Tras un extenso proceso de negociaciones que se prolongó durante varios meses, el grupo inversor liderado por el empresario Marcelo Mindlin alcanzó un acuerdo definitivo para convertirse en el accionista mayoritario de InterCement, el holding brasileño que controla a Loma Negra. De esta manera, la principal productora de cemento de la República Argentina, que ostenta aproximadamente el 45% de la cuota de mercado, vuelve a manos de capitales nacionales.
El fin de la era brasileña y el retorno al control local
La operación marca un hito en la historia empresarial del país, ya que Loma Negra regresa a manos argentinas luego de 21 años. Cabe recordar que la firma había sido adquirida en el año 2005 por el grupo brasileño Camargo Correa, en una transacción que en aquel entonces simbolizó la salida de la familia Fortabat del centro de la escena industrial. La compañía fue fundada originalmente en 1926 por Alfredo Fortabat y alcanzó su etapa de mayor expansión bajo la conducción de Amalia Lacroze de Fortabat.
El traspaso accionario se produce en el marco de una profunda reestructuración de deuda de InterCement, cuyos pasivos ascendían a una cifra cercana a los 1.500 millones de dólares. Para viabilizar la compra, el grupo encabezado por Mindlin contó con la participación de socios estratégicos como Redwood Capital Management y la firma chilena Moneda–Patria Investments.
Impacto en el sector de la construcción
Según la información suministrada oficialmente a la Comisión Nacional de Valores (CNV), el consorcio inversor asumió el control mayoritario tanto de la estructura del holding como de las operaciones directas de Loma Negra. Este cambio en la titularidad de la empresa es interpretado por los analistas como un movimiento relevante en el mapa corporativo de una de las industrias base para la obra pública y privada en el país.
Con este nuevo esquema de gobernanza, Loma Negra se prepara para iniciar una etapa de gestión bajo mandos locales, en un contexto donde la eficiencia operativa y la solvencia financiera serán determinantes para mantener su liderazgo en la provisión de insumos críticos para la infraestructura nacional.
<p>Loma Negra, la empresa líder del mercado cementero argentino, regresó a capitales nacionales tras 21 años de propiedad brasileña. Un consorcio liderado por el empresario Marcelo Mindlin adquirió el control mayoritario de InterCement, holding propietario de la compañía. La operación se concretó tras una compleja reestructuración de deuda de 1.500 millones de dólares, devolviendo el control local a la firma fundada por la familia Fortabat.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En un giro del destino que nos hace sospechar que el calendario retrocedió accidentalmente hasta las épocas de las patillas largas y el 1 a 1, Loma Negra ha decidido que ya tuvo suficiente de hablar portugués. Después de dos décadas de pertenecer al grupo Camargo Correa, la cementera más importante del país vuelve a manos argentinas, demostrando que en esta tierra lo único que no se devalúa es la capacidad de Marcelo Mindlin para coleccionar empresas estratégicas como si fueran figuritas del Mundial de México 86. Es oficial: el hormigón nacional vuelve a tener DNI, domicilio en CABA y, probablemente, una cuenta de Twitter dedicada a quejarse de la inflación.
La operación se cerró después de que el holding InterCement se diera cuenta de que debía 1.500 millones de dólares, una cifra que en Brasil es una tragedia financiera y en Argentina es lo que solemos llamar «un martes por la mañana». Mindlin, junto a unos socios chilenos y fondos de inversión que tienen nombres de villanos de James Bond, se hizo cargo del paquete mayoritario, rescatando a la empresa que Amalia Lacroze de Fortabat consolidó mientras nosotros todavía creíamos que el futuro eran los autos voladores y no las bolsas de 50 kilos de material. Es un retorno nostálgico que nos devuelve esa sensación de soberanía constructiva, aunque todos sepamos que el precio de la bolsa de cemento seguirá subiendo con la misma velocidad con la que un político borra sus tweets de archivo.
Con el 45% del mercado bajo control local, ahora podemos inflar el pecho cada vez que veamos un trompito mezclando cemento en la vereda, sabiendo que ese polvo gris que arruina nuestros zapatos es 100% industria nacional. Pasaron 21 años para que la firma fundada en 1926 por Alfredo Fortabat dejara de pedir permiso en San Pablo para decidir cuánta piedra caliza triturar. Es, en definitiva, el regreso de un gigante que vuelve a casa justo a tiempo para ver si esta vez, por fin, logramos terminar alguna autopista antes de que el sol se convierta en una gigante roja y devore el sistema solar. Esperemos que el próximo «regreso triunfal» sea algo con menos polvo y más crédito hipotecario.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Tras un extenso proceso de negociaciones que se prolongó durante varios meses, el grupo inversor liderado por el empresario Marcelo Mindlin alcanzó un acuerdo definitivo para convertirse en el accionista mayoritario de InterCement, el holding brasileño que controla a Loma Negra. De esta manera, la principal productora de cemento de la República Argentina, que ostenta aproximadamente el 45% de la cuota de mercado, vuelve a manos de capitales nacionales.
El fin de la era brasileña y el retorno al control local
La operación marca un hito en la historia empresarial del país, ya que Loma Negra regresa a manos argentinas luego de 21 años. Cabe recordar que la firma había sido adquirida en el año 2005 por el grupo brasileño Camargo Correa, en una transacción que en aquel entonces simbolizó la salida de la familia Fortabat del centro de la escena industrial. La compañía fue fundada originalmente en 1926 por Alfredo Fortabat y alcanzó su etapa de mayor expansión bajo la conducción de Amalia Lacroze de Fortabat.
El traspaso accionario se produce en el marco de una profunda reestructuración de deuda de InterCement, cuyos pasivos ascendían a una cifra cercana a los 1.500 millones de dólares. Para viabilizar la compra, el grupo encabezado por Mindlin contó con la participación de socios estratégicos como Redwood Capital Management y la firma chilena Moneda–Patria Investments.
Impacto en el sector de la construcción
Según la información suministrada oficialmente a la Comisión Nacional de Valores (CNV), el consorcio inversor asumió el control mayoritario tanto de la estructura del holding como de las operaciones directas de Loma Negra. Este cambio en la titularidad de la empresa es interpretado por los analistas como un movimiento relevante en el mapa corporativo de una de las industrias base para la obra pública y privada en el país.
Con este nuevo esquema de gobernanza, Loma Negra se prepara para iniciar una etapa de gestión bajo mandos locales, en un contexto donde la eficiencia operativa y la solvencia financiera serán determinantes para mantener su liderazgo en la provisión de insumos críticos para la infraestructura nacional.
En un giro del destino que nos hace sospechar que el calendario retrocedió accidentalmente hasta las épocas de las patillas largas y el 1 a 1, Loma Negra ha decidido que ya tuvo suficiente de hablar portugués. Después de dos décadas de pertenecer al grupo Camargo Correa, la cementera más importante del país vuelve a manos argentinas, demostrando que en esta tierra lo único que no se devalúa es la capacidad de Marcelo Mindlin para coleccionar empresas estratégicas como si fueran figuritas del Mundial de México 86. Es oficial: el hormigón nacional vuelve a tener DNI, domicilio en CABA y, probablemente, una cuenta de Twitter dedicada a quejarse de la inflación.
La operación se cerró después de que el holding InterCement se diera cuenta de que debía 1.500 millones de dólares, una cifra que en Brasil es una tragedia financiera y en Argentina es lo que solemos llamar «un martes por la mañana». Mindlin, junto a unos socios chilenos y fondos de inversión que tienen nombres de villanos de James Bond, se hizo cargo del paquete mayoritario, rescatando a la empresa que Amalia Lacroze de Fortabat consolidó mientras nosotros todavía creíamos que el futuro eran los autos voladores y no las bolsas de 50 kilos de material. Es un retorno nostálgico que nos devuelve esa sensación de soberanía constructiva, aunque todos sepamos que el precio de la bolsa de cemento seguirá subiendo con la misma velocidad con la que un político borra sus tweets de archivo.
Con el 45% del mercado bajo control local, ahora podemos inflar el pecho cada vez que veamos un trompito mezclando cemento en la vereda, sabiendo que ese polvo gris que arruina nuestros zapatos es 100% industria nacional. Pasaron 21 años para que la firma fundada en 1926 por Alfredo Fortabat dejara de pedir permiso en San Pablo para decidir cuánta piedra caliza triturar. Es, en definitiva, el regreso de un gigante que vuelve a casa justo a tiempo para ver si esta vez, por fin, logramos terminar alguna autopista antes de que el sol se convierta en una gigante roja y devore el sistema solar. Esperemos que el próximo «regreso triunfal» sea algo con menos polvo y más crédito hipotecario.