Ayer miércoles 25 de marzo de 2026, tras casi nueve años del asesinato de Fernando Pastorizzo, Nahir Galarza (27) abandonó la Unidad Penal N° 6 de Paraná bajo un operativo de máxima seguridad. No fue para recuperar su libertad, sino por un permiso humanitario excepcional que le permitió volver a Gualeguaychú por un lapso de 60 minutos.
El motivo: Un último adiós
La Justicia de Entre Ríos otorgó este beneficio debido al delicado estado de salud de su abuela materna, Brígida Gálvez, quien padece una enfermedad oncológica en etapa terminal. El permiso tuvo las siguientes características:
- Carácter del permiso: Fue una salida transitoria por única vez y con un objetivo específico. No representa un cambio en su situación procesal ni el inicio de un régimen de salidas regulares.
- Duración: El encuentro duró apenas una hora, tiempo durante el cual Galarza permaneció custodiada dentro del domicilio familiar antes de ser trasladada de regreso a la capital provincial.
El operativo «Silencio»
Dada la notoriedad del caso y el rechazo que su presencia genera en ciertos sectores, el Servicio Penitenciario diseñó un protocolo estricto para evitar filtraciones. Hubo custodia directa por un equipo de agentes y una revisión previa del domicilio para asegurar que no hubiera terceros ni riesgos de fuga. Las autoridades mantuvieron un total hermetismo hasta que la interna estuvo nuevamente en su celda.
Actualidad y situación judicial
Según declaraciones del inspector general Alejandro Mondragón, Nahir ha mostrado cambios significativos en su vida carcelaria durante el último año, manteniendo un bajo perfil y participando activamente en talleres internos y cursos de capacitación. Cabe recordar que su condena a prisión perpetua quedó firme tras el rechazo de la Corte Suprema en 2024. Según el cómputo actual, recién podría solicitar la libertad condicional en el año 2052, cuando tenga 54 años.
El breve regreso generó tensión en Gualeguaychú. Vecinos y allegados a la familia de Fernando Pastorizzo expresaron su descontento, remarcando la desigualdad frente a una víctima que nunca pudo tener una despedida similar.
<p>Ayer miércoles 25 de marzo de 2026, Nahir Galarza regresó brevemente a Gualeguaychú tras casi nueve años de prisión. Bajo un operativo de máxima seguridad, la Justicia de Entre Ríos le otorgó un permiso humanitario de 60 minutos para visitar a su abuela materna, quien atraviesa una enfermedad terminal. Tras el encuentro, Galarza fue trasladada de regreso a la Unidad Penal N° 6 de Paraná, donde cumple su condena a prisión perpetua.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
La noticia de la semana en Entre Ríos parece el guion de una película de suspenso que nadie pidió ver dos veces. Nahir Galarza, la cara más famosa de la crónica roja argentina, volvió a pisar las calles de Gualeguaychú este miércoles 25 de marzo. Pero no se ilusionen con un regreso triunfal; fue una visita de médico, literalmente. Con 27 años y un perfil mucho más bajo que en sus épocas de fotos virales y posteos desafiantes, Nahir cambió la celda de Paraná por el living de su abuela durante sesenta minutos cronometrados. Un permiso humanitario por una enfermedad terminal fue la llave que abrió el candado por un ratito, recordándonos a todos que, aunque pasen nueve años, el nombre «Galarza» todavía hace que a Gualeguaychú se le erice la piel.
El operativo «Silencio» fue tan hermético que ni los chismosos del barrio se enteraron hasta que la camioneta del Servicio Penitenciario ya estaba cruzando el peaje de vuelta. Nada de filtraciones, nada de selfies, solo custodia directa y una revisión del domicilio que parecía un protocolo antiterrorista. Es comprensible: en una ciudad que todavía guarda las cicatrices del caso Pastorizzo, la presencia de Nahir es como prender un fósforo en una estación de servicio. Mientras ella aprovechaba su hora de libertad vigilada, en las redes sociales el clima ardía con el resentimiento de quienes no olvidan que la familia de Fernando nunca tuvo la oportunidad de una despedida programada.
Hoy, en este 2026, nos encontramos con una Nahir que, según dicen los que la vigilan, ya no es la adolescente rebelde de los titulares escandalosos. Trabaja en talleres, estudia y mantiene un comportamiento «estable», quizás porque finalmente entendió que el calendario no miente: la Corte Suprema le bajó el martillo en 2024 y el 2052 —el año en que podría pedir la libertad condicional— se ve más lejos que Marte. Fue un regreso fugaz, un paréntesis de sesenta minutos en una cadena perpetua que le recordó a Gualeguaychú que la memoria es un músculo que duele cuando se lo toca, especialmente cuando la protagonista de la tragedia vuelve, aunque sea por una hora, al lugar donde todo empezó.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Ayer miércoles 25 de marzo de 2026, tras casi nueve años del asesinato de Fernando Pastorizzo, Nahir Galarza (27) abandonó la Unidad Penal N° 6 de Paraná bajo un operativo de máxima seguridad. No fue para recuperar su libertad, sino por un permiso humanitario excepcional que le permitió volver a Gualeguaychú por un lapso de 60 minutos.
El motivo: Un último adiós
La Justicia de Entre Ríos otorgó este beneficio debido al delicado estado de salud de su abuela materna, Brígida Gálvez, quien padece una enfermedad oncológica en etapa terminal. El permiso tuvo las siguientes características:
- Carácter del permiso: Fue una salida transitoria por única vez y con un objetivo específico. No representa un cambio en su situación procesal ni el inicio de un régimen de salidas regulares.
- Duración: El encuentro duró apenas una hora, tiempo durante el cual Galarza permaneció custodiada dentro del domicilio familiar antes de ser trasladada de regreso a la capital provincial.
El operativo «Silencio»
Dada la notoriedad del caso y el rechazo que su presencia genera en ciertos sectores, el Servicio Penitenciario diseñó un protocolo estricto para evitar filtraciones. Hubo custodia directa por un equipo de agentes y una revisión previa del domicilio para asegurar que no hubiera terceros ni riesgos de fuga. Las autoridades mantuvieron un total hermetismo hasta que la interna estuvo nuevamente en su celda.
Actualidad y situación judicial
Según declaraciones del inspector general Alejandro Mondragón, Nahir ha mostrado cambios significativos en su vida carcelaria durante el último año, manteniendo un bajo perfil y participando activamente en talleres internos y cursos de capacitación. Cabe recordar que su condena a prisión perpetua quedó firme tras el rechazo de la Corte Suprema en 2024. Según el cómputo actual, recién podría solicitar la libertad condicional en el año 2052, cuando tenga 54 años.
El breve regreso generó tensión en Gualeguaychú. Vecinos y allegados a la familia de Fernando Pastorizzo expresaron su descontento, remarcando la desigualdad frente a una víctima que nunca pudo tener una despedida similar.
La noticia de la semana en Entre Ríos parece el guion de una película de suspenso que nadie pidió ver dos veces. Nahir Galarza, la cara más famosa de la crónica roja argentina, volvió a pisar las calles de Gualeguaychú este miércoles 25 de marzo. Pero no se ilusionen con un regreso triunfal; fue una visita de médico, literalmente. Con 27 años y un perfil mucho más bajo que en sus épocas de fotos virales y posteos desafiantes, Nahir cambió la celda de Paraná por el living de su abuela durante sesenta minutos cronometrados. Un permiso humanitario por una enfermedad terminal fue la llave que abrió el candado por un ratito, recordándonos a todos que, aunque pasen nueve años, el nombre «Galarza» todavía hace que a Gualeguaychú se le erice la piel.
El operativo «Silencio» fue tan hermético que ni los chismosos del barrio se enteraron hasta que la camioneta del Servicio Penitenciario ya estaba cruzando el peaje de vuelta. Nada de filtraciones, nada de selfies, solo custodia directa y una revisión del domicilio que parecía un protocolo antiterrorista. Es comprensible: en una ciudad que todavía guarda las cicatrices del caso Pastorizzo, la presencia de Nahir es como prender un fósforo en una estación de servicio. Mientras ella aprovechaba su hora de libertad vigilada, en las redes sociales el clima ardía con el resentimiento de quienes no olvidan que la familia de Fernando nunca tuvo la oportunidad de una despedida programada.
Hoy, en este 2026, nos encontramos con una Nahir que, según dicen los que la vigilan, ya no es la adolescente rebelde de los titulares escandalosos. Trabaja en talleres, estudia y mantiene un comportamiento «estable», quizás porque finalmente entendió que el calendario no miente: la Corte Suprema le bajó el martillo en 2024 y el 2052 —el año en que podría pedir la libertad condicional— se ve más lejos que Marte. Fue un regreso fugaz, un paréntesis de sesenta minutos en una cadena perpetua que le recordó a Gualeguaychú que la memoria es un músculo que duele cuando se lo toca, especialmente cuando la protagonista de la tragedia vuelve, aunque sea por una hora, al lugar donde todo empezó.