Con cuatro décadas de trayectoria marcando el pulso de la moda argentina, Benito Fernández volvió a ser el centro de la escena, pero esta vez no por un desfile, sino por una cruda confesión sobre la realidad del sector textil. El diseñador confirmó que debió cerrar su unidad de negocios de Prêt-à-porter, una decisión motivada por la insostenible estructura de costos y la fuerte caída de las ventas que afecta a la industria nacional.
“Yo cerré mi Prêt-à-porter el año pasado. Por tercera vez en mi país me fundí: en el 2001, en 2020 y en 2025”, relató Fernández en una reciente entrevista televisiva. El impacto de esta decisión no es solo simbólico: la estructura que debió desarmar incluía a 14 empleados directos y la labor de 8 talleres externos, evidenciando el efecto multiplicador que la crisis genera en la cadena productiva.
La competencia externa y la carga fiscal
El diagnóstico del diseñador es compartido por gran parte de la cámara empresaria: la apertura de importaciones ha generado una competencia que el productor local considera desleal debido a las asimetrías impositivas. Fernández fue categórico al respecto: “La ropa china está destrozando el mercado local”. Según su visión, la industria necesita un Estado que reduzca la presión tributaria y fomente la inversión en lugar de obstaculizarla.
“Es imposible producir en este país. Hace cuatro gobiernos que nos vienen destruyendo”, sostuvo con dureza, apuntando a una problemática estructural que trasciende las banderas políticas. El sector textil enfrenta hoy una tormenta perfecta: una demanda interna debilitada por la pérdida del poder adquisitivo y costos fijos que no ceden ante la inflación de los insumos.
Reinvención y resiliencia
A pesar del cierre de su línea de indumentaria masiva, el modisto buscará sostener su marca mediante un modelo de negocios diversificado. “Me quedé con la alta costura”, explicó, aclarando que mantendrá sus licencias comerciales que incluyen perfumes, zapatillas y muebles, además de emprendimientos inmobiliarios con su sello personal. Este giro estratégico le permite conservar su presencia en el mercado sin enfrentar el riesgo directo de la fabricación en serie en un contexto de incertidumbre económica.
El caso de Benito Fernández se suma a una lista creciente de marcas de primera línea y fábricas medianas que han iniciado procesos de reducción de personal, suspensiones o cierres definitivos. La industria textil, históricamente sensible a las variaciones del tipo de cambio y las políticas aduaneras, atraviesa uno de sus momentos más críticos en lo que va del siglo, planteando un interrogante abierto sobre el futuro del empleo en el sector.
<p>El emblemático diseñador Benito Fernández confirmó el cierre de su línea de indumentaria Prêt-à-porter, tras declararse en quiebra por tercera vez en su carrera. El modisto denunció que la combinación de una carga impositiva asfixiante, la caída estrepitosa del consumo y la apertura de importaciones de productos chinos han tornado «imposible» la producción textil en la Argentina.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Parece que en la Argentina ni siquiera tener el apellido en la marquesina te salva de que la realidad te pase por encima como un camión con acoplado. Benito Fernández, el hombre que vistió a medio país y que hizo de los colores su marca registrada, acaba de confesar que se fundió por tercera vez, demostrando que en nuestra economía el éxito es apenas un recreo entre crisis y crisis. Con la elegancia de quien sabe que el fracaso nacional es el uniforme que todos llevamos puesto, Benito cerró su línea de Prêt-à-porter, dejando en claro que producir ropa en estas latitudes es un deporte de riesgo extremo, comparable a cruzar la General Paz con los ojos vendados en hora pico.
El diseñador, que ya sobrevivió al estallido del 2001 y al encierro del 2020, tiró la toalla en este 2025 ante una combinación letal: impuestos que te sacan hasta las ganas de vivir y ropa china que llega a precios que harían llorar a cualquier costurera de barrio. «Es imposible producir en este país», sentenció Benito, mientras las persianas de sus locales bajaban con ese ruido metálico que ya es la banda sonora oficial del comercio local. Con 14 empleados y 8 talleres menos en su estructura, el modisto decidió refugiarse en la alta costura y las licencias, porque aparentemente hoy en la Argentina es más negocio vender un perfume con tu nombre que intentar coser un pantalón sin que la AFIP te considere un magnate del petróleo.
Lo de Benito no es un caso aislado, es la tendencia de una temporada que viene con cortes de producción y despidos como accesorios principales. La industria textil local está mirando las góndolas llenas de productos importados con la misma cara que pondría un náufrago viendo pasar un crucero de lujo. Mientras el Estado sigue cobrando impuestos como si estuviéramos en la Quinta Avenida, los talleres cierran y la «ropa china» arrasa con todo, recordándonos que en la pasarela del libre mercado, si no bajás los costos, terminás desfilando directamente hacia la quiebra. Benito lo dijo clarito: hace cuatro gobiernos que nos vienen destruyendo, confirmando que la grieta solo se cierra cuando se trata de asfixiar al que intenta fabricar algo en suelo argentino.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Con cuatro décadas de trayectoria marcando el pulso de la moda argentina, Benito Fernández volvió a ser el centro de la escena, pero esta vez no por un desfile, sino por una cruda confesión sobre la realidad del sector textil. El diseñador confirmó que debió cerrar su unidad de negocios de Prêt-à-porter, una decisión motivada por la insostenible estructura de costos y la fuerte caída de las ventas que afecta a la industria nacional.
“Yo cerré mi Prêt-à-porter el año pasado. Por tercera vez en mi país me fundí: en el 2001, en 2020 y en 2025”, relató Fernández en una reciente entrevista televisiva. El impacto de esta decisión no es solo simbólico: la estructura que debió desarmar incluía a 14 empleados directos y la labor de 8 talleres externos, evidenciando el efecto multiplicador que la crisis genera en la cadena productiva.
La competencia externa y la carga fiscal
El diagnóstico del diseñador es compartido por gran parte de la cámara empresaria: la apertura de importaciones ha generado una competencia que el productor local considera desleal debido a las asimetrías impositivas. Fernández fue categórico al respecto: “La ropa china está destrozando el mercado local”. Según su visión, la industria necesita un Estado que reduzca la presión tributaria y fomente la inversión en lugar de obstaculizarla.
“Es imposible producir en este país. Hace cuatro gobiernos que nos vienen destruyendo”, sostuvo con dureza, apuntando a una problemática estructural que trasciende las banderas políticas. El sector textil enfrenta hoy una tormenta perfecta: una demanda interna debilitada por la pérdida del poder adquisitivo y costos fijos que no ceden ante la inflación de los insumos.
Reinvención y resiliencia
A pesar del cierre de su línea de indumentaria masiva, el modisto buscará sostener su marca mediante un modelo de negocios diversificado. “Me quedé con la alta costura”, explicó, aclarando que mantendrá sus licencias comerciales que incluyen perfumes, zapatillas y muebles, además de emprendimientos inmobiliarios con su sello personal. Este giro estratégico le permite conservar su presencia en el mercado sin enfrentar el riesgo directo de la fabricación en serie en un contexto de incertidumbre económica.
El caso de Benito Fernández se suma a una lista creciente de marcas de primera línea y fábricas medianas que han iniciado procesos de reducción de personal, suspensiones o cierres definitivos. La industria textil, históricamente sensible a las variaciones del tipo de cambio y las políticas aduaneras, atraviesa uno de sus momentos más críticos en lo que va del siglo, planteando un interrogante abierto sobre el futuro del empleo en el sector.
Parece que en la Argentina ni siquiera tener el apellido en la marquesina te salva de que la realidad te pase por encima como un camión con acoplado. Benito Fernández, el hombre que vistió a medio país y que hizo de los colores su marca registrada, acaba de confesar que se fundió por tercera vez, demostrando que en nuestra economía el éxito es apenas un recreo entre crisis y crisis. Con la elegancia de quien sabe que el fracaso nacional es el uniforme que todos llevamos puesto, Benito cerró su línea de Prêt-à-porter, dejando en claro que producir ropa en estas latitudes es un deporte de riesgo extremo, comparable a cruzar la General Paz con los ojos vendados en hora pico.
El diseñador, que ya sobrevivió al estallido del 2001 y al encierro del 2020, tiró la toalla en este 2025 ante una combinación letal: impuestos que te sacan hasta las ganas de vivir y ropa china que llega a precios que harían llorar a cualquier costurera de barrio. «Es imposible producir en este país», sentenció Benito, mientras las persianas de sus locales bajaban con ese ruido metálico que ya es la banda sonora oficial del comercio local. Con 14 empleados y 8 talleres menos en su estructura, el modisto decidió refugiarse en la alta costura y las licencias, porque aparentemente hoy en la Argentina es más negocio vender un perfume con tu nombre que intentar coser un pantalón sin que la AFIP te considere un magnate del petróleo.
Lo de Benito no es un caso aislado, es la tendencia de una temporada que viene con cortes de producción y despidos como accesorios principales. La industria textil local está mirando las góndolas llenas de productos importados con la misma cara que pondría un náufrago viendo pasar un crucero de lujo. Mientras el Estado sigue cobrando impuestos como si estuviéramos en la Quinta Avenida, los talleres cierran y la «ropa china» arrasa con todo, recordándonos que en la pasarela del libre mercado, si no bajás los costos, terminás desfilando directamente hacia la quiebra. Benito lo dijo clarito: hace cuatro gobiernos que nos vienen destruyendo, confirmando que la grieta solo se cierra cuando se trata de asfixiar al que intenta fabricar algo en suelo argentino.