Luego de un vínculo que se extendió por 15 años, 1 mes y 25 días, Mauricio Macri y Juliana Awada han decidido poner fin a su matrimonio. La relación, que se convirtió en una de las más observadas de la política y la sociedad argentina, concluyó de común acuerdo tras un proceso de maduración que, según allegados, tomó aproximadamente un año de conversaciones y evaluaciones internas sobre el futuro de ambos.
Ambos protagonistas contaban con experiencias matrimoniales previas antes de cruzarse en un gimnasio de Barrio Parque. Macri, nacido en Tandil, se había casado anteriormente con Ivonne Bordeu, madre de sus tres hijos mayores, y con Isabel Menditeguy. Por su parte, Awada había tenido un matrimonio breve con Gustavo Capello y una relación de larga data con Bruno Laurent Barbier, con quien tuvo a su hija Valentina. Además de su círculo social, compartían el haber atravesado experiencias traumáticas similares vinculadas a secuestros extorsivos sufridos por el propio Macri en 1991 y por el padre de Juliana, Abraham Awada, en 2001.
El inicio del romance y el desgaste del poder
La relación escaló con celeridad desde sus inicios. Según se relata, “lo cierto es que solamente tres meses después de esa primera conversación en el gimnasio, y luego del fin de semana tandilense, comenzó la convivencia”. A pesar de que Juliana rechazó la propuesta matrimonial en dos ocasiones iniciales por temor a la premura, el casamiento finalmente se concretó, consolidando una imagen de pareja sólida que acompañó a Macri durante su gestión como Jefe de Gobierno porteño y, posteriormente, como Presidente de la Nación.
Sin embargo, el ejercicio de la función pública y la exposición mediática extrema comenzaron a erosionar el vínculo. A mediados de 2024, las versiones de una crisis matrimonial cobraron fuerza en los medios de comunicación, fundamentadas principalmente en la ausencia de publicaciones conjuntas en redes sociales y en la realización de viajes por separado. Un hito que marcó la especulación fue el viaje de Awada a la región de La Puglia, Italia, en agosto de 2024, sin la compañía del exmandatario.
Desmentidas y resolución final
En noviembre del año pasado, la propia Awada intentó disipar los rumores en contacto con la prensa especializada: “La gente está aburrida. Estamos súper bien, mejor que nunca diría. Que la gente se ocupe de sí misma y no de los demás”. En la misma línea, Macri optó por el humor para restarle importancia a las versiones, asegurando que se trataba de especulaciones de personas sin ocupación.
Pese a las desmentidas públicas y a una foto familiar compartida en diciembre para calmar la agitación mediática, la pareja ya se encontraba evaluando la separación. La resolución definitiva se tomó siete días antes de las fiestas de fin de año. Con el objetivo de preservar la armonía familiar y por el bienestar de su hija Antonia, decidieron compartir la Navidad y el Año Nuevo antes de formalizar el distanciamiento.
“Entre aquel primer distanciamiento de fines del 2024 y la decisión de separarse pasaron charlas con mucho amor y, haciendo hincapié en la maravillosa historia que vivieron juntos, decidieron de común acuerdo separarse y ver cada uno desde su espacio qué es lo que les pasa”, confiaron fuentes cercanas al entorno de la ahora expareja presidencial.
<p>Tras quince años de matrimonio, el expresidente Mauricio Macri y la empresaria Juliana Awada confirmaron el fin de su relación sentimental. Según fuentes cercanas, la pareja tomó la decisión de común acuerdo tras atravesar una crisis que se extendió durante el último año. A pesar de la ruptura, ambos compartieron las celebraciones de fin de año en un clima de respeto y cordialidad por el bienestar de su hija en común.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Se terminó lo que se daba, señoras y señores. El país está en shock, no porque haya subido el riesgo país o porque el asado esté a precio de lingote de oro, sino porque la pareja que inventó el concepto de «pobreza cero» en materia de imperfecciones estéticas ha decidido colgar los guantes. Mauricio y Juliana, el dúo dinámico que nos hizo creer que se podía gobernar un país mientras se combinaban texturas de lino y tonos tierra, confirmaron que el amor se les gastó de tanto usarlo, o quizás de tanto viajar por separado a La Puglia, porque aparentemente el Wi-Fi en el sur de Italia no alcanza para subir una selfie matrimonial.
La noticia cae como un balde de agua fría para los que todavía creían en los cuentos de hadas con retiro efectivo en Cumelén. Resulta que ni toda la meditación trascendental ni los retiros espirituales en Chapadmalal pudieron salvar este barco que venía haciendo agua desde que Juliana dejó de postear fotos del «hechicero» en su Instagram. Pasamos meses analizando el feed de Awada como si fueran jeroglíficos egipcios, buscando una sombra de Mauricio entre los canastos de mimbre y las huertas orgánicas, pero nada. El silencio digital era más fuerte que una cadena nacional en hora pico. Al final, los rumores tenían razón: el «estamos mejor que nunca» era el equivalente diplomático al «estamos evaluando los daños antes de llamar al abogado».
Es el fin de una era. Ya no habrá más «besos apasionados» coreografiados para las cámaras de los programas de chimentos ni caminatas por la playa que parecen salidas de un catálogo de ropa de marca cara. Ahora queda la duda existencial que desvela a los argentinos: ¿quién se queda con la custodia de los bowls de cerámica y quién heredará la técnica milenaria para que el cabello luzca despeinado pero cueste dos mil dólares? Mauricio vuelve a la soltería con el currículum de un hombre que sabe lo que es ser secuestrado, presidir un club de fútbol y un país, pero que evidentemente no pudo pasar el nivel final de «convivencia post-presidencial». ¡Fuerza, Mauri! Siempre podés volver a Boca, que ahí los conflictos son mucho más fáciles de manejar que una crisis de pareja un domingo de lluvia.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Luego de un vínculo que se extendió por 15 años, 1 mes y 25 días, Mauricio Macri y Juliana Awada han decidido poner fin a su matrimonio. La relación, que se convirtió en una de las más observadas de la política y la sociedad argentina, concluyó de común acuerdo tras un proceso de maduración que, según allegados, tomó aproximadamente un año de conversaciones y evaluaciones internas sobre el futuro de ambos.
Ambos protagonistas contaban con experiencias matrimoniales previas antes de cruzarse en un gimnasio de Barrio Parque. Macri, nacido en Tandil, se había casado anteriormente con Ivonne Bordeu, madre de sus tres hijos mayores, y con Isabel Menditeguy. Por su parte, Awada había tenido un matrimonio breve con Gustavo Capello y una relación de larga data con Bruno Laurent Barbier, con quien tuvo a su hija Valentina. Además de su círculo social, compartían el haber atravesado experiencias traumáticas similares vinculadas a secuestros extorsivos sufridos por el propio Macri en 1991 y por el padre de Juliana, Abraham Awada, en 2001.
El inicio del romance y el desgaste del poder
La relación escaló con celeridad desde sus inicios. Según se relata, “lo cierto es que solamente tres meses después de esa primera conversación en el gimnasio, y luego del fin de semana tandilense, comenzó la convivencia”. A pesar de que Juliana rechazó la propuesta matrimonial en dos ocasiones iniciales por temor a la premura, el casamiento finalmente se concretó, consolidando una imagen de pareja sólida que acompañó a Macri durante su gestión como Jefe de Gobierno porteño y, posteriormente, como Presidente de la Nación.
Sin embargo, el ejercicio de la función pública y la exposición mediática extrema comenzaron a erosionar el vínculo. A mediados de 2024, las versiones de una crisis matrimonial cobraron fuerza en los medios de comunicación, fundamentadas principalmente en la ausencia de publicaciones conjuntas en redes sociales y en la realización de viajes por separado. Un hito que marcó la especulación fue el viaje de Awada a la región de La Puglia, Italia, en agosto de 2024, sin la compañía del exmandatario.
Desmentidas y resolución final
En noviembre del año pasado, la propia Awada intentó disipar los rumores en contacto con la prensa especializada: “La gente está aburrida. Estamos súper bien, mejor que nunca diría. Que la gente se ocupe de sí misma y no de los demás”. En la misma línea, Macri optó por el humor para restarle importancia a las versiones, asegurando que se trataba de especulaciones de personas sin ocupación.
Pese a las desmentidas públicas y a una foto familiar compartida en diciembre para calmar la agitación mediática, la pareja ya se encontraba evaluando la separación. La resolución definitiva se tomó siete días antes de las fiestas de fin de año. Con el objetivo de preservar la armonía familiar y por el bienestar de su hija Antonia, decidieron compartir la Navidad y el Año Nuevo antes de formalizar el distanciamiento.
“Entre aquel primer distanciamiento de fines del 2024 y la decisión de separarse pasaron charlas con mucho amor y, haciendo hincapié en la maravillosa historia que vivieron juntos, decidieron de común acuerdo separarse y ver cada uno desde su espacio qué es lo que les pasa”, confiaron fuentes cercanas al entorno de la ahora expareja presidencial.
Se terminó lo que se daba, señoras y señores. El país está en shock, no porque haya subido el riesgo país o porque el asado esté a precio de lingote de oro, sino porque la pareja que inventó el concepto de «pobreza cero» en materia de imperfecciones estéticas ha decidido colgar los guantes. Mauricio y Juliana, el dúo dinámico que nos hizo creer que se podía gobernar un país mientras se combinaban texturas de lino y tonos tierra, confirmaron que el amor se les gastó de tanto usarlo, o quizás de tanto viajar por separado a La Puglia, porque aparentemente el Wi-Fi en el sur de Italia no alcanza para subir una selfie matrimonial.
La noticia cae como un balde de agua fría para los que todavía creían en los cuentos de hadas con retiro efectivo en Cumelén. Resulta que ni toda la meditación trascendental ni los retiros espirituales en Chapadmalal pudieron salvar este barco que venía haciendo agua desde que Juliana dejó de postear fotos del «hechicero» en su Instagram. Pasamos meses analizando el feed de Awada como si fueran jeroglíficos egipcios, buscando una sombra de Mauricio entre los canastos de mimbre y las huertas orgánicas, pero nada. El silencio digital era más fuerte que una cadena nacional en hora pico. Al final, los rumores tenían razón: el «estamos mejor que nunca» era el equivalente diplomático al «estamos evaluando los daños antes de llamar al abogado».
Es el fin de una era. Ya no habrá más «besos apasionados» coreografiados para las cámaras de los programas de chimentos ni caminatas por la playa que parecen salidas de un catálogo de ropa de marca cara. Ahora queda la duda existencial que desvela a los argentinos: ¿quién se queda con la custodia de los bowls de cerámica y quién heredará la técnica milenaria para que el cabello luzca despeinado pero cueste dos mil dólares? Mauricio vuelve a la soltería con el currículum de un hombre que sabe lo que es ser secuestrado, presidir un club de fútbol y un país, pero que evidentemente no pudo pasar el nivel final de «convivencia post-presidencial». ¡Fuerza, Mauri! Siempre podés volver a Boca, que ahí los conflictos son mucho más fáciles de manejar que una crisis de pareja un domingo de lluvia.