La política económica del gobierno de Javier Milei ha mantenido como eje innegociable la reducción del gasto público y la consolidación del superávit fiscal. Transcurridos los primeros 26 meses de gestión, un análisis detallado permite dimensionar la magnitud del ajuste ejecutado, que alcanzó niveles históricos para la economía argentina en términos de velocidad y profundidad.
1. Caída drástica del peso del gasto público
Entre el acumulado de los últimos doce meses (a febrero 2026) y el gasto del Estado Nacional durante el año 2023, se observa una caída neta de 5,2 puntos porcentuales del PBI. El gasto primario pasó de representar el 19,5% al 14,32% del PBI, lo que se traduce en un ajuste real del 26,5%. A este recorte se le debe añadir la disminución en el pago de intereses de deuda, que descendió del 1,7% al 1,2% del PBI. En consecuencia, la baja del gasto total fue de 5,7% del PBI.
2. Equivalencia en presión tributaria
La magnitud de la reducción del gasto público primario ejecutada hasta la fecha tiene un impacto teórico equivalente a la eliminación de los tributos más gravosos del sistema argentino. Según el estudio, este ahorro «equivale al 70% de la recaudación de los impuestos más distorsivos que existen en la Argentina». En términos prácticos, el ajuste iguala a la suma de la eventual eliminación del impuesto al cheque, las retenciones a la exportación, el 50% de ingresos brutos provinciales y la ya efectiva eliminación del impuesto PAIS.
3. Destino de los recursos ahorrados
De los 5,7 puntos porcentuales en los que se contrajo el gasto, la distribución de esos recursos fue la siguiente:
- 78% se destinó íntegramente a eliminar el déficit fiscal heredado.
- 4% se utilizó para la generación de un superávit financiero del 0,2%.
- 9% financió la pérdida de ingresos no tributarios.
- 9% restante se aplicó para compensar la baja de la presión tributaria.
4. El ahorro acumulado en cifras
El análisis más impactante surge al observar la diferencia acumulada entre el gasto promedio mensual de 2023 y el ejecutado en los últimos 26 meses de la actual administración. Este ejercicio arroja un ahorro de 121,8 billones de pesos (a valor de febrero de 2026). Si se dolariza esta cifra para facilitar la comparación internacional, la reducción acumulada del gasto público asciende a USD 67.000 millones.
Este proceso, descrito como un «ajuste de corto plazo de gran escala sobre el flujo económico», representa una transformación estructural de las cuentas públicas nacionales, cuya sostenibilidad a largo plazo continúa siendo el centro del debate entre especialistas y actores políticos.
<p>Un informe del Iaraf reveló que, tras 26 meses de gestión de Javier Milei, el gasto público nacional se redujo un 26,5%, pasando del 19,5% al 14,32% del PBI. Este ajuste fiscal acumulado de USD 67.000 millones permitió eliminar el déficit financiero, generar superávit y financiar la baja de impuestos distorsivos, equivalentes al 70% de la recaudación por retenciones, impuesto al cheque y PAIS.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
Si usted siente que su billetera está más flaca que modelo de los 90, no se preocupe: es el Estado acompañándolo en el sentimiento. A 26 meses del inicio de la era Milei, la «motosierra» no solo pasó por el gasto público, sino que parece haberlo dejado directamente en terapia intensiva y con pronóstico reservado. Según los últimos datos, el gasto nacional pegó un salto al vacío —sin paracaídas— del 19,5% al 14,32% del PBI. Es una dieta fiscal tan agresiva que hasta los nutricionistas más ortodoxos están llamando al 911. Básicamente, el Gobierno logró que el Estado argentino pase de ser un obeso mórbido que desayunaba déficit a un maratonista keniano que vive a base de superávit y lágrimas de la oposición.
El ahorro acumulado asciende a la módica suma de 67.000 millones de dólares. Sí, leyó bien, con esa plata podríamos haber comprado un par de países medianos o, al menos, haber terminado de pagarle la deuda a medio planeta, pero se usó para algo mucho más exótico en estas latitudes: eliminar el déficit fiscal. El informe del Iaraf indica que el 78% de ese hachazo sirvió para tapar el agujero negro que nos dejaron, mientras que un tierno 4% se guardó en la alcancía del superávit. El resto se fue en financiar la baja de impuestos como el PAIS, demostrando que en Argentina lo único más rápido que la inflación es la velocidad con la que el Ejecutivo puede podar un presupuesto cuando se lo propone. Estamos ante un ajuste tan «significativo» que si seguimos a este ritmo, para el 2027 el organigrama del Estado va a consistir en un escritorio, una bandera y una cuenta de Twitter.
Lo más revelador es que esta poda equivale al 70% de la recaudación de los impuestos más «distorsivos». Es decir, el ajuste es tan grande que permitiría borrar del mapa las retenciones, el impuesto al cheque y la mitad de ingresos brutos, aunque por ahora lo que más se siente es el crujir de los dientes de quienes esperaban que la licuadora se apagara en algún momento. Con 11,1 puntos porcentuales de baja acumulada sumando intereses, el Gobierno está operando a corazón abierto y sin anestesia. La pregunta no es ya si la motosierra tiene nafta, sino si va a quedar algo en pie para cuando decidan soltar el gatillo. Por lo pronto, el superávit es el nuevo Dios y el equilibrio fiscal es la única religión permitida en la Casa Rosada.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La política económica del gobierno de Javier Milei ha mantenido como eje innegociable la reducción del gasto público y la consolidación del superávit fiscal. Transcurridos los primeros 26 meses de gestión, un análisis detallado permite dimensionar la magnitud del ajuste ejecutado, que alcanzó niveles históricos para la economía argentina en términos de velocidad y profundidad.
1. Caída drástica del peso del gasto público
Entre el acumulado de los últimos doce meses (a febrero 2026) y el gasto del Estado Nacional durante el año 2023, se observa una caída neta de 5,2 puntos porcentuales del PBI. El gasto primario pasó de representar el 19,5% al 14,32% del PBI, lo que se traduce en un ajuste real del 26,5%. A este recorte se le debe añadir la disminución en el pago de intereses de deuda, que descendió del 1,7% al 1,2% del PBI. En consecuencia, la baja del gasto total fue de 5,7% del PBI.
2. Equivalencia en presión tributaria
La magnitud de la reducción del gasto público primario ejecutada hasta la fecha tiene un impacto teórico equivalente a la eliminación de los tributos más gravosos del sistema argentino. Según el estudio, este ahorro «equivale al 70% de la recaudación de los impuestos más distorsivos que existen en la Argentina». En términos prácticos, el ajuste iguala a la suma de la eventual eliminación del impuesto al cheque, las retenciones a la exportación, el 50% de ingresos brutos provinciales y la ya efectiva eliminación del impuesto PAIS.
3. Destino de los recursos ahorrados
De los 5,7 puntos porcentuales en los que se contrajo el gasto, la distribución de esos recursos fue la siguiente:
- 78% se destinó íntegramente a eliminar el déficit fiscal heredado.
- 4% se utilizó para la generación de un superávit financiero del 0,2%.
- 9% financió la pérdida de ingresos no tributarios.
- 9% restante se aplicó para compensar la baja de la presión tributaria.
4. El ahorro acumulado en cifras
El análisis más impactante surge al observar la diferencia acumulada entre el gasto promedio mensual de 2023 y el ejecutado en los últimos 26 meses de la actual administración. Este ejercicio arroja un ahorro de 121,8 billones de pesos (a valor de febrero de 2026). Si se dolariza esta cifra para facilitar la comparación internacional, la reducción acumulada del gasto público asciende a USD 67.000 millones.
Este proceso, descrito como un «ajuste de corto plazo de gran escala sobre el flujo económico», representa una transformación estructural de las cuentas públicas nacionales, cuya sostenibilidad a largo plazo continúa siendo el centro del debate entre especialistas y actores políticos.
Si usted siente que su billetera está más flaca que modelo de los 90, no se preocupe: es el Estado acompañándolo en el sentimiento. A 26 meses del inicio de la era Milei, la «motosierra» no solo pasó por el gasto público, sino que parece haberlo dejado directamente en terapia intensiva y con pronóstico reservado. Según los últimos datos, el gasto nacional pegó un salto al vacío —sin paracaídas— del 19,5% al 14,32% del PBI. Es una dieta fiscal tan agresiva que hasta los nutricionistas más ortodoxos están llamando al 911. Básicamente, el Gobierno logró que el Estado argentino pase de ser un obeso mórbido que desayunaba déficit a un maratonista keniano que vive a base de superávit y lágrimas de la oposición.
El ahorro acumulado asciende a la módica suma de 67.000 millones de dólares. Sí, leyó bien, con esa plata podríamos haber comprado un par de países medianos o, al menos, haber terminado de pagarle la deuda a medio planeta, pero se usó para algo mucho más exótico en estas latitudes: eliminar el déficit fiscal. El informe del Iaraf indica que el 78% de ese hachazo sirvió para tapar el agujero negro que nos dejaron, mientras que un tierno 4% se guardó en la alcancía del superávit. El resto se fue en financiar la baja de impuestos como el PAIS, demostrando que en Argentina lo único más rápido que la inflación es la velocidad con la que el Ejecutivo puede podar un presupuesto cuando se lo propone. Estamos ante un ajuste tan «significativo» que si seguimos a este ritmo, para el 2027 el organigrama del Estado va a consistir en un escritorio, una bandera y una cuenta de Twitter.
Lo más revelador es que esta poda equivale al 70% de la recaudación de los impuestos más «distorsivos». Es decir, el ajuste es tan grande que permitiría borrar del mapa las retenciones, el impuesto al cheque y la mitad de ingresos brutos, aunque por ahora lo que más se siente es el crujir de los dientes de quienes esperaban que la licuadora se apagara en algún momento. Con 11,1 puntos porcentuales de baja acumulada sumando intereses, el Gobierno está operando a corazón abierto y sin anestesia. La pregunta no es ya si la motosierra tiene nafta, sino si va a quedar algo en pie para cuando decidan soltar el gatillo. Por lo pronto, el superávit es el nuevo Dios y el equilibrio fiscal es la única religión permitida en la Casa Rosada.