La mesa política del oficialismo, encabezada por el jefe de Gabinete, resolvió hace algunas semanas en la Casa Rosada modificar la estrategia legislativa respecto a la reforma del Código Penal. La decisión central radica en un cambio de enfoque técnico: en lugar de continuar expandiendo el número de artículos, se buscará modificar la base del código vigente para lograr un texto más conciso y operativo.
Nuevas figuras delictivas y endurecimiento de penas
A pesar del recorte en la extensión del proyecto, el Gobierno mantendrá la firmeza en la persecución de delitos complejos. Se insistirá con el endurecimiento de penas para el narcotráfico, terrorismo y delitos económicos, además de poner especial énfasis en áreas emergentes como los delitos informáticos. La intención oficial es adaptar la normativa a las modalidades criminales contemporáneas que han ganado terreno en los últimos años.
Entre los puntos centrales que se conservan en la redacción, destaca la creación de tipificaciones específicas para modalidades que carecían de una figura propia de peso, como la estafa piramidal, las denominadas “viudas negras” —mujeres que engañan a personas simulando querer tener relaciones sexuales para entrar a los domicilios y robarles—, los “motochorros” y la entradera bancaria. Según trascendió, el objetivo es que la técnica legislativa no sea «tan pesada» y permita una aplicación más directa por parte del Poder Judicial.
De 912 artículos a una versión compacta
El proceso de redacción ha tenido idas y vueltas significativas. La junta de expertos entregó una primera versión en febrero del 2025 que contaba con 540 artículos. Sin embargo, el trabajo posterior expandió esa cifra considerablemente hasta alcanzar los 912 artículos. Ante esta situación, se optó por un replanteo técnico para evitar un contenido inmanejable. “Nos comentó que estaba revisando el proyecto, pero en línea con lo que ya fuimos haciendo. Tal vez va a ser un poco más corto de lo que había planificado Cúneo Libarona”, explicó una fuente vinculada a la comisión.
En este contexto, el Presidente convocó a una reunión en la Quinta de Olivos para definir los detalles finales del texto. El Ejecutivo también mantuvo comunicaciones con los integrantes de la comisión especializada, un grupo de juristas que trabaja en esta iniciativa desde la administración de Mauricio Macri y que cuenta con nombres de peso en el ámbito judicial argentino.
El equipo de trabajo está liderado por el abogado Jorge Buompadre, y cuenta con la participación de los jueces Mariano Borinsky, María Eugenia Capuchetti, Ricardo Ángel Basílico y Julio César Báez. Asimismo, integran este cuerpo los juristas Carlos Alberto Manfroni, Horacio Jaime Romero Villanueva, Fernando Oscar Soto, Valeria Onetto y Mercedes Rodríguez Goyena, quienes tienen la tarea de dar forma final a la norma que buscará modernizar el sistema punitivo nacional.
<p>El Gobierno Nacional, bajo la supervisión de la Jefatura de Gabinete y un equipo de expertos jurídicos, definió una nueva estrategia para la reforma del Código Penal. El proyecto prioriza la modificación de la estructura actual sobre la adición de artículos, endureciendo penas para delitos económicos, narcotráfico y ciberdelitos, e incorporando figuras como estafas piramidales y robo bajo la modalidad de «motochorros».</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Parece que en la Casa Rosada finalmente comprendieron que un Código Penal de 912 artículos es, básicamente, un manual de instrucciones para armar un portaaviones nuclear en piezas de Lego: nadie lo va a leer y, si lo intentan, alguien va a terminar llorando en posición fetal. La nueva orden es «podar», porque aparentemente la gestión anterior creía que el derecho penal se cobraba por palabra, como los avisos clasificados del diario en los años noventa. Ahora, bajo la premisa de que «menos es más» (excepto cuando se trata de inflación), el Gobierno busca un texto más sintético, ideal para que los jueces no tengan que usar una carretilla para llevar el expediente a sus despachos con aire acondicionado.
La gran novedad es que la comisión de expertos, que viene trabajando desde la época en que todavía teníamos esperanzas en el país, decidió que ya es hora de que el Código mencione cosas que pasan en la vida real. Finalmente, las «viudas negras», los «motochorros» y las estafas piramidales tendrán su propio espacio VIP en el articulado. Es un avance civilizatorio: ahora, cuando te vacíen el departamento tras una cita fallida o te inviten a ser «tu propio jefe» vendiendo jugos de fruta fluorescentes, el delincuente podrá disfrutar de una condena redactada con una técnica legislativa mucho más elegante y compacta. Es el minimalismo aplicado al encierro, una especie de Marie Kondo de la jurisprudencia que solo deja los artículos que «despiertan alegría» punitiva.
Lo más fascinante es la reunión en Olivos para «repasar» el texto. Uno se imagina al Presidente marcando párrafos con un resaltador amarillo mientras se pregunta si 540 artículos no son todavía demasiados para una población que consume noticias en videos de quince segundos. La idea es que el proyecto no sea «tan pesado», porque se sabe que la Justicia argentina es lenta, pero si encima le das un libro del tamaño de una enciclopedia británica para leer, corremos el riesgo de que las causas prescriban antes de que el magistrado termine el índice. En fin, una reforma necesaria para un país donde lo único que crece más rápido que la delincuencia es la cantidad de comisiones que se arman para analizarla.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La mesa política del oficialismo, encabezada por el jefe de Gabinete, resolvió hace algunas semanas en la Casa Rosada modificar la estrategia legislativa respecto a la reforma del Código Penal. La decisión central radica en un cambio de enfoque técnico: en lugar de continuar expandiendo el número de artículos, se buscará modificar la base del código vigente para lograr un texto más conciso y operativo.
Nuevas figuras delictivas y endurecimiento de penas
A pesar del recorte en la extensión del proyecto, el Gobierno mantendrá la firmeza en la persecución de delitos complejos. Se insistirá con el endurecimiento de penas para el narcotráfico, terrorismo y delitos económicos, además de poner especial énfasis en áreas emergentes como los delitos informáticos. La intención oficial es adaptar la normativa a las modalidades criminales contemporáneas que han ganado terreno en los últimos años.
Entre los puntos centrales que se conservan en la redacción, destaca la creación de tipificaciones específicas para modalidades que carecían de una figura propia de peso, como la estafa piramidal, las denominadas “viudas negras” —mujeres que engañan a personas simulando querer tener relaciones sexuales para entrar a los domicilios y robarles—, los “motochorros” y la entradera bancaria. Según trascendió, el objetivo es que la técnica legislativa no sea «tan pesada» y permita una aplicación más directa por parte del Poder Judicial.
De 912 artículos a una versión compacta
El proceso de redacción ha tenido idas y vueltas significativas. La junta de expertos entregó una primera versión en febrero del 2025 que contaba con 540 artículos. Sin embargo, el trabajo posterior expandió esa cifra considerablemente hasta alcanzar los 912 artículos. Ante esta situación, se optó por un replanteo técnico para evitar un contenido inmanejable. “Nos comentó que estaba revisando el proyecto, pero en línea con lo que ya fuimos haciendo. Tal vez va a ser un poco más corto de lo que había planificado Cúneo Libarona”, explicó una fuente vinculada a la comisión.
En este contexto, el Presidente convocó a una reunión en la Quinta de Olivos para definir los detalles finales del texto. El Ejecutivo también mantuvo comunicaciones con los integrantes de la comisión especializada, un grupo de juristas que trabaja en esta iniciativa desde la administración de Mauricio Macri y que cuenta con nombres de peso en el ámbito judicial argentino.
El equipo de trabajo está liderado por el abogado Jorge Buompadre, y cuenta con la participación de los jueces Mariano Borinsky, María Eugenia Capuchetti, Ricardo Ángel Basílico y Julio César Báez. Asimismo, integran este cuerpo los juristas Carlos Alberto Manfroni, Horacio Jaime Romero Villanueva, Fernando Oscar Soto, Valeria Onetto y Mercedes Rodríguez Goyena, quienes tienen la tarea de dar forma final a la norma que buscará modernizar el sistema punitivo nacional.
Parece que en la Casa Rosada finalmente comprendieron que un Código Penal de 912 artículos es, básicamente, un manual de instrucciones para armar un portaaviones nuclear en piezas de Lego: nadie lo va a leer y, si lo intentan, alguien va a terminar llorando en posición fetal. La nueva orden es «podar», porque aparentemente la gestión anterior creía que el derecho penal se cobraba por palabra, como los avisos clasificados del diario en los años noventa. Ahora, bajo la premisa de que «menos es más» (excepto cuando se trata de inflación), el Gobierno busca un texto más sintético, ideal para que los jueces no tengan que usar una carretilla para llevar el expediente a sus despachos con aire acondicionado.
La gran novedad es que la comisión de expertos, que viene trabajando desde la época en que todavía teníamos esperanzas en el país, decidió que ya es hora de que el Código mencione cosas que pasan en la vida real. Finalmente, las «viudas negras», los «motochorros» y las estafas piramidales tendrán su propio espacio VIP en el articulado. Es un avance civilizatorio: ahora, cuando te vacíen el departamento tras una cita fallida o te inviten a ser «tu propio jefe» vendiendo jugos de fruta fluorescentes, el delincuente podrá disfrutar de una condena redactada con una técnica legislativa mucho más elegante y compacta. Es el minimalismo aplicado al encierro, una especie de Marie Kondo de la jurisprudencia que solo deja los artículos que «despiertan alegría» punitiva.
Lo más fascinante es la reunión en Olivos para «repasar» el texto. Uno se imagina al Presidente marcando párrafos con un resaltador amarillo mientras se pregunta si 540 artículos no son todavía demasiados para una población que consume noticias en videos de quince segundos. La idea es que el proyecto no sea «tan pesado», porque se sabe que la Justicia argentina es lenta, pero si encima le das un libro del tamaño de una enciclopedia británica para leer, corremos el riesgo de que las causas prescriban antes de que el magistrado termine el índice. En fin, una reforma necesaria para un país donde lo único que crece más rápido que la delincuencia es la cantidad de comisiones que se arman para analizarla.