En un movimiento que redefine la inserción comercial de la Argentina en el mercado global, el canciller Pablo Quirno y el Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, firmaron este jueves en Washington D.C. la versión final del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco. El pacto es el resultado de intensas negociaciones que se extendieron por tres meses, facilitadas por el estrecho alineamiento político entre las gestiones de Javier Milei y Donald Trump.
Alcances y beneficios para las exportaciones nacionales
El documento establece un marco legal diseñado para reducir sustancialmente las barreras arancelarias y burocráticas. Según informaron fuentes de la Cancillería, Estados Unidos eliminará o reducirá aranceles para 1.675 productos argentinos, lo que permitiría recuperar exportaciones por un valor estimado de u$s 1.013 millones. Los sectores más beneficiados incluyen la industria farmacéutica de genéricos, los recursos naturales y diversas manufacturas de origen industrial.
Uno de los puntos más destacados es la ampliación histórica de la cuota de carne vacuna. Argentina elevará su cupo anual de las 20.000 toneladas actuales a una cifra cercana a las 100.000 toneladas. Asimismo, se rubricó un memorándum específico para integrar al país en la cadena de suministro de minerales críticos (litio, cobre y cobalto) de EE.UU., una prioridad estratégica para la administración Trump en su competencia comercial con China.
Concesiones y compromisos regulatorios
A cambio del acceso preferencial, el Gobierno nacional asumió compromisos que impactarán directamente en la normativa local:
- Propiedad Intelectual: Refuerzo en la protección de patentes tecnológicas y farmacéuticas, junto a un combate más riguroso contra la piratería digital.
- Reconocimiento de Estándares: La Argentina validará las aprobaciones de la FDA para la comercialización de fármacos y dispositivos médicos estadounidenses en territorio nacional.
- Apertura de Mercados: Compromiso para eliminar barreras sanitarias y licencias no automáticas para productos avícolas y lácteos provenientes de Estados Unidos.
Impacto sectorial del acuerdo
Sector Beneficio para Argentina Compromiso Argentino Agroindustria Aumento de cuota de carne vacuna (100k ton). Apertura a productos avícolas y lácteos de EE.UU. Minería Financiamiento EXIM Bank para Litio y Cobre. Estándares de exclusividad estratégica. Farmacéutico Exportación de genéricos con arancel 0%. Refuerzo de patentes para laboratorios de EE.UU.El acuerdo ahora deberá pasar por el Congreso de la Nación para su ratificación. Desde la Oficina del Presidente instaron a los legisladores a aprobar el pacto con celeridad para «integrar al país a una economía abierta y previsible». Mientras el oficialismo celebra lo que considera la llave de la prosperidad vía RIGI, diversos analistas advierten sobre la asimetría del pacto y la pérdida de facultades regulatorias en industrias sensibles como la alimentaria y la automotriz.El histórico acuerdo firmado en Washington entre el canciller Pablo Quirno y la administración de Donald Trump no es solo un papel con sellos; para San Juan, es el combustible que faltaba para encender definitivamente el motor del cobre.
<p>Argentina y Estados Unidos formalizaron en Washington el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco, un pacto estratégico que reduce aranceles para más de 1.600 productos nacionales y quintuplica la cuota de exportación de carne vacuna. A cambio, el Gobierno de Javier Milei otorgará concesiones en propiedad intelectual y estándares regulatorios, consolidando un alineamiento geopolítico total con la administración de Donald Trump.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En las escalinatas de Washington, lejos del calor sanjuanino pero con la misma intensidad de un sol de febrero, el canciller Quirno y el representante Jamieson Greer sellaron el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco. Se trata de un pacto que se cocinó en apenas tres meses, una velocidad récord que en la diplomacia argentina suele ser exclusiva para pedir préstamos al FMI. Bajo la nueva mística del «MAAGA» —Make America And Greater Argentina—, la Casa Rosada ha decidido que nuestro destino está atado al de Donald Trump, como si fuéramos el vagón de lujo de un tren que promete llevarnos directo al primer mundo, siempre y cuando no miremos demasiado la letra chica de los contratos que acabamos de firmar entre sonrisas y fotos oficiales.
El gran trofeo de esta cacería diplomática es la carne vacuna: pasamos de 20.000 a 100.000 toneladas, aprovechando que Washington le puso la tarjeta roja a Brasil. Es, básicamente, el sueño del pibe ganadero; mientras los vecinos miran desde afuera, nosotros entramos al asado norteamericano con la alfombra roja. Además, el acuerdo nos integra en la cadena de minerales críticos como el litio y el cobre, convirtiéndonos en el proveedor favorito para que los estadounidenses dejen de depender de China. Somos, a los ojos de la Casa Blanca, esa estación de servicio estratégica en medio del desierto geopolítico que siempre tiene el tanque lleno y los precios acomodados para el cliente VIP.
Pero como todo en la vida tiene un precio, y más cuando el que te vende es el dueño del casino, Argentina tuvo que poner sobre la mesa concesiones que harían transpirar a cualquier industrial local. Vamos a reconocer las aprobaciones de la FDA como si fueran palabra santa y reforzaremos las patentes farmacéuticas, lo que en criollo significa que los laboratorios del norte van a tener las llaves de nuestra farmacia. El Gobierno nos dice que es el fin del aislamiento, mientras los analistas advierten que estamos cambiando soberanía regulatoria por el permiso de vender un poco más de lomo y genéricos. Es el «Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones» en su versión internacional: abrimos la puerta de par en par y esperamos que, cuando la fiesta termine, al menos nos quede algo más que los platos sucios y una gorrita con las banderas cruzadas.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
En un movimiento que redefine la inserción comercial de la Argentina en el mercado global, el canciller Pablo Quirno y el Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, firmaron este jueves en Washington D.C. la versión final del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco. El pacto es el resultado de intensas negociaciones que se extendieron por tres meses, facilitadas por el estrecho alineamiento político entre las gestiones de Javier Milei y Donald Trump.
Alcances y beneficios para las exportaciones nacionales
El documento establece un marco legal diseñado para reducir sustancialmente las barreras arancelarias y burocráticas. Según informaron fuentes de la Cancillería, Estados Unidos eliminará o reducirá aranceles para 1.675 productos argentinos, lo que permitiría recuperar exportaciones por un valor estimado de u$s 1.013 millones. Los sectores más beneficiados incluyen la industria farmacéutica de genéricos, los recursos naturales y diversas manufacturas de origen industrial.
Uno de los puntos más destacados es la ampliación histórica de la cuota de carne vacuna. Argentina elevará su cupo anual de las 20.000 toneladas actuales a una cifra cercana a las 100.000 toneladas. Asimismo, se rubricó un memorándum específico para integrar al país en la cadena de suministro de minerales críticos (litio, cobre y cobalto) de EE.UU., una prioridad estratégica para la administración Trump en su competencia comercial con China.
Concesiones y compromisos regulatorios
A cambio del acceso preferencial, el Gobierno nacional asumió compromisos que impactarán directamente en la normativa local:
- Propiedad Intelectual: Refuerzo en la protección de patentes tecnológicas y farmacéuticas, junto a un combate más riguroso contra la piratería digital.
- Reconocimiento de Estándares: La Argentina validará las aprobaciones de la FDA para la comercialización de fármacos y dispositivos médicos estadounidenses en territorio nacional.
- Apertura de Mercados: Compromiso para eliminar barreras sanitarias y licencias no automáticas para productos avícolas y lácteos provenientes de Estados Unidos.
Impacto sectorial del acuerdo
Sector Beneficio para Argentina Compromiso Argentino Agroindustria Aumento de cuota de carne vacuna (100k ton). Apertura a productos avícolas y lácteos de EE.UU. Minería Financiamiento EXIM Bank para Litio y Cobre. Estándares de exclusividad estratégica. Farmacéutico Exportación de genéricos con arancel 0%. Refuerzo de patentes para laboratorios de EE.UU.El acuerdo ahora deberá pasar por el Congreso de la Nación para su ratificación. Desde la Oficina del Presidente instaron a los legisladores a aprobar el pacto con celeridad para «integrar al país a una economía abierta y previsible». Mientras el oficialismo celebra lo que considera la llave de la prosperidad vía RIGI, diversos analistas advierten sobre la asimetría del pacto y la pérdida de facultades regulatorias en industrias sensibles como la alimentaria y la automotriz.El histórico acuerdo firmado en Washington entre el canciller Pablo Quirno y la administración de Donald Trump no es solo un papel con sellos; para San Juan, es el combustible que faltaba para encender definitivamente el motor del cobre.
En las escalinatas de Washington, lejos del calor sanjuanino pero con la misma intensidad de un sol de febrero, el canciller Quirno y el representante Jamieson Greer sellaron el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco. Se trata de un pacto que se cocinó en apenas tres meses, una velocidad récord que en la diplomacia argentina suele ser exclusiva para pedir préstamos al FMI. Bajo la nueva mística del «MAAGA» —Make America And Greater Argentina—, la Casa Rosada ha decidido que nuestro destino está atado al de Donald Trump, como si fuéramos el vagón de lujo de un tren que promete llevarnos directo al primer mundo, siempre y cuando no miremos demasiado la letra chica de los contratos que acabamos de firmar entre sonrisas y fotos oficiales.
El gran trofeo de esta cacería diplomática es la carne vacuna: pasamos de 20.000 a 100.000 toneladas, aprovechando que Washington le puso la tarjeta roja a Brasil. Es, básicamente, el sueño del pibe ganadero; mientras los vecinos miran desde afuera, nosotros entramos al asado norteamericano con la alfombra roja. Además, el acuerdo nos integra en la cadena de minerales críticos como el litio y el cobre, convirtiéndonos en el proveedor favorito para que los estadounidenses dejen de depender de China. Somos, a los ojos de la Casa Blanca, esa estación de servicio estratégica en medio del desierto geopolítico que siempre tiene el tanque lleno y los precios acomodados para el cliente VIP.
Pero como todo en la vida tiene un precio, y más cuando el que te vende es el dueño del casino, Argentina tuvo que poner sobre la mesa concesiones que harían transpirar a cualquier industrial local. Vamos a reconocer las aprobaciones de la FDA como si fueran palabra santa y reforzaremos las patentes farmacéuticas, lo que en criollo significa que los laboratorios del norte van a tener las llaves de nuestra farmacia. El Gobierno nos dice que es el fin del aislamiento, mientras los analistas advierten que estamos cambiando soberanía regulatoria por el permiso de vender un poco más de lomo y genéricos. Es el «Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones» en su versión internacional: abrimos la puerta de par en par y esperamos que, cuando la fiesta termine, al menos nos quede algo más que los platos sucios y una gorrita con las banderas cruzadas.