En medio de las especulaciones sobre el valor que puede alcanzar el dólar hacia fin de año, el economista Orlando Ferreres advirtió que el tipo de cambio oficial no refleja una paridad de equilibrio. Según su estimación, la divisa debería ubicarse en torno a los $1.715 para diciembre de 2026, frente a una cotización oficial que actualmente ronda los $1.400.
Ferreres sostuvo que el movimiento del dólar debería acompañar la inflación esperada para el año, que según sus cálculos rondará el 30%. El economista estimó que el índice mensual se ubicaría cerca del 2,5% antes de bajar gradualmente hacia el 1,5%.
El dólar que proyecta Ferreres para fin de año
“Para nosotros la inflación del año va a dar 30%, o sea un número parecido al de 2025”, señaló Ferreres, al explicar que todavía persiste un reacomodamiento de precios relativos que presiona sobre el índice general.
Según el economista, la paridad teórica de equilibrio debería ubicarse hoy en torno a los $2.300 por dólar. A partir de ese cálculo, planteó que existe un atraso cambiario cercano al 30%.
“Haciendo el cálculo para atrás, nos da un atraso de un 30% aproximadamente. Aplicado eso, daría los $ 1700 que estamos calculando que va a entrar para diciembre de este año”, precisó Ferreres.
El índice Big Mac como referencia
Para explicar por qué considera necesario comparar el dólar con la evolución de los precios internos, Ferreres recordó que el tipo de cambio funciona como una referencia entre los costos de dos países. En ese punto, mencionó el índice Big Mac, utilizado internacionalmente para medir retrasos relativos entre monedas a partir del precio de un mismo producto.
“Algo de atraso hay y yo creo que eso va a tener que corregirlo el Gobierno de acá a fin de año”, insistió el economista.
Qué espera el mercado para los próximos meses
Las proyecciones privadas también anticipan una depreciación administrada de la moneda hacia fin de año. De acuerdo con relevamientos de mercado, el consenso ubicó al dólar oficial cerca de los $1.699,2 para el cierre de 2026 y en torno a los $1.956,6 para 2027.
Un relevamiento más reciente de FocusEconomics, citado por analistas privados, estimó que el tipo de cambio cerraría 2026 en $1.686,70 y finalizaría 2027 en $1.975,3, sin prever saltos abruptos, en un escenario sostenido por mayores exportaciones y superávit comercial.
Ferreres también señaló que el frente externo está aportando cierto alivio a la Argentina por la suba de precios del petróleo. Sin embargo, advirtió que la situación financiera internacional se mantiene volátil por los conflictos en el Estrecho de Ormuz, lo que obliga a seguir de cerca la liquidez del mercado local y la estrategia de tasas del Tesoro.
En ese contexto, el debate cambiario vuelve a quedar en el centro de las expectativas económicas: para Ferreres, el Gobierno deberá corregir el atraso del dólar antes de fin de año, mientras el mercado espera una depreciación gradual durante 2026.
<p>El economista <strong>Orlando Ferreres</strong> advirtió que el dólar oficial no refleja una paridad de equilibrio y estimó que debería ubicarse cerca de <strong>$1.715</strong> hacia diciembre de 2026. También señaló que la inflación anual rondaría el <strong>30%</strong> y que el Gobierno deberá corregir un atraso cambiario cercano al <strong>30%</strong>.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En la city porteña, ese ecosistema donde una pantalla con cotizaciones puede generar más suspenso que una final por penales, Orlando Ferreres volvió a ponerle número al dólar y encendió el tablero económico. Según su mirada, el tipo de cambio oficial, que ronda los $1.400, no está reflejando una paridad de equilibrio y debería acercarse a los $1.715 para diciembre. Traducido al idioma de la calle: el dólar estaría quieto, pero no necesariamente tranquilo; más bien parece ese invitado que no habla en toda la cena, aunque todos saben que en algún momento va a pedir la palabra.
Ferreres, uno de los economistas más escuchados por la City y señalado como una referencia que supo influir en Javier Milei, planteó que existe un atraso cambiario cercano al 30%. La frase tiene el encanto técnico de las advertencias económicas argentinas: no grita, no golpea la mesa, pero deja a más de uno mirando el home banking con la misma expresión con la que se mira una nube negra antes de salir sin paraguas.
Para explicar el asunto, el economista apeló al índice Big Mac, esa formidable invención moderna que logró convertir una hamburguesa en instrumento de análisis internacional. Mientras en otros países el Big Mac mide poder adquisitivo, competitividad y precios relativos, en Argentina además funciona como oráculo, alarma macroeconómica y posible unidad de medida emocional. Porque si hasta una hamburguesa entra en el debate cambiario, es evidente que la economía nacional ya no distingue entre menú rápido y política monetaria.
El cálculo de Ferreres parte de una inflación que, según estimó, rondaría el 30% anual, con registros mensuales cercanos al 2,5% antes de bajar gradualmente hacia el 1,5%. En ese marco, consideró que el dólar debería acompañar el movimiento de precios para evitar una pérdida de competitividad. Es la clásica escena argentina: el Gobierno intenta sostener la calma cambiaria, el mercado calcula hasta el último decimal y los analistas advierten que la estabilidad, si no se administra con cuidado, puede terminar pareciéndose demasiado a una siesta arriba de una cornisa.
El frente externo, según el economista, ofrece algo de ayuda por la suba del petróleo, pero también suma incertidumbre por la volatilidad financiera global y los conflictos en el Estrecho de Ormuz. Así, entre exportaciones, tasas del Tesoro, liquidez local y proyecciones privadas, el dólar vuelve a ocupar el centro de una conversación que nunca se jubila. En Argentina, podrá cambiar el Gobierno, el régimen monetario o el color de los billetes; lo que no cambia es la vocación nacional de preguntarse, cada tres días y con creciente dramatismo, cuánto debería valer realmente el dólar.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En medio de las especulaciones sobre el valor que puede alcanzar el dólar hacia fin de año, el economista Orlando Ferreres advirtió que el tipo de cambio oficial no refleja una paridad de equilibrio. Según su estimación, la divisa debería ubicarse en torno a los $1.715 para diciembre de 2026, frente a una cotización oficial que actualmente ronda los $1.400.
Ferreres sostuvo que el movimiento del dólar debería acompañar la inflación esperada para el año, que según sus cálculos rondará el 30%. El economista estimó que el índice mensual se ubicaría cerca del 2,5% antes de bajar gradualmente hacia el 1,5%.
El dólar que proyecta Ferreres para fin de año
“Para nosotros la inflación del año va a dar 30%, o sea un número parecido al de 2025”, señaló Ferreres, al explicar que todavía persiste un reacomodamiento de precios relativos que presiona sobre el índice general.
Según el economista, la paridad teórica de equilibrio debería ubicarse hoy en torno a los $2.300 por dólar. A partir de ese cálculo, planteó que existe un atraso cambiario cercano al 30%.
“Haciendo el cálculo para atrás, nos da un atraso de un 30% aproximadamente. Aplicado eso, daría los $ 1700 que estamos calculando que va a entrar para diciembre de este año”, precisó Ferreres.
El índice Big Mac como referencia
Para explicar por qué considera necesario comparar el dólar con la evolución de los precios internos, Ferreres recordó que el tipo de cambio funciona como una referencia entre los costos de dos países. En ese punto, mencionó el índice Big Mac, utilizado internacionalmente para medir retrasos relativos entre monedas a partir del precio de un mismo producto.
“Algo de atraso hay y yo creo que eso va a tener que corregirlo el Gobierno de acá a fin de año”, insistió el economista.
Qué espera el mercado para los próximos meses
Las proyecciones privadas también anticipan una depreciación administrada de la moneda hacia fin de año. De acuerdo con relevamientos de mercado, el consenso ubicó al dólar oficial cerca de los $1.699,2 para el cierre de 2026 y en torno a los $1.956,6 para 2027.
Un relevamiento más reciente de FocusEconomics, citado por analistas privados, estimó que el tipo de cambio cerraría 2026 en $1.686,70 y finalizaría 2027 en $1.975,3, sin prever saltos abruptos, en un escenario sostenido por mayores exportaciones y superávit comercial.
Ferreres también señaló que el frente externo está aportando cierto alivio a la Argentina por la suba de precios del petróleo. Sin embargo, advirtió que la situación financiera internacional se mantiene volátil por los conflictos en el Estrecho de Ormuz, lo que obliga a seguir de cerca la liquidez del mercado local y la estrategia de tasas del Tesoro.
En ese contexto, el debate cambiario vuelve a quedar en el centro de las expectativas económicas: para Ferreres, el Gobierno deberá corregir el atraso del dólar antes de fin de año, mientras el mercado espera una depreciación gradual durante 2026.
En la city porteña, ese ecosistema donde una pantalla con cotizaciones puede generar más suspenso que una final por penales, Orlando Ferreres volvió a ponerle número al dólar y encendió el tablero económico. Según su mirada, el tipo de cambio oficial, que ronda los $1.400, no está reflejando una paridad de equilibrio y debería acercarse a los $1.715 para diciembre. Traducido al idioma de la calle: el dólar estaría quieto, pero no necesariamente tranquilo; más bien parece ese invitado que no habla en toda la cena, aunque todos saben que en algún momento va a pedir la palabra.
Ferreres, uno de los economistas más escuchados por la City y señalado como una referencia que supo influir en Javier Milei, planteó que existe un atraso cambiario cercano al 30%. La frase tiene el encanto técnico de las advertencias económicas argentinas: no grita, no golpea la mesa, pero deja a más de uno mirando el home banking con la misma expresión con la que se mira una nube negra antes de salir sin paraguas.
Para explicar el asunto, el economista apeló al índice Big Mac, esa formidable invención moderna que logró convertir una hamburguesa en instrumento de análisis internacional. Mientras en otros países el Big Mac mide poder adquisitivo, competitividad y precios relativos, en Argentina además funciona como oráculo, alarma macroeconómica y posible unidad de medida emocional. Porque si hasta una hamburguesa entra en el debate cambiario, es evidente que la economía nacional ya no distingue entre menú rápido y política monetaria.
El cálculo de Ferreres parte de una inflación que, según estimó, rondaría el 30% anual, con registros mensuales cercanos al 2,5% antes de bajar gradualmente hacia el 1,5%. En ese marco, consideró que el dólar debería acompañar el movimiento de precios para evitar una pérdida de competitividad. Es la clásica escena argentina: el Gobierno intenta sostener la calma cambiaria, el mercado calcula hasta el último decimal y los analistas advierten que la estabilidad, si no se administra con cuidado, puede terminar pareciéndose demasiado a una siesta arriba de una cornisa.
El frente externo, según el economista, ofrece algo de ayuda por la suba del petróleo, pero también suma incertidumbre por la volatilidad financiera global y los conflictos en el Estrecho de Ormuz. Así, entre exportaciones, tasas del Tesoro, liquidez local y proyecciones privadas, el dólar vuelve a ocupar el centro de una conversación que nunca se jubila. En Argentina, podrá cambiar el Gobierno, el régimen monetario o el color de los billetes; lo que no cambia es la vocación nacional de preguntarse, cada tres días y con creciente dramatismo, cuánto debería valer realmente el dólar.