Arqueología del conflicto: ¿Existía la guerra antes de que el hombre aprendiera a escribir?

Redacción Cuyo News
7 min

El estudio de la conflictividad humana ha permitido a los investigadores trazar una línea de tiempo que vincula el surgimiento de la civilización con la institucionalización de la violencia. Según el historiador británico John Baines, existen evidencias concretas de enfrentamientos sistemáticos entre asentamientos hacia el año 3000 a.C. en la región de Mesopotamia, actual territorio de Irak e Irán.

La escritura como acta de nacimiento del conflicto

Para gran parte de la academia, «la historia de la guerra comienza con la escritura», tal como sostiene John Keegan. Bajo esta premisa, la primera guerra documentada de la humanidad fue librada por los sumerios entre las ciudades-estado de Lagash y Umma. Este conflicto se extendió por aproximadamente 250 años, entre el 2600 y el 2350 a.C.

La veracidad de este enfrentamiento se sustenta en 18 inscripciones halladas en tablillas de arcilla, redactadas por los gobernantes de Lagash. Estos registros describen un conflicto organizado y sistemático con objetivos políticos y territoriales claros. La historiadora Katia Pozzer, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, afirma que «saber cómo hacer la guerra era uno de los atributos del mundo civilizado» en el imaginario mesopotámico.

¿Qué define formalmente a una guerra?

El debate sobre la definición técnica de «guerra» persiste entre los especialistas. Mientras que para algunos se trata de cualquier conflicto letal entre grupos, la visión predominante exige criterios más específicos:

  • Organización estatal: Enfrentamientos entre organizaciones políticas constituidas.
  • Liderazgo reconocido: Existencia de mandos militares y políticos definidos.
  • Objetivos estratégicos: La conquista de territorio, el control de rutas comerciales o la imposición de tributos.

Evidencias pre-literarias: Las murallas de Jericó

A pesar de la falta de registros escritos, la arqueología sugiere que la preparación para el combate es mucho más antigua. El caso más emblemático es el de Jericó, en los territorios palestinos. Hacia el 8000 a.C., sus habitantes construyeron una muralla de piedra de tres metros de espesor y una torre defensiva de cuatro metros de altura.

Para Keegan, estas estructuras no dejan lugar a dudas sobre su función militar: «¿de qué servirían murallas, torres y fosos sin un enemigo fuertemente armado, bien organizado y decidido?», cuestiona el historiador. Esta construcción, que requirió un programa de trabajo coordinado, posiciona a Jericó como la fortaleza más antigua conocida, adelantando la preocupación del hombre por la defensa organizada varios milenios antes de la aparición de los primeros imperios.

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