En lo que ya se ha consolidado como uno de los enfrentamientos más encarnizados de la escena pública estadounidense, el expresidente Donald Trump volvió a atacar con dureza al actor Robert De Niro. A través de su plataforma Truth Social, el precandidato republicano elevó la temperatura del discurso al sugerir que el ganador del Oscar debería abandonar el país, tildándolo de «enfermo y demente».
Un conflicto que escala a nivel judicial y personal
La reacción de Trump surge tras las reiteradas declaraciones de De Niro, quien ha calificado al magnate de “tirano” y “aspirante a dictador” en diversos foros públicos. “Deberían subirse a un barco con el perturbado Robert De Niro, otra persona enferma y demente con, creo, un coeficiente intelectual extremadamente bajo… ¡lo que hace o dice es seriamente CRIMINAL!”, disparó Trump en su posteo, utilizando una retórica que muchos analistas interpretan como una metáfora de destierro simbólico.
Para el expresidente, el protagonista de clásicos como Raging Bull ha dejado de ser un ícono cultural para transformarse en un peligro para la seguridad y la estabilidad institucional. El uso del término «criminal» para describir las opiniones del actor marca un nuevo precedente en la agresividad del debate político en los Estados Unidos.
El vínculo con Argentina: De Hollywood a San Telmo
Mientras la tensión crece en el hemisferio norte, la figura de Robert De Niro ha generado un impacto notablemente distinto en el sur. Su reciente participación en la miniserie argentina «Nada», dirigida por la dupla Cohn-Duprat, mostró una faceta del actor íntimamente ligada a las costumbres rioplatenses. En la ficción, De Niro interpreta a un escritor que explora la gastronomía y la cultura de Buenos Aires con una naturalidad que cautivó al público local.
Esta conexión ha llevado a que, en tono de broma, se especule con que el «exilio» sugerido por Trump podría tener un destino muy concreto. Mientras en su país natal lo acusan de ser una amenaza, en Argentina De Niro es celebrado por su capacidad para «cebar mate sin lavar la yerba» y por su aprecio por la cocina criolla. La paradoja es evidente: el hombre que Trump busca «deportar» de la opinión pública estadounidense ya posee un título honorífico de pertenencia en las calles porteñas, donde se lo considera un conocedor del buen vivir.
Proyección del enfrentamiento
Se espera que este intercambio no sea el último, dado que ambos protagonistas se encuentran en momentos de alta exposición. De Niro ha manifestado que seguirá utilizando su plataforma para advertir sobre los riesgos de un posible regreso de Trump a la Casa Blanca, mientras que el magnate parece haber encontrado en el actor el blanco perfecto para su narrativa contra el «establishment de Hollywood».
<p>El expresidente estadounidense Donald Trump arremetió nuevamente contra el actor Robert De Niro, sugiriendo su salida del país tras calificarlo de «enfermo» y «demente». El conflicto escaló en redes sociales luego de que el protagonista de «Taxi Driver» tildara al magnate de dictador. Paralelamente, la figura de De Niro cobra relevancia en Argentina tras su participación en la serie «Nada», donde mostró su afinidad por la cultura local.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a una nueva función de este cine continuado titulado «El León contra el Toro Salvaje», donde Donald Trump ha decidido que Robert De Niro ya no califica para el sueño americano y debería, básicamente, armar el bolso y tomarse un buque. El magnate, que maneja su red social Truth Social con la misma sutileza que un elefante en una cristalería, despachó un posteo donde acusa al actor de tener un «coeficiente intelectual extremadamente bajo» y de ser una amenaza «criminal». Para Donald, Bobby ya no es el tipo que te emociona en el cine, sino un «demente» que merece ser subido a un barco a la deriva. Es el nivel de diplomacia que manejamos: si no te gusta el guion, te deportamos de la realidad.
Ahora, lo que Trump no sabe es que si realmente sube a De Niro a un barco, el destino más probable no es una isla desierta, sino el puerto de Buenos Aires, donde el hombre ya tiene casi la doble ciudadanía. Mientras en Washington lo quieren ver lejos, acá lo vimos en la serie «Nada» moviéndose por San Telmo como si fuera un habitante más del conurbano bonaerense con aires de sofisticación. El contraste es absoluto: mientras el republicano lo imagina en el exilio, nosotros lo imaginamos debatiendo si el punto del ojo de bife es el correcto o si el mate se lava después de la tercera cebada. De Niro pasó de ser el «enemigo público número uno» en Estados Unidos a ser un «maestro» honorífico que sabe apreciar un buen bife de chorizo.
La ironía es deliciosa, casi tanto como un asado al mediodía. Trump lo acusa de criminal y de loco, pero acá De Niro ya es un «tío copado» que aprendió a insultar con tonada rioplatense y a entender que la verdadera crisis no es política, sino que te traigan la carne pasada de cocción. Si la amenaza del barco se concreta, Robert no va a estar sufriendo en el exilio; probablemente lo encontremos en alguna parrilla de Palermo explicando por qué el chimichurri es el verdadero secreto de la felicidad.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En lo que ya se ha consolidado como uno de los enfrentamientos más encarnizados de la escena pública estadounidense, el expresidente Donald Trump volvió a atacar con dureza al actor Robert De Niro. A través de su plataforma Truth Social, el precandidato republicano elevó la temperatura del discurso al sugerir que el ganador del Oscar debería abandonar el país, tildándolo de «enfermo y demente».
Un conflicto que escala a nivel judicial y personal
La reacción de Trump surge tras las reiteradas declaraciones de De Niro, quien ha calificado al magnate de “tirano” y “aspirante a dictador” en diversos foros públicos. “Deberían subirse a un barco con el perturbado Robert De Niro, otra persona enferma y demente con, creo, un coeficiente intelectual extremadamente bajo… ¡lo que hace o dice es seriamente CRIMINAL!”, disparó Trump en su posteo, utilizando una retórica que muchos analistas interpretan como una metáfora de destierro simbólico.
Para el expresidente, el protagonista de clásicos como Raging Bull ha dejado de ser un ícono cultural para transformarse en un peligro para la seguridad y la estabilidad institucional. El uso del término «criminal» para describir las opiniones del actor marca un nuevo precedente en la agresividad del debate político en los Estados Unidos.
El vínculo con Argentina: De Hollywood a San Telmo
Mientras la tensión crece en el hemisferio norte, la figura de Robert De Niro ha generado un impacto notablemente distinto en el sur. Su reciente participación en la miniserie argentina «Nada», dirigida por la dupla Cohn-Duprat, mostró una faceta del actor íntimamente ligada a las costumbres rioplatenses. En la ficción, De Niro interpreta a un escritor que explora la gastronomía y la cultura de Buenos Aires con una naturalidad que cautivó al público local.
Esta conexión ha llevado a que, en tono de broma, se especule con que el «exilio» sugerido por Trump podría tener un destino muy concreto. Mientras en su país natal lo acusan de ser una amenaza, en Argentina De Niro es celebrado por su capacidad para «cebar mate sin lavar la yerba» y por su aprecio por la cocina criolla. La paradoja es evidente: el hombre que Trump busca «deportar» de la opinión pública estadounidense ya posee un título honorífico de pertenencia en las calles porteñas, donde se lo considera un conocedor del buen vivir.
Proyección del enfrentamiento
Se espera que este intercambio no sea el último, dado que ambos protagonistas se encuentran en momentos de alta exposición. De Niro ha manifestado que seguirá utilizando su plataforma para advertir sobre los riesgos de un posible regreso de Trump a la Casa Blanca, mientras que el magnate parece haber encontrado en el actor el blanco perfecto para su narrativa contra el «establishment de Hollywood».
Bienvenidos a una nueva función de este cine continuado titulado «El León contra el Toro Salvaje», donde Donald Trump ha decidido que Robert De Niro ya no califica para el sueño americano y debería, básicamente, armar el bolso y tomarse un buque. El magnate, que maneja su red social Truth Social con la misma sutileza que un elefante en una cristalería, despachó un posteo donde acusa al actor de tener un «coeficiente intelectual extremadamente bajo» y de ser una amenaza «criminal». Para Donald, Bobby ya no es el tipo que te emociona en el cine, sino un «demente» que merece ser subido a un barco a la deriva. Es el nivel de diplomacia que manejamos: si no te gusta el guion, te deportamos de la realidad.
Ahora, lo que Trump no sabe es que si realmente sube a De Niro a un barco, el destino más probable no es una isla desierta, sino el puerto de Buenos Aires, donde el hombre ya tiene casi la doble ciudadanía. Mientras en Washington lo quieren ver lejos, acá lo vimos en la serie «Nada» moviéndose por San Telmo como si fuera un habitante más del conurbano bonaerense con aires de sofisticación. El contraste es absoluto: mientras el republicano lo imagina en el exilio, nosotros lo imaginamos debatiendo si el punto del ojo de bife es el correcto o si el mate se lava después de la tercera cebada. De Niro pasó de ser el «enemigo público número uno» en Estados Unidos a ser un «maestro» honorífico que sabe apreciar un buen bife de chorizo.
La ironía es deliciosa, casi tanto como un asado al mediodía. Trump lo acusa de criminal y de loco, pero acá De Niro ya es un «tío copado» que aprendió a insultar con tonada rioplatense y a entender que la verdadera crisis no es política, sino que te traigan la carne pasada de cocción. Si la amenaza del barco se concreta, Robert no va a estar sufriendo en el exilio; probablemente lo encontremos en alguna parrilla de Palermo explicando por qué el chimichurri es el verdadero secreto de la felicidad.