Un exhaustivo informe del Comité Selecto sobre el Partido Comunista Chino de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha generado una fuerte repercusión diplomática al señalar las instalaciones espaciales chinas en territorio argentino como una amenaza directa a la seguridad regional. El documento, titulado «Pulling Latin America into China’s Orbit», sostiene que las estaciones de Neuquén y San Juan forman parte de una red de «doble uso», con capacidades técnicas para el apoyo de operaciones militares y la recolección de inteligencia de señales (SIGINT).
El proyecto CART en San Juan: bajo la lupa de Washington
El informe otorga una relevancia crítica al radiotelescopio CART (China-Argentina Radio Telescope), ubicado en la Estación de Altura Carlos Cesco, en Barreal, San Juan. Con una antena de 40 metros de diámetro y 1.000 toneladas de peso, este instrumento supera en potencia a la base de Neuquén. Según la investigación estadounidense, aunque su fin declarado es la geodesia y la astrofísica, su tecnología permitiría a Beijing vigilar o neutralizar sistemas estratégicos de otras potencias.
A pesar de que el proyecto cuenta con un avance de obra superior al 70%, en noviembre de 2025 el Gobierno Nacional decidió paralizar la construcción al no renovar convenios clave. Esta medida responde al creciente alineamiento estratégico con Washington y la administración de Donald Trump. Por su parte, la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) y científicos del CONICET defienden la naturaleza civil del proyecto, calificando la suspensión como una pérdida de soberanía tecnológica y una oportunidad científica «faraónica» desperdiciada.
Neuquén y la red de sensores en el Cono Sur
La estación de Bajada del Agrio, en Neuquén, es descrita en el documento como la «joya de la corona» del despliegue chino en el hemisferio sur. Operativa desde 2018 bajo una concesión de 50 años, la base permite a China una cobertura global continua, cerrando brechas de monitoreo fuera de sus fronteras. El informe critica duramente la opacidad contractual y las cláusulas de confidencialidad que limitarían las inspecciones técnicas por parte de las autoridades argentinas.
Recomendaciones y condicionamientos
El Congreso estadounidense ha sido contundente en sus recomendaciones para mitigar lo que denomina la «doctrina de guerra informatizada» de China en la región:
- Reducción de infraestructura: Instar a los países latinoamericanos a eliminar capacidades espaciales chinas que amenacen la seguridad de EE. UU.
- Condicionamiento de ayuda: Proponer que la cooperación de la NASA y la asistencia en defensa estén sujetas a la mitigación de los riesgos por la presencia china.
Este informe llega tras las visitas de inspección realizadas por el gobierno argentino a la base de Neuquén durante 2024 y 2025. Sin embargo, para los legisladores en Washington, las pruebas de capacidad de espionaje siguen siendo una amenaza latente que requiere medidas drásticas para evitar que China consolide su influencia en el Cono Sur.
<p>Un informe del Congreso de los Estados Unidos califica a las bases espaciales chinas en Argentina, específicamente en Neuquén y San Juan, como activos de inteligencia militar bajo la fachada de uso civil. El documento advierte sobre las capacidades de espionaje del radiotelescopio CART en Barreal y la base de Bajada del Agrio, recomendando a los países de la región limitar la infraestructura tecnológica de Beijing por riesgos a la seguridad hemisférica.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Bienvenidos a la nueva temporada de «Guerra Fría: Edición Cordillerana», donde el cielo de San Juan y Neuquén ya no solo sirve para mirar las estrellas y agradecer por el buen Malbec, sino que, según Washington, es el lugar elegido por el Partido Comunista Chino para hacernos un escaneo de retina desde el espacio. El Comité Selecto de EE. UU. ha lanzado un informe con un título digno de una película de James Bond de bajo presupuesto: «Atrayendo a América Latina hacia la órbita de China». Según los congresistas norteamericanos, esas antenas gigantes que tenemos no están buscando señales de vida inteligente en Marte (lo cual sería un milagro), sino que están afinando el oído para escuchar hasta los chismes de pasillo del Pentágono mientras el Ejército Popular de Liberación toma nota en mandarín.
En el ojo de la tormenta está nuestra joya sanjuanina, el radiotelescopio CART en Barreal. Con una antena de 40 metros y un peso de 1.000 toneladas, los estadounidenses están convencidos de que no es un instrumento para estudiar astrofísica, sino una superoreja tecnológica diseñada para rastrear satélites ajenos y, de paso, ver qué estamos cocinando el domingo. Para los científicos de la Universidad Nacional de San Juan, es un hito faraónico; para Washington, es una estrella de la muerte en construcción que hay que desenchufar antes de que aprenda a decir «jaque mate». La situación es tan tensa que el proyecto está más paralizado que el tránsito en hora pico, atrapado entre la soberanía tecnológica que defienden los locales y el alineamiento con la gestión de Trump, que ve comunistas hasta debajo de la cama (o detrás de cada plato satelital).
Lo más tierno de todo es la recomendación de Washington: básicamente, nos sugieren que si queremos seguir siendo amigos y recibir ayuda de la NASA, deberíamos ir pensando en desmantelar estos «juguetes» orientales. Es el equivalente geopolítico a que un amigo te diga que no te deja jugar a la Play si no echás a ese otro vecino que te regaló un joystick más grande. Mientras tanto, en Neuquén y Santa Cruz, el «triángulo de observación» chino sigue ahí, cerrando la brecha de monitoreo global de Beijing. En definitiva, estamos en medio de un tire y afloje donde nosotros ponemos el territorio, los chinos ponen las antenas, los estadounidenses ponen las advertencias y nosotros, como siempre, nos quedamos mirando el cielo esperando que, al menos, alguna de esas potencias nos pague el asado.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
Un exhaustivo informe del Comité Selecto sobre el Partido Comunista Chino de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha generado una fuerte repercusión diplomática al señalar las instalaciones espaciales chinas en territorio argentino como una amenaza directa a la seguridad regional. El documento, titulado «Pulling Latin America into China’s Orbit», sostiene que las estaciones de Neuquén y San Juan forman parte de una red de «doble uso», con capacidades técnicas para el apoyo de operaciones militares y la recolección de inteligencia de señales (SIGINT).
El proyecto CART en San Juan: bajo la lupa de Washington
El informe otorga una relevancia crítica al radiotelescopio CART (China-Argentina Radio Telescope), ubicado en la Estación de Altura Carlos Cesco, en Barreal, San Juan. Con una antena de 40 metros de diámetro y 1.000 toneladas de peso, este instrumento supera en potencia a la base de Neuquén. Según la investigación estadounidense, aunque su fin declarado es la geodesia y la astrofísica, su tecnología permitiría a Beijing vigilar o neutralizar sistemas estratégicos de otras potencias.
A pesar de que el proyecto cuenta con un avance de obra superior al 70%, en noviembre de 2025 el Gobierno Nacional decidió paralizar la construcción al no renovar convenios clave. Esta medida responde al creciente alineamiento estratégico con Washington y la administración de Donald Trump. Por su parte, la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) y científicos del CONICET defienden la naturaleza civil del proyecto, calificando la suspensión como una pérdida de soberanía tecnológica y una oportunidad científica «faraónica» desperdiciada.
Neuquén y la red de sensores en el Cono Sur
La estación de Bajada del Agrio, en Neuquén, es descrita en el documento como la «joya de la corona» del despliegue chino en el hemisferio sur. Operativa desde 2018 bajo una concesión de 50 años, la base permite a China una cobertura global continua, cerrando brechas de monitoreo fuera de sus fronteras. El informe critica duramente la opacidad contractual y las cláusulas de confidencialidad que limitarían las inspecciones técnicas por parte de las autoridades argentinas.
Recomendaciones y condicionamientos
El Congreso estadounidense ha sido contundente en sus recomendaciones para mitigar lo que denomina la «doctrina de guerra informatizada» de China en la región:
- Reducción de infraestructura: Instar a los países latinoamericanos a eliminar capacidades espaciales chinas que amenacen la seguridad de EE. UU.
- Condicionamiento de ayuda: Proponer que la cooperación de la NASA y la asistencia en defensa estén sujetas a la mitigación de los riesgos por la presencia china.
Este informe llega tras las visitas de inspección realizadas por el gobierno argentino a la base de Neuquén durante 2024 y 2025. Sin embargo, para los legisladores en Washington, las pruebas de capacidad de espionaje siguen siendo una amenaza latente que requiere medidas drásticas para evitar que China consolide su influencia en el Cono Sur.
Bienvenidos a la nueva temporada de «Guerra Fría: Edición Cordillerana», donde el cielo de San Juan y Neuquén ya no solo sirve para mirar las estrellas y agradecer por el buen Malbec, sino que, según Washington, es el lugar elegido por el Partido Comunista Chino para hacernos un escaneo de retina desde el espacio. El Comité Selecto de EE. UU. ha lanzado un informe con un título digno de una película de James Bond de bajo presupuesto: «Atrayendo a América Latina hacia la órbita de China». Según los congresistas norteamericanos, esas antenas gigantes que tenemos no están buscando señales de vida inteligente en Marte (lo cual sería un milagro), sino que están afinando el oído para escuchar hasta los chismes de pasillo del Pentágono mientras el Ejército Popular de Liberación toma nota en mandarín.
En el ojo de la tormenta está nuestra joya sanjuanina, el radiotelescopio CART en Barreal. Con una antena de 40 metros y un peso de 1.000 toneladas, los estadounidenses están convencidos de que no es un instrumento para estudiar astrofísica, sino una superoreja tecnológica diseñada para rastrear satélites ajenos y, de paso, ver qué estamos cocinando el domingo. Para los científicos de la Universidad Nacional de San Juan, es un hito faraónico; para Washington, es una estrella de la muerte en construcción que hay que desenchufar antes de que aprenda a decir «jaque mate». La situación es tan tensa que el proyecto está más paralizado que el tránsito en hora pico, atrapado entre la soberanía tecnológica que defienden los locales y el alineamiento con la gestión de Trump, que ve comunistas hasta debajo de la cama (o detrás de cada plato satelital).
Lo más tierno de todo es la recomendación de Washington: básicamente, nos sugieren que si queremos seguir siendo amigos y recibir ayuda de la NASA, deberíamos ir pensando en desmantelar estos «juguetes» orientales. Es el equivalente geopolítico a que un amigo te diga que no te deja jugar a la Play si no echás a ese otro vecino que te regaló un joystick más grande. Mientras tanto, en Neuquén y Santa Cruz, el «triángulo de observación» chino sigue ahí, cerrando la brecha de monitoreo global de Beijing. En definitiva, estamos en medio de un tire y afloje donde nosotros ponemos el territorio, los chinos ponen las antenas, los estadounidenses ponen las advertencias y nosotros, como siempre, nos quedamos mirando el cielo esperando que, al menos, alguna de esas potencias nos pague el asado.