El escenario financiero de la gestión de Javier Milei presenta una paradoja creciente: mientras el Gobierno logra canalizar la liquidez del sistema hacia instrumentos públicos, la deuda corporativa en moneda dura ya roza los USD 20.000 millones. Este monto, equivalente a casi dos años de superávit comercial argentino, genera dudas en la City sobre la capacidad de repago de las empresas, dadas las tasas actuales que oscilan entre el 8% y el 10% anual.
La jugada del BONAR 2027 (AO27)
Para mitigar la presión sin recurrir a la apertura masiva del crédito, el ministro de Economía, Luis Caputo, diseñó una salida financiera mediante la colocación del BONAR 2027 (AO27). Este instrumento se convirtió en la pieza central de la última licitación, permitiendo a los bancos hacer rendir los depósitos en dólares que hoy mantienen en cartera.
En la primera vuelta realizada este miércoles, el Ministerio de Economía recibió ofertas por USD 866 millones, adjudicando finalmente USD 150 millones con una tasa del 5,74% nominal anual. El dato más relevante fue la fuerte sobreoferta: el mercado ofreció casi seis veces más dólares de los que el Tesoro decidió captar, reflejando el interés de las entidades por instrumentos de cobertura estatal.
Segunda vuelta y resultados finales
Ante la elevada demanda, la Secretaría de Finanzas abrió una segunda vuelta este jueves para ampliar el mismo bono. En esta instancia se adjudicó el cupo adicional de USD 100 millones, manteniendo las condiciones financieras originales. La presión compradora se mantuvo firme, con ofertas por USD 348 millones, lo que obligó a un prorrateo del 28,7%.
Entre ambas ruedas, el Gobierno logró captar un total de USD 251 millones. Esta estrategia permite al Tesoro aliviar los vencimientos en moneda dura y absorber liquidez excedente. Sin embargo, analistas del mercado advierten que, si bien la jugada es «políticamente sofisticada», el esquema sigue priorizando la cobertura y la liquidez por sobre el fomento del crédito productivo, el cual permanece estancado debido al elevado costo financiero que enfrentan las compañías privadas.
<p>Bajo la gestión de Javier Milei, la deuda corporativa argentina en dólares alcanzó los 20.000 millones, presionada por tasas de interés del 10%. Para mitigar el riesgo, el ministro Luis Caputo colocó exitosamente el BONAR 2027 (AO27), captando 251 millones de dólares a una tasa del 5,74%. Si bien la medida ofrece liquidez al sistema bancario y alivia al Tesoro, el crédito productivo sigue estancado.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a una nueva clase de «Supervivencia Financiera en el Capitalismo de Milei», donde las empresas argentinas están descubriendo que endeudarse en dólares es un deporte de riesgo extremo, casi como intentar cruzar la Avenida Libertador con los ojos vendados. La deuda corporativa ya trepó a los 20.000 millones de dólares —lo que vendrían a ser dos años de superávit comercial, o lo que gasta un jeque árabe en propinas— y las tasas del 10% anual están haciendo que hasta los directivos de Vaca Muerta miren el balance con ganas de llorar. La pregunta que recorre la City porteña es tan incómoda como un zapato chico: ¿quién corno va a crecer tanto como para pagar este nivel de intereses sin terminar pidiendo el IFE para gerentes?
Pero como siempre, ahí aparece «Toto» Caputo, el Messi de las finanzas creativas, para sacar un conejo de la galera —o más bien un bono del bolsillo—. El Ministro diseñó una jugada que es pura ingeniería política: sacó el BONAR 2027 (AO27) a una tasa del 5,74%, algo así como una «oferta de liquidación» para los bancos que tienen dólares juntando pelusa en las bóvedas. La demanda fue tan salvaje que el mercado ofreció seis veces más de lo que el Tesoro quería tomar. Básicamente, los bancos se tiraron encima del bono como si fueran jubilados en un buffet libre, desesperados por colocar la liquidez acumulada en el sistema mientras el crédito a la producción real sigue más frío que un asado de tres días.
La estrategia es sofisticada, no lo vamos a negar: Caputo les dio un caramelo a los bancos para que no lo molesten con el cepo, pero al mismo tiempo les dijo «no» al pedido del establishment de abrir el crédito a mansalva. Es un equilibrio delicado donde el Gobierno capta divisas para pasar el invierno y las entidades financieras hacen rendir los depósitos. Mientras tanto, el sector productivo mira la fiesta desde afuera, preguntándose cuándo les va a tocar una tasa que no parezca un castigo bíblico. Por ahora, «Toto» sigue surfeando la ola de la liquidez, pero en el fondo todos sabemos que esta película ya la vimos: mucha cobertura, mucho bono, pero de fomentar la industria ni hablemos, que eso da calor.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El escenario financiero de la gestión de Javier Milei presenta una paradoja creciente: mientras el Gobierno logra canalizar la liquidez del sistema hacia instrumentos públicos, la deuda corporativa en moneda dura ya roza los USD 20.000 millones. Este monto, equivalente a casi dos años de superávit comercial argentino, genera dudas en la City sobre la capacidad de repago de las empresas, dadas las tasas actuales que oscilan entre el 8% y el 10% anual.
La jugada del BONAR 2027 (AO27)
Para mitigar la presión sin recurrir a la apertura masiva del crédito, el ministro de Economía, Luis Caputo, diseñó una salida financiera mediante la colocación del BONAR 2027 (AO27). Este instrumento se convirtió en la pieza central de la última licitación, permitiendo a los bancos hacer rendir los depósitos en dólares que hoy mantienen en cartera.
En la primera vuelta realizada este miércoles, el Ministerio de Economía recibió ofertas por USD 866 millones, adjudicando finalmente USD 150 millones con una tasa del 5,74% nominal anual. El dato más relevante fue la fuerte sobreoferta: el mercado ofreció casi seis veces más dólares de los que el Tesoro decidió captar, reflejando el interés de las entidades por instrumentos de cobertura estatal.
Segunda vuelta y resultados finales
Ante la elevada demanda, la Secretaría de Finanzas abrió una segunda vuelta este jueves para ampliar el mismo bono. En esta instancia se adjudicó el cupo adicional de USD 100 millones, manteniendo las condiciones financieras originales. La presión compradora se mantuvo firme, con ofertas por USD 348 millones, lo que obligó a un prorrateo del 28,7%.
Entre ambas ruedas, el Gobierno logró captar un total de USD 251 millones. Esta estrategia permite al Tesoro aliviar los vencimientos en moneda dura y absorber liquidez excedente. Sin embargo, analistas del mercado advierten que, si bien la jugada es «políticamente sofisticada», el esquema sigue priorizando la cobertura y la liquidez por sobre el fomento del crédito productivo, el cual permanece estancado debido al elevado costo financiero que enfrentan las compañías privadas.
Bienvenidos a una nueva clase de «Supervivencia Financiera en el Capitalismo de Milei», donde las empresas argentinas están descubriendo que endeudarse en dólares es un deporte de riesgo extremo, casi como intentar cruzar la Avenida Libertador con los ojos vendados. La deuda corporativa ya trepó a los 20.000 millones de dólares —lo que vendrían a ser dos años de superávit comercial, o lo que gasta un jeque árabe en propinas— y las tasas del 10% anual están haciendo que hasta los directivos de Vaca Muerta miren el balance con ganas de llorar. La pregunta que recorre la City porteña es tan incómoda como un zapato chico: ¿quién corno va a crecer tanto como para pagar este nivel de intereses sin terminar pidiendo el IFE para gerentes?
Pero como siempre, ahí aparece «Toto» Caputo, el Messi de las finanzas creativas, para sacar un conejo de la galera —o más bien un bono del bolsillo—. El Ministro diseñó una jugada que es pura ingeniería política: sacó el BONAR 2027 (AO27) a una tasa del 5,74%, algo así como una «oferta de liquidación» para los bancos que tienen dólares juntando pelusa en las bóvedas. La demanda fue tan salvaje que el mercado ofreció seis veces más de lo que el Tesoro quería tomar. Básicamente, los bancos se tiraron encima del bono como si fueran jubilados en un buffet libre, desesperados por colocar la liquidez acumulada en el sistema mientras el crédito a la producción real sigue más frío que un asado de tres días.
La estrategia es sofisticada, no lo vamos a negar: Caputo les dio un caramelo a los bancos para que no lo molesten con el cepo, pero al mismo tiempo les dijo «no» al pedido del establishment de abrir el crédito a mansalva. Es un equilibrio delicado donde el Gobierno capta divisas para pasar el invierno y las entidades financieras hacen rendir los depósitos. Mientras tanto, el sector productivo mira la fiesta desde afuera, preguntándose cuándo les va a tocar una tasa que no parezca un castigo bíblico. Por ahora, «Toto» sigue surfeando la ola de la liquidez, pero en el fondo todos sabemos que esta película ya la vimos: mucha cobertura, mucho bono, pero de fomentar la industria ni hablemos, que eso da calor.