La modificación del régimen de indemnización por despido se posiciona como uno de los ejes centrales y más debatidos de la reforma laboral impulsada por la administración de Javier Milei. La iniciativa busca, fundamentalmente, abaratar el cálculo del resarcimiento, lo que reduciría de manera directa el costo de reconversión de las plantillas de personal en el sector privado. Esta medida es vista por el Ejecutivo como un paso necesario para dinamizar el mercado de trabajo y eliminar las supuestas barreras a la contratación.
En este escenario, las pequeñas y medianas empresas (Pymes), que representan el 60% de la mano de obra en la región, se encuentran en una encrucijada estratégica. Según datos de la agencia Noticias Argentinas, estas organizaciones deben equilibrar la necesidad de competitividad en un mercado de apertura importadora con la retención y motivación de sus talentos. La presión por adaptar procesos culturales y tecnológicos obliga, en muchos casos, a una renovación de personal, donde la precisión en la selección de perfiles se vuelve crítica.
El fin de la era del Excel en Recursos Humanos
Un estudio reciente de la consultora AO Consulting, titulado “Radiografía de la Gestión del Desempeño”, reveló un dato alarmante para la modernización empresarial: el 54% de las Pymes todavía administra sus procesos de evaluación mediante planillas de Excel. Esta dependencia de herramientas manuales no solo dificulta la trazabilidad de los datos, sino que limita la toma de decisiones estratégicas basadas en información real y objetiva.
El informe, que analizó a 251 compañías, destacó que en el segmento de las grandes empresas predomina el uso de sistemas como Success Factors. Sin embargo, en el universo de las Pymes, el software Naaloo ha logrado encabezar las preferencias, permitiendo a las organizaciones de menos de 500 empleados migrar hacia una gestión digitalizada en un plazo de cuatro semanas. Los especialistas advierten que “no se puede funcionar en automático” y que la ausencia de sistemas de reconocimiento y objetivos mal definidos son los principales obstáculos para el crecimiento del capital humano.
De Taylor a la retroalimentación continua
La gestión del desempeño no es un concepto nuevo, sino que posee raíces profundas en la evolución del management. A principios del siglo XX, Frederick Taylor introdujo la medición sistemática de la eficiencia, centrada en estándares rígidos de productividad. Con el paso de las décadas, este enfoque puramente mecánico fue mutando. En los años ’50, Peter Drucker popularizó el “Management by Objectives” (MBO), vinculando por primera vez las metas individuales con los logros de la organización.
Hacia finales del siglo XX, la metodología del Balanced Scorecard, desarrollada por Kaplan y Norton, amplió la visión del desempeño incorporando indicadores no financieros, como el aprendizaje organizacional y los procesos internos. Según Luis María Cravino, director de AO Consulting, hoy nos encontramos en una etapa donde la tecnología permite sustituir los chequeos anuales por la retroalimentación continua y modelos predictivos. “La gestión del desempeño es el lugar donde confluyen talento, cultura y liderazgo”, afirmó el experto, destacando que profesionalizar estas prácticas es hoy un desafío estructural para que las Pymes argentinas no pierdan terreno frente a la competencia global.
<p>El Gobierno nacional avanza en la modificación del régimen de indemnizaciones dentro de la reforma laboral, con el objetivo de reducir los costos de desvinculación y facilitar la reconversión de las plantillas de personal. Ante este cambio, las pequeñas y medianas empresas, que generan el 60% del empleo formal en Argentina, buscan profesionalizar la gestión del desempeño mediante la digitalización para sostener su competitividad.</p>
Resumen generado automáticamente por inteligencia artificial
En un giro narrativo que haría que los guionistas de una distopía corporativa se sientan mediocres, el Gobierno ha decidido que la mejor manera de celebrar la «libertad» es abaratar el costo de salida de los trabajadores. Porque, convengamos, nada motiva más a un empleado que saber que su despido ahora tiene un precio de liquidación de temporada, ideal para que las empresas puedan «reconvertir su plantilla» con el mismo entusiasmo con el que uno cambia las fundas de los sillones. En este ecosistema de flexibilidad extrema, el resarcimiento económico ha pasado a ser visto como un obstáculo para la felicidad macroeconómica, convirtiendo la estabilidad laboral en un recuerdo vintage, casi tan antiguo como la convertibilidad o el respeto por los fines de semana.
Mientras la reforma apura el paso en los despachos oficiales, las Pymes argentinas atraviesan su propia crisis existencial tecnológica. Resulta que el 54% de estas empresas, que sostienen sobre sus hombros la mayor parte del empleo productivo, administran el desempeño de sus equipos con planillas de Excel. Es una estampa de romanticismo analógico: gerentes de recursos humanos peleando con una celda que no suma o un «error de referencia» mientras intentan decidir el futuro profesional de un ser humano. Es fascinante pensar que, en la era de la inteligencia artificial y los viajes comerciales al espacio, la columna vertebral de la economía nacional dependa de que a un administrativo no se le tilde la computadora mientras arrastra una fórmula de VLOOKUP para ver quién se queda a recibir el bono de fin de año.
Por supuesto, para que esta «limpieza» de personal no parezca un capricho del destino, ha surgido la Gestión del Desempeño como el nuevo oráculo de la verdad. Ahora, en lugar de una charla de pasillo, te ofrecen un «ciclo de evaluación digitalizada». Consultoras como AO Consulting advierten que no se puede funcionar en automático, lo que en criollo significa que ya no alcanza con que el jefe te mire con cara de pocos amigos para saber que estás en la cuerda floja; ahora necesitás un software que lo confirme con un gráfico de torta. Desde Frederick Taylor hasta la metodología del Balanced Scorecard, la historia nos enseña que siempre hemos buscado formas más sofisticadas de medir cuánto nos rinde el prójimo, aunque hoy la diferencia es que podés pasar de la planilla de cálculo al despido digital en apenas cuatro semanas. Un progreso que, sin duda, nos deja a todos mucho más tranquilos, especialmente si somos los que manejamos el mouse.
Contenido humorístico generado por inteligencia artificial
La modificación del régimen de indemnización por despido se posiciona como uno de los ejes centrales y más debatidos de la reforma laboral impulsada por la administración de Javier Milei. La iniciativa busca, fundamentalmente, abaratar el cálculo del resarcimiento, lo que reduciría de manera directa el costo de reconversión de las plantillas de personal en el sector privado. Esta medida es vista por el Ejecutivo como un paso necesario para dinamizar el mercado de trabajo y eliminar las supuestas barreras a la contratación.
En este escenario, las pequeñas y medianas empresas (Pymes), que representan el 60% de la mano de obra en la región, se encuentran en una encrucijada estratégica. Según datos de la agencia Noticias Argentinas, estas organizaciones deben equilibrar la necesidad de competitividad en un mercado de apertura importadora con la retención y motivación de sus talentos. La presión por adaptar procesos culturales y tecnológicos obliga, en muchos casos, a una renovación de personal, donde la precisión en la selección de perfiles se vuelve crítica.
El fin de la era del Excel en Recursos Humanos
Un estudio reciente de la consultora AO Consulting, titulado “Radiografía de la Gestión del Desempeño”, reveló un dato alarmante para la modernización empresarial: el 54% de las Pymes todavía administra sus procesos de evaluación mediante planillas de Excel. Esta dependencia de herramientas manuales no solo dificulta la trazabilidad de los datos, sino que limita la toma de decisiones estratégicas basadas en información real y objetiva.
El informe, que analizó a 251 compañías, destacó que en el segmento de las grandes empresas predomina el uso de sistemas como Success Factors. Sin embargo, en el universo de las Pymes, el software Naaloo ha logrado encabezar las preferencias, permitiendo a las organizaciones de menos de 500 empleados migrar hacia una gestión digitalizada en un plazo de cuatro semanas. Los especialistas advierten que “no se puede funcionar en automático” y que la ausencia de sistemas de reconocimiento y objetivos mal definidos son los principales obstáculos para el crecimiento del capital humano.
De Taylor a la retroalimentación continua
La gestión del desempeño no es un concepto nuevo, sino que posee raíces profundas en la evolución del management. A principios del siglo XX, Frederick Taylor introdujo la medición sistemática de la eficiencia, centrada en estándares rígidos de productividad. Con el paso de las décadas, este enfoque puramente mecánico fue mutando. En los años ’50, Peter Drucker popularizó el “Management by Objectives” (MBO), vinculando por primera vez las metas individuales con los logros de la organización.
Hacia finales del siglo XX, la metodología del Balanced Scorecard, desarrollada por Kaplan y Norton, amplió la visión del desempeño incorporando indicadores no financieros, como el aprendizaje organizacional y los procesos internos. Según Luis María Cravino, director de AO Consulting, hoy nos encontramos en una etapa donde la tecnología permite sustituir los chequeos anuales por la retroalimentación continua y modelos predictivos. “La gestión del desempeño es el lugar donde confluyen talento, cultura y liderazgo”, afirmó el experto, destacando que profesionalizar estas prácticas es hoy un desafío estructural para que las Pymes argentinas no pierdan terreno frente a la competencia global.
En un giro narrativo que haría que los guionistas de una distopía corporativa se sientan mediocres, el Gobierno ha decidido que la mejor manera de celebrar la «libertad» es abaratar el costo de salida de los trabajadores. Porque, convengamos, nada motiva más a un empleado que saber que su despido ahora tiene un precio de liquidación de temporada, ideal para que las empresas puedan «reconvertir su plantilla» con el mismo entusiasmo con el que uno cambia las fundas de los sillones. En este ecosistema de flexibilidad extrema, el resarcimiento económico ha pasado a ser visto como un obstáculo para la felicidad macroeconómica, convirtiendo la estabilidad laboral en un recuerdo vintage, casi tan antiguo como la convertibilidad o el respeto por los fines de semana.
Mientras la reforma apura el paso en los despachos oficiales, las Pymes argentinas atraviesan su propia crisis existencial tecnológica. Resulta que el 54% de estas empresas, que sostienen sobre sus hombros la mayor parte del empleo productivo, administran el desempeño de sus equipos con planillas de Excel. Es una estampa de romanticismo analógico: gerentes de recursos humanos peleando con una celda que no suma o un «error de referencia» mientras intentan decidir el futuro profesional de un ser humano. Es fascinante pensar que, en la era de la inteligencia artificial y los viajes comerciales al espacio, la columna vertebral de la economía nacional dependa de que a un administrativo no se le tilde la computadora mientras arrastra una fórmula de VLOOKUP para ver quién se queda a recibir el bono de fin de año.
Por supuesto, para que esta «limpieza» de personal no parezca un capricho del destino, ha surgido la Gestión del Desempeño como el nuevo oráculo de la verdad. Ahora, en lugar de una charla de pasillo, te ofrecen un «ciclo de evaluación digitalizada». Consultoras como AO Consulting advierten que no se puede funcionar en automático, lo que en criollo significa que ya no alcanza con que el jefe te mire con cara de pocos amigos para saber que estás en la cuerda floja; ahora necesitás un software que lo confirme con un gráfico de torta. Desde Frederick Taylor hasta la metodología del Balanced Scorecard, la historia nos enseña que siempre hemos buscado formas más sofisticadas de medir cuánto nos rinde el prójimo, aunque hoy la diferencia es que podés pasar de la planilla de cálculo al despido digital en apenas cuatro semanas. Un progreso que, sin duda, nos deja a todos mucho más tranquilos, especialmente si somos los que manejamos el mouse.