Una nueva y profunda polémica sacude el arco político y social argentino tras las declaraciones de la diputada nacional Lilia Lemoine (La Libertad Avanza), quien puso en duda la condición de Ian Moche, el niño de 11 años referente en la visibilización del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Durante una reciente intervención, la legisladora acusó a la madre del menor de «hacerlo actuar» y de lucrar con su diagnóstico, generando un repudio generalizado de expertos en salud mental y organizaciones de la sociedad civil.
La respuesta legal y el respaldo documental
Ante la gravedad de las acusaciones, el abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez, representante de la familia de Ian, salió al cruce de la diputada con datos oficiales que desacreditan sus afirmaciones. Gil Domínguez confirmó que el 18 de febrero de 2020, la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) otorgó a Ian el Certificado Único de Discapacidad (CUD), el cual acredita legalmente su pertenencia al espectro autista en el nivel 1.
El letrado instó a Lemoine a encontrarse ante un escribano público para verificar la autenticidad de la documentación y le exigió que «se abstenga de seguir mintiendo y agrediendo a un niño». En un cierre punzante, el abogado le solicitó ejercer su cargo con una «mínima dignidad constitucional» e incluyó una ironía sobre posturas previas de la legisladora: «PD: la tierra no es plana».
Explicación técnica: El espectro no es una «actuación»
Organizaciones como TGD Padres TEA y diversos especialistas en neurodiversidad advirtieron que los dichos de la diputada son «violentos, discriminatorios y desinforman». Los expertos aclararon que el Autismo Nivel 1 (anteriormente asociado al Síndrome de Asperger) implica una necesidad de apoyo leve, permitiendo que muchas personas posean un lenguaje fluido y altas capacidades de comunicación, lo que de ninguna manera invalida el diagnóstico médico.
A continuación, se detallan los conceptos técnicos que la comunidad médica contrapone a las declaraciones de la legisladora:
Concepto Realidad Médica según Especialistas Espectro No es una condición lineal; se manifiesta como un abanico diverso de síntomas y capacidades. Nivel 1 Individuos que requieren apoyo pero poseen un lenguaje funcional y fluido. Diagnóstico Se determina mediante protocolos internacionales (como ADOS-2) y no por observación superficial.Posibles sanciones legislativas
El ataque directo a un menor de edad, que además ha sido recibido en el Congreso en reiteradas ocasiones para promover la Ley de Capacitación Docente en TEA, ha generado incomodidad en sectores aliados y un rechazo tajante en la oposición. Varios legisladores evalúan presentar un proyecto de declaración para repudiar formalmente los dichos de Lemoine, bajo el argumento de que vulneran la Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley de Protección Integral de las Personas con Discapacidad.
Desde el entorno de Ian Moche aseguran que continuarán con su labor de concientización, remarcando que las crisis sensoriales o los desafíos de interacción social que enfrentan las personas con TEA no son «puestas en escena», sino respuestas neurológicas documentadas que requieren empatía y políticas públicas de inclusión, no ataques desde el poder legislativo.
<p>La diputada nacional Lilia Lemoine generó un amplio repudio tras cuestionar públicamente el diagnóstico de autismo del niño activista Ian Moche, acusando a su madre de lucrar con una supuesta actuación. El abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez desmintió los dichos exhibiendo el Certificado Único de Discapacidad (CUD) del menor, mientras diversas organizaciones de salud mental denuncian estigmatización y violencia institucional.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En el fascinante ecosistema de la política argentina, donde la línea entre un debate parlamentario y un hilo de Twitter a las tres de la mañana es más borrosa que el horizonte en un día de zonda, Lilia Lemoine decidió que su próximo gran enemigo a vencer era, nada más y nada menos, que un niño de 11 años. Porque claro, cuando ya resolviste todos los problemas macroeconómicos del país desde tu banca, lo más lógico es dedicarle tiempo de aire a teorizar sobre si Ian Moche es un activista comprometido o un actor digno de un Oscar bajo la dirección de su propia madre. Según la diputada, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) es algo que se puede «actuar» a voluntad, como si el pibe estuviera haciendo un casting para una remake de Rain Man en vez de estar tratando de que la sociedad no sea un lugar tan hostil para quienes perciben el mundo de otra manera.
La respuesta no se hizo esperar y llegó con el peso de la ley y una dosis necesaria de sarcasmo. El abogado Andrés Gil Domínguez, cansado de tener que explicar lo obvio, sacó a relucir el Certificado Único de Discapacidad (CUD) de Ian, un documento que tiene más validez oficial que cualquier teoría conspirativa sobre la forma de la Tierra que Lilia pueda haber consumido en YouTube. Gil Domínguez no solo la invitó a pasar por un escribano para chequear los papeles, sino que le tiró un dardo que todavía debe estar buscando dónde impactó: le pidió «mínima dignidad constitucional». Una solicitud ambiciosa, casi tanto como pedirle a un algoritmo de redes sociales que no te muestre videos de gatitos. La posdata del letrado, recordándole que la Tierra es redonda, fue el moño perfecto para un escándalo que mezcla neurociencia con la profundidad intelectual de un panel de chimentos.
Lo más irónico de esta situación es que Ian Moche ha pasado más tiempo en el Congreso impulsando leyes de inclusión que muchos legisladores que solo van al recinto para ver si el aire acondicionado está a la temperatura adecuada. Mientras las organizaciones de padres TEA se agarran la cabeza viendo cómo se desinforma desde una banca pública, la diputada insiste en su «puesta en escena», ignorando que el autismo Nivel 1 no es un disfraz, sino una condición del neurodesarrollo. Al parecer, para algunos sectores de la política, si no encajás en el estereotipo de alguien que no puede comunicarse, entonces estás mintiendo. Es una lógica brillante: si hablás bien, sos actor; si pedís derechos, sos un interesado. Con este criterio, la próxima sesión en Diputados debería ser evaluada por la Asociación de Críticos de Cine, porque la realidad argentina hace rato que superó cualquier guion de ficción.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Una nueva y profunda polémica sacude el arco político y social argentino tras las declaraciones de la diputada nacional Lilia Lemoine (La Libertad Avanza), quien puso en duda la condición de Ian Moche, el niño de 11 años referente en la visibilización del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Durante una reciente intervención, la legisladora acusó a la madre del menor de «hacerlo actuar» y de lucrar con su diagnóstico, generando un repudio generalizado de expertos en salud mental y organizaciones de la sociedad civil.
La respuesta legal y el respaldo documental
Ante la gravedad de las acusaciones, el abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez, representante de la familia de Ian, salió al cruce de la diputada con datos oficiales que desacreditan sus afirmaciones. Gil Domínguez confirmó que el 18 de febrero de 2020, la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) otorgó a Ian el Certificado Único de Discapacidad (CUD), el cual acredita legalmente su pertenencia al espectro autista en el nivel 1.
El letrado instó a Lemoine a encontrarse ante un escribano público para verificar la autenticidad de la documentación y le exigió que «se abstenga de seguir mintiendo y agrediendo a un niño». En un cierre punzante, el abogado le solicitó ejercer su cargo con una «mínima dignidad constitucional» e incluyó una ironía sobre posturas previas de la legisladora: «PD: la tierra no es plana».
Explicación técnica: El espectro no es una «actuación»
Organizaciones como TGD Padres TEA y diversos especialistas en neurodiversidad advirtieron que los dichos de la diputada son «violentos, discriminatorios y desinforman». Los expertos aclararon que el Autismo Nivel 1 (anteriormente asociado al Síndrome de Asperger) implica una necesidad de apoyo leve, permitiendo que muchas personas posean un lenguaje fluido y altas capacidades de comunicación, lo que de ninguna manera invalida el diagnóstico médico.
A continuación, se detallan los conceptos técnicos que la comunidad médica contrapone a las declaraciones de la legisladora:
Concepto Realidad Médica según Especialistas Espectro No es una condición lineal; se manifiesta como un abanico diverso de síntomas y capacidades. Nivel 1 Individuos que requieren apoyo pero poseen un lenguaje funcional y fluido. Diagnóstico Se determina mediante protocolos internacionales (como ADOS-2) y no por observación superficial.Posibles sanciones legislativas
El ataque directo a un menor de edad, que además ha sido recibido en el Congreso en reiteradas ocasiones para promover la Ley de Capacitación Docente en TEA, ha generado incomodidad en sectores aliados y un rechazo tajante en la oposición. Varios legisladores evalúan presentar un proyecto de declaración para repudiar formalmente los dichos de Lemoine, bajo el argumento de que vulneran la Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley de Protección Integral de las Personas con Discapacidad.
Desde el entorno de Ian Moche aseguran que continuarán con su labor de concientización, remarcando que las crisis sensoriales o los desafíos de interacción social que enfrentan las personas con TEA no son «puestas en escena», sino respuestas neurológicas documentadas que requieren empatía y políticas públicas de inclusión, no ataques desde el poder legislativo.
En el fascinante ecosistema de la política argentina, donde la línea entre un debate parlamentario y un hilo de Twitter a las tres de la mañana es más borrosa que el horizonte en un día de zonda, Lilia Lemoine decidió que su próximo gran enemigo a vencer era, nada más y nada menos, que un niño de 11 años. Porque claro, cuando ya resolviste todos los problemas macroeconómicos del país desde tu banca, lo más lógico es dedicarle tiempo de aire a teorizar sobre si Ian Moche es un activista comprometido o un actor digno de un Oscar bajo la dirección de su propia madre. Según la diputada, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) es algo que se puede «actuar» a voluntad, como si el pibe estuviera haciendo un casting para una remake de Rain Man en vez de estar tratando de que la sociedad no sea un lugar tan hostil para quienes perciben el mundo de otra manera.
La respuesta no se hizo esperar y llegó con el peso de la ley y una dosis necesaria de sarcasmo. El abogado Andrés Gil Domínguez, cansado de tener que explicar lo obvio, sacó a relucir el Certificado Único de Discapacidad (CUD) de Ian, un documento que tiene más validez oficial que cualquier teoría conspirativa sobre la forma de la Tierra que Lilia pueda haber consumido en YouTube. Gil Domínguez no solo la invitó a pasar por un escribano para chequear los papeles, sino que le tiró un dardo que todavía debe estar buscando dónde impactó: le pidió «mínima dignidad constitucional». Una solicitud ambiciosa, casi tanto como pedirle a un algoritmo de redes sociales que no te muestre videos de gatitos. La posdata del letrado, recordándole que la Tierra es redonda, fue el moño perfecto para un escándalo que mezcla neurociencia con la profundidad intelectual de un panel de chimentos.
Lo más irónico de esta situación es que Ian Moche ha pasado más tiempo en el Congreso impulsando leyes de inclusión que muchos legisladores que solo van al recinto para ver si el aire acondicionado está a la temperatura adecuada. Mientras las organizaciones de padres TEA se agarran la cabeza viendo cómo se desinforma desde una banca pública, la diputada insiste en su «puesta en escena», ignorando que el autismo Nivel 1 no es un disfraz, sino una condición del neurodesarrollo. Al parecer, para algunos sectores de la política, si no encajás en el estereotipo de alguien que no puede comunicarse, entonces estás mintiendo. Es una lógica brillante: si hablás bien, sos actor; si pedís derechos, sos un interesado. Con este criterio, la próxima sesión en Diputados debería ser evaluada por la Asociación de Críticos de Cine, porque la realidad argentina hace rato que superó cualquier guion de ficción.