Inseguridad en Argentina, por qué el protocolo de «no resistencia» ya no garantiza la vida

Redacción Cuyo News
8 min

El mapa del delito en la Argentina de 2026 muestra una ferocidad que desafía los protocolos de seguridad tradicionales. El reciente asesinato de Joaquín Rodrigo Ibarra (21) en Tucumán ha generado una profunda indignación nacional, no solo por la juventud de la víctima, sino por la absoluta gratuidad de la violencia empleada por los victimarios.

El hecho, registrado por cámaras de seguridad, muestra el momento en que Ibarra regresaba a su hogar y fue abordado por dos menores de 16 y 17 años. Las imágenes confirman que el joven entregó sus pertenencias de inmediato y levantó las manos en señal de total sumisión. Sin embargo, y sin que mediara forcejeo alguno, uno de los delincuentes efectuó un disparo letal en la cabeza de la víctima. Los agresores ya se encuentran alojados en el Instituto Roca, mientras el caso reaviva el debate legislativo sobre la baja de la edad de imputabilidad para delitos de sangre.

Análisis Forense: La mutación del perfil delictivo

Psicólogos forenses y criminólogos coinciden en que el perfil del delincuente ha sufrido una transformación estructural. Ya no se trata de un acto motivado únicamente por el lucro, sino que intervienen factores psicológicos complejos que los expertos desglosan en cuatro puntos clave:

Deshumanización de la víctima: Para el victimario, la persona no es un semejante, sino un obstáculo o un objeto portador de valor. La falta de empatía reduce el acto de quitar la vida a un trámite sin peso emocional. Efecto de sustancias y «Adrenalina de Poder»: El consumo de sustancias psicoactivas anula el lóbulo frontal, encargado del control de impulsos. Esto genera un estado de hiperalerta paranoide donde cualquier movimiento es interpretado como una amenaza a la autoridad del delincuente. Reafirmación del dominio: En muchos casos, el asesinato es un acto de autoafirmación. El arma otorga una sensación de omnipotencia frente a un sistema del que el individuo se siente excluido. Cultura del Descarte: Según el criminólogo Raúl Torre, existe una pérdida absoluta del valor de la vida propia y ajena. Al no proyectar un futuro, las consecuencias legales de disparar se vuelven irrelevantes para el agresor.

La crisis del paradigma de la «No Resistencia»

Datos del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) y diversos observatorios de seguridad revelan una tendencia alarmante: el uso del arma de fuego suele ocurrir en los primeros 5 segundos del contacto. «El delincuente ya no espera a ver si la víctima se resiste. Dispara para ‘limpiar’ la escena y asegurar su huida, o simplemente por el nivel de excitación psicomotriz que maneja», explican fuentes policiales pertenecientes a brigadas de investigaciones.

Esta realidad pone en crisis el paradigma histórico de la «entrega pacífica». Si bien la recomendación técnica sigue siendo evitar la resistencia para no escalar la violencia, los especialistas sugieren ahora un enfoque de «sumisión extrema y comunicación verbal», manteniendo manos siempre visibles y anunciando cada movimiento. No obstante, reconocen que ante agresores bajo efectos de estupefacientes o con nulo control de impulsos, el factor azar juega un rol trágico y determinante en el desenlace de estos encuentros delictivos.

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