La metamorfosis de Patricia Bullrich: El camino de la izquierda revolucionaria al liberalismo conservador

Redacción Cuyo News
7 min

La figura de Patricia Bullrich es objeto de un profundo análisis periodístico que busca desentrañar su etapa de militancia radicalizada durante la década de 1970. Antes de consolidarse como una referente del espacio de centroderecha en Argentina, Bullrich inició su actividad política en el seno de la Juventud Peronista (JP), organización que actuaba como el brazo territorial y de masas de la estructura armada Montoneros.

Orígenes, Galimberti y la Columna Norte

A pesar de sus raíces en la aristocracia argentina (vinculada a los Luro Pueyrredón), la actual funcionaria optó por una militancia activa en sectores populares. Un factor determinante en su ascenso jerárquico fue su vínculo familiar con Rodolfo Galimberti, líder de la Columna Norte de Montoneros y cuñado de Bullrich, quien fue una figura central en su formación operativa y política. Bajo el alias de «Cali», Bullrich desempeñó tareas que diversas investigaciones vinculan con la logística y la agitación dentro de la estructura peronista revolucionaria.

Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y ante el recrudecimiento del terrorismo de Estado, Bullrich debió partir al exilio. Su periplo la llevó por Brasil, México y España, países desde donde integró redes de denuncia internacional contra la dictadura. Durante este período, participó activamente en los debates de la conducción de Montoneros respecto a la «Contraofensiva Estratégica» de 1979 y 1980, un plan de retorno al país para combatir al régimen militar que resultó en un fracaso operativo y un alto costo en vidas humanas.

El retorno y la metamorfosis ideológica

Con la restauración democrática en 1983, Bullrich regresó al país e inició un progresivo alejamiento de las tesis revolucionarias. Su reinserción institucional se produjo a través de la Renovación Peronista liderada por Antonio Cafiero. Este fue el punto de partida de un viraje ideológico que la llevó a ocupar cargos de relevancia en administraciones de signos políticos diversos, incluyendo los gobiernos de Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri.

Su pasado guerrillero continúa siendo un eje de fricción en el debate público contemporáneo. Ante las críticas por la supuesta inconsistencia entre su pasado y su actual discurso de «mano dura», Bullrich ha mantenido una postura defensiva constante: Yo formé parte de una generación que creyó que la violencia era el camino, pero aprendí que la única vía es la democracia y la ley. Este proceso de transición la ubica hoy como una de las principales voces en favor del orden público y el liberalismo conservador, cerrando un círculo político de más de cuatro décadas.

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