La jornada de este martes 13 de enero de 2026 se desarrolla bajo el influjo de una de las supersticiones más arraigadas en la cultura hispana. El refrán «Martes 13, ni te cases ni te embarques» continúa operando como un regulador de conductas en el inconsciente colectivo, pese a los constantes esfuerzos de la comunidad científica por desmitificar el supuesto carácter fatídico de la fecha.
La mala fama de este día no es producto de un evento aislado, sino de la convergencia de dos temores históricos. Por un lado, el número 13 arrastra una connotación negativa desde la tradición cristiana, asociada a la presencia de trece comensales en la Última Cena, siendo Judas el decimotercero. En la mitología nórdica, el dios Loki fue el invitado número 13 en un banquete en el Valhalla que culminó con la muerte de Balder, el dios favorito. Por otro lado, la palabra «Martes» deriva de Marte, el dios romano de la guerra, símbolo de conflicto y derramamiento de sangre.
Fundamentos históricos y folclore
La consolidación del martes como día de infortunio en el mundo hispano, Grecia y Turquía —a diferencia del viernes 13 de los países anglosajones— encuentra un punto de inflexión en la historia medieval. De acuerdo con las crónicas, la caída de Constantinopla ante los turcos en 1453 ocurrió un martes, evento que reforzó la percepción de este día como nefasto para el mundo occidental. Con el tiempo, la tradición oral y los medios de comunicación transformaron estos hitos en una norma de conducta preventiva.
En el ámbito esotérico, la carta número 13 del Tarot representa a la Muerte, aunque su significado técnico alude a la «transformación». Esta carga simbólica ha generado que muchas personas padezcan de triscaidecafobia (miedo irracional al número 13) o tredecimofobia, condiciones que en casos extremos requieren atención profesional para gestionar los niveles de ansiedad que provoca el calendario.
La perspectiva científica y estadística
Desde el punto de vista de la psicología moderna, el temor al martes 13 se explica a través del sesgo de confirmación. Este fenómeno ocurre cuando un individuo otorga relevancia a los eventos negativos que suceden en la fecha temida, ignorando aquellos que ocurren en días considerados «normales». La persona tiende a recordar los incidentes que validan su creencia preexistente, reforzando así el mito.
En términos empíricos, no existe evidencia estadística que respalde un incremento en la siniestralidad. Estudios realizados por compañías aseguradoras y centros hospitalarios indican que no se registra un aumento significativo en accidentes de tránsito ni en ingresos de emergencia durante los días 13. De hecho, algunos informes sugieren una leve disminución de incidentes, atribuida a que los ciudadanos, motivados por la cautela, adoptan conductas de manejo y seguridad más estrictas. Como señalaba el escritor Jorge Luis Borges, estas creencias «son una forma de esperanza, pero también una forma de esclavitud», sugiriendo que la verdadera libertad reside en la comprensión de los hechos por sobre las supersticiones.
<p>Este martes 13 de enero de 2026, la sociedad hispanohablante revive la histórica superstición que asocia esta fecha con la mala fortuna. El origen del mito amalgama tradiciones cristianas, mitología nórdica y hitos históricos como la caída de Constantinopla. Especialistas en psicología advierten que el fenómeno carece de base estadística y responde a sesgos cognitivos, instando a la población a evitar conductas de ansiedad irracional.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a este martes 13 de enero de 2026, el día donde el ciudadano promedio decide que la culpa de su fracaso existencial no es de la inflación acumulada, ni del calor que funde el asfalto sanjuanino, sino de una alineación arbitraria del calendario gregoriano. Es fascinante observar cómo personas que conviven diariamente con el riesgo país y el pronóstico de granizo, de repente sienten un pánico paralizante ante la idea de subir a un colectivo o firmar un contrato. Según la tradición, hoy no deberíamos casarnos ni embarcarnos, lo cual es un consejo excelente, aunque probablemente sea válido para los 365 días del año si uno valora su salud mental y su cuenta bancaria. Pero no, hoy el miedo tiene pedigrí: es la suma de Judas, el traidor de la mesa; Loki, el invitado insoportable del Valhalla; y Marte, el dios de la guerra que, aparentemente, no tenía nada mejor que hacer un martes que arruinarle la caída de Constantinopla a los cristianos.
A nivel psicológico, lo que estamos viviendo es un despliegue magistral de triscaidecafobia colectiva condimentada con un sesgo de confirmación tan grande que se ve desde el espacio. Si hoy se te quema la tostada, le vas a echar la culpa al 13; si te pasa mañana, simplemente vas a aceptar que sos un distraído crónico. Es el consuelo de los necios: creer que el universo se tomó la molestia de conspirar contra vos usando un número primo. Mientras tanto, las compañías de seguros miran estas fechas con una mezcla de ternura y aburrimiento, porque estadísticamente el martes 13 es tan peligroso como un domingo de siesta. Incluso hay gente que conduce con más cuidado por puro terror metafísico, lo que convierte a este día, paradójicamente, en uno de los más seguros para transitar. Así que, si usted está encerrado en su casa abrazando una pata de conejo, sepa que el problema no es el calendario, sino su necesidad imperiosa de encontrar un responsable externo para el caos cotidiano. Relájese: el destino no necesita una fecha especial para recordarnos nuestra insignificancia, lo hace de lunes a lunes sin pedir permiso.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La jornada de este martes 13 de enero de 2026 se desarrolla bajo el influjo de una de las supersticiones más arraigadas en la cultura hispana. El refrán «Martes 13, ni te cases ni te embarques» continúa operando como un regulador de conductas en el inconsciente colectivo, pese a los constantes esfuerzos de la comunidad científica por desmitificar el supuesto carácter fatídico de la fecha.
La mala fama de este día no es producto de un evento aislado, sino de la convergencia de dos temores históricos. Por un lado, el número 13 arrastra una connotación negativa desde la tradición cristiana, asociada a la presencia de trece comensales en la Última Cena, siendo Judas el decimotercero. En la mitología nórdica, el dios Loki fue el invitado número 13 en un banquete en el Valhalla que culminó con la muerte de Balder, el dios favorito. Por otro lado, la palabra «Martes» deriva de Marte, el dios romano de la guerra, símbolo de conflicto y derramamiento de sangre.
Fundamentos históricos y folclore
La consolidación del martes como día de infortunio en el mundo hispano, Grecia y Turquía —a diferencia del viernes 13 de los países anglosajones— encuentra un punto de inflexión en la historia medieval. De acuerdo con las crónicas, la caída de Constantinopla ante los turcos en 1453 ocurrió un martes, evento que reforzó la percepción de este día como nefasto para el mundo occidental. Con el tiempo, la tradición oral y los medios de comunicación transformaron estos hitos en una norma de conducta preventiva.
En el ámbito esotérico, la carta número 13 del Tarot representa a la Muerte, aunque su significado técnico alude a la «transformación». Esta carga simbólica ha generado que muchas personas padezcan de triscaidecafobia (miedo irracional al número 13) o tredecimofobia, condiciones que en casos extremos requieren atención profesional para gestionar los niveles de ansiedad que provoca el calendario.
La perspectiva científica y estadística
Desde el punto de vista de la psicología moderna, el temor al martes 13 se explica a través del sesgo de confirmación. Este fenómeno ocurre cuando un individuo otorga relevancia a los eventos negativos que suceden en la fecha temida, ignorando aquellos que ocurren en días considerados «normales». La persona tiende a recordar los incidentes que validan su creencia preexistente, reforzando así el mito.
En términos empíricos, no existe evidencia estadística que respalde un incremento en la siniestralidad. Estudios realizados por compañías aseguradoras y centros hospitalarios indican que no se registra un aumento significativo en accidentes de tránsito ni en ingresos de emergencia durante los días 13. De hecho, algunos informes sugieren una leve disminución de incidentes, atribuida a que los ciudadanos, motivados por la cautela, adoptan conductas de manejo y seguridad más estrictas. Como señalaba el escritor Jorge Luis Borges, estas creencias «son una forma de esperanza, pero también una forma de esclavitud», sugiriendo que la verdadera libertad reside en la comprensión de los hechos por sobre las supersticiones.
Bienvenidos a este martes 13 de enero de 2026, el día donde el ciudadano promedio decide que la culpa de su fracaso existencial no es de la inflación acumulada, ni del calor que funde el asfalto sanjuanino, sino de una alineación arbitraria del calendario gregoriano. Es fascinante observar cómo personas que conviven diariamente con el riesgo país y el pronóstico de granizo, de repente sienten un pánico paralizante ante la idea de subir a un colectivo o firmar un contrato. Según la tradición, hoy no deberíamos casarnos ni embarcarnos, lo cual es un consejo excelente, aunque probablemente sea válido para los 365 días del año si uno valora su salud mental y su cuenta bancaria. Pero no, hoy el miedo tiene pedigrí: es la suma de Judas, el traidor de la mesa; Loki, el invitado insoportable del Valhalla; y Marte, el dios de la guerra que, aparentemente, no tenía nada mejor que hacer un martes que arruinarle la caída de Constantinopla a los cristianos.
A nivel psicológico, lo que estamos viviendo es un despliegue magistral de triscaidecafobia colectiva condimentada con un sesgo de confirmación tan grande que se ve desde el espacio. Si hoy se te quema la tostada, le vas a echar la culpa al 13; si te pasa mañana, simplemente vas a aceptar que sos un distraído crónico. Es el consuelo de los necios: creer que el universo se tomó la molestia de conspirar contra vos usando un número primo. Mientras tanto, las compañías de seguros miran estas fechas con una mezcla de ternura y aburrimiento, porque estadísticamente el martes 13 es tan peligroso como un domingo de siesta. Incluso hay gente que conduce con más cuidado por puro terror metafísico, lo que convierte a este día, paradójicamente, en uno de los más seguros para transitar. Así que, si usted está encerrado en su casa abrazando una pata de conejo, sepa que el problema no es el calendario, sino su necesidad imperiosa de encontrar un responsable externo para el caos cotidiano. Relájese: el destino no necesita una fecha especial para recordarnos nuestra insignificancia, lo hace de lunes a lunes sin pedir permiso.