En una sesión de extrema urgencia celebrada este lunes, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se convirtió en el epicentro de un fuerte choque diplomático tras la operación militar ejecutada por Estados Unidos en Venezuela. La acción, que derivó en la detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fue rechazada por la mayor parte de las delegaciones internacionales, con las excepciones notables de países como Argentina y Paraguay, que validaron el procedimiento de Washington.
La dura reacción de las potencias: Rusia y China denuncian agresión
El representante de la Federación Rusa ante la ONU, Vasily Nebenzya, no escatimó en críticas y calificó la maniobra estadounidense como una “operación criminal” y un “acto de agresión” que vulnera directamente los pilares del sistema multilateral. Según la postura de Moscú, Washington utilizó el orden internacional de manera “selectiva” para avanzar sobre sus propios intereses políticos y estratégicos en la región. Nebenzya denunció que la intervención responde a una lógica de “neocolonialismo e imperialismo” con el fin último de controlar los recursos naturales venezolanos.
Por su parte, China mantuvo una línea crítica similar. Su representante adjunto, Sun Lei, afirmó de manera categórica que Estados Unidos “pisoteó la soberanía venezolana y sus derechos e intereses legítimos“. Beijing advirtió que el uso unilateral de la fuerza por parte de una potencia militar debilita la credibilidad de la Carta de la ONU y pone en riesgo la estabilidad de América Latina y el Caribe. La delegación china enfatizó que “la situación en Venezuela debe ser abordada mediante los mecanismos legales y multilaterales competentes“, rechazando la noción de que cualquier nación pueda actuar como «policía del mundo».
División en América Latina: El respaldo de Argentina
La región mostró una profunda fractura en sus posiciones. Mientras que México, Colombia y Cuba condenaron enérgicamente el ataque armado —denunciando bombardeos y víctimas civiles—, el gobierno de Argentina se posicionó en la vereda opuesta. El embajador argentino ante la ONU manifestó que la gestión de Javier Milei valora la decisión tomada por la administración estadounidense, argumentando que el mandatario venezolano representaba una amenaza vinculada directamente al narcotráfico y al crimen organizado transnacional.
En una posición intermedia, países como Brasil y Chile optaron por condenar la intervención armada sin alinearse necesariamente con la defensa del gobierno detenido. El embajador brasileño, Sérgio Danese, expresó su rechazo a la “intervención armada” y subrayó que la crisis venezolana no se resuelve mediante la “construcción de protectorados”, sino a través del respeto a la autodeterminación del pueblo venezolano.
La defensa de Washington y la advertencia de Guterres
Frente al aluvión de críticas, Estados Unidos se mantuvo firme en su postura, asegurando que la operación fue una acción “necesaria y legítima”. Los representantes de la Casa Blanca negaron que se tratara de un acto de guerra o una ocupación, definiéndolo como una “acción policial” contra un objetivo acusado de narcoterrorismo. Asimismo, enviaron un mensaje claro a la comunidad internacional al afirmar que no permitirán que los recursos energéticos de Venezuela caigan bajo la influencia de potencias adversarias.
Finalmente, el secretario general de la ONU, António Guterres, transmitió su profunda preocupación por el precedente que esta intervención sienta para el derecho internacional. Guterres instó a las partes a respetar la integridad territorial y la independencia política de los Estados, advirtiendo que una mayor escalada de violencia podría sumergir a toda la región en un conflicto de consecuencias impredecibles.
<p>La mayoría de los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU condenaron la reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Mientras Rusia y China calificaron el acto como una agresión soberana, el gobierno de Argentina respaldó la operación, vinculando al mandatario con el narcotráfico y el crimen organizado.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos al 2026, el año donde la paz mundial duró exactamente lo que tarda en enfriarse un café de máquina de pasillo de embajada. Si usted pensaba que el Día traería solo juguetes y facturas, se equivocó de continente: Washington decidió que el mejor regalo para la región era un despliegue de paracaidistas y un operativo de extracción con más presupuesto que toda la industria cinematográfica nacional. En una jugada que deja a las películas de acción de los ochenta como simples documentales de jardín de infantes, las fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, transformando el Palacio de Miraflores en el set de un reality show geopolítico que nadie pidió pero que todos estamos mirando por la ventana con un ojo cerrado por el miedo.
En el Consejo de Seguridad de la ONU, la situación escaló a niveles de tensión que no se veían desde que alguien sugirió que el asado uruguayo es mejor que el argentino. Mientras el representante ruso, Vasily Nebenzya, denunciaba que Estados Unidos «pisoteó la soberanía» con la delicadeza de un elefante en una cristalería, los diplomáticos chinos intentaban explicar que ser el «policía del mundo» no es un cargo electivo ni una pasantía remunerada. La escena era digna de un hilo de Twitter escrito por alguien que lleva tres noches sin dormir a base de energizantes y teorías conspirativas: Rusia hablando de neocolonialismo, China protegiendo sus pozos petroleros con la mirada, y Estados Unidos manteniendo una cara de póker tan rígida que hasta el botox de los presentes sentía envidia, asegurando que esto no fue una guerra, sino un simple trámite administrativo de «acción policial» contra un «narcoterrorista».
Y en medio de este caos digno de un fin de semana largo, apareció nuestra querida delegación argentina. Con la rapidez de quien encuentra una oferta en cuotas fijas, el gobierno de Javier Milei salió a aplaudir la jugada con un entusiasmo que asusta. Argentina no solo respaldó la captura, sino que básicamente le hizo el aguante a Washington mientras el resto del vecindario (Brasil, México, Colombia) se agarraba la cabeza preguntándose si ahora los marines van a empezar a repartir citaciones judiciales por toda Latinoamérica. La diplomacia internacional se ha convertido en ese grupo de WhatsApp familiar donde todos se insultan, nadie se bloquea y el administrador —en este caso, un António Guterres que ya no sabe en qué idioma pedir por favor que dejen de romper el derecho internacional— solo puede enviar mensajes de preocupación que tienen el mismo efecto que un paracetamol para una fractura expuesta.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En una sesión de extrema urgencia celebrada este lunes, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se convirtió en el epicentro de un fuerte choque diplomático tras la operación militar ejecutada por Estados Unidos en Venezuela. La acción, que derivó en la detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fue rechazada por la mayor parte de las delegaciones internacionales, con las excepciones notables de países como Argentina y Paraguay, que validaron el procedimiento de Washington.
La dura reacción de las potencias: Rusia y China denuncian agresión
El representante de la Federación Rusa ante la ONU, Vasily Nebenzya, no escatimó en críticas y calificó la maniobra estadounidense como una “operación criminal” y un “acto de agresión” que vulnera directamente los pilares del sistema multilateral. Según la postura de Moscú, Washington utilizó el orden internacional de manera “selectiva” para avanzar sobre sus propios intereses políticos y estratégicos en la región. Nebenzya denunció que la intervención responde a una lógica de “neocolonialismo e imperialismo” con el fin último de controlar los recursos naturales venezolanos.
Por su parte, China mantuvo una línea crítica similar. Su representante adjunto, Sun Lei, afirmó de manera categórica que Estados Unidos “pisoteó la soberanía venezolana y sus derechos e intereses legítimos“. Beijing advirtió que el uso unilateral de la fuerza por parte de una potencia militar debilita la credibilidad de la Carta de la ONU y pone en riesgo la estabilidad de América Latina y el Caribe. La delegación china enfatizó que “la situación en Venezuela debe ser abordada mediante los mecanismos legales y multilaterales competentes“, rechazando la noción de que cualquier nación pueda actuar como «policía del mundo».
División en América Latina: El respaldo de Argentina
La región mostró una profunda fractura en sus posiciones. Mientras que México, Colombia y Cuba condenaron enérgicamente el ataque armado —denunciando bombardeos y víctimas civiles—, el gobierno de Argentina se posicionó en la vereda opuesta. El embajador argentino ante la ONU manifestó que la gestión de Javier Milei valora la decisión tomada por la administración estadounidense, argumentando que el mandatario venezolano representaba una amenaza vinculada directamente al narcotráfico y al crimen organizado transnacional.
En una posición intermedia, países como Brasil y Chile optaron por condenar la intervención armada sin alinearse necesariamente con la defensa del gobierno detenido. El embajador brasileño, Sérgio Danese, expresó su rechazo a la “intervención armada” y subrayó que la crisis venezolana no se resuelve mediante la “construcción de protectorados”, sino a través del respeto a la autodeterminación del pueblo venezolano.
La defensa de Washington y la advertencia de Guterres
Frente al aluvión de críticas, Estados Unidos se mantuvo firme en su postura, asegurando que la operación fue una acción “necesaria y legítima”. Los representantes de la Casa Blanca negaron que se tratara de un acto de guerra o una ocupación, definiéndolo como una “acción policial” contra un objetivo acusado de narcoterrorismo. Asimismo, enviaron un mensaje claro a la comunidad internacional al afirmar que no permitirán que los recursos energéticos de Venezuela caigan bajo la influencia de potencias adversarias.
Finalmente, el secretario general de la ONU, António Guterres, transmitió su profunda preocupación por el precedente que esta intervención sienta para el derecho internacional. Guterres instó a las partes a respetar la integridad territorial y la independencia política de los Estados, advirtiendo que una mayor escalada de violencia podría sumergir a toda la región en un conflicto de consecuencias impredecibles.
Bienvenidos al 2026, el año donde la paz mundial duró exactamente lo que tarda en enfriarse un café de máquina de pasillo de embajada. Si usted pensaba que el Día traería solo juguetes y facturas, se equivocó de continente: Washington decidió que el mejor regalo para la región era un despliegue de paracaidistas y un operativo de extracción con más presupuesto que toda la industria cinematográfica nacional. En una jugada que deja a las películas de acción de los ochenta como simples documentales de jardín de infantes, las fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, transformando el Palacio de Miraflores en el set de un reality show geopolítico que nadie pidió pero que todos estamos mirando por la ventana con un ojo cerrado por el miedo.
En el Consejo de Seguridad de la ONU, la situación escaló a niveles de tensión que no se veían desde que alguien sugirió que el asado uruguayo es mejor que el argentino. Mientras el representante ruso, Vasily Nebenzya, denunciaba que Estados Unidos «pisoteó la soberanía» con la delicadeza de un elefante en una cristalería, los diplomáticos chinos intentaban explicar que ser el «policía del mundo» no es un cargo electivo ni una pasantía remunerada. La escena era digna de un hilo de Twitter escrito por alguien que lleva tres noches sin dormir a base de energizantes y teorías conspirativas: Rusia hablando de neocolonialismo, China protegiendo sus pozos petroleros con la mirada, y Estados Unidos manteniendo una cara de póker tan rígida que hasta el botox de los presentes sentía envidia, asegurando que esto no fue una guerra, sino un simple trámite administrativo de «acción policial» contra un «narcoterrorista».
Y en medio de este caos digno de un fin de semana largo, apareció nuestra querida delegación argentina. Con la rapidez de quien encuentra una oferta en cuotas fijas, el gobierno de Javier Milei salió a aplaudir la jugada con un entusiasmo que asusta. Argentina no solo respaldó la captura, sino que básicamente le hizo el aguante a Washington mientras el resto del vecindario (Brasil, México, Colombia) se agarraba la cabeza preguntándose si ahora los marines van a empezar a repartir citaciones judiciales por toda Latinoamérica. La diplomacia internacional se ha convertido en ese grupo de WhatsApp familiar donde todos se insultan, nadie se bloquea y el administrador —en este caso, un António Guterres que ya no sabe en qué idioma pedir por favor que dejen de romper el derecho internacional— solo puede enviar mensajes de preocupación que tienen el mismo efecto que un paracetamol para una fractura expuesta.