel Fernández: «Che, acá también tenemos llaves del comité».
Lo más tierno de la jornada fue la invocación a la historia. Daniel Salvador recordó que tienen 140 años de vida, una cifra que impone respeto pero que también explica por qué a veces al partido le cuesta subir las escaleras de la modernidad sin que le crujan las articulaciones republicanas. Entre críticas a IOMA y diagnósticos sobre la inseguridad, los dirigentes se invitaron a «soñar un radicalismo potente», mientras afuera el peronismo bonaerense sigue gestionando el territorio y los libertarios siguen tuiteando con la furia de un adolescente castigado. Al final, el acto fue una mezcla de terapia de grupo y lanzamiento de campaña, donde la única certeza es que, si hay dos radicales en una habitación, habrá tres opiniones distintas y, posiblemente, un pedido de impugnación de la última asamblea.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El sector de la UCR bonaerense que conduce el senador nacional Maximiliano Abad congregó a una nutrida comitiva de dirigentes en la ciudad de Mar del Plata para enviar un mensaje político contundente hacia el interior del partido centenario. En medio de una feroz interna con el sector comandado por su exsocio, Miguel Fernández, el espacio de Abad propuso la conformación de «un frente político amplio» que funcione como contrapunto al peronismo bonaerense liderado por Axel Kicillof.
Internas anticipadas y el pedido de un «partido valiente»
Durante el acto celebrado en el club Talleres, el senador nacional —quien cerró la lista de oradores— fue enfático al señalar la necesidad de renovar los liderazgos. “Para construir una alternativa en la Provincia de Buenos Aires necesitamos un partido valiente, capaz y lúcido”, lanzó Abad ante la militancia. Parte del sector presente manifestó además la intención de adelantar las elecciones internas del partido para definir rumbos de cara al 2027.
En la primera fila se ubicaron siete de los 27 intendentes que posee el radicalismo en la provincia, mayoritariamente de la Quinta sección electoral: Emilio Cordonnier (Ayacucho), Esteban Reino (Balcarce), Osvaldo Dinapoli (General Belgrano), Nahuel Guardia (General Lavalle), Pablo Barrena (Lobería), Myriam Mongay (Lezama) y Érica Revilla (General Arenales). La presencia de estos jefes comunales refuerza el anclaje territorial del «Abadismo» frente a la conducción oficial del partido.
Presencias y ausencias clave
El encuentro sirvió también como escenario de reencuentros políticos. Se sumaron la diputada nacional Karina Banfi, el legislador provincial Diego Garciarena y la senadora Nerina Neumann. Destacaron las figuras del ex vicegobernador Daniel Salvador y de Gustavo Posse, exintendente de San Isidro y antiguo rival de Abad, lo que marca un cierre de filas interno. No obstante, se notó la ausencia total del sector de Evolución, referenciado en Martín Lousteau, quienes han sido aliados recientes en la estructura provincial.
Hoja de ruta y críticas a la gestión provincial
Los dirigentes establecieron una agenda de trabajo enfocada en tres ejes críticos: la inseguridad, la crisis de IOMA y el empleo. El objetivo es posicionarse como el rival primario del gobernador Axel Kicillof. Abad exhortó a los presentes a «soñar un radicalismo potente, respetado y competitivo», ratificando la voluntad de su espacio de ser protagonista en las definiciones nacionales.
Por su parte, Daniel Salvador apeló a la trayectoria del partido para recuperar el protagonismo: «Con 140 años de vida, el radicalismo puede volver a ser opción», sostuvo, pidiendo defender los principios republicanos con una mirada renovada. En sintonía, Gustavo Posse subrayó que en Mar del Plata se dio «el puntapié inicial para volver a protagonizar el cambio», destacando la estructura y vocación transformadora del radicalismo frente a lo que calificó como «enormes falencias del Estado provincial».
Este movimiento ocurre en un contexto de tensiones legislativas, donde el espacio de Abad ha respaldado proyectos clave como la reforma laboral en el Congreso, marcando un perfil pro-reforma que busca atraer a los sectores jóvenes y modernos del electorado bonaerense.
En el radicalismo bonaerense las internas son como las temporadas de las series de streaming: cuando pensás que la trama ya no puede tener más giros, aparece una nueva facción en un club de barrio dispuesta a resetear el guion. Esta vez, el senador Maximiliano Abad decidió que el Club Talleres de Mar del Plata era el lugar ideal para juntar a la tropa y avisar que, si por él fuera, la interna partidaria debería haber sido ayer. En una demostración de fuerza que incluyó a siete intendentes y a figuras que en otro momento se miraban con el afecto de un gato y un perro en una veterinaria —como Gustavo Posse—, el «Abadismo» lanzó su plan para 2027, mientras sus exsocios de Evolución brillaban por su ausencia, probablemente perdidos en algún pliegue del espacio-tiempo parlamentario.
El discurso de Abad tuvo ese tono de «coach ontológico para partidos centenarios» que tanto gusta en el radicalismo. Pidió un partido «lucido y valiente», lo cual es un desafío logístico importante para una estructura que lleva 140 años discutiendo incisos en los reglamentos internos mientras el resto del mundo inventaba internet y la inteligencia artificial. La propuesta de armar un «frente amplio» para enfrentar a Kicillof suena muy bien en los papeles, pero en la práctica radical suele significar tres meses de debates sobre quién se sienta en la cabecera de la mesa y quién trae las medialunas. Abad quiere ser «protagonista de las grandes definiciones», una frase que suena a declaración de principios, pero que en el fondo es un aviso parroquial para Miguel Fernández: «Che, acá también tenemos llaves del comité».
Lo más tierno de la jornada fue la invocación a la historia. Daniel Salvador recordó que tienen 140 años de vida, una cifra que impone respeto pero que también explica por qué a veces al partido le cuesta subir las escaleras de la modernidad sin que le crujan las articulaciones republicanas. Entre críticas a IOMA y diagnósticos sobre la inseguridad, los dirigentes se invitaron a «soñar un radicalismo potente», mientras afuera el peronismo bonaerense sigue gestionando el territorio y los libertarios siguen tuiteando con la furia de un adolescente castigado. Al final, el acto fue una mezcla de terapia de grupo y lanzamiento de campaña, donde la única certeza es que, si hay dos radicales en una habitación, habrá tres opiniones distintas y, posiblemente, un pedido de impugnación de la última asamblea.