El plan de Caputo para frenar la deuda: Colocación récord del BONAR 2027 y alivio al Tesoro

Redacción Cuyo News
6 min

El escenario financiero de la gestión de Javier Milei presenta una paradoja creciente: mientras el Gobierno logra canalizar la liquidez del sistema hacia instrumentos públicos, la deuda corporativa en moneda dura ya roza los USD 20.000 millones. Este monto, equivalente a casi dos años de superávit comercial argentino, genera dudas en la City sobre la capacidad de repago de las empresas, dadas las tasas actuales que oscilan entre el 8% y el 10% anual.

La jugada del BONAR 2027 (AO27)

Para mitigar la presión sin recurrir a la apertura masiva del crédito, el ministro de Economía, Luis Caputo, diseñó una salida financiera mediante la colocación del BONAR 2027 (AO27). Este instrumento se convirtió en la pieza central de la última licitación, permitiendo a los bancos hacer rendir los depósitos en dólares que hoy mantienen en cartera.

En la primera vuelta realizada este miércoles, el Ministerio de Economía recibió ofertas por USD 866 millones, adjudicando finalmente USD 150 millones con una tasa del 5,74% nominal anual. El dato más relevante fue la fuerte sobreoferta: el mercado ofreció casi seis veces más dólares de los que el Tesoro decidió captar, reflejando el interés de las entidades por instrumentos de cobertura estatal.

Segunda vuelta y resultados finales

Ante la elevada demanda, la Secretaría de Finanzas abrió una segunda vuelta este jueves para ampliar el mismo bono. En esta instancia se adjudicó el cupo adicional de USD 100 millones, manteniendo las condiciones financieras originales. La presión compradora se mantuvo firme, con ofertas por USD 348 millones, lo que obligó a un prorrateo del 28,7%.

Entre ambas ruedas, el Gobierno logró captar un total de USD 251 millones. Esta estrategia permite al Tesoro aliviar los vencimientos en moneda dura y absorber liquidez excedente. Sin embargo, analistas del mercado advierten que, si bien la jugada es «políticamente sofisticada», el esquema sigue priorizando la cobertura y la liquidez por sobre el fomento del crédito productivo, el cual permanece estancado debido al elevado costo financiero que enfrentan las compañías privadas.

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