La administración central, liderada por el presidente Javier Milei, ha formalizado el lanzamiento de la Oficina de Respuesta Oficial (ORO), un organismo que marca un cambio de paradigma en la comunicación institucional del Estado argentino. La nueva dependencia surge con el objetivo declarado de «desmentir activamente noticias» que el Ejecutivo considere como «operaciones de prensa» o falsedades propiciadas por los sectores que el oficialismo denomina como «la casta».
Estructura y liderazgo estratégico
Si bien aún no se han publicado los nombramientos específicos en el Boletín Oficial, fuentes de la Casa Rosada vinculan la operatividad de la ORO directamente con la estructura de Santiago Caputo, el asesor principal y responsable de la narrativa digital del Gobierno. El argumento central para su creación es que la comunicación tradicional resulta «insuficiente» para combatir lo que consideran una campaña de desinformación constante contra la gestión actual.
La función de la oficina no se limitará a la emisión de comunicados aclaratorios, sino que incluirá el señalamiento directo de los responsables de difundir la información cuestionada. Según el Gobierno, es necesario «desenmascarar» a quienes intentan moldear la percepción pública con datos erróneos, estableciendo así una voz oficial mucho más agresiva en el debate público.
Controversia y comparaciones conceptuales
La iniciativa ha despertado una inmediata reacción de rechazo en diversas asociaciones de prensa y sectores de la oposición, quienes perciben a la ORO como un mecanismo de amedrentamiento hacia el periodismo crítico. Las comparaciones con el «Ministerio de la Verdad» de la literatura orwelliana han sido recurrentes entre quienes ven un riesgo para la libertad de expresión.
En un análisis que cruza la política con la cultura popular, especialistas han comparado esta iniciativa con la canción «Policy of Truth» de Depeche Mode, analizando los riesgos de sostener una verdad oficial a cualquier costo:
Concepto «Policy of Truth» (Depeche Mode) Oficina de Respuesta Oficial (ORO) Naturaleza Advertencia sobre los peligros de la honestidad radical. Herramienta de combate político y control narrativo. Propósito Cuestionar si la verdad absoluta es el mejor camino táctico. Imponer una «verdad oficial» frente a las críticas mediáticas. Riesgo identificado Multiplicación de problemas por la exposición excesiva. Posible judicialización de la opinión y polarización extrema.Mientras que para el oficialismo la ORO es un instrumento de transparencia y defensa, para sus detractores representa una centralización de la palabra que podría generar un clima de confrontación constante, desgastando la figura institucional en un intento por controlar el flujo informativo en tiempo real.
<p>El Gobierno Nacional oficializó la creación de la Oficina de Respuesta Oficial (ORO), un organismo diseñado para desmentir informaciones que el Ejecutivo considere falsas. Bajo la órbita estratégica de Santiago Caputo, la oficina busca señalar directamente a los responsables de supuestas «operaciones de prensa», generando una fuerte controversia con asociaciones de periodistas sobre los límites de la libertad de expresión.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En un nuevo capítulo de esta serie titulada «El Estado soy yo, pero digital», la administración de Javier Milei ha decidido que la realidad es demasiado importante como para dejársela a los hechos. Así nace la Oficina de Respuesta Oficial, cuyas siglas —ORO— ya nos adelantan que el Gobierno considera que su palabra vale más que las reservas del Banco Central. La premisa es de una sencillez que asusta: como la comunicación tradicional les queda «chica» y la «casta periodística» no para de inventar, han montado un búnker de desmentidas que promete ser el terror de cualquier cronista que se atreva a preguntar algo más complejo que la hora. Bajo la sombra de Santiago Caputo, el «Mago del algoritmo», esta oficina no solo informará, sino que se dedicará a «desenmascarar», una palabra que en la política argentina suele significar «ponerle un reflector en la cara al que me cae mal».
Lo más fascinante de este despliegue es su inquietante parecido con «Policy of Truth», ese himno de Depeche Mode que ya en 1990 nos advertía que decir la verdad puede multiplicar tus problemas. El Gobierno, sin embargo, ha decidido ignorar la melancolía de Dave Gahan y lanzarse a una honestidad radical que suena más a una política de combate que a una búsqueda de transparencia. Mientras la canción sugiere que a veces es mejor mantener la boca cerrada para evitar el aislamiento, la ORO ha optado por el megáfono y el señalamiento con el dedo índice, convirtiendo cada conferencia de prensa en un ring de boxeo donde la «verdad oficial» es el único peso pesado permitido. Es una apuesta al todo o nada: el Gobierno está convencido de que su verdad es un escudo de vibranium, ignorando que, en el vertiginoso mundo de las redes sociales, para cuando la oficina termina de redactar su «desmentida oficial», el resto del país ya está discutiendo el siguiente escándalo.
Claro que, como en toda distopía que se precie, la polémica no tardó en estallar. Los críticos ya comparan a la ORO con el Ministerio de la Verdad de Orwell, ese lugar donde se corregía el pasado para que el presente siempre tuviera razón. El riesgo táctico es evidente: al judicializar la opinión y entrar en un cuerpo a cuerpo constante con los medios, el Ejecutivo podría estar «multiplicando sus problemas» en lugar de resolverlos. En San Juan diríamos que están queriendo tapar el sol con las manos durante un día de Zonda. Al final del día, la ORO se presenta como una herramienta de defensa, pero en el fondo parece más bien un intento de centralizar la palabra en un solo púlpito, dejando a la sociedad ante el dilema de la canción: ¿deberían haber mantenido la boca cerrada o es este el camino hacia la liberación definitiva de la «mentira»?
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La administración central, liderada por el presidente Javier Milei, ha formalizado el lanzamiento de la Oficina de Respuesta Oficial (ORO), un organismo que marca un cambio de paradigma en la comunicación institucional del Estado argentino. La nueva dependencia surge con el objetivo declarado de «desmentir activamente noticias» que el Ejecutivo considere como «operaciones de prensa» o falsedades propiciadas por los sectores que el oficialismo denomina como «la casta».
Estructura y liderazgo estratégico
Si bien aún no se han publicado los nombramientos específicos en el Boletín Oficial, fuentes de la Casa Rosada vinculan la operatividad de la ORO directamente con la estructura de Santiago Caputo, el asesor principal y responsable de la narrativa digital del Gobierno. El argumento central para su creación es que la comunicación tradicional resulta «insuficiente» para combatir lo que consideran una campaña de desinformación constante contra la gestión actual.
La función de la oficina no se limitará a la emisión de comunicados aclaratorios, sino que incluirá el señalamiento directo de los responsables de difundir la información cuestionada. Según el Gobierno, es necesario «desenmascarar» a quienes intentan moldear la percepción pública con datos erróneos, estableciendo así una voz oficial mucho más agresiva en el debate público.
Controversia y comparaciones conceptuales
La iniciativa ha despertado una inmediata reacción de rechazo en diversas asociaciones de prensa y sectores de la oposición, quienes perciben a la ORO como un mecanismo de amedrentamiento hacia el periodismo crítico. Las comparaciones con el «Ministerio de la Verdad» de la literatura orwelliana han sido recurrentes entre quienes ven un riesgo para la libertad de expresión.
En un análisis que cruza la política con la cultura popular, especialistas han comparado esta iniciativa con la canción «Policy of Truth» de Depeche Mode, analizando los riesgos de sostener una verdad oficial a cualquier costo:
Concepto «Policy of Truth» (Depeche Mode) Oficina de Respuesta Oficial (ORO) Naturaleza Advertencia sobre los peligros de la honestidad radical. Herramienta de combate político y control narrativo. Propósito Cuestionar si la verdad absoluta es el mejor camino táctico. Imponer una «verdad oficial» frente a las críticas mediáticas. Riesgo identificado Multiplicación de problemas por la exposición excesiva. Posible judicialización de la opinión y polarización extrema.Mientras que para el oficialismo la ORO es un instrumento de transparencia y defensa, para sus detractores representa una centralización de la palabra que podría generar un clima de confrontación constante, desgastando la figura institucional en un intento por controlar el flujo informativo en tiempo real.
En un nuevo capítulo de esta serie titulada «El Estado soy yo, pero digital», la administración de Javier Milei ha decidido que la realidad es demasiado importante como para dejársela a los hechos. Así nace la Oficina de Respuesta Oficial, cuyas siglas —ORO— ya nos adelantan que el Gobierno considera que su palabra vale más que las reservas del Banco Central. La premisa es de una sencillez que asusta: como la comunicación tradicional les queda «chica» y la «casta periodística» no para de inventar, han montado un búnker de desmentidas que promete ser el terror de cualquier cronista que se atreva a preguntar algo más complejo que la hora. Bajo la sombra de Santiago Caputo, el «Mago del algoritmo», esta oficina no solo informará, sino que se dedicará a «desenmascarar», una palabra que en la política argentina suele significar «ponerle un reflector en la cara al que me cae mal».
Lo más fascinante de este despliegue es su inquietante parecido con «Policy of Truth», ese himno de Depeche Mode que ya en 1990 nos advertía que decir la verdad puede multiplicar tus problemas. El Gobierno, sin embargo, ha decidido ignorar la melancolía de Dave Gahan y lanzarse a una honestidad radical que suena más a una política de combate que a una búsqueda de transparencia. Mientras la canción sugiere que a veces es mejor mantener la boca cerrada para evitar el aislamiento, la ORO ha optado por el megáfono y el señalamiento con el dedo índice, convirtiendo cada conferencia de prensa en un ring de boxeo donde la «verdad oficial» es el único peso pesado permitido. Es una apuesta al todo o nada: el Gobierno está convencido de que su verdad es un escudo de vibranium, ignorando que, en el vertiginoso mundo de las redes sociales, para cuando la oficina termina de redactar su «desmentida oficial», el resto del país ya está discutiendo el siguiente escándalo.
Claro que, como en toda distopía que se precie, la polémica no tardó en estallar. Los críticos ya comparan a la ORO con el Ministerio de la Verdad de Orwell, ese lugar donde se corregía el pasado para que el presente siempre tuviera razón. El riesgo táctico es evidente: al judicializar la opinión y entrar en un cuerpo a cuerpo constante con los medios, el Ejecutivo podría estar «multiplicando sus problemas» en lugar de resolverlos. En San Juan diríamos que están queriendo tapar el sol con las manos durante un día de Zonda. Al final del día, la ORO se presenta como una herramienta de defensa, pero en el fondo parece más bien un intento de centralizar la palabra en un solo púlpito, dejando a la sociedad ante el dilema de la canción: ¿deberían haber mantenido la boca cerrada o es este el camino hacia la liberación definitiva de la «mentira»?