En una jornada histórica para el ordenamiento urbano de la ciudad balnearia, un megaoperativo conjunto terminó con la existencia de la feria informal denominada «La Saladita», ubicada en la emblemática rambla de Mar del Plata. Tras más de 25 años de permanencia ininterrumpida, las estructuras que albergaban a más de 170 puestos fueron demolidas por completo en el marco de una causa judicial que investiga delitos vinculados a la actividad ilegal y evasión fiscal.
Un despliegue de fuerzas sin precedentes
El procedimiento, que comenzó en horas de la madrugada, contó con un despliegue logístico y de seguridad masivo para garantizar el cumplimiento de la orden judicial. Intervinieron más de 150 efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, agentes de la Prefectura Naval Argentina y personal de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).
Asimismo, el municipio aportó cerca de 100 agentes locales y maquinaria pesada para proceder al desguace de las estructuras metálicas y de madera. Según fuentes oficiales, la decisión responde a una política de «recuperación del patrimonio público y combate a la competencia desleal» en uno de los puntos turísticos más sensibles de la costa atlántica.
Cifras del secuestro y la investigación
Como resultado del allanamiento y posterior desalojo, las autoridades procedieron al decomiso de una cantidad récord de elementos probatorios. Entre lo incautado se destacan:
- Más de 8.000 bultos de mercadería sin documentación de origen.
- Vehículos utilizados para el transporte y logística de la feria.
- Importantes sumas de dinero en efectivo y equipos electrónicos de alta gama.
La causa penal, que derivó en este operativo, busca desarticular una red que operaba fuera de los márgenes impositivos y que, según los investigadores, había consolidado un «monopolio irregular» del espacio público durante décadas. Los propietarios de los puestos podrían enfrentar cargos por infracción a la Ley de Marcas, evasión fiscal agravada y ocupación ilegal de terrenos del Estado.
Tras la finalización de las tareas de limpieza y remoción de escombros, el gobierno municipal anunció que se iniciará un proceso de puesta en valor de la rambla para devolverle su fisonomía original, prohibiendo cualquier nuevo asentamiento comercial que no cuente con la habilitación correspondiente y los controles de rigor.
<p>Un masivo operativo de fuerzas federales y provinciales concretó la demolición de «La Saladita» en la rambla de Mar del Plata, desmantelando más de 170 puestos con 25 años de antigüedad. El procedimiento resultó en el secuestro de 8.000 bultos de mercadería, vehículos y divisas, en el marco de una investigación penal por actividades ilícitas y ocupación del espacio público.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Finalmente, después de un cuarto de siglo de impunidad estética y comercial, la rambla de Mar del Plata ha recuperado su horizonte, aunque sea a costa de demoler ese ecosistema de lona y hierro galvanizado conocido como «La Saladita». El operativo fue de una magnitud tal que uno no sabía si estaban desalojando puestos de panchos o invadiendo una pequeña nación soberana. Con la participación de la Prefectura, la Bonaerense y hasta agentes municipales que probablemente no veían la luz del sol desde la gestión anterior, el despliegue dejó en claro que la paciencia oficial tiene un límite exacto de 25 años. Ni un día más, ni un día menos.
Durante la demolición se secuestraron 8.000 bultos de mercadería, lo cual abre una incógnita fascinante sobre qué contenían exactamente esos paquetes: ¿Eran remeras de bandas de rock que ya no existen o fundas para celulares que dejaron de fabricarse en la era del 3G? El botín incluyó vehículos y dinero en efectivo, confirmando que el «cash» sigue siendo el rey en estas latitudes donde el ticket fiscal es una leyenda urbana similar al Nahuelito. Fue un despliegue de 150 efectivos de la Bonaerense, que marcharon sobre los puestos con la determinación de quien va a recuperar las Malvinas pero termina recuperando ojotas de dudosa procedencia.
Lo más tierno de toda esta tragedia logística es el tiempo que se tomó la justicia para notar que había 170 estructuras metálicas fijas en un lugar donde se supone que la gente va a mirar el mar. Hubo que esperar a que los puestos cumplieran sus «Bodas de Plata» para que alguien en la Municipalidad dijera: «Che, me parece que esa estructura de ahí no es un monumento al minimalismo». Ahora, con el terreno despejado y los escombros todavía calientes, Mar del Plata se enfrenta al desafío más grande de todos: qué hacer con tanto espacio vacío antes de que algún iluminado decida que es el lugar ideal para poner un puesto de churros de 50 metros de largo.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una jornada histórica para el ordenamiento urbano de la ciudad balnearia, un megaoperativo conjunto terminó con la existencia de la feria informal denominada «La Saladita», ubicada en la emblemática rambla de Mar del Plata. Tras más de 25 años de permanencia ininterrumpida, las estructuras que albergaban a más de 170 puestos fueron demolidas por completo en el marco de una causa judicial que investiga delitos vinculados a la actividad ilegal y evasión fiscal.
Un despliegue de fuerzas sin precedentes
El procedimiento, que comenzó en horas de la madrugada, contó con un despliegue logístico y de seguridad masivo para garantizar el cumplimiento de la orden judicial. Intervinieron más de 150 efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, agentes de la Prefectura Naval Argentina y personal de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).
Asimismo, el municipio aportó cerca de 100 agentes locales y maquinaria pesada para proceder al desguace de las estructuras metálicas y de madera. Según fuentes oficiales, la decisión responde a una política de «recuperación del patrimonio público y combate a la competencia desleal» en uno de los puntos turísticos más sensibles de la costa atlántica.
Cifras del secuestro y la investigación
Como resultado del allanamiento y posterior desalojo, las autoridades procedieron al decomiso de una cantidad récord de elementos probatorios. Entre lo incautado se destacan:
- Más de 8.000 bultos de mercadería sin documentación de origen.
- Vehículos utilizados para el transporte y logística de la feria.
- Importantes sumas de dinero en efectivo y equipos electrónicos de alta gama.
La causa penal, que derivó en este operativo, busca desarticular una red que operaba fuera de los márgenes impositivos y que, según los investigadores, había consolidado un «monopolio irregular» del espacio público durante décadas. Los propietarios de los puestos podrían enfrentar cargos por infracción a la Ley de Marcas, evasión fiscal agravada y ocupación ilegal de terrenos del Estado.
Tras la finalización de las tareas de limpieza y remoción de escombros, el gobierno municipal anunció que se iniciará un proceso de puesta en valor de la rambla para devolverle su fisonomía original, prohibiendo cualquier nuevo asentamiento comercial que no cuente con la habilitación correspondiente y los controles de rigor.
Finalmente, después de un cuarto de siglo de impunidad estética y comercial, la rambla de Mar del Plata ha recuperado su horizonte, aunque sea a costa de demoler ese ecosistema de lona y hierro galvanizado conocido como «La Saladita». El operativo fue de una magnitud tal que uno no sabía si estaban desalojando puestos de panchos o invadiendo una pequeña nación soberana. Con la participación de la Prefectura, la Bonaerense y hasta agentes municipales que probablemente no veían la luz del sol desde la gestión anterior, el despliegue dejó en claro que la paciencia oficial tiene un límite exacto de 25 años. Ni un día más, ni un día menos.
Durante la demolición se secuestraron 8.000 bultos de mercadería, lo cual abre una incógnita fascinante sobre qué contenían exactamente esos paquetes: ¿Eran remeras de bandas de rock que ya no existen o fundas para celulares que dejaron de fabricarse en la era del 3G? El botín incluyó vehículos y dinero en efectivo, confirmando que el «cash» sigue siendo el rey en estas latitudes donde el ticket fiscal es una leyenda urbana similar al Nahuelito. Fue un despliegue de 150 efectivos de la Bonaerense, que marcharon sobre los puestos con la determinación de quien va a recuperar las Malvinas pero termina recuperando ojotas de dudosa procedencia.
Lo más tierno de toda esta tragedia logística es el tiempo que se tomó la justicia para notar que había 170 estructuras metálicas fijas en un lugar donde se supone que la gente va a mirar el mar. Hubo que esperar a que los puestos cumplieran sus «Bodas de Plata» para que alguien en la Municipalidad dijera: «Che, me parece que esa estructura de ahí no es un monumento al minimalismo». Ahora, con el terreno despejado y los escombros todavía calientes, Mar del Plata se enfrenta al desafío más grande de todos: qué hacer con tanto espacio vacío antes de que algún iluminado decida que es el lugar ideal para poner un puesto de churros de 50 metros de largo.