Buenos Aires, 24 de febrero de 2026. El archivo histórico suele ser el juez más implacable de la política argentina. Con el actual rol de Federico Sturzenegger como Ministro de Desregulación y Transformación del Estado en el gobierno de Javier Milei, la opinión pública y diversos sectores políticos han vuelto a poner bajo la lupa su participación técnica y política en la crisis que detonó en diciembre de 2001.
El Cruce en «Intratables»: El Archivo que Quema
El episodio mencionado ocurrió hace años en el programa Intratables (América TV). Allí, el publicista Fernando Braga Menéndez confrontó a un Sturzenegger que, en ese momento, defendía las políticas de austeridad. «Usted fue uno de los autores del Blindaje y del Megacanje, las operaciones que terminaron de hundir a la Argentina en el 2001», le espetó Braga Menéndez ante las cámaras. En aquel cruce, Sturzenegger intentó desmarcarse alegando que su rol fue técnico y que las decisiones finales fueron políticas. Sin embargo, para los analistas de la memoria histórica, ese momento simboliza la tensión entre la «tecnocracia» y sus consecuencias sociales.
¿Qué fue el «Blindaje» de 2001?
A finales del año 2000, bajo la presidencia de Fernando de la Rúa, Argentina enfrentaba una asfixiante falta de crédito y una fuga de capitales constante. Federico Sturzenegger ocupaba entonces el cargo de Secretario de Política Económica. El plan consistió en un préstamo internacional liderado por el FMI de aproximadamente 40.000 millones de dólares.
El objetivo principal era dar una señal de solvencia al mercado para evitar el default y sostener la convertibilidad (el «1 a 1»). No obstante, la contrapartida fue un ajuste brutal en el gasto público, que incluyó la reducción de salarios estatales y jubilaciones en un 13%, medida que Sturzenegger defendió técnicamente en su momento.
Del Blindaje al Megacanje: El Frente Judicial
La responsabilidad de Sturzenegger no solo quedó en el debate televisivo. En 2014, el economista fue procesado por la justicia federal en la causa del «Megacanje», la operación posterior al Blindaje para postergar vencimientos de deuda a cambio de tasas mucho más altas. Se lo investigó por haber favorecido presuntamente a un grupo de bancos en la negociación de las comisiones. Finalmente, en 2016, Sturzenegger fue sobreseído por la Cámara Federal, que consideró que no hubo delito, aunque el costo financiero para el Estado fue cuestionado durante años por diversos peritos económicos.
Fuentes y Contrastes Actuales
Hoy, desde su despacho en el gobierno de Milei, Sturzenegger sostiene que las crisis pasadas fueron producto del «modelo de casta» y que sus reformas actuales, como el DNU 70/23 y la Ley Bases, buscan evitar que Argentina vuelva a esos ciclos de endeudamiento. Sin embargo, voces críticas desde el peronismo y la izquierda señalan una «continuidad metodológica» entre el ajuste fiscal extremo de 2001 para pagar deuda y el esquema actual para eliminar el déficit.
Para economistas como Hernán Letcher (CEPA), el retorno de Sturzenegger representa la «reincidencia de los mismos actores con las mismas recetas». Por el contrario, desde el oficialismo, se lo reivindica como el cerebro detrás de la modernización administrativa y la desregulación de mercados.
<p>La figura de Federico Sturzenegger, actual Ministro de Desregulación, vuelve al centro del debate por su rol en el «Blindaje» de 2001. La noticia analiza el cruce histórico con el publicista Braga Menéndez y su procesamiento judicial en la causa del Megacanje, contrastando su pasado técnico en el gobierno de De la Rúa con su presente como arquitecto de las reformas económicas de Javier Milei.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Federico Sturzenegger es ese personaje incombustible de la política argentina que tiene la extraña habilidad de ser, al mismo tiempo, el «arquitecto del futuro» para algunos y el «fantasma de las navidades pasadas» para otros. Mientras hoy se pasea por los despachos oficiales con una motosierra de leyes bajo el brazo, el archivo —ese dispositivo cruel que no sabe de segundas oportunidades— le recuerda todas las mañanas que ya estuvo ahí, moviendo las perillas de la economía cuando el helicóptero de De la Rúa todavía era solo un proyecto de transporte. Es el protagonista de un eterno retorno digno de una novela de Nietzsche, pero con más planillas de Excel y menos poesía, donde cada diez o veinte años nos explica que ahora sí, por fin, encontró el botón que arregla todo lo que, casualmente, ayudó a desajustar en el pasado.
Nadie olvida aquel momento televisivo en Intratables, donde Fernando Braga Menéndez lo dejó contra las cuerdas recordándole el «Blindaje» y el «Megacanje», esas operaciones financieras que tenían nombres de superhéroes pero terminaron con los ahorros de la gente en el Triángulo de las Bermudas. Sturzenegger, con esa calma técnica que lo caracteriza, intentó explicar que él solo era el que hacía las cuentas, algo así como el pianista del Titanic diciendo que él no manejaba el barco, pero que las partituras eran impecables. Lo cierto es que, entre procesamientos judiciales y sobreseimientos que llegan justo a tiempo, Federico ha logrado lo que ningún mortal: ser el rostro de la austeridad de 2001 y el gurú de la libertad de 2026, demostrando que en Argentina lo único que no se devalúa es la capacidad de ciertos funcionarios para reciclarse y volver a intentar la misma receta, esperando, quizás por un milagro estadístico, que esta vez el paciente no termine en terapia intensiva.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Buenos Aires, 24 de febrero de 2026. El archivo histórico suele ser el juez más implacable de la política argentina. Con el actual rol de Federico Sturzenegger como Ministro de Desregulación y Transformación del Estado en el gobierno de Javier Milei, la opinión pública y diversos sectores políticos han vuelto a poner bajo la lupa su participación técnica y política en la crisis que detonó en diciembre de 2001.
El Cruce en «Intratables»: El Archivo que Quema
El episodio mencionado ocurrió hace años en el programa Intratables (América TV). Allí, el publicista Fernando Braga Menéndez confrontó a un Sturzenegger que, en ese momento, defendía las políticas de austeridad. «Usted fue uno de los autores del Blindaje y del Megacanje, las operaciones que terminaron de hundir a la Argentina en el 2001», le espetó Braga Menéndez ante las cámaras. En aquel cruce, Sturzenegger intentó desmarcarse alegando que su rol fue técnico y que las decisiones finales fueron políticas. Sin embargo, para los analistas de la memoria histórica, ese momento simboliza la tensión entre la «tecnocracia» y sus consecuencias sociales.
¿Qué fue el «Blindaje» de 2001?
A finales del año 2000, bajo la presidencia de Fernando de la Rúa, Argentina enfrentaba una asfixiante falta de crédito y una fuga de capitales constante. Federico Sturzenegger ocupaba entonces el cargo de Secretario de Política Económica. El plan consistió en un préstamo internacional liderado por el FMI de aproximadamente 40.000 millones de dólares.
El objetivo principal era dar una señal de solvencia al mercado para evitar el default y sostener la convertibilidad (el «1 a 1»). No obstante, la contrapartida fue un ajuste brutal en el gasto público, que incluyó la reducción de salarios estatales y jubilaciones en un 13%, medida que Sturzenegger defendió técnicamente en su momento.
Del Blindaje al Megacanje: El Frente Judicial
La responsabilidad de Sturzenegger no solo quedó en el debate televisivo. En 2014, el economista fue procesado por la justicia federal en la causa del «Megacanje», la operación posterior al Blindaje para postergar vencimientos de deuda a cambio de tasas mucho más altas. Se lo investigó por haber favorecido presuntamente a un grupo de bancos en la negociación de las comisiones. Finalmente, en 2016, Sturzenegger fue sobreseído por la Cámara Federal, que consideró que no hubo delito, aunque el costo financiero para el Estado fue cuestionado durante años por diversos peritos económicos.
Fuentes y Contrastes Actuales
Hoy, desde su despacho en el gobierno de Milei, Sturzenegger sostiene que las crisis pasadas fueron producto del «modelo de casta» y que sus reformas actuales, como el DNU 70/23 y la Ley Bases, buscan evitar que Argentina vuelva a esos ciclos de endeudamiento. Sin embargo, voces críticas desde el peronismo y la izquierda señalan una «continuidad metodológica» entre el ajuste fiscal extremo de 2001 para pagar deuda y el esquema actual para eliminar el déficit.
Para economistas como Hernán Letcher (CEPA), el retorno de Sturzenegger representa la «reincidencia de los mismos actores con las mismas recetas». Por el contrario, desde el oficialismo, se lo reivindica como el cerebro detrás de la modernización administrativa y la desregulación de mercados.
Federico Sturzenegger es ese personaje incombustible de la política argentina que tiene la extraña habilidad de ser, al mismo tiempo, el «arquitecto del futuro» para algunos y el «fantasma de las navidades pasadas» para otros. Mientras hoy se pasea por los despachos oficiales con una motosierra de leyes bajo el brazo, el archivo —ese dispositivo cruel que no sabe de segundas oportunidades— le recuerda todas las mañanas que ya estuvo ahí, moviendo las perillas de la economía cuando el helicóptero de De la Rúa todavía era solo un proyecto de transporte. Es el protagonista de un eterno retorno digno de una novela de Nietzsche, pero con más planillas de Excel y menos poesía, donde cada diez o veinte años nos explica que ahora sí, por fin, encontró el botón que arregla todo lo que, casualmente, ayudó a desajustar en el pasado.
Nadie olvida aquel momento televisivo en Intratables, donde Fernando Braga Menéndez lo dejó contra las cuerdas recordándole el «Blindaje» y el «Megacanje», esas operaciones financieras que tenían nombres de superhéroes pero terminaron con los ahorros de la gente en el Triángulo de las Bermudas. Sturzenegger, con esa calma técnica que lo caracteriza, intentó explicar que él solo era el que hacía las cuentas, algo así como el pianista del Titanic diciendo que él no manejaba el barco, pero que las partituras eran impecables. Lo cierto es que, entre procesamientos judiciales y sobreseimientos que llegan justo a tiempo, Federico ha logrado lo que ningún mortal: ser el rostro de la austeridad de 2001 y el gurú de la libertad de 2026, demostrando que en Argentina lo único que no se devalúa es la capacidad de ciertos funcionarios para reciclarse y volver a intentar la misma receta, esperando, quizás por un milagro estadístico, que esta vez el paciente no termine en terapia intensiva.