El Ministerio Público Fiscal de Chubut emitió un comunicado oficial ratificando que el incendio que afecta a las localidades de El Hoyo y Epuyén tuvo un origen intencional. El siniestro, iniciado el pasado 5 de enero de 2026, puso en riesgo a más de 3.000 turistas que se encontraban en la zona noroeste de la provincia al momento del estallido de los focos ígneos.
Para las autoridades judiciales, “existen elementos suficientes para presumir una intervención humana deliberada, descartando la hipótesis de desperfectos eléctricos que se había barajado inicialmente”. La fiscal general de Lago Puelo, Débora Barrionuevo, precisó que las pericias preliminares en el «punto cero» del incendio confirmaron la presencia de combustible en el suelo, reforzando la tesis del sabotaje ambiental.
Desmentida de teorías conspirativas
En los últimos días, circularon con fuerza dos narrativas en plataformas como X e Instagram que vinculaban el desastre con actores externos. La primera mencionaba la presencia de soldados israelíes que habrían provocado el fuego deliberadamente. Esta versión se apoyaba en un video viral de un turista siendo increpado por encender una fogata. Sin embargo, se comprobó que dicho registro fue filmado en el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz, a una distancia de 1.400 kilómetros del epicentro del fuego actual.
La segunda narrativa apuntaba a la presunta responsabilidad de grupos mapuches, versión difundida por medios digitales y sugerida en comunicados del Ministerio de Seguridad de la Nación los días 7 y 11 de enero. No obstante, el fiscal jefe de Lago Puelo, Carlos Díaz Mayer, fue categórico al respecto: “son un invento”, señaló en referencia a ambas acusaciones. “La investigación no va por ese lado, entendemos que no tiene nada que ver con la realidad. Estamos evaluando otro tipo de situaciones”, enfatizó el funcionario.
La línea de investigación: disputas territoriales
En una conferencia de prensa reciente junto al jefe de la Policía del Chubut, Andrés García, la fiscalía reveló que la hipótesis principal se centra en un conflicto de tierras entre dos grupos de una comunidad local. Los investigadores detectaron, mediante el análisis de cámaras de seguridad, la presencia de dos camionetas cargadas con muebles y pertenencias, realizando una maniobra similar a una mudanza apenas minutos después de iniciado el incendio.
La investigación apunta específicamente a una mujer oriunda de la provincia de Buenos Aires que se radicó en la zona hace dos años. En el marco de estas pesquisas, la Justicia procedió al allanamiento de los sospechosos y a la incautación de sus teléfonos celulares para peritar comunicaciones y geolocalizaciones. Por el momento, el fiscal Díaz Mayer aclaró que no hay detenidos ni imputados formales, aunque el análisis de los dispositivos electrónicos será clave para determinar las responsabilidades penales del hecho.
<p>El Ministerio Público Fiscal de Chubut confirmó la intencionalidad en el incendio forestal iniciado el 5 de enero en El Hoyo y Epuyén. La justicia descartó las versiones virales sobre soldados israelíes o grupos mapuches, calificándolas de «invento». La investigación principal apunta a un conflicto de tierras entre residentes locales, habiéndose detectado movimientos sospechosos de mudanza al momento del inicio del fuego.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la Argentina del 2026, donde el pensamiento crítico ha sido reemplazado por hilos de X escritos por personas que confunden un pino con una antena de 5G. Mientras el noroeste de Chubut ardía y 3.000 turistas intentaban no quedar bronceados a nivel «carbón vegetal», las redes sociales decidieron que la realidad era demasiado aburrida y prefirieron armar un guion que ni Steven Spielberg en un día de mucho ácido se hubiera animado a firmar. Resulta que, según la sabiduría popular de los teclados, los incendios no fueron por un descuido o un conflicto de tierras, sino por una invasión de «ninjas sionistas» disfrazados de mochileros que, aparentemente, tienen la capacidad de teletransportarse 1.400 kilómetros desde Santa Cruz hasta Lago Puelo solo para prender una fogata y pedir disculpas en inglés. Es fascinante ver cómo un video filmado en El Calafate sirve para explicar un incendio en El Hoyo; a este ritmo, vamos a terminar culpando a los pingüinos de la Antártida por la falta de presión de agua en Buenos Aires.
Pero la creatividad argentina no se detiene en el Mossad versión «trekking». Por supuesto, no podía faltar el clásico de clásicos: la culpa es de los mapuches. Porque en el manual del opinólogo de red social, si algo se quema al sur del Colorado, tiene que haber un «terrorista con poncho» cerca, preferiblemente detectado por una foto que tiene menos píxeles que un Game Boy de 1989. Es casi tierno ver al Ministerio de Seguridad de la Nación enviando comunicados sobre «indicios preliminares» de grupos mapuches, mientras el fiscal local, Carlos Díaz Mayer, tiene que salir a decir —con la paciencia de quien le explica a un niño que los Reyes Magos son los padres— que todo eso es un «invento» y que dejen de ver fantasmas donde solo hay vecinos peleándose por un pedazo de loma. La justicia local está tratando de investigar una interna comunitaria, pero la opinión pública está más ocupada esperando que aparezca un OVNI con la bandera de Israel para cerrar la teoría conspirativa perfecta.
Lo mejor de esta tragicomedia patagónica es el giro argumental digno de una novela de la tarde: la sospechosa es una señora de Buenos Aires que se mudó hace dos años y que, con un timing envidiable, decidió cargar los muebles en dos camionetas justo cuando empezaban las llamas. Nada dice «no tuve nada que ver» como hacer una mudanza express mientras el bosque de atrás se convierte en un asado gigante. Imaginen la escena: el cielo naranja, el humo asfixiante, y una mujer subiendo un sommier a una Hilux como si estuviera aprovechando el Hot Sale de las catástrofes. La fiscalía ya le secuestró los celulares, así que pronto sabremos si en sus chats hay planes de dominación mundial o simplemente una disputa vecinal que se fue de las manos. Mientras tanto, nosotros seguiremos acá, tomando café y esperando que alguien en Twitter publique que los incendios en realidad los causó el rayo peronizador desde un satélite clandestino en La Matanza.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
El Ministerio Público Fiscal de Chubut emitió un comunicado oficial ratificando que el incendio que afecta a las localidades de El Hoyo y Epuyén tuvo un origen intencional. El siniestro, iniciado el pasado 5 de enero de 2026, puso en riesgo a más de 3.000 turistas que se encontraban en la zona noroeste de la provincia al momento del estallido de los focos ígneos.
Para las autoridades judiciales, “existen elementos suficientes para presumir una intervención humana deliberada, descartando la hipótesis de desperfectos eléctricos que se había barajado inicialmente”. La fiscal general de Lago Puelo, Débora Barrionuevo, precisó que las pericias preliminares en el «punto cero» del incendio confirmaron la presencia de combustible en el suelo, reforzando la tesis del sabotaje ambiental.
Desmentida de teorías conspirativas
En los últimos días, circularon con fuerza dos narrativas en plataformas como X e Instagram que vinculaban el desastre con actores externos. La primera mencionaba la presencia de soldados israelíes que habrían provocado el fuego deliberadamente. Esta versión se apoyaba en un video viral de un turista siendo increpado por encender una fogata. Sin embargo, se comprobó que dicho registro fue filmado en el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz, a una distancia de 1.400 kilómetros del epicentro del fuego actual.
La segunda narrativa apuntaba a la presunta responsabilidad de grupos mapuches, versión difundida por medios digitales y sugerida en comunicados del Ministerio de Seguridad de la Nación los días 7 y 11 de enero. No obstante, el fiscal jefe de Lago Puelo, Carlos Díaz Mayer, fue categórico al respecto: “son un invento”, señaló en referencia a ambas acusaciones. “La investigación no va por ese lado, entendemos que no tiene nada que ver con la realidad. Estamos evaluando otro tipo de situaciones”, enfatizó el funcionario.
La línea de investigación: disputas territoriales
En una conferencia de prensa reciente junto al jefe de la Policía del Chubut, Andrés García, la fiscalía reveló que la hipótesis principal se centra en un conflicto de tierras entre dos grupos de una comunidad local. Los investigadores detectaron, mediante el análisis de cámaras de seguridad, la presencia de dos camionetas cargadas con muebles y pertenencias, realizando una maniobra similar a una mudanza apenas minutos después de iniciado el incendio.
La investigación apunta específicamente a una mujer oriunda de la provincia de Buenos Aires que se radicó en la zona hace dos años. En el marco de estas pesquisas, la Justicia procedió al allanamiento de los sospechosos y a la incautación de sus teléfonos celulares para peritar comunicaciones y geolocalizaciones. Por el momento, el fiscal Díaz Mayer aclaró que no hay detenidos ni imputados formales, aunque el análisis de los dispositivos electrónicos será clave para determinar las responsabilidades penales del hecho.
Bienvenidos a la Argentina del 2026, donde el pensamiento crítico ha sido reemplazado por hilos de X escritos por personas que confunden un pino con una antena de 5G. Mientras el noroeste de Chubut ardía y 3.000 turistas intentaban no quedar bronceados a nivel «carbón vegetal», las redes sociales decidieron que la realidad era demasiado aburrida y prefirieron armar un guion que ni Steven Spielberg en un día de mucho ácido se hubiera animado a firmar. Resulta que, según la sabiduría popular de los teclados, los incendios no fueron por un descuido o un conflicto de tierras, sino por una invasión de «ninjas sionistas» disfrazados de mochileros que, aparentemente, tienen la capacidad de teletransportarse 1.400 kilómetros desde Santa Cruz hasta Lago Puelo solo para prender una fogata y pedir disculpas en inglés. Es fascinante ver cómo un video filmado en El Calafate sirve para explicar un incendio en El Hoyo; a este ritmo, vamos a terminar culpando a los pingüinos de la Antártida por la falta de presión de agua en Buenos Aires.
Pero la creatividad argentina no se detiene en el Mossad versión «trekking». Por supuesto, no podía faltar el clásico de clásicos: la culpa es de los mapuches. Porque en el manual del opinólogo de red social, si algo se quema al sur del Colorado, tiene que haber un «terrorista con poncho» cerca, preferiblemente detectado por una foto que tiene menos píxeles que un Game Boy de 1989. Es casi tierno ver al Ministerio de Seguridad de la Nación enviando comunicados sobre «indicios preliminares» de grupos mapuches, mientras el fiscal local, Carlos Díaz Mayer, tiene que salir a decir —con la paciencia de quien le explica a un niño que los Reyes Magos son los padres— que todo eso es un «invento» y que dejen de ver fantasmas donde solo hay vecinos peleándose por un pedazo de loma. La justicia local está tratando de investigar una interna comunitaria, pero la opinión pública está más ocupada esperando que aparezca un OVNI con la bandera de Israel para cerrar la teoría conspirativa perfecta.
Lo mejor de esta tragicomedia patagónica es el giro argumental digno de una novela de la tarde: la sospechosa es una señora de Buenos Aires que se mudó hace dos años y que, con un timing envidiable, decidió cargar los muebles en dos camionetas justo cuando empezaban las llamas. Nada dice «no tuve nada que ver» como hacer una mudanza express mientras el bosque de atrás se convierte en un asado gigante. Imaginen la escena: el cielo naranja, el humo asfixiante, y una mujer subiendo un sommier a una Hilux como si estuviera aprovechando el Hot Sale de las catástrofes. La fiscalía ya le secuestró los celulares, así que pronto sabremos si en sus chats hay planes de dominación mundial o simplemente una disputa vecinal que se fue de las manos. Mientras tanto, nosotros seguiremos acá, tomando café y esperando que alguien en Twitter publique que los incendios en realidad los causó el rayo peronizador desde un satélite clandestino en La Matanza.