La República Argentina reafirma su rol protagónico en las misiones de paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mediante su participación continua en la UNFICYP (Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre). Esta isla mediterránea, dividida políticamente desde 1974 tras un golpe de Estado y la posterior intervención militar turca, mantiene una separación territorial conocida como la “Línea Verde”, que divide al país y a su capital, Nicosia, en dos sectores claramente delimitados.
Presencia argentina y control del Sector 1
Desde el año 1993, las Fuerzas Armadas argentinas integran la Fuerza de Tareas que opera en la isla. Actualmente, el contingente nacional está compuesto por aproximadamente 200 efectivos provenientes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. La responsabilidad argentina se concentra en el denominado Sector 1, una franja de 90 kilómetros de extensión donde el personal realiza tareas de vigilancia de las líneas de cesación del fuego y mantenimiento de la zona de amortiguación.
Los operativos nacionales se coordinan desde cuatro bases principales y patrullas móviles que tienen sus centros logísticos en los campos denominados “San Martín” y “Roca”. A este despliegue terrestre se suma la unidad UNFLIGHT, conformada por helicópteros y personal de la Fuerza Aérea Argentina, con base en el antiguo aeropuerto de Nicosia, destinada a proporcionar apoyo logístico y reconocimiento aéreo esencial para el éxito de la misión.
Historias de servicio: El caso de la sargento primero Soria
Dentro de este marco de profesionalismo militar, destacan historias personales que reflejan el compromiso nacional. La sargento primero Soledad Soria, integrante del histórico Regimiento de Patricios, se encuentra actualmente cumpliendo su tercera misión en Chipre. Soy mamá soltera y tengo dos hijas adolescentes. Estoy acá porque es una oportunidad y una experiencia profesional, explica la suboficial, quien anteriormente formó parte de las Fuerzas de Tarea 49 y 60.
La participación de mujeres en estos escenarios internacionales ha crecido exponencialmente, aportando una perspectiva fundamental en las actividades humanitarias y de mediación que la UNFICYP lleva adelante para impedir el reinicio de las hostilidades entre las comunidades turco y greco-chipriotas. La estabilidad de la isla, miembro de la Unión Europea, depende en gran medida de la eficacia de estos «Cascos Azules» que, tras décadas de conflicto, siguen siendo el único puente de comunicación en una nación dividida.
<p>Argentina mantiene su compromiso en la misión de paz UNFICYP de la ONU en Chipre, donde despliega más de 200 efectivos en el Sector 1 para vigilar la «Línea Verde». La participación nacional, vigente desde 1993, incluye patrullas terrestres y apoyo logístico aéreo. En este contexto, se destaca la labor de la sargento primero Soledad Soria, quien cumple su tercera misión profesional en la isla mediterránea.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Chipre, esa isla del Mediterráneo que tiene más capas de historia que una lasaña recalentada, sigue siendo el escenario de una de las misiones de paz más largas del mundo, y Argentina, como no podía ser de otra manera, está ahí metida en el medio. Para el que no conoce la interna, la isla está partida al medio como un alfajor mal cortado desde 1974, cuando los griegos y los turcos decidieron que la convivencia estaba sobrevalorada y trazaron la «Línea Verde». Desde entonces, la ONU puso un cordón de seguridad para que no se sigan tirando con todo, y ahí es donde entran nuestros compatriotas, que desde 1993 cambiaron el asado por el hummus y las patrullas en la pampa por la vigilancia de una zona de amortiguación que separa a dos bandos que todavía se miran con menos cariño que dos hinchas de equipos rivales en un clásico sanjuanino.
Nuestros efectivos operan en el Sector 1, un tramo de 90 kilómetros donde tienen bases con nombres tan criollos como «San Martín» y «Roca», porque si vas a estar a miles de kilómetros de casa vigilando que nadie cruce una frontera invisible, lo mínimo es sentir que el general te está cuidando las espaldas. Pero lo más tierno —y a la vez profesional— de esta historia es el despliegue de helicópteros argentinos en el aeropuerto abandonado de Nicosia, donde hacen patrullas en un lugar que parece el escenario de una película post-apocalíptica pero con uniformes de la ONU. Entre esos 200 efectivos está la sargento primero Soledad Soria, una mamá todoterreno del Regimiento de Patricios que ya va por su tercera misión. Mientras algunos de nosotros sufrimos para organizar el grupo de WhatsApp de las madres del colegio, ella gestiona la paz internacional y a dos hijas adolescentes desde el otro lado del charco, demostrando que para una madre argentina, una zona de conflicto en el Mediterráneo es casi un recreo comparado con la logística doméstica.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La República Argentina reafirma su rol protagónico en las misiones de paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mediante su participación continua en la UNFICYP (Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre). Esta isla mediterránea, dividida políticamente desde 1974 tras un golpe de Estado y la posterior intervención militar turca, mantiene una separación territorial conocida como la “Línea Verde”, que divide al país y a su capital, Nicosia, en dos sectores claramente delimitados.
Presencia argentina y control del Sector 1
Desde el año 1993, las Fuerzas Armadas argentinas integran la Fuerza de Tareas que opera en la isla. Actualmente, el contingente nacional está compuesto por aproximadamente 200 efectivos provenientes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. La responsabilidad argentina se concentra en el denominado Sector 1, una franja de 90 kilómetros de extensión donde el personal realiza tareas de vigilancia de las líneas de cesación del fuego y mantenimiento de la zona de amortiguación.
Los operativos nacionales se coordinan desde cuatro bases principales y patrullas móviles que tienen sus centros logísticos en los campos denominados “San Martín” y “Roca”. A este despliegue terrestre se suma la unidad UNFLIGHT, conformada por helicópteros y personal de la Fuerza Aérea Argentina, con base en el antiguo aeropuerto de Nicosia, destinada a proporcionar apoyo logístico y reconocimiento aéreo esencial para el éxito de la misión.
Historias de servicio: El caso de la sargento primero Soria
Dentro de este marco de profesionalismo militar, destacan historias personales que reflejan el compromiso nacional. La sargento primero Soledad Soria, integrante del histórico Regimiento de Patricios, se encuentra actualmente cumpliendo su tercera misión en Chipre. Soy mamá soltera y tengo dos hijas adolescentes. Estoy acá porque es una oportunidad y una experiencia profesional, explica la suboficial, quien anteriormente formó parte de las Fuerzas de Tarea 49 y 60.
La participación de mujeres en estos escenarios internacionales ha crecido exponencialmente, aportando una perspectiva fundamental en las actividades humanitarias y de mediación que la UNFICYP lleva adelante para impedir el reinicio de las hostilidades entre las comunidades turco y greco-chipriotas. La estabilidad de la isla, miembro de la Unión Europea, depende en gran medida de la eficacia de estos «Cascos Azules» que, tras décadas de conflicto, siguen siendo el único puente de comunicación en una nación dividida.
Chipre, esa isla del Mediterráneo que tiene más capas de historia que una lasaña recalentada, sigue siendo el escenario de una de las misiones de paz más largas del mundo, y Argentina, como no podía ser de otra manera, está ahí metida en el medio. Para el que no conoce la interna, la isla está partida al medio como un alfajor mal cortado desde 1974, cuando los griegos y los turcos decidieron que la convivencia estaba sobrevalorada y trazaron la «Línea Verde». Desde entonces, la ONU puso un cordón de seguridad para que no se sigan tirando con todo, y ahí es donde entran nuestros compatriotas, que desde 1993 cambiaron el asado por el hummus y las patrullas en la pampa por la vigilancia de una zona de amortiguación que separa a dos bandos que todavía se miran con menos cariño que dos hinchas de equipos rivales en un clásico sanjuanino.
Nuestros efectivos operan en el Sector 1, un tramo de 90 kilómetros donde tienen bases con nombres tan criollos como «San Martín» y «Roca», porque si vas a estar a miles de kilómetros de casa vigilando que nadie cruce una frontera invisible, lo mínimo es sentir que el general te está cuidando las espaldas. Pero lo más tierno —y a la vez profesional— de esta historia es el despliegue de helicópteros argentinos en el aeropuerto abandonado de Nicosia, donde hacen patrullas en un lugar que parece el escenario de una película post-apocalíptica pero con uniformes de la ONU. Entre esos 200 efectivos está la sargento primero Soledad Soria, una mamá todoterreno del Regimiento de Patricios que ya va por su tercera misión. Mientras algunos de nosotros sufrimos para organizar el grupo de WhatsApp de las madres del colegio, ella gestiona la paz internacional y a dos hijas adolescentes desde el otro lado del charco, demostrando que para una madre argentina, una zona de conflicto en el Mediterráneo es casi un recreo comparado con la logística doméstica.