En una resolución que marca un hito en el conflicto presupuestario, la Justicia Federal ratificó la vigencia de la medida cautelar que ordena al Poder Ejecutivo Nacional (PEN) dar cumplimiento inmediato a los artículos 5 y 6 de la ley 27.795. Esta normativa establece la actualización obligatoria de los salarios de los docentes y no docentes universitarios por el período comprendido entre diciembre de 2023 y la sanción de la ley en septiembre de 2025, además de exigir la recomposición integral de los programas de becas para estudiantes.
Fundamentos del fallo judicial y el rol del Estado
Los camaristas Sergio Fernández y Jorge Morán desestimaron los agravios presentados por la representación estatal, calificándolos como «poco serios». En sus fundamentos, la Cámara resaltó que el impacto fiscal de la aplicación de esta medida es bajo y no compromete el interés público de manera sustancial. Por el contrario, los magistrados enfatizaron que lo que se encuentra bajo amenaza es un derecho constitucional fundamental: la educación superior pública.
La cautelar original había sido dictada por el juez federal Enrique Cormick en diciembre pasado, tras un amparo promovido por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) con el respaldo de más de 40 casas de altos estudios. En aquel entonces, el magistrado señaló que el Decreto 759/2025 —mediante el cual el Gobierno suspendió la ejecución de la ley de financiamiento— presentaba rasgos de «arbitrariedad e ilegalidad manifiesta» y una inobservancia clara de deberes jurídicos específicos.
La postura de la UBA y las advertencias por incumplimiento
El vicerrector de la Universidad de Buenos Aires, Emiliano Yacobitti, se pronunció con firmeza tras conocerse el fallo. «El PEN debería cesar su ataque deliberado contra el sistema universitario y cuidar lo que realmente funciona, acatando el fallo y la ley», afirmó a través de sus redes sociales. Yacobitti advirtió que la persistencia en la desobediencia judicial podría configurar una causal de incumplimiento de los deberes de funcionario público, lo que reviste una gravedad institucional sin precedentes.
Asimismo, el funcionario universitario destacó que la gran mayoría del personal académico y administrativo percibe ingresos por debajo de la canasta básica. En este contexto, reclamó la apertura urgente de un canal de diálogo para evitar que la profundización del conflicto y las medidas de fuerza por tiempo indeterminado terminen perjudicando de manera irreversible a los estudiantes.
Un conflicto que no da tregua desde 2024
La tensión entre el sistema universitario y el Gobierno Nacional alcanzó su punto máximo con las masivas Marchas Federales de octubre de 2024 y septiembre de 2025. Bajo el lema “Si hay veto, hay marcha”, la comunidad educativa rechazó sistemáticamente los intentos del Ejecutivo por bloquear el financiamiento aprobado por el Congreso.
Pese a que la oposición logró sortear los vetos presidenciales a mediados del año pasado, el Gobierno utilizó decretos reglamentarios para frenar el flujo de fondos. Actualmente, la estrategia oficial de la Secretaría de Educación apunta a proponer una nueva ley que modifique el esquema financiero vigente, buscando un consenso parlamentario que otorgue seguridad jurídica y recursos, aunque la Justicia ya ha dejado claro que la ley actual debe cumplirse sin dilaciones mientras se discuten nuevas normas.
<p>La Cámara Federal confirmó una medida cautelar que obliga al Estado Nacional a cumplir con la Ley de Financiamiento Universitario, exigiendo la actualización salarial de docentes y no docentes y la recomposición de becas estudiantiles. El fallo desestima los argumentos oficiales sobre el impacto fiscal y subraya la obligación de proteger la educación pública frente al Decreto 759/2025 que suspendía los fondos.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En un nuevo capítulo de nuestra serie favorita «El Estado contra Todos», la Justicia Federal le acaba de dar un correctivo a la administración pública que dejó a más de un funcionario buscando el manual de derecho constitucional en Google. Resulta que los jueces Sergio Fernández y Jorge Morán miraron los argumentos del Gobierno sobre por qué no querían pagarle a los docentes universitarios y básicamente dijeron que lo que presentaron es «poco serio». En lenguaje tribunalicio, eso es el equivalente a que un profesor te devuelva un parcial con un dibujo de un asno en lugar de una nota; una forma elegante de decir: «Muchachos, traigan algo con más sustento que un hilo de Twitter porque esto no pasa ni por la puerta del juzgado».
La cautelar, que ya venía con el visto bueno del juez Enrique Cormick, exige que se cumplan los artículos 5 y 6 de la ley 27.795. O sea, hay que actualizar salarios docentes, no docentes y becas desde diciembre de 2023. El Gobierno, fiel a su estilo de «no hay plata pero para la timba siempre sobra», intentó meter miedo con el equilibrio fiscal, pero la Cámara les respondió con un «no es para tanto» magistral, aclarando que el impacto en las cuentas públicas es bajo comparado con el derecho a que la universidad no se caiga a pedazos. Es como si el Estado intentara ratearse de la cuota del gimnasio alegando quiebra nacional, mientras se compra un set de pesas de oro por otro lado.
Por supuesto, Emiliano Yacobitti no tardó en aparecer en escena para recordar que la desobediencia judicial no es un deporte olímpico y que jugar con fuego —o con el presupuesto de la UBA— puede terminar en una denuncia por incumplimiento de deberes de funcionario público. Mientras el Ejecutivo insiste en que la plata debe salir del Congreso y no de una orden judicial, los trabajadores universitarios siguen viendo cómo su salario compite palmo a palmo con el precio de un kilo de helado artesanal. Si esto sigue así, la próxima Marcha Federal no va a ser con banderas, sino con los abogados de todas las facultades haciendo una fila india hasta la puerta de la Rosada.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una resolución que marca un hito en el conflicto presupuestario, la Justicia Federal ratificó la vigencia de la medida cautelar que ordena al Poder Ejecutivo Nacional (PEN) dar cumplimiento inmediato a los artículos 5 y 6 de la ley 27.795. Esta normativa establece la actualización obligatoria de los salarios de los docentes y no docentes universitarios por el período comprendido entre diciembre de 2023 y la sanción de la ley en septiembre de 2025, además de exigir la recomposición integral de los programas de becas para estudiantes.
Fundamentos del fallo judicial y el rol del Estado
Los camaristas Sergio Fernández y Jorge Morán desestimaron los agravios presentados por la representación estatal, calificándolos como «poco serios». En sus fundamentos, la Cámara resaltó que el impacto fiscal de la aplicación de esta medida es bajo y no compromete el interés público de manera sustancial. Por el contrario, los magistrados enfatizaron que lo que se encuentra bajo amenaza es un derecho constitucional fundamental: la educación superior pública.
La cautelar original había sido dictada por el juez federal Enrique Cormick en diciembre pasado, tras un amparo promovido por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) con el respaldo de más de 40 casas de altos estudios. En aquel entonces, el magistrado señaló que el Decreto 759/2025 —mediante el cual el Gobierno suspendió la ejecución de la ley de financiamiento— presentaba rasgos de «arbitrariedad e ilegalidad manifiesta» y una inobservancia clara de deberes jurídicos específicos.
La postura de la UBA y las advertencias por incumplimiento
El vicerrector de la Universidad de Buenos Aires, Emiliano Yacobitti, se pronunció con firmeza tras conocerse el fallo. «El PEN debería cesar su ataque deliberado contra el sistema universitario y cuidar lo que realmente funciona, acatando el fallo y la ley», afirmó a través de sus redes sociales. Yacobitti advirtió que la persistencia en la desobediencia judicial podría configurar una causal de incumplimiento de los deberes de funcionario público, lo que reviste una gravedad institucional sin precedentes.
Asimismo, el funcionario universitario destacó que la gran mayoría del personal académico y administrativo percibe ingresos por debajo de la canasta básica. En este contexto, reclamó la apertura urgente de un canal de diálogo para evitar que la profundización del conflicto y las medidas de fuerza por tiempo indeterminado terminen perjudicando de manera irreversible a los estudiantes.
Un conflicto que no da tregua desde 2024
La tensión entre el sistema universitario y el Gobierno Nacional alcanzó su punto máximo con las masivas Marchas Federales de octubre de 2024 y septiembre de 2025. Bajo el lema “Si hay veto, hay marcha”, la comunidad educativa rechazó sistemáticamente los intentos del Ejecutivo por bloquear el financiamiento aprobado por el Congreso.
Pese a que la oposición logró sortear los vetos presidenciales a mediados del año pasado, el Gobierno utilizó decretos reglamentarios para frenar el flujo de fondos. Actualmente, la estrategia oficial de la Secretaría de Educación apunta a proponer una nueva ley que modifique el esquema financiero vigente, buscando un consenso parlamentario que otorgue seguridad jurídica y recursos, aunque la Justicia ya ha dejado claro que la ley actual debe cumplirse sin dilaciones mientras se discuten nuevas normas.
En un nuevo capítulo de nuestra serie favorita «El Estado contra Todos», la Justicia Federal le acaba de dar un correctivo a la administración pública que dejó a más de un funcionario buscando el manual de derecho constitucional en Google. Resulta que los jueces Sergio Fernández y Jorge Morán miraron los argumentos del Gobierno sobre por qué no querían pagarle a los docentes universitarios y básicamente dijeron que lo que presentaron es «poco serio». En lenguaje tribunalicio, eso es el equivalente a que un profesor te devuelva un parcial con un dibujo de un asno en lugar de una nota; una forma elegante de decir: «Muchachos, traigan algo con más sustento que un hilo de Twitter porque esto no pasa ni por la puerta del juzgado».
La cautelar, que ya venía con el visto bueno del juez Enrique Cormick, exige que se cumplan los artículos 5 y 6 de la ley 27.795. O sea, hay que actualizar salarios docentes, no docentes y becas desde diciembre de 2023. El Gobierno, fiel a su estilo de «no hay plata pero para la timba siempre sobra», intentó meter miedo con el equilibrio fiscal, pero la Cámara les respondió con un «no es para tanto» magistral, aclarando que el impacto en las cuentas públicas es bajo comparado con el derecho a que la universidad no se caiga a pedazos. Es como si el Estado intentara ratearse de la cuota del gimnasio alegando quiebra nacional, mientras se compra un set de pesas de oro por otro lado.
Por supuesto, Emiliano Yacobitti no tardó en aparecer en escena para recordar que la desobediencia judicial no es un deporte olímpico y que jugar con fuego —o con el presupuesto de la UBA— puede terminar en una denuncia por incumplimiento de deberes de funcionario público. Mientras el Ejecutivo insiste en que la plata debe salir del Congreso y no de una orden judicial, los trabajadores universitarios siguen viendo cómo su salario compite palmo a palmo con el precio de un kilo de helado artesanal. Si esto sigue así, la próxima Marcha Federal no va a ser con banderas, sino con los abogados de todas las facultades haciendo una fila india hasta la puerta de la Rosada.