La temporada de verano en la costa atlántica trae consigo una problemática que se repite de manera sistemática: las estafas en alquileres temporarios. Delincuentes utilizan diversas plataformas digitales para publicar avisos falsos, empleando imágenes robadas de inmobiliarias legítimas y ofreciendo propiedades a precios significativamente inferiores a los valores de mercado. El objetivo es obtener una transferencia bancaria en concepto de seña antes de que el turista llegue al destino.
Una vez concretado el pago, el supuesto locador interrumpe todo contacto. Al arribar a Mar del Plata, las víctimas se encuentran con que la dirección proporcionada no existe o que la propiedad nunca estuvo disponible para alquiler. Sobre este fenómeno, Verónica Berasueta, vicepresidenta del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos, señaló: “Todos los años, cuando empieza el movimiento propio del verano, llega gente a las inmobiliarias porque fue estafada”.
Nuevas modalidades y el impacto de la virtualidad
Berasueta, quien cuenta con 25 años de trayectoria en el sector, explicó que, si bien estas maniobras existían previamente, el auge de las redes sociales ha facilitado la ejecución de estos delitos. “Antes también pasaba”, reconoció, aunque aclaró que las estafas virtuales han incrementado los casos. “Les dan direcciones inexistentes o les hacen depositar en cuentas que no son ni de inmobiliarias ni de dueños directos. Son cuentas que se abren justamente para este tipo de estafas”, detalló la profesional.
El uso de Facebook Marketplace se ha consolidado como uno de los espacios de mayor riesgo para estas transacciones. Según la martillera, los delincuentes extraen material real de sitios web oficiales para generar confianza en los interesados. “Nos roban imágenes de las páginas, las publican a menor valor, usan números de cuentas y levantan señas, sobre todo en Marketplace. Después desaparecen”, relató Berasueta, advirtiendo que la gente suele depositar “tentada por algo más barato”.
Cómo evitar fraudes en el alquiler temporario
Para evitar estas situaciones frustrantes, desde el Colegio de Martilleros enfatizan la importancia de tomar precauciones simples pero determinantes. La recomendación principal es contratar siempre con profesionales matriculados e inmobiliarias registradas. Para facilitar esta verificación, la institución dispone de una página web oficial donde se puede consultar el padrón completo de inmobiliarias habilitadas para operar en Mar del Plata.
Asimismo, ante la detección de posibles irregularidades o tras haber sido víctima de un fraude, se recomienda tomar contacto con la Defensoría del Pueblo o radicar la denuncia correspondiente ante la Fiscalía de Delitos Informáticos, ubicada en la calle Gascón. La verificación previa de la identidad del locador y la desconfianza ante precios desproporcionadamente bajos son las herramientas más efectivas para garantizar una estancia segura en la costa.
<p>El Colegio de Martilleros de Mar del Plata alertó sobre la proliferación de estafas en alquileres temporarios mediante avisos falsos en internet. Delincuentes utilizan imágenes robadas y precios irrisorios para captar turistas que pierden sus señas al transferir dinero a cuentas fantasmales. Las autoridades recomiendan contratar exclusivamente a través de profesionales matriculados y verificar el padrón oficial para evitar fraudes estivales.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la temporada alta de la ingenuidad humana, ese período mágico del año donde personas adultas, con capacidad de voto y manejo de cuentas bancarias, creen que pueden alquilar un semipiso con vista al mar en Playa Grande por el precio de tres docenas de churros. El ecosistema digital se ha convertido en un safari donde el turista es el ejemplar más fácil de cazar, especialmente cuando navega por Marketplace con la guardia baja y el deseo irrefrenable de veranear en «La Feliz» sin declarar sus ahorros. La mecánica es de una simpleza que asusta: un aviso con fotos de una mansión digna de una estrella de Hollywood, un precio que no cubre ni el costo de las expensas y un «dueño directo» que contesta por WhatsApp con la urgencia de quien está por cerrar un trato con un jeque árabe.
El problema surge cuando, tras transferir la seña con la esperanza de estar asegurando el descanso del guerrero, el contacto se desintegra en el éter digital más rápido que una promesa de campaña. El turista llega a la dirección indicada cargando heladeritas, sombrillas y tres generaciones de parientes, solo para descubrir que en ese terreno funciona una gomería o que la propiedad pertenece a una jubilada que no tiene la menor intención de hospedar a catorce personas de San Juan. Es el momento en que la «vacación soñada» se transforma en un retiro espiritual forzado en la comisaría más cercana, mientras el estafador probablemente está brindando a su salud con el dinero que usted destinó para las rabas. La creatividad delictiva ha superado con creces a la infraestructura turística, logrando que el acto de alquilar un departamento sea una actividad de mayor riesgo que practicar paracaidismo sin equipo.
Desde el Colegio de Martilleros intentan poner un manto de cordura en este caos, recordando que existe algo llamado «profesionales matriculados», una especie en extinción que se empeña en cumplir la ley y cobrar lo que las cosas realmente valen. Pero claro, la tentación del «ofertón» de internet es más fuerte que el sentido común. La gente deposita dinero en cuentas abiertas con la misma facilidad con la que se abre un paquete de galletitas, ignorando que el anonimato de la red es el mejor aliado del delincuente. Al final, lo barato sale caro, y lo muy barato sale en la sección de policiales. Si la oferta parece demasiado buena para ser verdad, probablemente lo sea, y lo único que va a recibir a cambio de su transferencia será una lección de vida extremadamente costosa y la oportunidad de conocer a fondo la Fiscalía de Delitos Informáticos, que en enero suele estar más concurrida que la Bristol al mediodía.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La temporada de verano en la costa atlántica trae consigo una problemática que se repite de manera sistemática: las estafas en alquileres temporarios. Delincuentes utilizan diversas plataformas digitales para publicar avisos falsos, empleando imágenes robadas de inmobiliarias legítimas y ofreciendo propiedades a precios significativamente inferiores a los valores de mercado. El objetivo es obtener una transferencia bancaria en concepto de seña antes de que el turista llegue al destino.
Una vez concretado el pago, el supuesto locador interrumpe todo contacto. Al arribar a Mar del Plata, las víctimas se encuentran con que la dirección proporcionada no existe o que la propiedad nunca estuvo disponible para alquiler. Sobre este fenómeno, Verónica Berasueta, vicepresidenta del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos, señaló: “Todos los años, cuando empieza el movimiento propio del verano, llega gente a las inmobiliarias porque fue estafada”.
Nuevas modalidades y el impacto de la virtualidad
Berasueta, quien cuenta con 25 años de trayectoria en el sector, explicó que, si bien estas maniobras existían previamente, el auge de las redes sociales ha facilitado la ejecución de estos delitos. “Antes también pasaba”, reconoció, aunque aclaró que las estafas virtuales han incrementado los casos. “Les dan direcciones inexistentes o les hacen depositar en cuentas que no son ni de inmobiliarias ni de dueños directos. Son cuentas que se abren justamente para este tipo de estafas”, detalló la profesional.
El uso de Facebook Marketplace se ha consolidado como uno de los espacios de mayor riesgo para estas transacciones. Según la martillera, los delincuentes extraen material real de sitios web oficiales para generar confianza en los interesados. “Nos roban imágenes de las páginas, las publican a menor valor, usan números de cuentas y levantan señas, sobre todo en Marketplace. Después desaparecen”, relató Berasueta, advirtiendo que la gente suele depositar “tentada por algo más barato”.
Cómo evitar fraudes en el alquiler temporario
Para evitar estas situaciones frustrantes, desde el Colegio de Martilleros enfatizan la importancia de tomar precauciones simples pero determinantes. La recomendación principal es contratar siempre con profesionales matriculados e inmobiliarias registradas. Para facilitar esta verificación, la institución dispone de una página web oficial donde se puede consultar el padrón completo de inmobiliarias habilitadas para operar en Mar del Plata.
Asimismo, ante la detección de posibles irregularidades o tras haber sido víctima de un fraude, se recomienda tomar contacto con la Defensoría del Pueblo o radicar la denuncia correspondiente ante la Fiscalía de Delitos Informáticos, ubicada en la calle Gascón. La verificación previa de la identidad del locador y la desconfianza ante precios desproporcionadamente bajos son las herramientas más efectivas para garantizar una estancia segura en la costa.
Bienvenidos a la temporada alta de la ingenuidad humana, ese período mágico del año donde personas adultas, con capacidad de voto y manejo de cuentas bancarias, creen que pueden alquilar un semipiso con vista al mar en Playa Grande por el precio de tres docenas de churros. El ecosistema digital se ha convertido en un safari donde el turista es el ejemplar más fácil de cazar, especialmente cuando navega por Marketplace con la guardia baja y el deseo irrefrenable de veranear en «La Feliz» sin declarar sus ahorros. La mecánica es de una simpleza que asusta: un aviso con fotos de una mansión digna de una estrella de Hollywood, un precio que no cubre ni el costo de las expensas y un «dueño directo» que contesta por WhatsApp con la urgencia de quien está por cerrar un trato con un jeque árabe.
El problema surge cuando, tras transferir la seña con la esperanza de estar asegurando el descanso del guerrero, el contacto se desintegra en el éter digital más rápido que una promesa de campaña. El turista llega a la dirección indicada cargando heladeritas, sombrillas y tres generaciones de parientes, solo para descubrir que en ese terreno funciona una gomería o que la propiedad pertenece a una jubilada que no tiene la menor intención de hospedar a catorce personas de San Juan. Es el momento en que la «vacación soñada» se transforma en un retiro espiritual forzado en la comisaría más cercana, mientras el estafador probablemente está brindando a su salud con el dinero que usted destinó para las rabas. La creatividad delictiva ha superado con creces a la infraestructura turística, logrando que el acto de alquilar un departamento sea una actividad de mayor riesgo que practicar paracaidismo sin equipo.
Desde el Colegio de Martilleros intentan poner un manto de cordura en este caos, recordando que existe algo llamado «profesionales matriculados», una especie en extinción que se empeña en cumplir la ley y cobrar lo que las cosas realmente valen. Pero claro, la tentación del «ofertón» de internet es más fuerte que el sentido común. La gente deposita dinero en cuentas abiertas con la misma facilidad con la que se abre un paquete de galletitas, ignorando que el anonimato de la red es el mejor aliado del delincuente. Al final, lo barato sale caro, y lo muy barato sale en la sección de policiales. Si la oferta parece demasiado buena para ser verdad, probablemente lo sea, y lo único que va a recibir a cambio de su transferencia será una lección de vida extremadamente costosa y la oportunidad de conocer a fondo la Fiscalía de Delitos Informáticos, que en enero suele estar más concurrida que la Bristol al mediodía.